
BUENOS AIRES un 25 de noviembre de 2009: Por fin se logró la aprobación, por lo que ya es ley la prohibición de vender fármacos fuera de las farmacias. Apoyo unánime de todos los bloques, que coincidieron en su importancia. Júbilo de una multitud presente en la plaza de los Dos Congresos y en cada ciudad de La Argentina, para pedir por la norma. Una puerta a la normalidad que abrimos entre todos. Nadie podrá atribuirse, con razón o sin ella, que es el triunfo de un dirigente, de un sector. Hoy hicimos una manifestación de lo que la unidad puede conseguir. Crónica de una tarde histórica.
Cuando el tablero del Senado confirmó la aprobación de la Ley Nacional de Medicamento, el júbilo se adueño de la plaza de los Dos Congresos. Es que no sólo se saldaba una cuenta pendiente por años en el país, sino que además se terminó con un flagelo que por decadas le costó la vida a miles de argentinos. Desde ahora, los medicamentos deberán ser dispensados sólo en farmacias, bajo la supervisión de un profesional, libre de las manos inescrupulosas que lo manipularon por años, y que hasta último momento hicieron lobby para evitar que la ley saliera.
Por una unanimidad, la norma presentada en diputados por Juan Silvestre Begni (Justicialismo de Santa Fe) se convirtió en ley. La voz cantante en el inicio del debate la llevó la senadora Haidé Giri, representante de Córdoba, quien explicó la necesidad del medicamento en farmacias y los peligros de la venta por fuera de las farmacias. “Hay unas 100 internaciones por automedicación, vinculadas por el mal uso de medicamentos. Esto forma parte de nuestra incultura ciudadana, que debemos saber que un remedio puede causar mal si no se consume asesorado por un profesional”, dijo la senadora.
Además, Giri recordó el rol del farmacéutico en el control de esta automedicación, y su valor en la cadena de trazabilidad. “Yo tengo una gran cantidad de abogados que son grandes médicos, que me dicen que tengo que tomar cuando me duele algo. Nos vamos recibiendo en expertos de salud, y eso trae peligros. Por eso estamos muy contentos, desde la comisión que integro estamos muy satisfechos por esta aprobación”, cerró.
Atrás, la UCR adelantó su voto. “Consideramos sumamente importante para la salud de los argentinos, la senadora fue suficientemente clara, y su aprobación como vino de Diputados, que se aprobó con una unanimidad, y me preocupó particularmente su demora y su posible modificación”, dijo Roy Nikisch, senador de Chaco. El legislador aseguró que el oficialismo “dio muestras de buena voluntad en el tema”, para aprobar la norma como vino de Diputados.
Además, apeló a la responsabilidad de las farmacias, y dio un claro mensaje a los que quisieron boicotear la ley: “los que estaban presionando en contra de la ley, en especial laboratorios de origen extranjeros, deberían tener en cuenta que como pretenden que nuestro país tenga flexibilización en materia de comercialización de fármacos deberían pedir que hagan lo mismo sus países de origen, donde los controles son muy estrictos”.
María Colombo puso la cuota de incomodidad, cuando dijo que la desregulación “no nació de un repollo”. “Acá hay responsabilidades políticas, quienes aplaudieron la desregulación del estado en los 90 deben admitir que cometieron un error que puso en riesgo a la salud de los argentinos, desafiando el principio de que todo medicamentos no es inocuo”. La senadora, un poco llamada a ser la “aguafiestas” de la jornada, pidió terminar “con la impunidad política” para quienes permitieron el mamarracho que ayer se terminó. No estuvo para nada errada la senadora. Otros senadores la acompañan en su crítica.
Así, uno en uno los senadores fueron dando su visión favorable. El consenso ampliaba la posibilidad de un voto unánime, un espaldarazo que sea además una señal a toda la sociedad. “Sentido común”, “resguardar la salud”, “saldar una deuda de la democracia”, fueron alguno de los argumentos de los senadores, que se fueron sumando a la expectativa de todos los presentes. En el senado y en sus casas, palpitando la ley que se hace desear, porque los senadores quieren dejar su posición bien expresa.
La tensión creció por unos momentos. Hubo algunos entredichos entre senadores. Silvia Gallego “levantó el guante” lanzado desde la bancada de la senadora Marina Riofrío, que despachó alguna crítica al sector. La interna sale a la luz. “Hay que trabajar en contra de la publicidad, hay que acabar con este tema que repugna en nuestro país. Nuestro gran desafío ahora es la publicidad, y la venta por Internet, que pone en riesgo la salud e nuestros chicos, que consiguen cualquier cosa por la web”, dispara Gallego, adelantando la batalla que se viene.
