jueves, 30 de abril de 2009

Editorial: Stress y colapso administrativo en la farmacia.



La cola en la entrega de las obras sociales en mi colegio farmacéutico local, tiene ese no se qué; allí muchos farmacéuticos esperamos pasar en el mostrador de la filial nuestro trabajo diario, para que la seguridad social, nos pague a su tiempo y ritmo. Hasta aquí, después de los apuros y de los cierres a último momento las horas pasan vertiginosamente. Solo el cansancio en las piernas, en la vista y los nudos en el cuello hacen recordar que se nos cayó internet en el día de cierre. Pero la tarea esta completa, ya en la cola, embolsada esa pila de recetas nos da una medida que hemos llegado, una vez más, a la hora señalada. Pero algo rompe esa falsa felicidad:

"Ustedes sí que la tienen fácil, con esto de la computación" pasó diciendo Bercovich presto a ingresar al mismo colegio para una reunión de colegas ya jubilados. Los ojos en silencio de todos allí, parecían gritar voces irreconciliables para encomendar al "querido farmacéutico" a su santa madre, pero el respeto por sus años y la poca predisposición a la pelea fácil, impidió cualquier ataque violento al tenor de sus palabras.

Las cuestiones administrativas de la farmacia nos roban cada vez más tiempo, esto no es una novedad, y la mayoría lo debe haber notado. Sino, acompáñenos en un recorrido mental a través de "la cronología del papeleo" y seguro se sorprenderá del tiempo que nos pasamos mostrándole al mundo cómo hacemos de bien nuestra tarea. Y verá a lo mejor, cómo don Bercovich está equivocado (o no) de cabo a rabo.

Empecemos con las obras sociales más famosas, como el PAMI o IOMA. Aquí tenemos la validación on-line, luego imprimir las presentaciones para el Colegio de Farmacéutico. Comprobar que las recetas estén todas en el listado, un padrón de muchas dispensas con un número "ordenador" de hasta 14 dígitos por receta, lo que hace muy engorroso la comprobación y la ubicación de un eventual error. A estas hay que sumarles las liquidaciones de las prepagas y otras obras sociales, que van por otro camino de validación, otro sistema con una cronología de presentación y de control muy diferente a las que van por del colegio profesional. Cada una tiene su fecha de entrega y su lugar correspondiente. Hay que prestarse a llevarlas, en su mayoría al centro de la ciudad de Buenos Aires y preguntar en ventanilla si hay un chequecito para el afortunado.

¿Cansado? Claro que no, vamos, si usted lo hace diariamente.

En estos días, Internet juega un papel central. Porque además de la validación anterior, la utilización del sistema de "farmalink" -una creación macabra de la industria de los medicamentos -tenemos otras certificaciones on-line que hacer, como la del sistema de las vacunas antigripales del PAMI, donde estamos obligados a ingresar en otra página, emitir un recibo duplicado (uno para el afiliado y otro para la farmacia) y verificar en cada caso para proceder a la vacunación. Otro buen rato por día que nos pegamos a la PC. ¿Suficiente? No crea, ya que si hay un error en la validación de cualquier receta del PAMI en los medicamentos ambulatorios, hay que pegarse al teléfono, llamar al 0800 y preguntar por qué no figura el afiliado en el padrón, si es nuestro o suyo el inconveniente y cómo solucionarlo. Ni que hablar de los infortunios que nos deja la atención del Camoyte y de IOMA Meppes. Una joyita de problema en espiral.

Pero no termina ahí el día del "farmacéutico-administrativo". Los pedidos de compra llegan dos veces por jornada, con su carga de facturas descomunal. Si se le compra a dos droguerías distintas, por ejemplo, vienen como mínimo cuatro facturas por turno. Controlar el pedido, sí esta bien facturado, sí llegaron los productos, sí están bien los precios, etc. A esta altura la dinámica de lo administrativo nos consume el mayor número de horas. Pero además de los pedidos llegan, como extras, los pedidos de las denominadas "droguerías de ofertas" y los laboratorios de los medicamentos genéricos. A través de un sistema que acorta más el tiempo del farmacéutico, las ofertas se hacen mediante largas llamadas telefónicas o conversaciones presenciales, más luego viene la facturación, la entrega y por último la revisión de que esté todo en orden, al precio convenido y con las cantidades justas. Historia repetida, no?

