sábado, 27 de marzo de 2010

Atención del PAMI: llueve sobre mojado


Más allá de las bonificaciones que nos aquejan cada día –y de lo cual hemos hablado y bastante –el sistema implementado por el PAMI para la campaña de vacunación y la atención en general; venía desde la crisis de 2001 trabajando de forma correctamente en un esquema más o menos conocido. El convenio de medicamentos del PAMI lo gerencia la propia INDUSTRIA que los produce, para que lleve la atención adelante a todos los jubilados del país, que termina pagando a la farmacia con 30 o 35 días de atraso; pero que paga, y así se completa el círculo. Para esto, los laboratorios implementaron lo que se llama notas de créditos, especie de bonos con los que se pagan a las farmacias las prestaciones, y que sirve para comprar a las droguerías y así reponer los medicamentos y demás productos que se compran semanalmente. Un papel con los servicios prestados y que acredita (de ahí su nombre) al farmacéutico a reponer productos en el circuito formal.


Más allá de la discusión de cuánto se paga con notas de créditos y cuánto con dinero en efectivo (los farmacéuticos también vamos al supermercado, pagamos la educación de nuestros hijos y nuestra cobertura médica, pero ese es tema de una editorial futura), la notas de créditos aseguran ese flujo constante de medicamentos dos veces por día, en una droguería a elección de la farmacia. Y las droguerías compran con esa acreditación de la industria de los medicamentos, dándole forma a la cadena de pago –o a una de ellas -. Hasta acá todo bien (más allá de las ya nombradas bonificaciones asimétricas y que protestamos en nuestra anterior editorial). Pero desde la 1º quincena de enero de este año, algo comenzó a suceder. Muchos de los laboratorios productores de medicamentos de segundas marcas, los mal llamados “genéricos”, que están dentro del convenio de PAMI, en vez de mandar su liquidación en una nota de crédito general, donde se liquida todo lo que la farmacia atendió de la obra social, comenzaron a enviar sus propias notas de crédito, de forma individual, a parte del resto de los laboratorios.

Desde la 1º quincena de enero, las notas que reciben los farmacéuticos vienen discriminadas, y estos laboratorios de segundas marcas hacen las suyas propias aparte. El problema es que, a la hora de pagar en la droguería, estas no aceptan esas notas de créditos, porque a ellos la industria no se las acepta (las droguerías vienen sufriendo esta discriminación desde el año pasado). Así, permítanme la suspicacia, luego de varios años de aceitar un sistema de pago, que venía funcionando bien, se separan primeras de segundas marcas (es decir, marcas “híper conocidas” con gran cantidad de marketing en sus espaldas de las que actúan como alternativas) dejando a los segundos fuera del circuito, obligados a hacer su propia nota de crédito. Un papel sin valor de reposición. Candidato para cortarlo en cuadraditos y tirarlos cuando sale el equipo de nuestros amores a la cancha de futbol.

Alguno dirá, para nada: mejor hacer avioncitos o empaquetar los huevos. Porque a la hora de ir a la droguería las notas no son aceptadas. Y ahí empieza el tango. Estos laboratorios de segundas marcas nos dicen antes de metérnosla en cualquier lugar de nuestra anatomía; mejor abra una cuenta en nuestro laboratorio con un mínimo de compra de varias veces ese papelito o mejor le llenamos la estantería con ese único y tan solo único producto de segunda marca que usted utiliza para algunos pacientes de PAMI. Una trampa más escandalosa que el penal que le dieron a los alemanes cuando perdimos la final del mundial ´90-.

