La cola en la entrega de las obras sociales en mi colegio farmacéutico local, tiene ese no se qué; allí muchos farmacéuticos esperamos pasar en el mostrador de la filial nuestro trabajo diario, para que la seguridad social, nos pague a su tiempo y ritmo. Hasta aquí, después de los apuros y de los cierres a último momento las horas pasan vertiginosamente. Solo el cansancio en las piernas, en la vista y los nudos en el cuello hacen recordar que se nos cayó internet en el día de cierre. Pero la tarea esta completa, ya en la cola, embolsada esa pila de recetas nos da una medida que hemos llegado, una vez más, a la hora señalada. Pero algo rompe esa falsa felicidad:
"Ustedes sí que la tienen fácil, con esto de la computación" pasó diciendo Bercovich presto a ingresar al mismo colegio para una reunión de colegas ya jubilados. Los ojos en silencio de todos allí, parecían gritar voces irreconciliables para encomendar al "querido farmacéutico" a su santa madre, pero el respeto por sus años y la poca predisposición a la pelea fácil, impidió cualquier ataque violento al tenor de sus palabras.
Las cuestiones administrativas de la farmacia nos roban cada vez más tiempo, esto no es una novedad, y la mayoría lo debe haber notado. Sino, acompáñenos en un recorrido mental a través de "la cronología del papeleo" y seguro se sorprenderá del tiempo que nos pasamos mostrándole al mundo cómo hacemos de bien nuestra tarea. Y verá a lo mejor, cómo don Bercovich está equivocado (o no) de cabo a rabo.
Empecemos con las obras sociales más famosas, como el PAMI o IOMA. Aquí tenemos la validación on-line, luego imprimir las presentaciones para el Colegio de Farmacéutico. Comprobar que las recetas estén todas en el listado, un padrón de muchas dispensas con un número "ordenador" de hasta 14 dígitos por receta, lo que hace muy engorroso la comprobación y la ubicación de un eventual error. A estas hay que sumarles las liquidaciones de las prepagas y otras obras sociales, que van por otro camino de validación, otro sistema con una cronología de presentación y de control muy diferente a las que van por del colegio profesional. Cada una tiene su fecha de entrega y su lugar correspondiente. Hay que prestarse a llevarlas, en su mayoría al centro de la ciudad de Buenos Aires y preguntar en ventanilla si hay un chequecito para el afortunado.
¿Cansado? Claro que no, vamos, si usted lo hace diariamente.
En estos días, Internet juega un papel central. Porque además de la validación anterior, la utilización del sistema de "farmalink" -una creación macabra de la industria de los medicamentos -tenemos otras certificaciones on-line que hacer, como la del sistema de las vacunas antigripales del PAMI, donde estamos obligados a ingresar en otra página, emitir un recibo duplicado (uno para el afiliado y otro para la farmacia) y verificar en cada caso para proceder a la vacunación. Otro buen rato por día que nos pegamos a la PC. ¿Suficiente? No crea, ya que si hay un error en la validación de cualquier receta del PAMI en los medicamentos ambulatorios, hay que pegarse al teléfono, llamar al 0800 y preguntar por qué no figura el afiliado en el padrón, si es nuestro o suyo el inconveniente y cómo solucionarlo. Ni que hablar de los infortunios que nos deja la atención del Camoyte y de IOMA Meppes. Una joyita de problema en espiral.
Pero no termina ahí el día del "farmacéutico-administrativo". Los pedidos de compra llegan dos veces por jornada, con su carga de facturas descomunal. Si se le compra a dos droguerías distintas, por ejemplo, vienen como mínimo cuatro facturas por turno. Controlar el pedido, sí esta bien facturado, sí llegaron los productos, sí están bien los precios, etc. A esta altura la dinámica de lo administrativo nos consume el mayor número de horas. Pero además de los pedidos llegan, como extras, los pedidos de las denominadas "droguerías de ofertas" y los laboratorios de los medicamentos genéricos. A través de un sistema que acorta más el tiempo del farmacéutico, las ofertas se hacen mediante largas llamadas telefónicas o conversaciones presenciales, más luego viene la facturación, la entrega y por último la revisión de que esté todo en orden, al precio convenido y con las cantidades justas. Historia repetida, no?
