viernes, 26 de junio de 2009

¿ A quién le molesta un cartel ?


La campaña de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) contra la venta ilegal de medicamentos se volvió a ver frustrada por la idas y vueltas de los funcionarios del gobierno porteño. A pesar de los permisos debidamente concedidos por parte de los funcionarios oficiales; el cartel de Rivadavia y Callao volvió a ser retirado otra vez, sin razones valederas. Qué intereses toca la necesidad de evitar la venta de medicamentos fuera de farmacias. Decisiones curiosas o por lo menos contradictorias, que juegan con “aquellas cosas que no tienen repuesto”: la salud de la población.

En Callao y Rivadavia, en pleno centro de la Capital Federal, funcionaba la confitería El Molino. En 1850 nació este punto de encuentro de los porteños, por entonces llamada Confitería del Centro. Pero la presencia del primer molino harinero de Buenos Aires (llamado “molino a vapor de Lorea”, le dio su inmortal nombre. Entre 1914 y 1917 se construyó su actual edificio, y sus puertas cerraron luego de que la historia de la ciudad y el país pasara por sus veredas.

Allí, en la puerta, mientras se espera que la tradicional confitería reabra sus puertas, un cartel llama a la reflexión a los transeúntes porteños: “Uno de estos medicamentos es
falso: ¿cuál piensa darle a su hijo? Por su salud y la de su familia no adquiera los medicamentos fuera de la farmacia”. El mismo es una iniciativa de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), como parte de una iniciativa nacional para terminar con el vacío legal que permite la venta ilegal de medicamentos, un flagelo que azota a toda la población, cobrándose muertos y recursos que no se recuperan.

Lo curioso es que en estos días, por ¿segunda?, ¿tercera? vez, el cartel fue removido por empleados de la comuna porteña, pese a que la COFA tiene autorización para realizar allí la campaña. En un país con 22 mil muertes anuales por mal consumo de fármacos, la actitud del gobierno de la ciudad de Buenos Aires es por lo menos llamativa.

Los antecedentes del cartel de El Molino son para tener en cuenta: por lo menos dos años fue publicidad de la empresa Movicom. O sea que por más de dos años, una compañía extranjera (Bellsouth) pudo mantener su cartelería sin problemas, y una campaña de salud pública se remueve constantemente. Es más, Movicom dejó de existir, ya que fue comprada por Telefónica de España, y pasó a llamarse en nuestro país Movistar, sin que el cartel sea tocado.

El infortunio del cartel de la COFA, que según su concejo directivo busca “advertir a la población y a los legisladores sobre el riesgo que implica el vacío legal en el mercado de medicamentos”, es otro de los sin sentidos que rigen en nuestro país, donde una campaña de salud pública y con un claro sentido social tiene que pelear contra la falta de inteligencia de los funcionarios, en este caso los del gobierno de Mauricio Macri.

Tal vez, nos parece querido lector, la explicación sea otra, y el cartel, con su mensaje de advertencia, haya fastidiado a algunos “intereses”. Tal vez que 300 mil personas por días vean la necesidad de una ley nacional de medicamentos, un pedido que pone en evidencia el llamado de atención para con el compromiso sanitario a los legisladores actuales, haya molestado a algunos funcionarios de la ciudad de Buenos Aires, o tocado, vaya a saber, qué sensibilidad de los que venden como si fueran golosinas, medicamentos en los Kioscos de nuestra queridísima capital de los argentinos.

En el mundo, los gobiernos de cualquier índole apoyan activamente las campañas de difusión a favor de la salud pública, en especial aquellas que nacen de entidades intermedias, ONG y otras instituciones. En todo el mundo, la red que forman los esfuerzos estatales y los no gubernamentales es fuerte y cuenta con el respeto de los funcionarios, que entienden que la necesidad de tomar acciones conjuntas está por sobre cualquier interés mezquino.

En la Argentina, la falta de un marco regulatorio claro y específico para erradicar el medicamento ilegal que se ofrece en las calles de todo el país, deben llamar a la reflexión. La venta de medicamentos fuera de la farmacia y el crecimiento de la venta de medicamentos OTC es otra pata de esta misma situación. Las estadísticas son el mejor reflejo de esto: según un reciente trabajo, 8 de cada 10 argentinos se automedica, mientras que la mitad de los pacientes que consume algún medicamentos no lee el prospecto. Ese cartel, deliberadamente tapado o arrancado, puede costar nada menos que una vida.

