viernes, 28 de agosto de 2009

Farmacias independientes: “¿El cable rojo o el cable azul?




En este momento, en la legislatura provincial, hay dos proyectos que tiene que ver con el mundo farmacéutico y su regulación en territorio bonaerense. Ambos proyectos pertenecen al Frente para la Victoria (FpV), oficialismo en la Provincia y sector dominante –por ahora –de un mismo sector o color político: el Justicialismo. Uno de estos proyectos defiende la esencia misma de la actual Ley 10.606, es decir, mantiene la concepción de la farmacia como centro sanitario, último estabón del sistema de Atención Primaria de la Salud. Mantiene, entre otras cuestiones, al farmacéutico como dueño, los 300 metros de distancia entre locales, etc. La otra, un poco más sencilla, es una ley netamente económica, y nos traer recuerdo de aquellos decretos del tristemente célebre Domingo Cavallo y su desregulación del Estado –y su consecuente pérdida de todos los valores y conquistas sanitarias farmacéuticas y la consecuente invasión de medicamentos en kioscos, ferias y demás – el dominio de las leyes del mercado. Es decir, uno piensa la farmacia desde lo sanitario y otro desde lo financiero.

Teniendo en cuenta que muchas veces; algo no es totalmente bueno o totalmente malo, entendemos que estas leyes deberían ser objeto desde nuestro gremio de análisis y reflexión, basada en la difusión de la información. Esto, lo sabemos, no sucede. Si bien se puede argumentar que este silencio es una estrategia para evitar “mostrar las cartas a jugar”, las filiales y sus directivos no tenemos ninguna información de estas leyes, por menores y detalles para por lo menos intentar entenderla en voz baja. Nada. Ni siquiera quienes son sus impulsores detrás de la firma formal de cada proyecto, sus intereses y sus razones.

La información es Poder. Y si bien uno respeta cuando el gremio dice “hacia fuera no hagamos por ahora nada”, piensa que manejando información puede aportar para el empuje de una norma fundamental para nuestra existencia. Más cuando los actores de poder, a favor o en contra, ya están trabajando con su lobbie más allá de lo que circula como información. Pero esto puede ser secundario: la estrategia en este punto es una atribución que el Colegio central se puede tomar.

Ahora bien, acá aparece una pregunta crucial: ¿qué nos conviene a los farmacéuticos? Obviamente que la formación sanitaria pesa, y lo que queremos es ser parte integrante del sistema de salud. Indisoluble. Aunque entendemos que estamos también dentro de un esquema de intereses económicos. Porque básicamente la farmacia también es un negocio, con reglas y condicionantes propias. Pero siempre tendremos la mirada sanitaria. Los valores intrínsecos de nuestra querida ley 10.606, para quién escribe, son innegociables. La propiedad de la farmacia del farmacéutico. La no llegada de franquicias farmacéuticas a nuestra provincia. La limitación del número de locales de farmacia a un mismo grupo. Son condiciones que no se deben ni discutir. Pero eso es un conjetura mía y me hago cargo de lo que firmo.

Hasta ahora, gracias a la ley de neto corte sanitarista, la farmacia independiente creció a buen ritmo en la provincia de Buenos Aires. No sólo a buen ritmo. Sino que dio lugar a una red de farmacias que permitió al profesional elegir si una vez obtenido el título profesional o bien se empleaba en alguna farmacia o se jugaba por las suyas y con la ayuda económica del sector ponía su propio local. Con matices, esta siempre fue una elección, personal y particular, pero siempre existente. La posibilidad de elegir siempre estaba. Esto fue cambiando palulatinamente, a medida que los grandes jugadores se fueron apoderando de más mercado, hizo que la subsistencia de la farmacia independiente y pequeña estuviera más limitada. Casi llevada al borde de la subsistencia. Todo dentro de la ley, es cierto, pero con reglas de juego que fueron cambiando.