Pero cuando la rutina del papeleo, el control de las facturas y la validación esquizofrénica dejan un espacio, es hora de ordenar las recetas de la venta bajo receta archivada. Porque más allá de todas las consideraciones que a usted y a mí se nos ocurran en este punto, querido lector, este "laburito" hay que hacerlo sí o sí. Evitar multas de la autoridad sanitaria tiene además de beneficios económicos, otros encantos que nos sugieren a los farmacéuticos administrativos, no meternos "en camisas de once varas" por una tontería. Psicotrópicos y otros fármacos deben ser dispensados bajo la modalidad de receta archivada, que debe estar en nuestro libro recetario para que cualquier inspector constate que uno es, de una buena vez y para siempre, hijo del rigor y de las buenas costumbres.

Esto es materia exclusiva de las farmacias. Después, como cualquier otro comercio, la tarea administrativa tiene que tener en cuenta todo lo relacionado con tarjetas de crédito, débitos y otros giros bancarios. Todas esas facturas van, por 10 años, a nuestro depósito, porque como obliga la AFIP deben estar físicamente en los comercios. O sea que hay que hacer un doble trabajo: juntar todo el material para el contador, mensualmente -para descargar el IVA, la "persecución" de Ingresos Brutos, etc. -haga el balance y nos devuelva los papeles, que por el tiempo establecido deberán estar guardadas, y disponibles, en nuestra farmacia.

Aquí llega el punto central de la cuestión. Pasada todas estas obligaciones expiatorias y compulsivas, cuántas ganas, tiempo y energía nos quedan para concentrarnos en la cuestión sanitaria. Cuánto le dedicamos a la atención del paciente, a potenciar gremialmente nuestra profesión. Y esto independiente de la posibilidad de cada farmacéutico de tener o no un plantel de empleados dedicados a los temas administrativos. ¿Quién lo hará mejor que nosotros?. ¿Quién?

La paradoja en el caso de la farmacia es que la utilización de la tecnología no resolvió el problema. Si desde la máquina de vapor a esta parte cuanto más tecnología menos tiempo de trabajo humano, si hoy hasta se puede hacer una ecografía por teléfono, la farmacia se comporta de manera inversa. Internet y la validación on-line, facturación, sistema de control, todo un andamiaje de trabajo que no sólo no alivian la labor del profesional, sino que la hace más pesada, más burocrática.

"Ustedes si que la tienen fácil, ahora con la computadora", nos gasta cínicamente don Bercovich se lo crea o no, pasa a ser una cuestión de segundo orden. Lo cierto es que la PC tiene toda su impronta de listados obligatorios de emisión y ocupa, para nuestros males, el mayor número de horas de concentración profesional en la farmacia.

Don Bercovich no es un improvisado, nunca lo fue, por cierto, y sabe que refiere a un pasado cuando tenían los precios en la cabeza, y que el viejo libro hecho rudimentariamente podía matar a cualquiera si se le caía en la cabeza. "Ustedes si que la tienen fácil, ahora con la computadora" debería ser absolutamente cierto. Pero no, no lo es. A menos que nuestros dirigentes políticos, o los contadores que asesoran a las instituciones y a los que les pagamos en privado, técnicos y funcionarios del estado (salud pública, oficinas de impuestos) se ocupen de estos efectos que alienan el trabajo de cada oficina de farmacia.

Pero don Bercovich insiste con el tema, y uno se tiene que morder los labios para no decirle de un tirón todo lo que piensa. Lo estima. Uno sabe que puede y debe evitar la tentación. Este stress farmacéutico debe ser domesticado cuanto antes. Respirar profundo y cuando vuelva a repetirlo por tercera vez, uno ya se habrá ido, lo va a estar esperando otra cola, muy lejos de allí, depositando los billetes que debe por la semana anterior a la droguería de siempre, una cola mucho más variada, y el tema deberá ser inexorablemente otro. Que mal nos tratan aquí. Uno es argentino y se la tiene que bancar. Tema para otra compulsión al insulto facil, pero eso nunca ocurrirá. Menos allí.

Néstor Caprov

miércoles, 22 de abril de 2009

Editorial: Abuso deshonesto en la pecera.


La salida de Santiago Montoya de la Agencia de Recaudación de la provincia de Buenos Aires (ARBA) tuvo todos los condimentos de la típica "rosca" política. Su negativa a ser candidato testimonial en territorio propio (San Isidro), las críticas al gobierno y la respuesta contundente de quienes detentan el poder que lo dejaron en la calle. El recaudador más famoso de los últimos tiempos (tal vez nunca nadie pueda superar al tristemente célebre Carlos Tachi y su frase "a los evasores los voy a hacer m...") se fue por una interna que desgrana al gobierno, pero dejó, para desgracia de los bonaerenses, una pesada herencia. No por su estilo "tribunero" o confrontativo, sino fundamentalmente por las normas aprobadas en las legislaturas que volvieron al sistema impositivo bonaerense en una "pesca con abuso deshonesto en pecera".