La COFA dice sobre el cartel: “un mensaje claro, con el que esperamos concientizar a la comunidad y a nuestros representantes sobre la necesidad de normatizar en forma URGENTE la comercialización de fármacos. El medicamento debe ser dispensado por el único profesional habilitado para hacerlo: el farmacéutico”. La explicación no deja lugar a dudas tanto como para movilizar las “manos anónimas” que desoyendo la autorización y la importancia del mensaje juegan a favor de intereses, que por lo menos no le interesa un pito, la salud de los argentinos.

La confitería El Molino había anunciado su reapertura en 2004 como un espacio cultural. Pero la ciudad sigue esperando. Va a estar buena Buenos Aires. Sobre todo si los funcionarios del gobierno de la ciudad, nos permiten y después no bajan, las banderas de la salud para todos.

Néstor Caprov

lunes, 22 de junio de 2009

Tiempos modernos para el Colegio de todos los Farmacéuticos


En tiempos electorales, gremiales de los farmacéuticos y nacionales, es difícil poder hacer propuestas e hilvanar ideas sin que sean vistas como parte de la campaña proselitista. Todo lo que se dice en este tiempo se mira de reojo porque se le busca la intencionalidad política. “Quiere llevar agua para aquel molino”, “qué estará buscando”, “y este de qué juega”, expresiones que se escuchan cuando alguien intenta hacer propuestas desde una posición institucionalmente neutral. Lo sabemos. Pero lo intentaremos.



Desde hace un tiempo, venimos viendo desde este espacio que si queremos tener la mirada hacia el futuro, debemos modernizar nuestra herramienta gremial: el Colegio de Farmacéuticos de la provincia de Buenos Aires. La complejidad de la profesión farmacéutica se acentúa cada día, y no vemos que esto tenga un correlato en el Colegio de Farmacéuticos que nos debe representar. Todos los días nuevos aspectos de la tarea nos obligan a capacitarnos, informarnos, movernos a un ritmo que no se trasluce en la estructura que debería sostener nuestro esfuerzo. Es decir, las organizaciones deben acompañar estos cambios, modernizarse, para mantener su función contenedora.

Los farmacéuticos bonaerenses necesitamos un Colegio moderno, acorde a los nuevos aspectos que afrontamos cada día. Herboristería, dermocosmética, Atención Farmacéutica, nuevos mercados, convenios privados, seguridad social, etc. La lista es larga de los aspectos que con dinámica propia cambian y ponen desafíos al trabajo diario. Que importante sería que el Colegio Bonaerense tuviera, por ejemplo, departamentos dedicados a estas cuestiones, que sea una fuente de asesoramiento para la farmacia, que así no debe ir, para decirlo de alguna manera, “tanteando” las cosas.

Un ejemplo cualquiera: Sí el Colegio tuviera, por ejemplo, un departamento de herboristería, podría tener asesores que conozcan el sector como corresponde, dándole un mapa a los farmacéuticos sobre los principales proveedores, clasificarlos por especialidad, capacitando y aconsejando a quienes quieren profundizar su influencia en este sector. Una forma de avanzar junto a los cambios que el mercado y la sociedad realizan. En cuanto a la atención de psicotrópicos y de todo la venta bajo receta de la oficina farmacéutica pasa lo mismo. Además de capacitación –tan necesaria y valiosa –el farmacéutico necesita otras herramientas para avanzar en una mejor contención de las necesidades, propias y ajenas. En estos sectores se necesitan, para nombrar algunos casos, nuevos elementos informáticos, que automaticen y faciliten el manejo de la administración de la farmacia, una tarea que demanda horas y horas todos los días y que podrían solucionarse con un mejor manejo de la informática validando y concensuando con las autoridades ministeriales, para ponerle fin al viejardo libro recetario. Una administración que avance en simplificar el trabajo rutinario y hacer que el colega le dedique el mayor tiempo a otros menesteres más necesarios y menos tortuosos para su farmacia.