Esta nueva celada de la industria afecta a casi todos. Porque las droguerías no pueden aceptar estas notas fragmentadas porque los laboratorios no se la aceptan. Los únicos que se benefician con esta movida (encabezada por los laboratorios Northia, Fada, Fabra, Mar, Klonal, Saint Gall, Duncan, Ahimsa, Denver, Gen Med, Microsules, Rospaw, Francelab, Penn Pharmaceuticals, Richmond, Biosintex Ofar, Neuropharma,
Galien, Mertens, Maygal, Euroderm, Larco, Isa, BD, Buxton, para ponerle nombre a la cuestión) son las grandes farmacias concentradoras, que se pueden abarrotar de productos sin desfinanciarse o que en cinco minutos arreglan con esos laboratorios y las convierten en dinero. Una medida más a favor de los “concentradores”.

Están direccionando la oferta, a costa de esa especie en extinción llamada farmacia independiente. Porque la rentabilidad se ve otra vez afectada con estas medidas, ya que obligan a los mostradores a asumir una serie de gastos fuera de su alcance. Además, de esta forma se intenta romper con la Ley de Prescripción por Nombre Genérico. Aprobada en lo peor de la crisis argentina de 2001, la medida está siendo desde hace años bombardeada por grandes prepagas, que tendrán en esta medida un inesperado aliado. Así, las primeras marcas se “sacan de encima” a los genéricos, y lo hacen a través del convenio PAMI, uno de los mayores convenios de medicamentos de la Argentina y formador de precios de referencia en el mercado, diferenciando los pagos por laboratorio.

No discutimos la decisión de las droguerías de o tomar estos papelitos. A ellos no les aceptan esas notas, por lo que no deberían aceptarla. El problema se origina en esta doble pinza que se hace al sector: por un lado sobre la ley de prescripción por el nombre genérico, y segundo sobre el afiliado de PAMI, ya que el desdoblamiento hace que esos medicamentos más baratos y de igual acción terapéutica desaparezcan del mostrador. Por ello, tenga que pagar más de su bolsillo el jubilado. Y en el caso de que la prestación PAMI venga por la Resolución 337 donde el abuelo no paga nada, el costo, por decirlo en un español despojado: lo tiene que poner el farmacéutico, sí, una vez más “a joderse cabrón” que se nos convierte en vicio.

Esta situación se cierne sobre la obra social mejor gerenciada de los últimos años, un ejemplo de trabajo y dedicación, que queda presa de esta situación y puede sufrir las consecuencia de una atención deficitaria al abuelo de PAMI.

Miremos el problema con un ejemplo concreto. Hay medicamentos que se venden con un 50, 60 u 80 por ciento de descuento. El PAMI reconoce que algunos de sus afiliados no pueden afrontar este pago, y decide bonificarlos todo. La famosa resolución 337, que entrega a costo cero productos al jubilado, y que el farmacéutico recupera luego (menos obvia entrega de la odiosa bonificación). Como harán las farmacias para asumir el 100 por ciento del costo de estos productos, sabiendo que van a recibir una nota de crédito casi sin valor, porque no sólo no pueden pagar los gastos habituales sino que ni siquiera pueden recomprar esos medicamentos. La alternativa es “sobre stokearte” de estos productos, que podés comprar con las notas de crédito fragmentadas, pero que no son ni por asomo los productos que más salen, sino un complemento, necesario, pero complemento al fin.

La pregunta cae de maduro: de quién es el convenio. La respuesta es clara: del PAMI, que lo entrega a la industria del medicamento para que lo gerencie, haciendo convenios con las grandes asociaciones de farmacéuticos, como la Confederación Farmacéuticas Argentina (COFA). Cuando uno consulta a estas entidades, cuando empieza alertar de esto que sucede desde enero de este año y cada vez se complica más, aseguran que se enviaron cartas documentos “para tratar de solucionar esto”. Ya estamos casi en abril, y las solucione no aparecen. Para colmo, algunos farmacéuticos que están arriba en la escala de jerarquía, se compraron el discurso “anti- rentabilidad” que circula y aseguran que “muchos de esos medicamentos se comprar con mucha utilidad, se puede absorber un porcentaje”. Aquí permítanme una licencia (y van,,,) que un dirigente nacional conteste eso es para encomendarlo sin escala a la parte más arriba del barco, sí, ese logar incomodo de los barcos en que los españoles avistaron las costas de América: el mismísimo carajo.