La flamante reforma de Ingresos Brutos es el mejor (peor) ejemplo. Aprobada en ambas cámaras, la nueva ley -con estado parlamentario -refuerza la presión sobre algunos sectores como el farmacéutico, que difícilmente puedan soportar el embate sin descapitalizarse y perder rentabilidad. Hay ejemplos claros que muestran cómo la semilla de Montoya -que su sucesor Rafael Perelmiter se supone continuará -puede generar una situación de colapso en el sector.

Puntualicemos lo que estamos diciendo: Las farmacias realizan importantes bonificaciones cada vez que venden un medicamento. Estos descuentos, que en casos como PAMI llega al 16,6 por ciento pero que en obras sociales como OSDE llegan al 24 por ciento, son luego incorporados a las declaraciones como "deducciones de ingresos brutos", ya que la farmacia no cobra el 100 por ciento del total del precio. La nueva Ley 13.930 pone un tope a estas deducciones: el 5 por ciento. Por lo tanto, las farmacias deben financiar el resto de ese porcentaje que queda fuera del tope, que incluso triplican ese valor. Una verdadera locura.

Pongamos números concretos a la operativa cuasi-confiscatoria (palabra de moda si las hay). Si un medicamento sale 100 pesos, comprado por ejemplo por un afiliado de PAMI, la farmacia cobra 83,4 pesos (el resto lo bonifica). Del resto, sólo puede deducir del pago de ingresos brutos un 5 por ciento, por lo cual está entregando al Estado, sin más, tres veces esta cifra. Un disparate tal que la ley, pese al apoyo de los legisladores, no pudo ser reglamentada por las protestas minoristas y por los indescifrables mecanismos de implementación fáctica. Hagamos la cuenta con prepagas como OSDE, donde el beneficio alcanza al 24 por ciento, entonces la farmacia sólo se puede reclamar una quinta parte de lo que se paga.

Pero la injusticia no nace ni muere ahí. También hay que aclarar la forma de pagar los ingresos brutos. Hasta ahora, el farmacéutico debe pagar un impuesto del 2,5 por ciento del total de los medicamentos (precio venta al público) cuando hace la declaración jurada de IB. Es decir, paga todos los días -en la medida que compra a la droguería una percepción de un 3 por ciento del valor "costo" a cuenta de lo que deberá tributar por cada venta final.

Pero la reforma del ex titular del ARBA fue más allá en su política de pesca con tentativa de abuso en pecera. Ahora, por medio de la triangulación de datos de los contribuyentes -aportadas por bancos, tarjetas de crédito, empresas de servicios domiciliarios que tributen ingresos brutos, etc.- establece por su sistema ARBANET, para aquellas farmacias que facturaron durante 2008 menos de $ 450.000; anticipos antojadizos y arbitrarios que supone la persona (física o jurídica) debe tributar sobre "ingresos presuntos", y los determina al voleo y los cobra a cuenta de que, el que paga (siempre los mismos), lo proteste (rectifique) en su declaración jurada anual bajo acción de una inspección pormenorizada por el tiempo que fuere (punto fijo de inspección) que justifique dicha rectificatoria por parte del ARBA.

Para ser más claros: El Estado (ARBA) establece que esta en condiciones de hacer retenciones "estimadas a quemarropa" y sí a usted o a mí, querido lector, nos parece mal; bánquese a los inspectores instalados en su farmacia durante un largo tiempo a modo de aleccionar al contribuyente que era mejor pagar bajando la cabeza y aceptando las reglas del juego.

El pago anticipado ya era una medida injusta, ya que no tenía en cuenta si la venta del producto se producía. Uno paga el impuesto (ese famosa percepción del 3 por ciento del costo cuando se hace la compra) antes, independiente si después se realiza la venta final. Ahora hay que agregar esa tasa a "ojos de buen cubero" que ARBA estima se debería pagar, una suma que por lo general dobla lo que se pagaba antes de la reforma. Este plus perverso (que además implica una obligación de espiar y "botonear" de las empresas de servicios y bancarias) puede y esta siendo objetado por el sentido común de instituciones que representan a los abogados, pero, como la justicia es lenta y siempre se alinea en la vereda del más "pesado del barrio"; usted y yo querido lector, nos tenemos que tragar el "caramelito".