Aquella vieja elección de “empleado o empleador”, cambió con la pauperización del mercado laboral farmacéutico –influenciado por cosas conocidas por todos, como ventajas particulares en algunos mostradores, industria farmacéutica mediante, políticas agresivas en los descuentos, etc. –, cambio de dueños de la mayor porción de farmacias, pasando a integrar “cadeneras reales” aunque en los papeles sean comanditas independientes; y así, se fueron quedaron con el negocio. Se volvió menos libre. Pero más allá de las tormentas y las crisis, ayudados de a momentos por la suerte o por políticas de un estado activo, la farmacia profesional como pudo, subsistió. Dolida, maltratada, pero llegó a lo que es hoy. Y en este hoy tenemos una ley sanitaria amenazada por jugadores que depredan cada vez más territorio sin la menor resistencia.

Como si esto fuera poco, del otro lado están los que vienen por todo. Las franquicias de la Capital Federal que ya no vienen por una porción del mercado, sino por toda la torta, planteando una guerra para posicionar al negocio de la farmacia a otro estilo, más vinculado con la economía a gran escala, el shopping y la venta compulsiva. Un modelo muy alejado del sanitarista que defendemos. Para esto se apoyan en su poder económico y en la capacidad para crear sus propias herramientas de juego, que van desde las droguerías hasta la atención 24 horas en todos los puntos. La consecuencia, si vemos a la vecina Capital Federal, es clara: la farmacia independiente agoniza, al punto que el porteño ya incorporó a su imaginario a Farmacity como imagen de farmacia. Siguiendo el caso capitalino, la forma de cooptar el mercado fue, cuanto menos, muy eficaz. Hoy existen más farmacéuticos empleados en cadenas que cuentapropistas.

Frente a esto, las elecciones aparecen cuanto menos difíciles. En la zona sur del conurbano, por ejemplo, tenemos un estado de “preguerra” por el precio con descuentos de casi el 20% del PVP más vademecums de laboratorios reconocidos de un 40%, con jugadores que incluso con esta ley sanitaria están “libanizando” el mercado de farmacias; y por el otro lado las cadeneras que piden a gritos entrar para desatar la guerra total. ¿Qué nos queda a nosotros en este esquema? Tenemos una institución que nos representa, que puede pedirle al mediador (el Estado) que regule a favor de uno y en contra de otros. Incluso tener nuestro propio proyecto de Ley confirmatorio de la que existe 10.606. Estamos ante una realidad: el negocio de farmacia como lo conocíamos ya se perdió. Entre dos fuegos estamos, y no sabemos, y peor, no nos informan que es lo que conviene hacer, decir o callar. Porque en el primer esquema podemos sobrevivir un poco más de tiempo, pero nada más. La extinción así está garantizada.

Qué nos queda: esperar amortajados a que la actual situación nos termine de consumir, o dejar entrar al monstruo de las cadenas y esperar que choque frontalmente con los grandes jugadores que dominan hoy el mercado. Hay muchas preguntas, más de lo habitual para quienes pensamos todos los días el destino de nuestras farmacias. Y el Estado cómo definirá esta cuestión, que hacemos los farmacéuticos para ayudar a que el legislador dirima a favor de los farmacéuticos de toda nuestra provincia. Hay que entender que en un contexto como el actual, no hay mucho futuro. Lo que está claro es que entre los grandes capitales con vademécum propio y las cadeneras y sus “armas de destrucción masiva”, la farmacia independiente esta indefensa sin el paraguas de una ley justa y equilibrada.

La pregunta sigue siendo la misma ¿qué hacer? Sabemos que no es lo mismo las grandes ciudades que las pequeñas, que las cadeneras no van a ir –en principio- a un población menor,. Primero irán por las ciudades de más de 100 mil habitantes. El tema es cuándo vamos a hacer un gremio único, de todos, donde podamos volcar una estrategia común. Si hoy no sabemos los detalles de dos leyes vitales, y acaso lo que está de tras de los detalles. Si para peor no tenemos discusión interna de esto, si no conocemos quiénes tejen la estrategia. Acá hay dos leyes, más una tercera que limita las franquicias, pero no tenemos información, ni debate ni conocemos la estrategia. No será el momento de pensar los grandes temas y de tener una política de Estado común. El dilema de nuestra tierra se vuelve a repetir. La historia siempre se repite como lo decía un filósofo alemán: El eterno retorno de lo igual. ¿Cortamos el cable rojo o el cable azul de esta bomba perfecta?. Un dilema que se palpa en el futuro de la farmacia bonaerense.

