domingo, 19 de septiembre de 2010

A veces, en algún lugar, nuestra profesión es bella


La noticia, que llega desde Barcelona, es una inyección de optimismo para sacar a la profesión farmacéutica argentina de su letargo, la posibilidad de que el estado Catalán asuma el pago de algunos servicios sanitarios se concretó esta semana en España. Un paso a imitar para escaparle al jaque perpetuo en que vivimos los farmacéuticos de la Argentina.

Si algo tiene de conmovedor la multipremiada “La vida es bella”, película dirigida y protagonizada por Roberto Benigni, es esa risa optimista que Guido, ese italiano empujado a un campo de concentración con su padre y su hijo, que ante las peores circunstancias logra tener una mirada optimista. Una llama de esperanza en medio de la peor tragedia de la humanidad. Esa mirada que muchas veces perdemos, agobiados por las constantes presiones diarias. No es cuestión de hacer un discurso “esperancista”, del tipo de “nunca está más oscuro que justo antes de amanecer”. Es solamente ver, que incluso, cuando todo parece perdido o intentado en el marco de nuestra profesión; siempre hay algo por hacer. Por ir a más.

La profesión farmacéutica vive un momento complicado, en la Argentina y en el mundo. El modelo sanitarista de la farmacia privada independiente, que defendemos y revindicamos, está acorralada. La farmacia anglosajona avanza en todas las altitudes, de la mano de los grandes capitales que alborotados por la crisis financiera internacional buscan nichos donde poner a salvo su rentabilidad. En Europa y América las noticias son amenazas para esta forma de ver y ejercer esta profesión, y el horizonte se ensombrece cada vez más.

Pero no todo está perdido. Para nada. A veces, la realidad nos da un respiro, y al estilo de Guido y su juego en “La vida es bella”, sonreímos. Hace unos días, el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, uno de los principales de España, firmó con la Departament de Salut (secretaría de Salud de Cataluña) un acuerdo para que las farmacias catalanas presten servicios “por la vía remunerada”. La idea es que algunas prestaciones sean asumidas por el Estado como “servicios sanitarios adicionales” y por lo tanto solventados por el mismo estado. De esta manera, se intenta dar oxígeno a la castigada rentabilidad de la farmacia española, acorralada por el plan de recorte del gasto farmacéutico lanzado hace unos meses por el gobierno español.

En medio de la noche del “ajuste”, la luz de esperanza de esta noticia ilumina al sector. Según explican en Barcelona, se incluirá en los servicios remunerados “todas aquellas actividades de prevención de la enfermedad, intervenciones para la mejora de la adherencia terapéutica, seguimiento farmacoterapéutico e intervenciones de cooperación con la Farmacia Hospitalaria” (El Global, 10 de Septiembre de 2010). Para esto, las partes (Colegio profesional y gobierno) formarán la denominada Comisión Mixta de Seguimiento, que tendrá la tarea de poner en marcha la idea, que se espera esté funcionando en breve.

La idea es una bocanada de aire fresco en la profesión, una idea que desde MIRADA PROFESIONAL no podemos hacer más que saludar. Según trascendió, para lograr esta cobertura, deberán someterse previamente a un proceso de acreditación. “Queremos que todas nuestras farmacias pueda ser partícipes de este histórico acuerdo, por lo que desde los colegios potenciaremos la formación necesaria para la consecución de la necesaria acreditación”, indicó un comunicado firmado por el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona.

Para ser claros, el hecho es celebrado en España como “histórico”, y puede marcar un antes y un después en el ejercicio de la farmacología. “La cartera de servicios remunerada ha dejado de ser un concepto hipotético, un viejo sueño de las oficinas de farmacia, para convertirse en realidad. Al menos en la comunidad autónoma de Cataluña, región que no es la primera vez que lidera un cambio en la profesión. A este respecto, cabe destacar que las farmacias catalanas tendrán el honor de haber traspasado por primera vez esta línea entre sueño y realidad”, asegura un editorial del portal especializado Correo Farmacéutico.

Entendemos que este tipo de noticias, de casi nula divulgación en el país, son la muestra de que una mejor profesión es posible. Además, demuestra la forma de actuar en tiempos de crisis. Así lo hicieron los catalanes. Se enfrentaron al peor escenario, con achique brutal de márgenes de ganancias y un recorte que se estima cerrará la puerta de miles de farmacias. Con perseverancia e imaginación, lograron un paso fundamental para mantener a sus mostradores en el sistema sanitario, y a la vez lograron el compromiso del gobierno de sostenerlo gracias a una política integral.

Muchas veces, cuando los problemas abruman, no es necesario realizar un gran cambio inmediato, revolucionario, para salir de la crisis. A veces es necesario un pequeño paso, un leve movimiento que muestre que no se está paralizado, anestesiado en una virtual parálisis imaginativa sobre el devenir de nuestra profesión; un abandono repentino del grado de inmovilidad en el que hemos caído con la promoción simple y zonza de “ nuestra profesión esta mejor que nunca”; un paso hacia delante para devolverle al cuerpo la idea de que caminar es posible. Un paso que nos aleje del borde de barranca donde hemos construido nuestra práctica profesional.

