jueves, 6 de agosto de 2009

Las urnas hablaron, los gobiernos ya no alcanzan, es hora de entender esta heterogeneidad.


Antes de hacer unas breves consideraciones sobre el análisis de las últimas elecciones farmacéuticas, me es necesario aclarar, más por precaución a que no aparezca, como siempre, algún bobo que me califique antes de terminar de leer estas innecesarias líneas, que uno pertenece a la comunidad de farmacéuticos de Lanús – por si alguien no se había enterado-, una ciudad al sur del conurbano bonaerense, que necesaria e identificatoriamente, pertenece al Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Buenos Aires, una comunidad que como cualquier otra aspira a tener trabajo, a poder ejercerlo, a pensar, a poder intercambiar experiencias con otros colegas de muchas partes del país, a poder respetar y ser respetados. Terminado este preludio, aquí van algunas ideas desordenadas de los que me dejó la última contienda electoral de nuestro querido Colegio Provincial.


Ya no alcanza un Consejo de ningún colegio profesional, por más fuerte que sea, para gobernar, orientar y dirigir el destino de la práctica farmacéutica, económica, financiera y profesional en la provincia de Buenos Aires.

Las Instituciones siempre fueron fundamentalmente, reglas concensuadas que regían la solución de los conflictos que se presentaban en una comunidad determinada. El mayor fracaso que hemos sufrido como sociedad y en nuestro caso como colegio profesional, en la opinión del que escribe estas refutables líneas, ha sido no lograr que Las Normas se conviertan en procedimientos estables. Reconocidas y respetadas por todas las facciones que representan o dicen representar a los miembros de nuestra sociedad, es decir a los colegas farmacéuticos y a la red de farmacias independientes que hasta aquí se han conformado.

Los dirigentes deberíamos dar cuenta a modo de autocrítica de por qué ponemos más interés en la elección de un grupo de amigos, compañeros de futbol o simples conocidos frente a una contienda electoral, que a estudiar, debatir los grandes temas que afectan a la profesión y hacer concurrir a la dirección de cada área temática, si se me permite querido colega, en principio, a los que por experiencia o por estar ocupando lugares claves en la cadena de distribución del medicamento, o a los colegas que por gestión, coraje, diagnóstico y reconocimiento más o menos compartido por la gran mayoría de gente, piensa la profesión todos los días de la semana, y ameritando al mismo tiempo, la capacidad personal de hacer el esfuerzo de convencer al resto de los colegas o votantes de que una idea colectiva de farmacéutico y negocio de farmacia son posibles.

Esta incapacidad que tenemos, que busca ampliar el campo de la hegemonía política “atornillándose” o convenciendo a los “idiotas fáciles” para que los ayude a autoproclamarse una y otra vez en los lugares principales de decisión, reproduciendo una berreta lucha por el poder por el poder mismo; es el legado que nos deja esta fila de desaciertos y principalmente, de pérdida de espacios vitales en todos los ámbitos donde se discute políticas de medicamentos en la Argentina.

Es que citando mal e incluso agregándole conceptos elementales a un mexicano conocido se puede decir sin mucho esfuerzo: “Nuestros políticos y consejeros farmacéuticos están por debajo de los problemas. No cuentan con los recursos desde que llegan a proclamarse, que la experiencia y la preparación brindan. No tienen en sus manos los factores cruciales para llevar con buen éxito a la sociedad que representan, y en el caso que tuvieran todas las capacidades y éstas fueran aprovechadas a plenitud, nuestros gobiernos colegiales son insuficientes para la magnitud de nuestros problemas y sobre todo, para la magnitud de nuestras aspiraciones”

Por eso el análisis no pedido, pero obligado a hacer, es justamente reparar estas consecuencias. Esta torre de Babel que es la profesión farmacéutica de la provincia de Buenos Aires y de la Argentina también.

En un reciente reportaje en el programa televisivo “Tres Poderes” (América, domingos a las 21 horas) el ex gobernador y diputado nacional electo Felipe Solá dijo algo muy interesante, en el marco del nuevo escenario político tras las elecciones del 28 de junio. Luego de admitir la transformación encarada por el ex presidente Néstor Kirchner, de valorar parte de su gestión, aseguró que es “un mal tratador”, que no contiene a la gente que trabaja con él. “Hay que acostumbrarse a una Argentina más heterogénea”, dijo Solá, en relación a la nueva composición de la futura cámara de Diputados. Empezar a pensar un país sin hegemonías definitorias, donde prime el diálogo, donde uno debe sentarse en la mesa de consenso, con base en las convicciones pero escuchando y respetando al diferente. Es interesante esto, en un continente donde el verticalismo alcahuete y el paternalismo es la base de las democracias, que de Juan Domingo Perón para acá tiene miles de ejemplos de países construidos a partir de una figura fuerte. Ahora, en principio de manera saludable, se esta por así decirlo, “horizontalizando el poder”.