Néstor Caprov

viernes, 21 de agosto de 2009

» El Conurbano sur en el tablero del TEG: la invasión del “mostrador caliente"




Cuando apareció en el mercado, a mediados de la década del 70, el juego Táctica y Estrategia de la Guerra fue un verdadero furor. El ahora tradicional TEG revolucionó los juegos didácticos y de mesa, y se metió en la memoria de toda una generación. Basado en el Risk (en inglés, riesgo) norteamericano, el TEG nos obligaba a invadir países y dominar competidores, requería de paciencia, mucha paciencia, y una importante cuota de suerte. El clásico “Argentina ataca Kamchatka” fue usado para publicidades y hasta una película, e hizo de la invasión un arte.

Menos nostálgica, en estos días en Lanús y alrededores vemos como en el mercado farmacéutico un ejército intenta adueñarse de cada vez más terreno, incluso fuera de las fronteras del distrito, a fuerza de una combinación pocas veces vista de efectivo, poder de lobbie y distracción ajena. Se trata de un ejército de ocupación, sediento de mostradores farmacéuticos, que bajo el nombre de lo que nació como una organización de defensa de los derechos de los trabajadores se está, lisa y llanamente, “comiendo el mercado”.

La mancha es voraz y abarca toda la cadena de comercialización del medicamento, pero tiene especial fuerza en el final, en el punto minorista. Este “mostrador caliente” de Lanús tiene el 35 por ciento del mercado local y avanza a zonas impensadas hasta hace un tiempo. Ya invadió Valentín Alsina, donde sus garras se apoderaron de una farmacia, que en seis meses a fuerzas de descuento compulsivo la hizo facturar tres veces más, dejando un derrotero de persianas muy mal heridas a su alrededor. Pero va para más, y busca más territorios indefensos, con muchos jugadores distraídos o confundidos por su estrategia. Cuando algunos ya sabemos que su tarjeta de objetivos dice claramente “ocupar el conurbano sur”.

Por si algún distraído todavía no entra en tema, estamos hablando de la escandalosa concentración que vive hoy el mercado minorista de Lanús y alrededores. De la capacidad de un jugador de hacer descuentos de 18 por ciento en todos los medicamentos y de un 40 en productos de laboratorios característicos, merced a su terrible dominio del circuito, que le impone condiciones a las distribuidoras y droguerías al punto que las hace jugar un juego que a largo plazo no les conviene a casi nadie. Sólo a este gran mostrador.

Con la actual situación del dólar en el país, la retracción del mercado internacional y la inestabilidad en las economías dominantes, los especialistas dicen que hoy es más fácil comprar activos productivos (comercios, inmuebles) que realizar inversiones financieras. Así, muchos de los dólares que salen de la especulación se vuelcan en la compra de farmacias, que entre la presión impositiva, la caída de las ventas en muchos segmentos y la falta de crédito local están cada vez más acorraladas. La ecuación que sigue es fácil: un jugador”ataca” a otro debilitado por el desgaste de la situación, y en un par de tiradas de dados se queda con todo.

En estos momentos, lo que se necesita en el sector el un alineamiento en función de la necesidad de emparejar el mercado, que está llegando a su tope en cuanto a costos. La discusión más importante hoy es la rentabilidad, la subsistencia más básica. Si a esto le agregamos que aparecen otros jugadores de envergadura que dejan esos tamaños descuentos, comprando farmacias, la cosa se agrava

Si algo nos enseño el modelo de concentración impuesto en Chile es que cuanto menos control hay de la concentración los actores más poderosos se van expandiendo en todo el circuito, dominando toda la escena. Cabe recordar que el país trasandino tal vez posea uno de los mercados farmacéuticos más concentrados del mundo, donde 4 grandes cadenas (SyB, Ahumada, Cabo Verde y Conosur) controlan más del 80 por ciento de la venta de medicamento. Los especialistas reconocen que por esto las grandes cadenas son ya un sector económico por sí mismo, como los supermercados o las tiendas por departamentos. “Esta situación no sólo ha implicado la desaparición del tradicional negocio de barrio sino la creación de un poder de compra que ha arrinconado a los productores más débiles y a los no tan débiles” (cita del periodista chileno Paul Walder. Para más información ver “Turismo en Santiago y algunas reflexiones sobre el mercado chileno de medicamentos”, 16-05-08). ¿Suena conocido no?