“Queremos un papel más relevante como profesionales sanitarios, seguro que podemos aportar más en lo relacionado al menejo de los medicamentos, promoción de la salud, salud pública”, señala el titular de los farmacéuticos de Barcelona, Jordi de Dalmases (La Vanguardia, 16 de septiembre de 2010). Ese debería ser nuestro horizonte, nuestro norte. Sacar a la farmacia del jaque perpetuo y posicionarla como parte de la salud de los argentinos. Es difícil, lo sabemos, pero si damos un primer paso podemos avanzar. Porque confiamos en nuestra fuerza. Porque hay muchos colegas que piensan así, y que seguro están dispuesto a trabajar por esto.


El ejemplo que rescatamos hoy, un simple respiro de aire fresco que plantea y lleva a cabo la dirigencia farmacéutica del Colegio de farmacéuticos de Barcelona es bastante aleccionador. No debemos dejarnos convencer por los que predican que todo esta como esta mandado, que esta todo bien, que no se puede hacer mucho más de los que ya se hizo. Debemos resistir ese falso canto de sirenas que nos invita a dejarnos de joder. A no interrumpirles la siesta pesada que duermen. Deberíamos empezar por no escucharlos más. Y como dice un escritor y analista político de la actualidad que lee la gente que escribe en Mirada Profesional; el mismo de “flores robadas en los jardines de Quilmes” sobre algún político conocido y vale para cualquier caso en nuestro gremio: Hay alguno al que se le interrumpió la cadena de frío y se le pudrió para siempre la credibilidad.

Néstor Caprov

viernes, 10 de septiembre de 2010

Los elefantes, la dirigencia y la nueva convocatoria farmacéutica a debatir sobre la profesión.


La convocatoria a debatir el presente y futuro de nuestra profesión el 25 de setiembre a las 14.30 Hs. en Hipolito de Yrigoyen 1940 Capital Federal y que naciera en los espacios de comunicación informales de la Internet como facebook, msn, myspace y otras redes sociales, esta siendo tomado con una muy buena expectativa por los farmacéuticos de base y con cierta perplejlidad en otros estamentos. Las preguntas que surgen frente al encuentro son variadas y alguna dirigencia farmacéutica descuenta que sea ésta, una reunión de “cumpleaños”. Van aquí algunas reflexiones vagas para contextualizar lo que esta sucediendo.


Hay una interesante fábula hindú que cambió un tanto la idea occidental de la verdad única. La misma, relata la idea de seis hindúes sabios, inclinados al estudio, que quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: “Ya veo, es como una pared”. El segundo, palpando el colmillo, gritó: “Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza”. El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: “¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente”. El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: “Está claro, el elefante, es como un árbol”. El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: “Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico”. El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: “El elefante es muy parecido a una soga”. Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos con diagnósticos imprecisos de qué era en verdad un elefante. Este relativismo cambió parte de la tradición del pensamiento, y hoy puede rastrearse en la forma en que se desarrollan las calidades de representación política en general y en particular a la dirigencia farmacéutica.

En este país, no es cuento en materia de organización colectiva lo que sucedió en la década del ‘70, con una dictadura sangrienta, y los 10 años de neoliberalismo menemista. La primera destruyendo los gérmenes de rebeldía de una generación que creía en las ideas como transformadoras de la realidad. Así lo testimonian los días del Mayo Francés, por ejemplo, donde se entendía que una idea era, en definitiva, el motor de cambio. Esa generación que no está, que fue exterminada por la criminal dictadura, es la que debería hoy estar ocupando los roles principales del manejo del Estado o las estructuras políticas. Una generación que la fuerza de la reacción hizo desaparecer.

Esta es una visión muy personal, permítame, una reflexión del que firma casi de café a la que se puede o no estar de acuerdo. Una idea de que una generación que no está (los cómo o los por qué exceden las modestas intenciones de estas líneas), que produjo los grandes movimientos sociales y obreros que sintetizaron la idea y la acción en un solo espacio. Del “cordobazo” para acá, hay muchos ejemplos de esto. La marca registrada de esta generación. Pero la dictadura militar cambió el paradigma respecto a las ideas y su poder organizador. Antes de Videla y compañía, las ideas eran aglutinadores de personas, que se juntaban alrededor de ellas para llevarlas a la práctica. Pero el régimen genocida inyectó en la sociedad una dosis mortal de miedo. Así, hizo desaparecer -no sólo físicamente -esa generación que llevó hasta las últimas consecuencias la solidaridad de las ideas. Y creó un nuevo paradigma, basado en el miedo, en una mirada “hacia el propio ombligo” que hizo del pensamiento o la reflexión una cosa “mal vista”, y de quien la realiza una persona peligrosa. Esta es una mirada personal antojadiza, fácil de refutar sin mucho esfuerzo si usted quiere querido lector.

