
En este momento, en la legislatura provincial, hay dos proyectos que tiene que ver con el mundo farmacéutico y su regulación en territorio bonaerense. Ambos proyectos pertenecen al Frente para la Victoria (FpV), oficialismo en la Provincia y sector dominante –por ahora –de un mismo sector o color político: el Justicialismo. Uno de estos proyectos defiende la esencia misma de la actual Ley 10.606, es decir, mantiene la concepción de la farmacia como centro sanitario, último estabón del sistema de Atención Primaria de la Salud. Mantiene, entre otras cuestiones, al farmacéutico como dueño, los 300 metros de distancia entre locales, etc. La otra, un poco más sencilla, es una ley netamente económica, y nos traer recuerdo de aquellos decretos del tristemente célebre Domingo Cavallo y su desregulación del Estado –y su consecuente pérdida de todos los valores y conquistas sanitarias farmacéuticas y la consecuente invasión de medicamentos en kioscos, ferias y demás – el dominio de las leyes del mercado. Es decir, uno piensa la farmacia desde lo sanitario y otro desde lo financiero.
Teniendo en cuenta que muchas veces; algo no es totalmente bueno o totalmente malo, entendemos que estas leyes deberían ser objeto desde nuestro gremio de análisis y reflexión, basada en la difusión de la información. Esto, lo sabemos, no sucede. Si bien se puede argumentar que este silencio es una estrategia para evitar “mostrar las cartas a jugar”, las filiales y sus directivos no tenemos ninguna información de estas leyes, por menores y detalles para por lo menos intentar entenderla en voz baja. Nada. Ni siquiera quienes son sus impulsores detrás de la firma formal de cada proyecto, sus intereses y sus razones.
La información es Poder. Y si bien uno respeta cuando el gremio dice “hacia fuera no hagamos por ahora nada”, piensa que manejando información puede aportar para el empuje de una norma fundamental para nuestra existencia. Más cuando los actores de poder, a favor o en contra, ya están trabajando con su lobbie más allá de lo que circula como información. Pero esto puede ser secundario: la estrategia en este punto es una atribución que el Colegio central se puede tomar.
Ahora bien, acá aparece una pregunta crucial: ¿qué nos conviene a los farmacéuticos? Obviamente que la formación sanitaria pesa, y lo que queremos es ser parte integrante del sistema de salud. Indisoluble. Aunque entendemos que estamos también dentro de un esquema de intereses económicos. Porque básicamente la farmacia también es un negocio, con reglas y condicionantes propias. Pero siempre tendremos la mirada sanitaria. Los valores intrínsecos de nuestra querida ley 10.606, para quién escribe, son innegociables. La propiedad de la farmacia del farmacéutico. La no llegada de franquicias farmacéuticas a nuestra provincia. La limitación del número de locales de farmacia a un mismo grupo. Son condiciones que no se deben ni discutir. Pero eso es un conjetura mía y me hago cargo de lo que firmo.
Hasta ahora, gracias a la ley de neto corte sanitarista, la farmacia independiente creció a buen ritmo en la provincia de Buenos Aires. No sólo a buen ritmo. Sino que dio lugar a una red de farmacias que permitió al profesional elegir si una vez obtenido el título profesional o bien se empleaba en alguna farmacia o se jugaba por las suyas y con la ayuda económica del sector ponía su propio local. Con matices, esta siempre fue una elección, personal y particular, pero siempre existente. La posibilidad de elegir siempre estaba. Esto fue cambiando palulatinamente, a medida que los grandes jugadores se fueron apoderando de más mercado, hizo que la subsistencia de la farmacia independiente y pequeña estuviera más limitada. Casi llevada al borde de la subsistencia. Todo dentro de la ley, es cierto, pero con reglas de juego que fueron cambiando.
