lunes, 9 de febrero de 2009

Los farmacéuticos bonaerenses no vieron la película MATRIX


Desde que comenzó este año, entre los principales titulares de MIRADA PROFESIONAL, hubo noticias francamente negativas para el sector farmacéutico. La derogación de la resolución 468 por parte de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), que hacia de la farmacia un prestador sanitario, y la apertura, a todas pompas , de una sucursal de la cadena Farmacity en Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, son fuertes llamados de atención sobre una realidad del sector que, sin ser pesimistas, se pauperiza cada vez más. Estas noticias, junto con el nuevo convenio introducido a fines del año pasado por el Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA) forman una tríada de retrocesos que no pueden sino preocuparnos.

En estos últimos meses, el sector no pudo crear los anticuerpos para evitar estos golpes a la calidad de las farmacias independientes, entregando espacio al avance desmedido, como si desde Capital Federal un virus se propagara sin control.

Este año, la decisión de la SSS derogó todas las normas que obligaban a las farmacias y sus profesionales a inscribirse en el denominado Registro de Prestadores de ese organismo, lo que convertía los locales en verdaderos eslabones de la cadena sanitaria. Es decir, a la misma norma a la que están obligados los médicos. De esta manera, la farmacia independiente retrocede a un lugar de mero proveedor de medicamentos. Dónde quedaron nuestros aportes a la "Atención Farmacéutica", nuestra insoslayable oportunidad de manejar las bases de datos o información sensible ( Ley de Habeas Data) de los pacientes que atendemos. Una posición que se había alcanzado por la claridad de algunos dirigentes gremiales del ámbito profesional farmacéutico, pero que la falta de trabajo posterior, para sostener estos avances y perspectivas, hizo abandonar el proyecto y dejarlo en el rincón del olvido de las reivindicaciones gremiales de la farmacia argentina.

No es una conquista la derogación de la obligatoriedad de la inscripción como prestador, sino todo lo contrario. A no mentirse más. La constitución del registro de prestadores farmacéuticos no era una complicación administrativa como algunos pretenden. Era el más fiel documento (Norma) de la diferencia entre comercio de remedios y prestadores de la seguridad social.

La fallida resolución obligaba no sólo trabajar en conjunto y de forma profesional al farmacéutico, sino que permitía la creación de redes de atención basadas en la dispensa responsable. Una posibilidad que se dejó caer de un plumazo. Además, la derogación dejó sin efecto la norma que obligaba a las obras sociales a tener una farmacia cada 4.000 habitantes, una medida que evitaba el monopolio y la concentración . Sin esta reglamentación, no otra que la reeemplace, en distritos como Lanús, con 400.000 habitantes, un sindicato puede darle la potestad a uno o dos locales -o cadenas -para monopolizar la venta, como ocurre hoy sin la instrumentación fáctica de norma alguna.

Algo similar sucede con el avance en territorio bonaerense de la cadena Farmacity. La apertura del local en Mar del Plata, con todo el estilo de un drugstore norteamericano y un auto cero kilómetro de regalo incluido, se dio sin que las voces que vienen advirtiendo sobre esta problemática fueran escuchadas, pese a que el ejemplo porteño, tan cercano y tan gráfico, este cada vez más cerca. Sin embargo, una y otra vez hemos escuchado, que no era un problema, que era una amenaza mediática que algunos queríamos crear y así distorsionar la realidad. Cuando repetíamos que nos parecía que debíamos proponer y convencer en mecanismos de reglamentar el uso de franquicias en territorio bonaerense, crear un registro con obligaciones y limitaciones para que el medicamento no sea una mercancía de intercambio más, como los helados o los cafés cortados que vende el grupo Pegasus de Farmacity. Pero nó. Nadie vé, nadie escucha, y se contesta livianamente que sirve para reunir a las farmacias de un distrito que se la pasan peleando todo el año y esto ahora las nuclea, les da un enemigo común.

Como sucedió en el caso IOMA, monopolizado hoy por la Industria Farmacéutica, las gestiones llevadas a cabo hasta por dirigentes farmacéuticos platenses, muy conocedores de la "problemática IOMA" no pudieron revertir las voces de alerta. En los tres casos, la raíz más preocupante es la misma: la farmacia independiente pierde prestigio y terreno en pos de un mercantilismo pasmoso. Porque como también venimos afirmando, el problema con el nuevo convenio de IOMA no es que la industria sea mala en sí, sino que a partir de él, la farmacia bonaerense dejó de ser la referencia en materia medicamentos, el consultor sobre trazabilidad, información y todo lo concerniente a los fármacos. Otra vez, la falta de anticuerpos para estas medidas terminaron arrastrando a la farmacia al rol de simple proveedor de medicamentos.

La pregunta es: Qué está pasando que las señales de alerta no son escuchadas, que pese al esfuerzo de algunos cada vez estamos más emparentados a la práctica de la farmacia de Capital Federal, donde no existe respeto por las mínimas condiciones de trabajo. Como le sucedió a Cassandra, quien recibió el don de ver el futuro pero la desdicha de no ser creída, las advertencias sobre esta realidad caen en saco roto, empujando a la farmacia independiente a un papel cada vez más secundario, achicando su participación en el sistema sanitario, en manos de una concentración asfixiante.

Como le sucedía a los protagonistas de la exitosa trilogía cinematográfica Matrix, muchas veces la cruda realidad está frente a nuestro ojos, pero no podemos ni queremos mirarla. Porque a este paso, luego de ceder tanto terreno en tan poco tiempo, el avance del sistema puede por los dos grandes bastiones que le quedan a la farmacia independiente: la distancia entre locales y la propiedad exclusiva del farmacéutico. En el primero de los casos, el sistema ya avanzó al punto de volver casi una paradoja la norma, ya que su puesta en marcha hoy es una beneficio para las cadenas, que con una fuerte inversión pueden hacerse de lugares estratégicos y así empujar a las farmacias independientes a la periferia (ver editorial del 5 de noviembre de 2008, "Moby Dick goza de buena salud").

En el segundo de los casos, el ejemplo mexicano es un fantasma aterrador que debe despertarnos. La posibilidad de perder la exclusividad de la propiedad -para el profesional o en asociación, pero siempre con el farmacéutico como principal responsable de la dispensa -daría paso a una concepción de la farmacia vinculada a lo mercantil, sin diferencia con cualquier otro negocio, dejando la salud pública bajo criterios puramente económicos. todo un peligro.

La bomba de tiempo, instalada entre nosotros avanza sin pausa. Verla, detectarla, desactivarla, es una necesidad imperiosa. Ver la realidad, despertar del sueño propuesto por la Matrix, es el desafío inmediato. No todo está perdido. Como a Neo o Morfeo, conocer la verdad da armas para cambiarla. Ver la realidad con los propios ojos, aunque queme, es el primer paso. Si no rompemos el cerco, si no nos desconectamos, puede ser muy tarde.



MIRADA PROFESIONAL

Idea del Título: "Nadie vio Matrix" de Walter Graziano