Después llegó el momento histórico. El presidente del Senado Julio Cobos llama a votar. La expectativa crece. Hay tranquilidad por la exposición de los legisladores, hay nervios, por llegar al objetivo luego de tanto trabajar. El vicepresidente pide votar, en particular y general. Las luces se encienden. “50 votos a favor, ninguno en contra”. Hay gritos de alegría. “50 a cero” se entusiasman en las gradas. Peronistas, radicales, socialistas, partidos provinciales. Todos a favor de la ley que resguarda la salud argentina. Hace cuánto que no se daba tanto consenso. Las caras son una mezcla de sensaciones. Cansadas, acaloradas, no ocultan la alegría de la tarea cumplida.
Importantísima forma de terminar con la sombra nefasta que cubría al sector.
Desde el sector farmacéutico, la aprobación de la ley es un hito de la democracia. Por eso la alegría, que no se pudo ocultar. Ni se quiso. Como los senadores, en la mayoría de los casos se destacó la importancia de una norma como esta, que hace que la Argentina abandona la informalidad en materia de medicamentos, y que restringe la posibilidad de la falsificación y adulteración de fármacos. Ese sentimiento de felicidad es difícil de sintetizar, pero como en otras ocasiones, una bandera, una consigna, sirve para tal fin. “¿Ley de farmacia o jarra loca? Si no se aprueba la ley, la jara local va a ser el futuro del país”. La bandera, vista en el congreso, es el sentimiento claro de las horas previas. Los senadores permitieron abrir la puerta a un país serio, y convenga usted conmigo, querido lector, un poco más seguro. Y eso no es poca cosa en estos días.
Es momento de recordar el trabajo de años, al principio en soledad, contra la desregulación asesina de la década del 90, contra la “gondolización de los medicamentos, contra la mirada mercantil sobre la salud, hubo que pelear, pero se logró. Desde ahora, el sector farmacéutico renueva el compromiso con la salud de la gente, por un medicamento seguro y con una mirada social y compromete al profesional farmacéutico a ir a fondo con la calidad de prestación que brinda desde siempre.
Los profesionales farmacéuticos somos eso mismo, el último control antes de que cualquier paciente se lleve una medicación a la boca. Y ese sentido de la responsabilidad, de la rigurosidad que nos formó en los claustros universitarios es la credencial, acaso más noble que podemos exhibir a la hora de atender a un paciente.
Cabe recordar que la flamante ley sustituye el artículo 1 de la Ley 17565 al afirmar que la “preparación de recetas, la dispensa de drogas, medicamentos, incluidos los denominados de venta libre y de especialidades farmacéuticas, cualquiera sea su condición de expendio, sólo podrán ser efectuadas en todo el territorio de la Nación, en farmacias habilitadas”. “Los medicamentos denominados de venta libre deberán ser dispensados personalmente en mostrador por farmacéuticos o personas autorizadas para el expendio”, resalta el primer artículo de la norma.
Asimismo, incluye que la venta de medicamentos fuera de las farmacias “se considera ejercicio ilegal de la farmacia y, sin perjuicio de las sanciones establecidas por la ley, los que la efectúen podrán ser denunciados por infracción al Código Penal”.
Por último, el proyecto también modifica el artículo 2 de la Ley 17565 agregándole que las autoridades sanitarias podrán autorizar “a título precario, en zonas donde no actúen farmacéuticos, el establecimiento de botiquines de medicamentos, debiendo determinar las condiciones administrativas e higiénico-sanitarias de los mismos”. En ese sentido, la norma aplica que los programas nacionales, provinciales, municipales o comunales destinados a la provisión de medicamentos o productos farmacéuticos “deben contar con la supervisión de farmacéuticos conforme lo regule la autoridad jurisdiccional competente”.
Tenemos una Ley Nacional 50 veces votada en cada senador. Enfrente,
el silencio de un cero espasmódico que da la complicidad de un sector de los laboratorios de especialidades de venta libre que no logró convencer sobre la “bondad” de apoyar sus intereses.
Como todo, las palabras tienen sus qués, sus cómos, sus porqués. Algunas, solemnes nos interpelan con aire extravagante, dándose importancia, como si estuvieran destinadas a grandes cosas y, ya se verá más adelante, si no son más que una simple brisa que no levantará el peso de una hoja, otras, de las más comunes, de las cotidianas, acabarán teniendo consecuencias que nadie se atreverá hoy a pronosticar: No habían nacido para eso. Tenemos una Ley, un país que solo por hoy, eligió salud y seriedad de un tirón, en una tarde, en un día como hoy.
Néstor Caprov