Estas falencias en la estructura gremial le quitan tiempo y capacidad al farmacéutico, que cada día debe profesionalizarse más para mantener la excelencia sanitaria por sobre estas cadenas que purulan a modo de ejemplo, en la Capital Federal y en varias zonas del país, con su estilo de atención de “choripán al paso”. Allí reina el discurso de la atención “drugstore”, lejos del espíritu sanitarista de la red independiente, donde cada persona es un paciente que recibe además de una venta un consejo, un acompañamiento vital para un tratamiento que muchas veces no es efectivo sin esas palabras previas. Para esto, necesitamos una serie de herramientas para hacer de nuestra atención efectiva y generosa, y para esto es imprescindible un colegio acorde a estas necesidades.

Otro ejemplo de la necesidad de adaptar la estructura a los tiempos que corren se puede ver en la comunicación. Cada filial de la provincia aplica su criterio con razón y necesidad, y así, puede llegar a la comunidad y a los colegas, con afiches, volantes, publicaciones. Muchas veces sin una estética ni un eje común para comunicar ni una idea general que eviten el despilfarro de recursos que centralizados serían mucha mas eficientes. Una comunicación unificada permitiría un verdadero seguimiento de nuestra tarea, una especie de “servicio de posventa” que ayudaría a mejorar en nexo con la comunidad, y hasta evitaría –porque no –que mucha gente se vaya de la farmacias como lugar natural para los medicamentos, tentada por malas comunicaciones que tanto rondan en los medios.

Pero no sólo el Colegio debe modernizarse hacia adentro de la estructura. Los desafíos hacia fuera obligan a generar los anticuerpos para evitar la fragmentación y dispersión, que terminan siendo el caldo de cultivo ideal para la aparición de males como la venta ilegal, las grandes cadenas o la destrucción de la ley de farmacias. Influenciados por el efecto prostibulario de Capital Federal, las farmacias debemos afrontar desafíos constantes en materia de seguridad social, de servicios y atención. Para eso, el Colegio debe atender todas las necesidades, transformarse para lograr adaptarse a las necesidades actuales. La capacidad de la red de farmacias independientes está demostrada, en grandes odiseas como la reconstrucción pos crisis del 2001 como en cuestiones más caseras, como la vuelta a la vacunación antigripal en PAMI. Es hora de que ampliemos está oferta de servicios a través de una organización moderna y una estructura acorde a los días que corren.

Porque esta estructura nos permitirá pelear con mayor fuerza lo que, admitámoslo, separado no podremos lograr. Una cadena exitosa es eso: lograr lo que sus eslabones, por separado no consiguieron. Y para eso es necesario un diagnóstico eficaz y una moderna mirada del presente. Los departamentos nuevos de los que hablamos, en los cuales no debe estar ausente uno dedicado a la formulación magistral, que vive un renacer importante en todo el mundo, y uno de gestión de cobranza de las prestaciones a la seguridad social, porque el recupero de los montos que financiamos se hacen cada vez más complejos y si no se está al día no se puede crecer –son en definitiva una nueva forma de ver la farmacia, un nuevo estilo de “gerenciar” el sector independiente, con la misma mirada sanitarista pero acorde a las necesidades que plantea el mundo moderno.

La farmacia cambia a la par de estos tiempos modernos. La profesión farmacéutica también. Por eso el colegio debe hacerlo a la par. Para mejorar la capacitación, para ser el soporte técnico, la contención gremial y hasta la garantía económica para que miles de farmacias mejoren cada día. Trabajar en la consolidación de nuestra red es dotarla de una capacidad de servicios que hoy no tiene, es trabajar en la esencia misma de la oficina de farmacia; ampliándole la perspectiva y el universo de su justificación como ente de salud y de bienestar.

Néstor Caprov

miércoles, 17 de junio de 2009

Justicia a la europea. Una razón de peso para sostener nuestra Ley de farmacias.




Por ahí pasó un tanto desapercibido, pero hace unos 20 días, mientras nuestro país se metía de lleno en la vorágine electoral, en Europa una noticia acaparaba la atención del sector farmacéutico. Luego de varios meses de espera, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, con sede en Luxemburgo, falló a favor del modelo de farmacia de España, esto es, a favor de un modelo sanitarista en manos de los farmacéuticos. El informe final asegura que “los medicamentos no son mercancías, por lo tanto no deben ser vendidos en un establecimiento que no esté liderado por un farmacéutico”.