Para completar la pesada herencia del recaudador tribunero y ahora convertido en héroe por el propio gobierno que lo despide, la norma trae otra cuestión. Los agentes de retención (bancos y entidades financieras) deberán quedarse al momento de pagar cualquier cheque, o de acreditarse cualquier valor en cada cuenta corriente, una sobretasa del impuesto a los ingresos brutos del 0,1 al 5 por ciento.

La "Gran Montoya" es un cálculo de estimación según para donde sopla el viento de la necesidad coyuntural de tapar un déficit cada vez más notable. El celo fiscal llevado al extremo de la persecución y el espionaje. Claro; dentro del universo de los que siempre pagamos, dentro de la PECERA. Los nichos de evasión como las dobles y triples facturaciones de los grandes productores o la de los paraísos fiscales, o puertos de libre comercio como los de LA SALADA, solo sirven para hacer cámara y flashes y así convertirse en el héroe de pizzería de barrio que se pretende ser.

Los especialistas dicen que la presión fiscal de la Argentina es mayor a la de los países del primer mundo, incluso en Alemania, Dinamarca o Japón, para nombrar algunos. La tentación por la bancarización, tan propia de las naciones serias del mundo, aquí se vuelve una ficha de adhesión al "club de zonzo". El fin último que premia al sujeto que tiene sus cuentas en orden y usa los bancos reasegurando el valor de lo que posee y gasta sería, de persistir con este mecanismo, una trampa diseñada de "buchoneo" para que los pececitos caigan más rápido y la pecera complete un espectáculo lamentable.

En definitiva estas medidas concebidas y luego refrendadas compulsivamente por parte del poder legislativo, sin la protesta organizada de todos los sectores que afecta, tiene un perjuicio notable, porque castiga sin razón a lo mismos de siempre y lleva tarde temprano, a la incobrabilidad de todo el sistema. No queremos discutir la legitimidad de los impuestos, no es la intención de este espacio. Pero la ya sola presencia de una carga fiscal monumental sobre un producto tan fundamental como los medicamentos es por lo menos preocupante.

Todo esto habla de cómo se entiende la salud en la provincia de Buenos Aires. Puede ser que porque el déficit fiscal bonaerense crezca de manera descontrolada, la necesidad de recaudar lleve a las autoridades a componer fórmulas impresentables. En el 2008 el presupuesto bonaerense estimó un ingreso de 10.606 millones de pesos por impuesto a los ingresos brutos, que no alcanzaron a paliar el déficit. Por esto, la "triple Nelson" de Montoya es un "mediomundo" desesperado en una pecera cada vez con menos peces. Otra asfixia al sector sanitario que cada vez está menos diferenciado de cualquier otra actividad. El problema es que cuando el sector se agote -o la pecera se vacíe -la más perjudicada será, tarde o temprano, la salud de la gente.

Néstor Caprov

martes, 7 de abril de 2009

Los dirigentes que merecemos o que más se nos parecen.


La afirmación -con raíz en la idea política de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen -es ideal para empezar a pensar las futuras elecciones en el sector. Y si a alguien la idea le parece chocante, le ofrecemos una fácil comprobación. Pregúntese si usted sabe quién es el presidente de su colegio filial, el tesorero o aún más difícil: el nombre del 1er vocal del colega que todos los días va al colegio de su partido a hacerse cargo de las cosas de la profesión a nivel local. Pregúntese cuál es la opinión de estos (si los conoce) sobre la concentración del mercado de los medicamentos, del papel que juega la cadena Farmacity, de la nula presencia de los farmacéuticos profesionales en la red sanitaria provincial, de la presión distorsiva de los impuestos que tributan las farmacias, de la cantidad de puntos de rentabilidad que se pierden en las grandes ciudades en los contratos con las prepagas mas importantes, de la vulnerabilidad que tienen los farmacéuticos sin farmacia propia en cuanto a salarios y exposición frente a las leyes que regulan el ejercicio profesional y comercial.

Si las respuestas son negativas, estamos ante un típico caso de negación sin participación. Hoy más que nunca no se les puede pedir a los dirigentes que sean mejores que sus representados, que vayan por todas las batallas sin una base movilizada o por lo menos entendida de por dónde se empieza a reconstruir las cuestiones elementales de reivindicación profesional. No hay logro colectivo sin compromiso individual. Ya a principios del siglo pasado, el pensador español José Ortega y Gasset llamaba a este hombre inmóvil como “hombre-masa”, cuya vida carece de proyectos y va a la deriva. “La vida humana, por su naturaleza propia, tiene que estar puesta a algo, a una empresa gloriosa o humilde, a un destino ilustre o trivial”, decía Ortega. Participar, hacerse cargo de nuestro destino.