Pero cuando la rutina del papeleo, el control de las facturas y la validación esquizofrénica dejan un espacio, es hora de ordenar las recetas de la venta bajo receta archivada. Porque más allá de todas las consideraciones que a usted y a mí se nos ocurran en este punto, querido lector, este "laburito" hay que hacerlo sí o sí. Evitar multas de la autoridad sanitaria tiene además de beneficios económicos, otros encantos que nos sugieren a los farmacéuticos administrativos, no meternos "en camisas de once varas" por una tontería. Psicotrópicos y otros fármacos deben ser dispensados bajo la modalidad de receta archivada, que debe estar en nuestro libro recetario para que cualquier inspector constate que uno es, de una buena vez y para siempre, hijo del rigor y de las buenas costumbres.
Esto es materia exclusiva de las farmacias. Después, como cualquier otro comercio, la tarea administrativa tiene que tener en cuenta todo lo relacionado con tarjetas de crédito, débitos y otros giros bancarios. Todas esas facturas van, por 10 años, a nuestro depósito, porque como obliga la AFIP deben estar físicamente en los comercios. O sea que hay que hacer un doble trabajo: juntar todo el material para el contador, mensualmente -para descargar el IVA, la "persecución" de Ingresos Brutos, etc. -haga el balance y nos devuelva los papeles, que por el tiempo establecido deberán estar guardadas, y disponibles, en nuestra farmacia.
Aquí llega el punto central de la cuestión. Pasada todas estas obligaciones expiatorias y compulsivas, cuántas ganas, tiempo y energía nos quedan para concentrarnos en la cuestión sanitaria. Cuánto le dedicamos a la atención del paciente, a potenciar gremialmente nuestra profesión. Y esto independiente de la posibilidad de cada farmacéutico de tener o no un plantel de empleados dedicados a los temas administrativos. ¿Quién lo hará mejor que nosotros?. ¿Quién?
La paradoja en el caso de la farmacia es que la utilización de la tecnología no resolvió el problema. Si desde la máquina de vapor a esta parte cuanto más tecnología menos tiempo de trabajo humano, si hoy hasta se puede hacer una ecografía por teléfono, la farmacia se comporta de manera inversa. Internet y la validación on-line, facturación, sistema de control, todo un andamiaje de trabajo que no sólo no alivian la labor del profesional, sino que la hace más pesada, más burocrática.
"Ustedes si que la tienen fácil, ahora con la computadora", nos gasta cínicamente don Bercovich se lo crea o no, pasa a ser una cuestión de segundo orden. Lo cierto es que la PC tiene toda su impronta de listados obligatorios de emisión y ocupa, para nuestros males, el mayor número de horas de concentración profesional en la farmacia.
Don Bercovich no es un improvisado, nunca lo fue, por cierto, y sabe que refiere a un pasado cuando tenían los precios en la cabeza, y que el viejo libro hecho rudimentariamente podía matar a cualquiera si se le caía en la cabeza. "Ustedes si que la tienen fácil, ahora con la computadora" debería ser absolutamente cierto. Pero no, no lo es. A menos que nuestros dirigentes políticos, o los contadores que asesoran a las instituciones y a los que les pagamos en privado, técnicos y funcionarios del estado (salud pública, oficinas de impuestos) se ocupen de estos efectos que alienan el trabajo de cada oficina de farmacia.
Pero don Bercovich insiste con el tema, y uno se tiene que morder los labios para no decirle de un tirón todo lo que piensa. Lo estima. Uno sabe que puede y debe evitar la tentación. Este stress farmacéutico debe ser domesticado cuanto antes. Respirar profundo y cuando vuelva a repetirlo por tercera vez, uno ya se habrá ido, lo va a estar esperando otra cola, muy lejos de allí, depositando los billetes que debe por la semana anterior a la droguería de siempre, una cola mucho más variada, y el tema deberá ser inexorablemente otro. Que mal nos tratan aquí. Uno es argentino y se la tiene que bancar. Tema para otra compulsión al insulto facil, pero eso nunca ocurrirá. Menos allí.
Néstor Caprov