La disputa legal comenzó hace un tiempo, cuando los dos modelos de farmacia se enfrentaron en el tribunal para unificar un criterio para Europa. Desde un sector, encabezado por los españoles (por eso el modelo se lo conoce como “mediterráneo”), trabajaron por un sistema sanitario que sostenga la propiedad a los farmacéuticos, y prohíba la llegada de Sociedades Anónimas y de cadenas a su territorio. Del otro lado, grupos ligados al modelo anglosajón pidiendo “la liberalización del sector”, argumentando que su prohibición viola una serie de artículos de la constitución de la Unión Europea, en especial aquellos que hablan de la “libre circulación de capitales”.

La disputa tuvo a mediados de mayo una sentencia definitiva, y cobra vital importancia en tiempos donde en nuestro país se habla de derogar o modificar la ley 10.606 de la provincia de Buenos Aires, ley que mantiene la regulación sanitaria para la instalación de una farmacia en territorio bonaerense.

“La restricción a la libertad de establecimiento está justificada por el objetivo de garantizar un abastecimiento de medicamentos a la población; seguro y de calidad”, afirma la sentencia (diario El País de España, 19 de mayo de 2009). Esto es un fuerte espaldarazo para esta forma de entender la profesión, tan similar a la que se vive en la provincia de Buenos Aires.

“Cuando subsisten dudas sobre la existencia o el alcance de riesgos para la salud de las personas, el Estado miembro puede adoptar medidas de protección sin tener que esperar a que se demuestre plenamente la realidad de tales riesgos”, expresa el fallo. Además, la sentencia indica que “no sólo es justificable la exclusión de quienes no sean farmacéuticos de la explotación de una farmacia privada, sino también la prohibición de que las empresas de distribución de productos farmacéuticos adquieran participaciones en las farmacias municipales” (diario El Mundo de España, 19 de mayo de 2009).

El tribunal de Luxemburgo confirmó la legalidad de modelos de farmacia como el español, y rechazó los argumentos de la Comisión Europea a favor de la liberalización de las farmacias. Esto fue festejado por los farmacéuticos españoles, que trabajaron tanto para defender su sistema: “con un modelo de farmacia liberalizado, cientos de pequeñas localidades se quedarían sin establecimiento de farmacia y se obligaría a sus habitantes a viajar a otras zonas para poder adquirir sus medicamentos”. Hoy por fin se ha sentado jurisprudencia y, aunque el debate se pueda reabrir en un futuro por la presión de algunos lobbys, se le ha dado el espaldarazo necesario a un sistema tan eficiente como el nuestro, dijo el presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), Pedro Capilla (agencia Europa Press, 19 de mayo de 2009).

Cabe recordar que el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas (TJCE) es una Institución de la Unión Europea que cumple la función de órgano de control del derecho comunitario europeo, y que se caracteriza por su naturaleza judicial y supranacional. Las sentencias del TJCE y del TPI “tienen carácter vinculante en los Estados miembros”, es decir, deben ser acatadas por los países y sus gobiernos. Por definición, el TJCE es el garante de un ordenamiento jurídico propio que se ve asistido y aplicado también por los sistemas jurídicos nacionales. El Tribunal acepta recursos de particulares y de Estados. En el caso de las farmacias, la demanda fue iniciada por un grupo llamado PLAFARMA, una asociación dedicada a la liberalización del modelo europeo acusada de responder a los intereses corporativos de grandes grupos de poder financiero (para conocer más sobre ellos se puede ingresar a www.plafarma.org).

Todo esto demuestra el peso de la resolución europea, la importancia que tiene en el viejo continente del modelo de farmacias que, paradójicamente, se intenta destruir en la provincia de Buenos Aires. Es un antecedente más que importante que en Europa se privilegie lo sanitario por sobre lo económico, para preservar el derecho a la salud, a valorizar un sistema sanitario por sobre los intereses económicos de las grandes corporaciones.

En tiempos donde se habla de un fuerte y definitivo intento para destruir la red de atención de las farmacias, demoliendo las bases históricas del sanitarismo bonaerense (ver “La suma de todos los miedos: El arribo de la S.A. farmacéuticas en la provincia de Buenos Aires), no está mal ver y releer la resolución del Tribunal europeo. Para ver que en materia de salud pública, no siempre “billetera mata galán”, y el sentido común pone, por fin, los caballos adelante del carro.