Este preludio de política nacional sirve para analizar los que dejó en el ámbito farmacéutico en las elecciones pasadas planteado, y que dibujan una situación similar. La derrota del oficialismo pone al Colegio Provincial en una situación de diálogo. Como viene sucediendo desde hace un tiempo (parece hasta mágico que los ciclos de gestión en la entidad duren todos unos 10 años, casi de forma matemática), las diferencias fueron mínimas. Se ganó por unos 300 o 400 votos, en un padrón de unos 6000 farmacéuticos. Lo curioso de este caso no es ni siquiera la cantidad de votos en blanco, que en esta elección estuvieron en el promedio histórico habitual, sino más bien la cantidad de gente que directamente no pudo votar o a la que no se le contabilizó el voto.

Recordemos que los colegas tenemos la obligación de enviar por correo certificado los dos sobres que manda el colegio (para garantizar el voto secreto) en un período de tiempo determinado. Muchos se olvidaron de votar, y lo hicieron a último momento, por lo cual las cartas que llegaron luego del cierre (sábado 25 de julio). O sea, lo que llegó luego de ese sábado, por la razón que fuera, no se contabilizó. Son alrededor de 1200 votos, mucho para una elección demasiado peleada.

La primera lectura que dejan estas elecciones colegiadas es que, como se dice en la tribuna, “ya nadie gana con la camiseta”. La falta de liderazgos fuertes hace que los votos no tengan dueños ni fidelidades absolutas. Además, a muchos farmacéuticos le interesa poco –o nada –el derecho elemental de elegir a sus propios representantes.

Más allá de este porcentaje altísimo de votos no contabilizados, tenemos una segunda realidad: la Mesa Directiva quedó partida a la mitad. 50 por ciento de la representación para el oficialismo, 50 por ciento para la oposición. Si bien todavía sigue valiendo el doble voto del presidente, las cosas que se quieran hacer a partir de ahora deberán salir por consenso, merced de esta nueva realidad.

En este nuevo escenario, y en el marco de las históricas luchas farmacéuticas ( el arribo por todos los medios de las franquicias en la provincia de Buenos Aires, el aumento del canal K, la puja por mantener la ley 10.606 y la propiedad de la farmacia en manos de los farmacéuticos, el caos administrativo, la caída de los principales convenios, el atraso en los pagos de las obras social, etc.), lo que hay que hacer es empezar a concebir una especie de “política del estado” que perdure a esta contingencia de paridad. Hoy más que nunca los farmacéuticos decimos que de esta mesa debe salir un modelo de consenso, una política colegiada que debe perdurar establemente en el tiempo más allá de una paridad del presente o una nueva contingencia en el futuro.

Volviendo a los dichos del ex gobernador Solá, y utilizándolos como disparador, hay que acostumbrarse a una representación farmacéutica mucho más heterogénea a la que tuvimos hasta este momento. Desde estas líneas no vamos asumir definiciones absolutas, al estilo del texano George W. Bush y su tristemente célebre “quién no está con nosotros, está contra nosotros”, sólo decimos que la obligación del voto farmacéutico hace que a partir de ahora sea perentorio, taxativo, obligatorio, la búsqueda de consensos. En todo sentido. En la lucha por los porcentajes, en la pelea por mejores acuerdos de prestación, en la participación de Buenos Aires en la Confederación Argentina, en la necesidad de presencia en mesa de paritarias, en definitiva, en todo. Más que nunca se necesitan políticas de consenso.

La profesión se merece que haya un grupo de farmacéuticos que los represente, que estén obligados por las circunstancias a recrear esta política de consenso que tan de moda está en estos días en la política general. Si esto no sucede, ni en el corto o el mediano plazo, frente a los temas institucionales que tenemos por delante, sí los consejeros que asumen bajo el pretexto de renovación o aquellos a los que le faltan dos años de mandato por cumplir no se les caen una idea que redunde en políticas estables, a largo plazo, con una, por lo menos, aproximada caracterización del negocio de la farmacia y la realidad del farmacéutico en relación de dependencia; estaremos perdiendo una vez más una batalla fundamental, quedando afuera y sin representación en todas las mesas que forman la política del medicamento en la Argentina.

No se puede perder más tiempo en peleas intestinas. Las urnas hablaron, hubo ganadores que tendrán que demostrar en la cancha cómo se juega este partido nada fácil, hubo perdedores que demostrarán su hidalguía volviendo al seno de la farmacia, allí detrás del mostrador dónde casi todos estamos, disfrutarán del silencio que todo caballero que ha perdido en justa batalla debe darse para entender porqué le ha pasado lo que le pasó, a él y a su proyecto. Y para los que conforman el nuevo gobierno de nuestra querida Institución, solo los aguarda, casi de repente, la toma de decisiones cardinales, las definiciones más determinantes en el mercado de las farmacias de nuestra provincia. Una encrucijada del que se sale con inteligencia, espíritu de cuerpo y coraje. Quien no entienda esta hora, estará mirando lo más oscuro de su retina.

Néstor Caprov