Esto no quiere decir que estamos en contra de las primeras marcas. Queremos volver la situación “a foja cero”, antes de que se llegue a este problema. Porque además no podemos dejar pasar la importancia que tiene PAMI en el sistema sanitario, el segundo sector en cantidad de afiliados (el primero es el de las obras sociales que están en la Superintendencia) y una entidad formadora de precios de medicamentos. Así como está el sistema, se hace insostenible. La presión sobre los productos de segunda marca está a la vista, cada vez más desplazados por las primeras marcas. Qué vamos a hacer el resto de los integrantes de este sistema, hasta hace poco ejemplo de calidad. Vamos a decirle al abuelo que no se puede comprar esas segundas marcas, porque sin repago los productos están dentro del convenio “pero de pinta”, en una vidriera sólo para mirar. O vamos a reclamar reglas claras, que el Estado, el propio PAMI, para que establezca un freno a este desmadre. Porque empezamos teniendo problemas con un par de laboratorios, pero la cuestión avanzó. Hoy hay conversaciones, se está intentando resolver el problema. Pero los farmacéuticos seguimos atendiendo a los afiliados todos los días, entonces si seguimos dispensando estos medicamentos que posiblemente no tengan recobro seguiremos cargando sobre nuestras espaldas un sobre-costo más que se suma a la inflación, las bonificaciones y demás. De seguir así, dentro de poco los afiliados recibirán la triste realidad en las farmacias, verán como ese traje realizado a su medida, más barato y antes disponible ahora es sólo una pieza de museo. Todo por que “algunos muchachos se empecinan en dormir la siesta cuando las papas queman” . Advertimos una vez más que lloverán los reclamos, alertas meteorológicas de reclamos, y como la región metropolitana de Buenos Aires, la lluvia anegará los desagües.


Néstor Caprov

sábado, 20 de marzo de 2010

Gulliver en el país de los enanos


Cuenta Jonathan Swift en su increíble libro “Los viajes de Gulliver”, que cuando el “hombre montaña” llegó a Liliput, el rey de los enanos propone una serie de reglas para que pueda quedarse en esas tierras lejanas. Reglas, que le impedía muchas cosas, y lo obligaba a trabajar para el pueblo. No se sabe si el gigante las cuestionó, solo que las aceptó. Sin discutir. Pese a que parecía tener la ventaja por su altura y fortaleza. No discutir una injusticia puede ser una actitud peligrosa. Eso parece pasar en las farmacias del conurbano bonaerense y de Capital Federal, respecto a las bonificaciones que deben pagar cada vez que dispensan medicamentos a afiliados del PAMI.


Por porcentaje, las mismas son casi vejatorias, de tan altas se asemejan a peajes o tasas aduaneras. Y sin embargo parece que nadie las discute. Para muestra basta un botón: cuando quien escribe estas (indignadas) líneas, en una reunión con dirigentes de Colegios de todo el conurbano, le plantea al caso al presidente de todos los farmacéuticos de la Argentina con la presencia de algún dirigente provincial en esa misma mesa, ejemplificando la paupérrima distribución que existe hoy en nuestro país, los colegas miran con mala cara, se apartan, o dicen que “este no es el contexto...”, quedando más preguntas que respuestas flotando en el tenso aire.

Porque uno hace esa pregunta y esta convencido que el hilo se tiene que cortar por lo más grueso y no por lo más fino, como viene pasando. Y en estos momentos de la coyuntura económica, uno no entiende como estos descuentos no son tema prioritario de la agenda de la dirigencia farmacéutica, como no estamos discutiendo las bonificaciones en los convenios más importantes a nivel nacional, como PAMI o varias prepagas. No faltarán los agoreros de turnos que dirán, muy sueltos de cuerpo: “cada farmacia pone lo que quiere poner”, sostenidos en que en el interior se pone mucho menos en bonificaciones porque hay más unidad o decisión.