Néstor Caprov

martes, 16 de junio de 2009

Los Piromaníacos y las “Sociedades Anónimas”



Vivimos tiempos de campaña electoral, de cara a las legislativas del próximo 28 de junio, que de alguna manera nos obligan a profundizar la mirada, para no comprar, como dice el dicho, gato por libre. Por sus características, estos comicios deciden un modelo de país a partir de las propuestas que cada uno de los partidos políticos tienen. Los candidatos deberían difundir estas proposiciones y la gente debe elegir. Hasta aquí: Toda una verdad de “Perogrullo”. Pero los debates faltan y los proyectos de políticas de estado no se encuentran a la vista. Nuestro tema de hoy es reflexionar sobre las motivaciones que muchos oportunistas tienen para romper el modelo sanitario de farmacias en la provincia de Buenos Aires. De eso quiero hablarle, querido lector, solo un rato más.

El Estado tiene, entre otras, cuatros obligaciones indelegables: salud, seguridad, educación y justicia. Cuatro patas para una mesa que debe sostener el modelo de un país. De esas patas, la salud es la que involucra al sector farmacéutico. En estos días, tratando de escuchar las propuestas de los principales candidatos, de todos los partidos políticos, que buscan ingresar a la legislatura, lo único que ubicamos fue, falta de propuestas y objetivos para con la Salud Pública.

Para decirlo de forma clara. En una campaña dominada por la falta de discusión, no se escuchan ideas para el ámbito de la salud. Y si no hay ideas, si los candidatos no tienen proyectos escritos para mostrar ahora, lo que se demuestra es que no hay estrategia para el futuro. Por eso es casi imposible saber qué políticas sanitarias quieren impulsar los candidatos de todos los colores políticos. Los que dicen QUE HACEN o los que aseguran TENER UN PLAN. Todos.

Desde este espacio entendemos que toda salud es pública. Hay una gestión estatal y otra privada, pero el sistema sanitario debe ser parte de una política de estado, entendida como parte de una estructura de Nación. En este sentido, debe ser articulador entre estas gestiones, ser el nexo entre lo público y lo privado. Porque la pandemia de gripe A o el mosquito del dengue no distinguen la diferencia. Atacan y enferman a personas, no importan si tienen prepagas o van al hospital público. Enferman sin discriminar. Por eso la necesidad de aunar los esfuerzos. La Red de farmacias Profesionales, es un ejemplo de cómo se articulan estos dos grandes sectores, un claro ejemplo de este espíritu.

Esta interacción entre las farmacias y lo público es la generadora de una red de atención sanitaria que llega a todo el país. Llama poderosamente la atención cómo en tiempos de pandemias varias (gripe A, para nombrar la más reciente) existan intereses que presionan cada vez más para destruir esta red de atención, como denunciamos en nuestra anterior editorial (ver “La suma de todos los miedos: El arribo de la S.A. farmacéuticas en la provincia de Buenos Aires).

Llama mucho la atención y genera tristeza, cuando no indignación. Primero, porque fue la red de farmacias una de las pocas que mantuvo su vitalidad en la crisis terminal de 2001, que sacudió las estructuras sociales mismas del país. Durante esos agitados meses, fue la presencia de las farmacias independientes de todo el país las que potenciaron las políticas públicas, las que mantuvieron de alguna manera el sistema funcionando. Cabe recordar que fue la política sanitaria del ex ministro de Salud de la Nación , apoyada en esta red invisible pero indisoluble, la que permitió aplicar una novedosa iniciativa para paliar la crisis: la prescripción de medicamentos por sus nombres genéricos.

Nacidas de la iniciativa de Ginés Gonzáles García, el plan de entrega de medicamentos REMEDIAR y la ley de prescripción por su nombre científico se volvieron los ejes de una política estatal de emergencia. Articulado a través de las red de farmacias privadas y los centros CAPS del REMEDIAR, las dos herramientas funcionaron como un dique de contención de aquellos días, que dicho sea de paso no son tan lejanos. Eran tiempos donde a gatas el hospital público funcionaba, y las calles se llenaron de esa pobreza que hoy casi institucionalizamos bajo el nombre de “cartonero”. En esos días, casi apocalípticos, el ministerio apostó a que “a ningún argentino le falte el medicamento”, y se apoyo en la red de farmacias INDEPENDIENTES para lograrlo.