El cáncer se extiende como una mancha de tinta en un papel secante. La metástasis empezó. Ahora nuestro protagonista está jugando al TEG en partidos cercanos –y no tanto –ocupando territorios sin mayores resistencias. “Que se rompa pero que no se doble”, decía el radical Leandro N. Alem, dueño de una oratoria privilegiada y un iracundo carácter, que le terminó jugando en contra. Hoy, con la situación como la hemos descripto, con los extremos de la resistencia a punto de tocarse, la cosa se hace complicada. “resistiré” decimos al tono de la canción, pero lo cierto es que estamos un tanto solos y aislados. Pero algo esta pasando que es alentador. Algo por la que bregamos desde estas editoriales, algo, en definitiva para lo que fue creada MIRADA PROFESIONAL: Los mostradores farmacéuticos están entendiendo: que los que hay que hacer es alinearse. En eso estamos. Sepa comprender en estas pocas palabras lo descomunal de la tarea.

¿A quién le conviene este panorama de concentración? ¿A la farmacia independiente? No, porque va desapareciendo una tras otra. ¿ A la droguería de elección que provee circunstancialmente a este concentrador? Menos, porque cada vez tiene clientes más debilitados y los “mostradores calientes” tienen la facilidad de cambiar de comprador y desfasar financieramente a cualquiera e incluso, que esa misma droguería dependa solamente de esa única y solo única farmacia en cuestión. ¿A la distribuidora?, No, ya que los laboratorios dueños de esas estructuras van a terminar presos, como en el mercado productor chileno, como quedan frente a los supermercados, las empresas formadoras de precios. ¿ Se beneficiarán los sindicatos de empleados de farmacia?. Para nada. Nunca fue negocio para un sindicato la disminución del número de farmacias y empleados en forma crónica y definitiva. Parecería que juntar los mostradores chicos, los mostradores grandes, todos los intereses para hacer presión en un solo punto es el único contraseguro para poder seguir existiendo. Así de chiquito y de grande a la vez. EXISTIR. Para defender las fronteras del avance de este jugador y de cualquier otro con estas características devastadoras. Tirar todos juntos los dados y frenar su ingerencia. “Objetivo común: defender las farmacias independientes”, debería decir nuestra tarjeta de objetivos de nuestro recordado juego del TEG.

Néstor Caprov

jueves, 6 de agosto de 2009

Las urnas hablaron, los gobiernos ya no alcanzan, es hora de entender esta heterogeneidad.


Antes de hacer unas breves consideraciones sobre el análisis de las últimas elecciones farmacéuticas, me es necesario aclarar, más por precaución a que no aparezca, como siempre, algún bobo que me califique antes de terminar de leer estas innecesarias líneas, que uno pertenece a la comunidad de farmacéuticos de Lanús – por si alguien no se había enterado-, una ciudad al sur del conurbano bonaerense, que necesaria e identificatoriamente, pertenece al Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Buenos Aires, una comunidad que como cualquier otra aspira a tener trabajo, a poder ejercerlo, a pensar, a poder intercambiar experiencias con otros colegas de muchas partes del país, a poder respetar y ser respetados. Terminado este preludio, aquí van algunas ideas desordenadas de los que me dejó la última contienda electoral de nuestro querido Colegio Provincial.


Ya no alcanza un Consejo de ningún colegio profesional, por más fuerte que sea, para gobernar, orientar y dirigir el destino de la práctica farmacéutica, económica, financiera y profesional en la provincia de Buenos Aires.

Las Instituciones siempre fueron fundamentalmente, reglas concensuadas que regían la solución de los conflictos que se presentaban en una comunidad determinada. El mayor fracaso que hemos sufrido como sociedad y en nuestro caso como colegio profesional, en la opinión del que escribe estas refutables líneas, ha sido no lograr que Las Normas se conviertan en procedimientos estables. Reconocidas y respetadas por todas las facciones que representan o dicen representar a los miembros de nuestra sociedad, es decir a los colegas farmacéuticos y a la red de farmacias independientes que hasta aquí se han conformado.