Aquella vieja elección de “empleado o empleador”, cambió con la pauperización del mercado laboral farmacéutico –influenciado por cosas conocidas por todos, como ventajas particulares en algunos mostradores, industria farmacéutica mediante, políticas agresivas en los descuentos, etc. –, cambio de dueños de la mayor porción de farmacias, pasando a integrar “cadeneras reales” aunque en los papeles sean comanditas independientes; y así, se fueron quedaron con el negocio. Se volvió menos libre. Pero más allá de las tormentas y las crisis, ayudados de a momentos por la suerte o por políticas de un estado activo, la farmacia profesional como pudo, subsistió. Dolida, maltratada, pero llegó a lo que es hoy. Y en este hoy tenemos una ley sanitaria amenazada por jugadores que depredan cada vez más territorio sin la menor resistencia.
Como si esto fuera poco, del otro lado están los que vienen por todo. Las franquicias de la Capital Federal que ya no vienen por una porción del mercado, sino por toda la torta, planteando una guerra para posicionar al negocio de la farmacia a otro estilo, más vinculado con la economía a gran escala, el shopping y la venta compulsiva. Un modelo muy alejado del sanitarista que defendemos. Para esto se apoyan en su poder económico y en la capacidad para crear sus propias herramientas de juego, que van desde las droguerías hasta la atención 24 horas en todos los puntos. La consecuencia, si vemos a la vecina Capital Federal, es clara: la farmacia independiente agoniza, al punto que el porteño ya incorporó a su imaginario a Farmacity como imagen de farmacia. Siguiendo el caso capitalino, la forma de cooptar el mercado fue, cuanto menos, muy eficaz. Hoy existen más farmacéuticos empleados en cadenas que cuentapropistas.
Frente a esto, las elecciones aparecen cuanto menos difíciles. En la zona sur del conurbano, por ejemplo, tenemos un estado de “preguerra” por el precio con descuentos de casi el 20% del PVP más vademecums de laboratorios reconocidos de un 40%, con jugadores que incluso con esta ley sanitaria están “libanizando” el mercado de farmacias; y por el otro lado las cadeneras que piden a gritos entrar para desatar la guerra total. ¿Qué nos queda a nosotros en este esquema? Tenemos una institución que nos representa, que puede pedirle al mediador (el Estado) que regule a favor de uno y en contra de otros. Incluso tener nuestro propio proyecto de Ley confirmatorio de la que existe 10.606. Estamos ante una realidad: el negocio de farmacia como lo conocíamos ya se perdió. Entre dos fuegos estamos, y no sabemos, y peor, no nos informan que es lo que conviene hacer, decir o callar. Porque en el primer esquema podemos sobrevivir un poco más de tiempo, pero nada más. La extinción así está garantizada.
Qué nos queda: esperar amortajados a que la actual situación nos termine de consumir, o dejar entrar al monstruo de las cadenas y esperar que choque frontalmente con los grandes jugadores que dominan hoy el mercado. Hay muchas preguntas, más de lo habitual para quienes pensamos todos los días el destino de nuestras farmacias. Y el Estado cómo definirá esta cuestión, que hacemos los farmacéuticos para ayudar a que el legislador dirima a favor de los farmacéuticos de toda nuestra provincia. Hay que entender que en un contexto como el actual, no hay mucho futuro. Lo que está claro es que entre los grandes capitales con vademécum propio y las cadeneras y sus “armas de destrucción masiva”, la farmacia independiente esta indefensa sin el paraguas de una ley justa y equilibrada.
La pregunta sigue siendo la misma ¿qué hacer? Sabemos que no es lo mismo las grandes ciudades que las pequeñas, que las cadeneras no van a ir –en principio- a un población menor,. Primero irán por las ciudades de más de 100 mil habitantes. El tema es cuándo vamos a hacer un gremio único, de todos, donde podamos volcar una estrategia común. Si hoy no sabemos los detalles de dos leyes vitales, y acaso lo que está de tras de los detalles. Si para peor no tenemos discusión interna de esto, si no conocemos quiénes tejen la estrategia. Acá hay dos leyes, más una tercera que limita las franquicias, pero no tenemos información, ni debate ni conocemos la estrategia. No será el momento de pensar los grandes temas y de tener una política de Estado común. El dilema de nuestra tierra se vuelve a repetir. La historia siempre se repite como lo decía un filósofo alemán: El eterno retorno de lo igual. ¿Cortamos el cable rojo o el cable azul de esta bomba perfecta?. Un dilema que se palpa en el futuro de la farmacia bonaerense.
Néstor Caprov