Solo recordemos cuando por los medios, los agoreros de siempre hablaban de un dólar a 10 pesos, una inflación sin control, pensaban un escenario al estilo “Belinda” (mitad del país viviendo como en Bélgica, mitad como en India), etc. Pero la red logró que, por ejemplo, los medicamentos mantuvieran precios muy por debajo de la inflación general. Para nombrar un logro. Así, el farmacéutico fue eje de la contención estatal, de la articulación entre lo público y lo privado. Como mejor resultado, la sociedad hizo propia estas políticas y le entregó al profesional farmacéutico la confianza en asesorarlo a la hora de adquirir una prescripción cualquiera. Una red de atención,
que hasta el día de hoy es insoslayable.

Por eso, por la cercanía en el tiempo y fundamentalmente por su eficacia en la articulación, no entendemos (y no queremos entender) las presiones que existen para incendiar y destruir esta red profesional de farmacias bonaerenses. A menos de un lustro, se quiere cambiar radicalmente la estructura sanitaria farmacéutica en la provincia de Buenos Aires. Sin explicación ni sustento.

Desde estas páginas no somos ni fundamentalistas ni hacemos una defensa corporativa al cohete, del sector. Tampoco nos oponemos a los cambios que el mercado va generando. Pero entendemos que es potestad de Estado direccionar políticas de salud, ser un fuerte contralor para evitar que ninguna red se rompa y menos una red sanitaria, por codicia de los grandes capitales.

Cuánto vale un modelo sanitario concreto, real, funcionando, no lo sabemos. Pero sabemos, porque lo denunciamos, que a cambio de una buena cantidad de billetes muchos fueron seducidos para cambiar –e incinerar –la ley de regulación de las farmacias provinciales 10.606.

A los que están adentro de la red de farmacias, es hora de abandonar los intereses mezquinos y reflexionar sobre lo que está en juego. A los que están afuera, a los diputados que son o quieren serlo, deberán decir si son participes necesarios de la destrucción de la organización de farmacias profesionales que, en el peor de los escenarios, fue un salvavidas para miles de argentinos. Son tiempos de definiciones. De todos depende esto que llamamos País. Como dice un catalán: “Padre /que son ellos los que están matando la tierra. /Padre /dejad de llorar /que nos han declarado la guerra”.

Néstor Caprov

sábado, 6 de junio de 2009

La suma de todos los miedos: El arribo de la S.A farmacéuticas en la Provincia de Bs. As.





Esta sensación se tiene en el sector farmacéutico independiente en estos días luego de que varias versiones confirmarán una idea inquietante: se estaría moviendo las piezas para que en el cortísimo plazo se logre modificar la ley 10.606, conocida como “ley de farmacias”, para abrirle paso a una liberalización feroz del sector. Para el modelo sanitarista, esta idea genera el terror que al estadounidense medio genera Osama Bin Laden, para ser radicales en la expresión. Según supo MIRADA PROFESIONAL, ya hay presiones dentro de Justicialismo para abrir la discusión por la ley, y lograr entre otras cosas sacarle al farmacéutico la propiedad exclusiva de la farmacia, y así abrir la puerta a las Sociedades Anónimas y las franquicias a gran escala.

Fuentes irreprochables confirmaron la versión, que se presenta como el peor escenario para el futuro del sector. Según las mismas, todos los “cajeros” fueron habilitados para que empresarios del mundo de la farmacia rompan la Ley Sanitaria 10.606, y se abra para las sociedades anónimas o las cadenas. Esto es, sin más, el desembarco del modelo chileno en la provincia de Buenos Aires. Estamos significando -sin vueltas- la pérdida de la propiedad de la farmacia por parte del profesional, algo que no se hizo en ningún lado y que acá parece que puede pasar.

Las versiones dan escalofríos. Según afirman, ya hay incentivos “caminando” en la Cámara de Diputados y Senadores de la Provincia, además de en las altas esferas de decisiones políticas de suelo bonaerense. Las mismas fuentes aseguran que el tratamiento será en fecha posterior a las elecciones legislativas del 28 de junio, pero antes del 10 de diciembre, cuando se produce el recambio, para así asegurarse la mayoría que ostentan.

Para entender esto, hay que hablar bien de los modelos que se juegan. Esquemáticamente, la Provincia todavía mantiene una concepción sanitarista de la Farmacia Profesional; una aproximación al modelo español, basado en la atención de la salud pública. Si se reforma como se dice la ley, se llegaría a la implantación del “antimodelo” y tal desregulación, que rige por ejemplo en Chile, que está basado en el concepto de supermercadismo anglosajón.