Los dirigentes deberíamos dar cuenta a modo de autocrítica de por qué ponemos más interés en la elección de un grupo de amigos, compañeros de futbol o simples conocidos frente a una contienda electoral, que a estudiar, debatir los grandes temas que afectan a la profesión y hacer concurrir a la dirección de cada área temática, si se me permite querido colega, en principio, a los que por experiencia o por estar ocupando lugares claves en la cadena de distribución del medicamento, o a los colegas que por gestión, coraje, diagnóstico y reconocimiento más o menos compartido por la gran mayoría de gente, piensa la profesión todos los días de la semana, y ameritando al mismo tiempo, la capacidad personal de hacer el esfuerzo de convencer al resto de los colegas o votantes de que una idea colectiva de farmacéutico y negocio de farmacia son posibles.

Esta incapacidad que tenemos, que busca ampliar el campo de la hegemonía política “atornillándose” o convenciendo a los “idiotas fáciles” para que los ayude a autoproclamarse una y otra vez en los lugares principales de decisión, reproduciendo una berreta lucha por el poder por el poder mismo; es el legado que nos deja esta fila de desaciertos y principalmente, de pérdida de espacios vitales en todos los ámbitos donde se discute políticas de medicamentos en la Argentina.

Es que citando mal e incluso agregándole conceptos elementales a un mexicano conocido se puede decir sin mucho esfuerzo: “Nuestros políticos y consejeros farmacéuticos están por debajo de los problemas. No cuentan con los recursos desde que llegan a proclamarse, que la experiencia y la preparación brindan. No tienen en sus manos los factores cruciales para llevar con buen éxito a la sociedad que representan, y en el caso que tuvieran todas las capacidades y éstas fueran aprovechadas a plenitud, nuestros gobiernos colegiales son insuficientes para la magnitud de nuestros problemas y sobre todo, para la magnitud de nuestras aspiraciones”

Por eso el análisis no pedido, pero obligado a hacer, es justamente reparar estas consecuencias. Esta torre de Babel que es la profesión farmacéutica de la provincia de Buenos Aires y de la Argentina también.

En un reciente reportaje en el programa televisivo “Tres Poderes” (América, domingos a las 21 horas) el ex gobernador y diputado nacional electo Felipe Solá dijo algo muy interesante, en el marco del nuevo escenario político tras las elecciones del 28 de junio. Luego de admitir la transformación encarada por el ex presidente Néstor Kirchner, de valorar parte de su gestión, aseguró que es “un mal tratador”, que no contiene a la gente que trabaja con él. “Hay que acostumbrarse a una Argentina más heterogénea”, dijo Solá, en relación a la nueva composición de la futura cámara de Diputados. Empezar a pensar un país sin hegemonías definitorias, donde prime el diálogo, donde uno debe sentarse en la mesa de consenso, con base en las convicciones pero escuchando y respetando al diferente. Es interesante esto, en un continente donde el verticalismo alcahuete y el paternalismo es la base de las democracias, que de Juan Domingo Perón para acá tiene miles de ejemplos de países construidos a partir de una figura fuerte. Ahora, en principio de manera saludable, se esta por así decirlo, “horizontalizando el poder”.

Este preludio de política nacional sirve para analizar los que dejó en el ámbito farmacéutico en las elecciones pasadas planteado, y que dibujan una situación similar. La derrota del oficialismo pone al Colegio Provincial en una situación de diálogo. Como viene sucediendo desde hace un tiempo (parece hasta mágico que los ciclos de gestión en la entidad duren todos unos 10 años, casi de forma matemática), las diferencias fueron mínimas. Se ganó por unos 300 o 400 votos, en un padrón de unos 6000 farmacéuticos. Lo curioso de este caso no es ni siquiera la cantidad de votos en blanco, que en esta elección estuvieron en el promedio histórico habitual, sino más bien la cantidad de gente que directamente no pudo votar o a la que no se le contabilizó el voto.