Ese mecanismo de simplificación en la dirigencia del sector existe (cuesta creerlo), gracias a la total falta de conocimiento de cómo es el mercado de las grandes ciudades, entonces un poco se dejan pasar esas voces, para no volverse reiterativo y cansador explicando a quienes ocupan lugar en la estructura de la dirigencia provincial y nacional de los farmacéuticos; cosas que son básicas para cada farmacia, que detrás de cada mostrador responde todos los días a un patrón de costos en crecimiento. Más si escucha de algún dirigente nacional: Hoy la farmacia se esta llenando de guita. No hay duda de que cuanto más alto llegas en la pirámide del poder más rápido se olvida del farmacéutico en su farmacia, incluso en cuestiones tan básicas como el salario del profesional.

¿Alguien imagina a un gremio cualquiera, incluso a la CGT, esté quien esté al frente, bajándose de la lucha por el salario, por la cobertura médica, por la formalidad del empleo? Por más diferencias política que haya con esta u otra conducción sindical, uno reconoce que hay dos, tres, varias banderas impostergables para cualquier dirigente que quiere representar trabajadores. Salario, fuentes laborales, obras sociales, elementos que son prioridad en cualquier gremio, sea cual sea su línea política. Esto, en la dirigencia farmacéutica, es una verdad de Perogrullo. Porque tendremos discusiones del mejor curso de perfeccionamiento profesional, certificaciones, fotos en olimpíadas farmacéuticas, distinciones por llegar a cumplir medio siglo como colega. Muy respetable todo. ¿ Y del salario farmacéutico y la rentabilidad de la farmacia para cuándo? La discusión y los argumentos sólidos para defender la economía, el negocio de la farmacia independiente en la Argentina hace años que no está en la agenda de ningún dirigente. Alguna vez en forma testimonial. Algunas conclusiones en Buenos Aires o en un hotel mardelplatense; ¿ Pero con las conclusiones avioncitos de papel?

Volviendo a los descuentos del PAMI, un lugar como la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), que tiene una de las redes de farmacias más importantes del país, establece una escala que va desde menos de 10 puntos hasta los 17, sin importarle la calidad de farmacia que tenemos. Entonces, una farmacia en el conurbano, que atiende digamos 100 recetas, tiene que dejar arriba de los 16 puntos de bonificación, mientras que en Salta, un mostrador que atiende a dos terceras partes de los afiliados y 700 recetas, pone el 50 por ciento de la bonificación. Estas asimetrías ya no pueden existir. Hoy, ninguna farmacia debería soportar una bonificación por encima del 10 por ciento. En ningún convenio.

Algunos dirán que PAMI tiene una bonificación país de 13 puntos. No es excusa. Hay que homologar el sistema. Porque así, desparejo, nos perjudicamos incluso a la hora de negociar. Cómo se puede discutir con PAMI temas de costos si ellos establecen un descuento que las propia COFA obliga a subir. “El problema es entre ustedes”, te dicen en la mesa. En principio, la estructura de costo hoy (lo decimos en marzo 2010, a medida que nos acercamos a un año electoral) se basa en una inflación estimada de 25 por ciento (piso) al 35 por ciento (techo), pero para los costos, no para los precios, lo que hace que no se puede seguir sosteniendo este esquema. Y que un dirigente, de cualquier peso, soslaye esta discusión, que la deje de lado, no puede estar ocupando una silla de conducción nacional o provincial o en cualquier grado de responsabilidad. Así de claro.