Ambos modelos tuvieron estos días noticias que marcan cómo se comportan. Mientras el español fue ratificado por la Unión Europea, pese a las grandes presiones de los capitales financieros, por ahora, se mantiene en vigencia la idea de que la farmacia debe ser atendida por un profesional, que a la vez debe ser su dueño. Perdieron algunas batallas, como la incorporación de otros profesionales a la Dirección Técnica de los locales, pero mantienen la pelea por el modelo, y por ahora con buenos resultados.


Ante esta posibilidad, la pregunta se cae de maduro: ¿cuál es la contrapresión gremial que se estamos haciendo? La respuesta es escalofriante, cuando no misteriosa: no lo sabemos. Cuáles son los ejes de nuestros planes de comunicación hacia nuestros vecinos y pacientes para explicar lo que está pasando, qué movimiento de prensa estamos haciendo respecto a este escenario, tampoco.

Más que nunca hay que sacar este tema a la luz del día, porque cuando se juega en la oscuridad el más poderoso se come al más débil siempre. No sabemos si la estructura de las instituciones gremiales farmacéuticas, pueden soportar las presiones que se ponen a jugar cada vez que los grandes capitales se mueven. En Mendoza, por ejemplo, los farmacéuticos tienen la flamante ley a su favor, y ni así se pueden “dormir la siesta” porque parece que nada puede detener el poder que están ejerciendo en la sombra, tratando de arreglar por izquierda lo que no se pudo conquistar por derecha: sin más subterfugios, el destino final de la llegada de Farmacity a esa provincia.

Cuando los capitales ganan un mínimo de espacio no lo abandonan, no lo dejan. Asumen ese territorio como propio. La lucha contra esta “suma de todos los miedos”, es un trabajo gremial que tenemos que hacer sin banderías políticas, sin importar que hay una elección gremial en el miedo.

El eje de todos los ataques está centrado a la concepción de la profesión farmacéutica en la provincia. A la farmacia basada en la dispensación, en la orientación a los pacientes de cómo se deben tomar las medicaciones, al empleo de la atención farmacéutica centrada en los éxitos farmacológicos de los tratamientos. Es decir a contribuir a la idea de salud basado en un modelo sanitario concreto. Basada en la distribución de locales de farmacia en el terreno, con el farmacéutico como protagonista excluyente. Con farmacias a determinada distancia, y así evitar la concentración en los grandes centros urbanos y el abandono de las periferias.

Así esta articulado. Después está, podemos polemizar por las desviaciones que el propio sistema encierra. Las cadenas que compran locales, eso es discutible y remediable. Pero sacarle la propiedad al farmacéutico es muy distinto, darle paso a la Sociedad Anónima es implantar el antimodelo chileno en la Provincia.

El ejemplo español sirve para ver cómo están dadas las cosas. En una reciente visita al país, en conversación con nuestros dirigentes farmacéuticos provinciales, Antonio López Lafuente, vicepresidente del Colegio de Farmacéuticos de Madrid, explicaba la situación en su país. Decía el profesional que han retrocedido algunos pasos, en especial por las presiones que entregaron a algunas otras tecnicaturas la posibilidad de ser Director de Farmacia, y que cada día buscan acortar el área de la profesión, con fuerte injerencia en los planes de estudio. Pero mantienen fuerte la imposibilidad de que cadenas y sociedades anónimas sean propietarias. Así lo respaldo un reciente fallo.

La pelea de todos los días es desigual, pero la fuerza gremial de la entidad madrileña mantiene la puerta cerrada. Tendremos en la provincia de Buenos Aires la suficiente fuerza para imitarlos y mantener el modelo, o deberemos esperar a que, una mañana cualquiera, la peor de nuestras pesadillas nos encuentre despidiendo a la última generación de farmacéuticos independientes bonaerenses. En el escudo nacional de la hermana República de Chile reza una frase categórica: “Por la Razón o por la Fuerza”, frase que a la distancia no admite términos medios. Pues que sirva para alumbrarnos en este momento a los que todavía queremos y creemos en nuestras Instituciones.