Recordemos que los colegas tenemos la obligación de enviar por correo certificado los dos sobres que manda el colegio (para garantizar el voto secreto) en un período de tiempo determinado. Muchos se olvidaron de votar, y lo hicieron a último momento, por lo cual las cartas que llegaron luego del cierre (sábado 25 de julio). O sea, lo que llegó luego de ese sábado, por la razón que fuera, no se contabilizó. Son alrededor de 1200 votos, mucho para una elección demasiado peleada.

La primera lectura que dejan estas elecciones colegiadas es que, como se dice en la tribuna, “ya nadie gana con la camiseta”. La falta de liderazgos fuertes hace que los votos no tengan dueños ni fidelidades absolutas. Además, a muchos farmacéuticos le interesa poco –o nada –el derecho elemental de elegir a sus propios representantes.

Más allá de este porcentaje altísimo de votos no contabilizados, tenemos una segunda realidad: la Mesa Directiva quedó partida a la mitad. 50 por ciento de la representación para el oficialismo, 50 por ciento para la oposición. Si bien todavía sigue valiendo el doble voto del presidente, las cosas que se quieran hacer a partir de ahora deberán salir por consenso, merced de esta nueva realidad.

En este nuevo escenario, y en el marco de las históricas luchas farmacéuticas ( el arribo por todos los medios de las franquicias en la provincia de Buenos Aires, el aumento del canal K, la puja por mantener la ley 10.606 y la propiedad de la farmacia en manos de los farmacéuticos, el caos administrativo, la caída de los principales convenios, el atraso en los pagos de las obras social, etc.), lo que hay que hacer es empezar a concebir una especie de “política del estado” que perdure a esta contingencia de paridad. Hoy más que nunca los farmacéuticos decimos que de esta mesa debe salir un modelo de consenso, una política colegiada que debe perdurar establemente en el tiempo más allá de una paridad del presente o una nueva contingencia en el futuro.

Volviendo a los dichos del ex gobernador Solá, y utilizándolos como disparador, hay que acostumbrarse a una representación farmacéutica mucho más heterogénea a la que tuvimos hasta este momento. Desde estas líneas no vamos asumir definiciones absolutas, al estilo del texano George W. Bush y su tristemente célebre “quién no está con nosotros, está contra nosotros”, sólo decimos que la obligación del voto farmacéutico hace que a partir de ahora sea perentorio, taxativo, obligatorio, la búsqueda de consensos. En todo sentido. En la lucha por los porcentajes, en la pelea por mejores acuerdos de prestación, en la participación de Buenos Aires en la Confederación Argentina, en la necesidad de presencia en mesa de paritarias, en definitiva, en todo. Más que nunca se necesitan políticas de consenso.

La profesión se merece que haya un grupo de farmacéuticos que los represente, que estén obligados por las circunstancias a recrear esta política de consenso que tan de moda está en estos días en la política general. Si esto no sucede, ni en el corto o el mediano plazo, frente a los temas institucionales que tenemos por delante, sí los consejeros que asumen bajo el pretexto de renovación o aquellos a los que le faltan dos años de mandato por cumplir no se les caen una idea que redunde en políticas estables, a largo plazo, con una, por lo menos, aproximada caracterización del negocio de la farmacia y la realidad del farmacéutico en relación de dependencia; estaremos perdiendo una vez más una batalla fundamental, quedando afuera y sin representación en todas las mesas que forman la política del medicamento en la Argentina.

No se puede perder más tiempo en peleas intestinas. Las urnas hablaron, hubo ganadores que tendrán que demostrar en la cancha cómo se juega este partido nada fácil, hubo perdedores que demostrarán su hidalguía volviendo al seno de la farmacia, allí detrás del mostrador dónde casi todos estamos, disfrutarán del silencio que todo caballero que ha perdido en justa batalla debe darse para entender porqué le ha pasado lo que le pasó, a él y a su proyecto. Y para los que conforman el nuevo gobierno de nuestra querida Institución, solo los aguarda, casi de repente, la toma de decisiones cardinales, las definiciones más determinantes en el mercado de las farmacias de nuestra provincia. Una encrucijada del que se sale con inteligencia, espíritu de cuerpo y coraje. Quien no entienda esta hora, estará mirando lo más oscuro de su retina.

Néstor Caprov