Yendo a la estructura del negocio, es verdad que el mercado de las grandes ciudades tiene desviaciones por la cantidad y calidad de “jugadores” que interactúan en poblaciones de 200 mil, 500 mil, un millón de habitantes. Porque la oferta de medicamentos es mucho mayor, los descuentos son mayores, las ventas por fuera del circuito farmacéuticos, todos elementos que condicionan y desvían el precio relativo de los remedios. La primera pregunta a esos dirigentes que nos (mal) dirigen salta de madura, es si no conocen esta situación, y si no es una necesidad que ninguna farmacia tenga que entregar más de 10 puntos de su rentabilidad. Aquellos mostradores que están acostumbrados a pelear por el mercado haciendo beneficencia, concentrando la oferta de medicamentos y atacando la farmacia independiente, deberían ser inteligentes y entender que podríamos tener otra escala de bonificaciones, teniendo arriba de la pirámide al el número de recetas y no a la zona donde está ubicada. Hoy las bonificaciones son territoriales. “Si estas en Lanús, ponés el 16 por ciento, y en la Quiaca el 8”. Y como hasta ahora no hay farmacias móviles, con rueditas para trasladarla al lugar más conveniente, lo que hay que hacer es establecer un nuevo esquema basado en el volumen de recetas que se atienden. Evitando que cuatro vivos se queden con el negocio de la seguridad social mientras la farmacia independiente desaparece.

Cuando se plantea esto, no se hace desde una posición de mayor inteligencia. Ni siquiera desde una posición futbolera que apela al “aguante” de los profesionales. Lo hace desde la convicción de ver que dirigentes farmacéuticos, mandato tras mandato (y van décadas con ellos arriba) no ponen la discusión sobre la mesa. Muchachos que ya no se pueden esconder detrás de una botellita de una mineral con gas. Tenemos dirigente no sólo con práctica política vencida, sino con concepciones del mercado arcaicas. Esto no quiere decir que el farmacéutico de Carmen de Patagones, que hoy pone menos de 10 puntos de bonificación, tenga ahora que poner más. Eso no. No queremos que esa farmacia ponga más, pero no podemos soportar que nosotros, en el conurbano, seamos el “pato de la boda”. Porque esta desviación en las grandes ciudades hace insostenible el negocio, por lo que deberíamos marchar todos juntos a un convenio donde podamos discutir la prestación a la seguridad sociale con menores plazos de recobro y menos bonificaciones.

Así no se sostiene. No sólo esta parte del costo farmacéutico, sino mucho del andamiaje de la estructura en la que está sentada el negocio de la farmacia. Hoy, por ejemplo, hay una intención manifiesta de un sector de la industria de romper la ley de prescripción de medicamentos por nombre genérico. Así, el laboratorio se hará cargo del repago de la receta que se dispensa, que estará escrita con el nombre comercial. El costo esta a la vista: los laboratorios direccionarán la oferta de productos, a costos señalados con el dedo ( hacia los concentradores) y sobre todo violando sin más una ley. Una locura, si miramos cómo hacen los países del primer mundo, que no atacan al genérico. En Alemania, los fármacos tienen un porcentaje diferencial por cada banda, pero además el estado premia con un honorario al farmacéutico que orienta, realiza atención farmacéutica y sustituye con un medicamento por su genérico, que hace que baje el gasto en el sector y beneficia al bolsillo del paciente. Como se ve, en el primer mundo no atacan la ley, la incentivan, la cuidan, la premian.

La inflación de costos que tenemos hoy se da porque el colchón de precios que tiene algunos medicamentos hace que la inflación se note en la carne, en la verdulería, pero no supere el 5 por ciento de noviembre del año pasado a estos días en las farmacias (datos de manual farmacéutico, nada del INDEC). Gracias a ese cupo de exportaciones, a esa industria nacional que saludamos y festejamos.