Néstor Caprov

martes, 2 de junio de 2009

La Nación escribe, Farmacity paga




En la jerga periodística, se lo conoce como una “publi nota”. Y por lo general en un medio como La Nación no es nada barata. El lunes 25 de mayo, en el suplemento Inmuebles comerciales, el diario fundado por Bartolomé Mitre publicó una de estas notas bajo el título “Las farmacias, en cadena”, un alegato liso y llano hacia las cadenas farmacéuticas como Farmacity, donde se habla de sus bondades y se usan palabras como “retail” “convenience stores”, tan de moda en las agencias de marketing pero tan ajenas al mundo de la dispensa de medicamentos.



La defensa del modelo independiente de farmacias es una de las prioridades de este medio desde su nacimiento. Con esfuerzo, se trabaja para mostrar como la concentración de capitales, la venta de medicamentos en góndola y otros males típicos de las grandes cadenas atenta contra la salud de las personas. Con el poder del dinero, lo que se construyó con mucho trabajo se puede borrar de un plumazo, gracias a una nota paga en un medio poderoso como el citado.

Para decirlo claro, el “supermercadismo” de la salud es funcional a la enfermedad, como lo es Mc Donals a la alimentación. La venta indiscriminada de medicamentos junto a productos a pelotitas de ping pong, para decir algo, es una desviación de la profesión farmacéutica, un cambio de rumbo peligroso. El aumento en nuestro país de venta de medicamentos OCT es un claro ejemplo, ya que se está “golosinando” un sector que debe ser parte del sistema de salud.

Opiniones pagas como las de La Nación no hacen más que desvirtuar la realidad. La creación de paradigmas de ventas basados en la economía de mercado es una “bomba de tiempo” en el sector sanitario.

En lo que no miente la nota es en las enormes dificultades que sufren todos los días las farmacias independientes. “La problemática que hoy enfrentan las farmacias independientes parece no tener solución en el corto plazo. El aumento en la bonificación de las obras sociales junto con los precios controlados y el constante incremento en el costo de alquiler y de salarios hace que entre seis y siete farmacias cierren por mes”, explica la nota, con razón. La trampa dialéctica está en que a continuación no se sugiere que es necesario un plan para mantener el modelo sanitarista, sino que se deja sentado que el camino inexorable es la cadena.

La flamante nota-alegato nada dice de los problemas que se viven en Chile con la concentración del mercado farmacéutico, que dejó en manos de tres emporios el 90 por ciento de la venta. Las cadenas acordaron en los últimos años la suba de por lo menos 200 medicamentos, en una de los casos de colusión más escandalosos del mundo, y ahora enfrentan una nueva denuncia, esta vez por tráfico de datos personales de pacientes de obras sociales. Eso, obviamente, no sale en La Nación.

Tampoco sale la resolución del Supremo Tribunal Europeo, que pese a las presiones enormes de los grandes capitales decidió reservar la titularidad de farmacias a los profesionales farmacéuticos. Es decir, haciendo eco al modelo español, decidió darle a las farmacias la impronta sanitarista que merece.

Hace unos meses, en Mendoza un decreto del gobierno provincial, que contó con el apoyo de las cámaras empresarias locales, complicó el comienzo de las operaciones en la provincia de la cadena Farmacity, que acababa de adquirir las competidoras locales Mitre y Del Aguila. El Ejecutivo provincial modificó por decreto la reglamentación de la ley 7303, que regula la actividad, y puso como condición que ante ventas o cambios de marcas se debe gestionar una nueva habilitación del comercio. A su vez, puso como límite la apertura de dos locales bajo la misma razón social.

En tanto, la Cámara de Farmacias, el Colegio Farmacéutico y la Cooperativa Farmacéutica de Mendoza, con el apoyo de la Confederación Farmacéutica Argentina, advirtieron en un documento que la apertura de Farmacity en esa provincia implica la llegada de monopolios farmacéuticos que ponen en peligro la fuente de trabajo de miles de mendocinos.


Cuando Mitre fundó La Nación dijo que sería “un tribuna de doctrina”. Más allá de los términos políticos de la frase, el hombre del billete de dos pesos nunca imaginó que esa tribuna se usaría para la defensa de intereses como los que se dejaron ver el pasado 25 de mayo. Un artículo por lo menos muy conveniente para Farmacity.
A medida que nos ponemos más viejos, nos ponemos mas rigurosos con la lectura de los medios importantes. ¿ La Nación que te pasa?

Néstor Caprov