Pasaron los años y llegaron los ‘90, y otra vez un cambio de paradigma violento renovó la sociedad. La banalización de la política y la entronización del consumo como máxima actividad social, más la llegada de las nuevas tecnologías, armaron un nuevo paradigma basado en el “sálvese quien pueda”, que ya no sólo ignora la suerte del otro sino que intenta torcerla negativamente, para sacar esa mínima ventaja que nos permita sacar la cabeza del rebaño. Esos 10 años de menemismo, de medios masivos que adormecieron el pensamiento crítico, el acceso a una licuadora por encima de la destrucción del sistema productivo nacional o la condena a la exclusión de millones de personas. Como sociedad, fuimos condenados al consumo zonzo, donde la mirada al otro dejó de existir.

Estos dos hechos culturales -la dictadura y la década del 90 -nos dejaron sin capacidad de ver los problemas con una mirada colectiva. Y condenaron al pensamiento crítico a los márgenes de la sociedad. Además, nos heredó una clase dirigente que al estimo de los ciegos de la fábula tiene una vista parcial de la realidad, que entiende a la representación política o gremial una forma de ascenso (social y económico), una forma de realización individual a través del acomodo.

Este análisis vale para cualquier actividad que uno tenga, sobre todo en la práctica de una profesión liberal como la farmacéutica (liberal no en lo político sino en cuanto a la práctica de la profesión). Cuando uno habla de que la dirigencia intermedia en las estructuras gremiales de farmacias deberían tener grandes procesos de formación, porque evidentemente 20 años de grandes dosis de ese paradigma heredado de la dictadura y los 90 hizo que no podamos discutir con el otro, sintetizando posturas en común. Esto no le pasa sólo al gremio farmacéutico, hoy la representación política está en crisis, sino basta ver la realidad de los partidos políticos, que se estructuran sobre la imagen de un dirigente antes que sobre ideas o programas de acción.

Entonces, uno que bucea diariamente en la información de la profesión farmacéutica, que busca saber qué pasa con la Industria, cómo se manejan las grande cadenas, que analiza los problemas, y además se junta con colegas para intercambiar ideas, lo que uno ve es algo similar a esa fábula hindú, con una dirigencia que está tocando una parte del elefante sin tener una visión general del problema, que exige tener hoy un puesto de dirigencia y representación.

Y lo que es peor, nos peleamos por la mejor definición de este elefante, pese a que es parcial y muy particular.

“Se van a juntar a festejar un cumpleaños”. “Esto es un nuevo movimiento político dentro de las estructuras establecidas”. Son dos de la preguntas (malintencionadas) que giran en torno de la convocatoria de farmacéuticos lanzada para el 25 de septiembre en el hotel Presidente Perón. Estas chicanas, la primera descalificando y la segunda sospechando que esto es una movida para beneficiar a un dirigente determinado, son producto de estos 20 años de falta de trabajo de la dirigencia -de la cual uno es parte, dan paso a la crítica como un verdadera autocrítica -de la discusión basada en los nombres y no en las ideas. Que no están, o peor, están desvirtuadas.

Esta convocatoria que nace de esos gérmenes que recorren el sistema y son parte de las contradicciones del propio sistema (una mirada cínica diría que las propias contradicciones del sistema son los que terminan por destruirlo), que circulan en esos medios alternativos de internet, para preguntarnos si no es la hora de juntarnos sin distinción de banderías políticas, sin distinción de territorios, y empezar a discutir qué nos pasa como farmacéuticos, ya sean propietarios o empleados. Discutir estos problemas que amenazan con llevarse de un solo golpe a la profesión.

Lamentablemente, vemos que es más noble una convocatoria a rediscutir toda la profesión, sintetizando todas las posturas con participación y coraje, que las reuniones con la dirigencias solamente, discutiendo lo mismo sin más futuro que el “siga siga” que nos proponen a menudo. Esta convocatoria que girará en torno a un hecho central: el salario farmacéutico y la rentabilidad de la farmacia privada. En el marco de la pluralidad que buscamos, intentaremos entre todos discutir cómo mejorar los ingresos de todos los profesionales, y de esta manera asegurar la dignidad de quienes nos comprometemos día a día con esta profesión, tan vinculada a la salud de las personas.

Somos hijos de la carencia generacional que dejó la dictadura. Somos hijos del pensamiento anestesiado de la década neoliberal. Somos fruto de ese miedo de pensar, de esa mirada individualista que nos separó del otro. Y la dirigencia también. Por eso la importancia de esta convocaría, respuesta nacida en los márgenes que busca comunicarse sin filtros de esta realidad adormecida con dosis altas de lexotanil. Una convocatoria que corona una serie de muy buenas intenciones, que dependerá de la capacidad y la inteligencia que tengamos para ir a ellas sin miedos, para decir nuestra verdad sin temor a equivocarse -porque el que escrituró la verdad a su favor es un chanta -de crear una discusión sin camiseta partidaria, sin la desacreditación asegurada de fábrica y sin argumentos. De lograrse, será una victoria en sí, y una exigencia de profundizar esta comunicación y de ir por esas banderas reivindicativas que hoy están guardadas debajo de la cama. Vaya el 25/9 a las 14.30 Hs. a Hipolito de Yrigoyen 1940 Capital Federal; colega, desprejuiciado y con ganas de respetar a todo el mundo y a usted mismo.


Néstor Caprov