En conclusión, queremos que la dirigencia trate los temas prioritarios, los urgentes. Porque tenemos un problema grave en la economía de las farmacias, de viabilidad, de sustentabilidad. Tenemos una pelea por las asimetrías con las bonificaciones, entre grandes ciudades y el resto del país, lo que hace entre otras cosas que farmacias puedan comprar más barato que incluso en las droguerías. Estamos ante una coyuntura de costos, una crisis de sustentabilidad, y una dirigencia farmacéutica que en vez de admitir el problema se limita a hacer el “siga siga” arbitral futbolero. Con esa única justificación siguen sentados a la cabeza de las grandes organizaciones. Es hora de pensar diferente, para que Gulliver no se vea tan grande. O nosotros dejemos de ser enanos.

Néstor Caprov

viernes, 5 de marzo de 2010

La hora de los consensos y el objetivo común


En la reciente asunción presidencial uruguaya, el actual jefe de Estado oriental, José “Pepe” Mujica, tuvo una frase que llama la atención. El flamante presidente aseguró que “el gran compromiso del Gobierno que nace hoy, no es tocar el cielo con la mano. Su compromiso se puede cuantificar y medir con pocas palabras: barrer la indigencia y disminuir la pobreza”. Así, el ex guerrillero, el militante de la izquierda revolucionaria, deja atrás una vieja consigna, aquel grito generacional de “tomar el cielo por asalto”, para asumir una tarea mucho más mundana pero concreta. Más allá de las historias, de la militancia, su gobierno nace para eso, para lograr un objetivo común.


Es interesante ver como esta forma se da poco en el sector sanitario. Se observa, acaso sólo como principio retórico, que pocas veces alguien llama a la participación a personas a partir de una idea común, aunque sea para polemizarla, discutirla, incluso reformarla, si no traen la misma matriz de pensamiento. Si no son “del palo”. Es extraño, porque grupos de diferentes origen (¿hay un ejemplo mas contundente que el Frente Amplio uruguayo?) pueden, llegado el caso, conseguir ejemplos de participación y efectiva realización de proyectos.

El sector farmacéutico no es la excepción del diagnóstico. Lo que vemos es que en la Argentina de hoy, aunque uno este en las antípodas de las ideas del otro, en la práctica no se pueden reproducir ni 40, ni 10 ni tan sólo un par de formas de hacer que una idea se haga realidad. En nuestro campo puede haber 200 interpretaciones sobre cómo ejercer la profesión, pero no hay 200 ideologías. No las hay. Esta el farmacéutico y la farmacia como actores, la propiedad de la farmacia, la incumbencia profesional, la interacción con otros sectores, el rol dentro del sistema de salud pública, esta eso y mucho más, pero no hay tantas formas de pensar esa realidad.

Pequeño acto de pedantería, citaremos dos ejemplos minúsculos de esta idea, propios, cercanos, de cómo dejando de lado esas diferencias se puede construir un objetivo concreto. El primero ya se concreto. El año pasado, el Colegio de Farmacéuticos de Lanús, con el Colegio Médico distrito 2 del conurbano, los hospitales públicos de la región, creó (con una gran éxito de participación) el post-grado en Farmacología Clínica y Social, dado por los médicos de los hospitales, por farmacólogos de la Universidad de Buenos Aires y La Plata, y al que concurrieron un promedio activo (en un año y medio de desarrollo) no menos de 70 profesionales farmacéuticos y médicos.

Para que esto fuera posible, se necesitó que un grupo de personas se plantee la idea, se contactara con las instituciones con experiencia en el tema y se haya preparado toda una estructura y una organización para que el profesional se sienta a gusto, y se encuentre con una temática interesente. En este caso, no sólo la farmacología como hecho abstracto, sino una volcada a la problemática social del gran Buenos Aires.