En esta época más que nunca debe acabarse con la idea de que la culpa toda recae en la dirigencia que nos representa mal, porque en realidad ellos nos representan como pueden o como saben, ni más ni menos, y esto los hace parecer en mucho, a todos los farmacéuticos expectadores que injusta o justificadamente los criticamos. Hay que terminar con la idea del farmacéutico aislado, sacarlo de la isla y avanzar para desactivar los mecanismos que hacen que los problemas se eternicen en el tiempo y se vuelvan a repetir. Una y otra vez. Sin poder zafar de la coyuntura.

Ya lo dijimos: las elecciones de julio son una oportunidad para hacer un ejercicio intelectual. Sí, querido lector, así como lo lee. No hay que desaprovechar una chance histórica para discutir ideas, porque no se vive la premura por definir un nuevo presidente, sino que hay que discutir colectivamente cuál es el rumbo a seguir. Es hora de marchar por las asignaturas pendientes de nuestra profesión.



¿Última generación de farmacéuticos independientes?

Tal vez esté tapado por la cordillera de Los Andes, pero el ejemplo negativo del mercado farmacéutico de Chile debería llamarnos a la reflexión. Casi nadie reflejó una noticia que sacudió al país trasandino: las tres cadenas más importantes del sector, Ahumada, Salcobrand y Cruz Verde, admitieron una millonaria pelea en los precios de medicamentos. Las tres cadenas, que representan el 93 por ciento del mercado, estan tratando vanamente por acordar la suba de unos 200 productos, lo que generó una estafa millonaria que indigna al estado, que pauperiza, aún más, a las pocas farmacias independientes y que puso en discusión el modelo que impera en estos días. El del libre albedrío.

En nuestro país, en vez de desmarcarnos de este modelo perverso tomamos medidas que recuerdan los comienzos de este camino que inició el sector chileno y que terminó en este verdadero escándalo. Allí, los farmacéuticos independientes fueron cayendo uno a uno sin que nadie levante la voz, y hoy apenas representan el 7 por ciento del mercado. Aquí, sin mirar el (mal) ejemplo chileno, seguimos profundizando la concentración, un “arma de destrucción masiva” que va en camino de terminar con el sector independiente.



¿Y qué hacemos: los votamos o los botamos?

Los griegos definieron en su momento a la comedia como el “drama que se reproduce en un segundo tiempo”, lo que demuestra que cualquier actividad humana es plausible de distorsionarse al punto de volverse contraproducente a sus orígenes. Incluso votar, acto supremo de la democracia, donde la decisión de uno es el camino de todos. En estos momentos, lo que se necesita es la participación activa en el debate sobre cuál es el camino para abordar la problemáticas del sector. Problemáticas que van desde la mejora de la relación con el Estado, con las agencias de medicamentos, con el IOMA o el PAMI, incluso la construcción de una relación adulta con la industria de los medicamentos, hasta las temáticas de concentración, franquicias o las leyes nacionales postergadas, deben ser abordadas por todos para lograr una solución para todos.

Por eso el dilema: votar o botar. Siempre hay dos alternativas, dos direcciones. Hoy podemos darle a la dirigencia patadas en el traste hasta que se vayan, o darles el voto de confianza porque creemos que se puede imponer los mecanismos para por lo menos, detener la sangría que sufre la profesión en estos días. Otra vez está en nuestras manos.

El “descompromiso”, la elección en blanco, la indiferencia escéptica; son la mejor salida para el campeonato nacional del “chiquitaje” y el dejar en el saber de pocos lo que debemos hacer cada uno de los farmacéuticos bonaerense el próximo julio en las Elecciones de Autoridades Colegiadas.

La sensación que da, para quien escribe estas reprochables lineas, es que cada colega todavía esta mirando la cuestión en el corto plazo. Si algo no enseñó la crisis de 2001 es que pese a ser un mercado inelástico, los efectos de la debacle económica pueden alcanzar a los medicamentos en cualquier momento. Hoy los efectos de la crisis mundial no son tan severos o no repercuten todavía, en las cajas registradoras de nuestras farmacias, pero nadie puede asegurar que el tiempo no empeorará la situación. Que de dejarlo todo como esta, no sea la invitación al mismísimo carajo.


Por eso la pregunta inicial. Votar o botar. La primera es una acción de anticipo, de elección ante lo que vendrá. Un acto positivo. La segunda es una forma de resignación, de negación, de querer enmendar un error que ya generó su daño. La elección es suya querido lector. Nosotros queremos votar a favor de alguna de las listas. Antes, por supuesto, queremos escuchar la propuestas.

Néstor Caprov