El otro ejemplo, es una apuesta a futuro. Junto con el ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, con el hospital Oncológico de Lanús, con el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, Colegio Médico distrito 2 (a esta altura viejo compinche de estas andanzas), con FEMEBA, la Fundación del Banco Provincia, con entidades reconocidas en materia de tratamientos oncológicos a nivel nacional e internacional, con bancos privados, y otras entidades sociales y comerciales, el Colegio de Lanús está preparando una jornada para los vecinos del distrito y alrededores donde se toque un tema tan delicado y difícil de abordar como el tema cáncer, que se llevará a cabo a fines de abril en la sede de la entidad.

La esencia de la idea es la misma. Varios profesionales de la salud, varias entidades y una idea en común: servirle a la sociedad en educación para la salud, mostrarle a la gente que esos profesionales formados en las universidades del Estado le devuelven parte de este esfuerzo hechos por todos para formarlos. Todo con una acción directa como una campaña de educación sanitaria, la mejor manera de trabajar en la salud, una idea que repetimos desde siempre. Ya lo decía el gran sanitarista argentino Ramón Carrillo: “nuestra función es evitar que el ciudadano entre al hospital, no cómo hacemos para curarlo”. Hay que contenerlo antes que entre, él que se enferma debe ser atendido de la mejor manera, pero la mayor apuesta debe estar en la profilaxis.

“Pinta tu aldea y pintaras el mundo”, dijo el escritor ruso León Tolstoi. Estos ejemplos sirven en parte para eso, para entender que no importan la procedencia de la profesión de la que uno venga, incluso no importan la visión sobre el campo sanitario que uno tenga, cuando hay buena voluntad de hacer las cosas hay una sola realidad, una sola práctica basada en el bien común. Incluso dentro de una misma profesión, con las distintas ideas que se pueden manejar, las mejores alianzas, las que dan más resultados, son aquellas que nos unen bajo un objetivo común, cuando se trabaja con un par a la par. Allí es donde se amasan esas ideas que uno carga de siempre, ahí surge la síntesis de varias ideas puestas en marcha. Sin retórica, con hechos. Porque citamos dos, pero tenemos más, muchos más ejemplos.

Esta, parece, ser una linda idea, una interesante contracara a los que vemos –en política y por qué no en la profesión –en estos días: conversaciones de sordos, donde cada uno escucha lo suyo, no repara en lo que dice el otro, donde las alternativas son avanzar y avasallar al del frente o directamente ignorarlo. Sin lugar para esa síntesis de la que hablamos antes. Porque las ideas fundamentan la acción, pero quien escribe estas líneas está convencido que una vez que esas ideas de amasan, se hacen cuerpo, no hay tantas ideologías (entendidas como formas de ver las cosas) a la hora de afrontar un objetivo concreto. Y este convencimiento no nace de un pragmatismo a lo Fukuyama (aquel del Fin de la Historia) sino de la fuerza de los ejemplos antes dados. De la práctica que da caminar cada día con los problemas comunes que nos perforan sin distinción del color de la cara de cada quien. .

Roberto Arlt pensaba que “el futuro es nuestro por prepotencia de trabajo”. En virtud de esa prepotencia del trabajo, en la base misma donde los actores se enfrentan a la cruel realidad, estaría bien pensar cómo hacemos para “parar la pelota” para plantearnos en la profesión farmacéutica, que tiene un año de amenazas importantes y trascendentales, una nueva mirada sobre el otro, que incluya a una generación que por cuestiones que no vienen al caso fue aceptando como naturales las divisiones naturales que nos separan que nos convierten en islas indiferentes y vulnerables.

Escalamos ejemplos cotidianos, hacia adentro y hacia fuera de la profesión. Si en el pago chico de Lanús pudimos interactuar con el municipio, ahora con la Provincia, con la Nación; porque no podemos hacia adentro de la profesión, plantearnos objetivos mínimos y marchar hacia ellos, no importa el origen. De esta manera y en este momento. Con la cantidad de cosas que se preparan a ser noticias en este 2010 para las farmacias argentinas, deberíamos hacer el gran esfuerzo de convocarnos y dejarnos definitivamente de joder con los temas menores.

Néstor Caprov