lunes, 21 de diciembre de 2009

El año se termina con un golazo a favor y varios en contra.


Fin de año. Tiempo de balances. No porque sea una obligación del calendario, sino porque es una buena forma de recopilar lo hecho durante los 12 meses de trabajo. De ver lo que se hizo, y la repercusión que tuvo. Porque nadie trabaja para sí. Lo hace para sus pares, para mejorar un sector, para paliar una necesidad. Para evitar una injusticia. “Cuando venga la reflexión y se den cuenta cabal de lo que ha sucedido, ¿cómo haré para mitigarles la pena?”, decía Juan Salvo, el genial Eternauta, en el cierre de su primera historia en 1957. Esa es una de nuestras motivaciones en MIRADA PROFESIONAL, alertar y llamar a debatir sobre las amenazas que se ciernen sobre nuestra querida profesión.


Tuvimos de cal y de arenas este 2009, en cuanto a noticia destacadas en el sector farmacéutico. En rigor de verdad, el único hecho singular, a favor de los profesionales independientes, que realmente nos pone contentos y nos acerca a una legislación que convierte a la farmacia en una parte del sistema de salud; es la Ley Nacional 26.567 de Medicamentos, que prohíbe la venta por fuera de los mostradores y elimina la “gondolización”. No es poca cosa, y la saludamos con entusiasmo. Pero en todo lo demás, la profesión farmacéutica tuvo un año que dejó bastante que desear. Muchas deudas a saldar.

Pero fin de año también es tiempo de agradecimientos, y queremos aprovechar estas líneas para compartir con usted. Empecemos por la gente, el lector, que de a miles se acercan todos los días a MIRADA PROFESIONAL. Hoy podemos decir con orgullo, que tuvimos más de 2.500.000 de entradas en nuestra web durante el año. Sumados los linkeos nacionales e internacionales. “Una banda”, en lenguaje juvenil. Entonces nos sentimos obligados de agradecer, a esos amigos que llaman, mandan mails, se preocupan y nos aportan datos, temas, que nos piden que sigamos adelante. Esos que en los momentos donde “las papas queman” –expresión menos juvenil- , por cierto –nos apoyan en este arduo trabajo. Agradecemos también a los Colegios Profesionales que vieron con buenos ojos esta propuesta, y aportaron su mensaje de aliento, cuando los comentarios y las críticas buscaban soslayar y detener lo que desde Lanús buscábamos reflejar en nuestra web.

También saludamos a quienes pensando lo contrario que nosotros, han hecho un gran esfuerzo para impedir estas iniciativas, y que no hicieron más que ayudarnos a consolidar este proyecto. A veces uno elige de qué lado estar simplemente viendo quiénes están del otro lado, una forma de definir cómo estos profetas del desánimo aportaron a apuntalar nuestro modesto proyecto. Críticas sin fundamentos, anónimos que mienten y ofenden, sus usos más comunes. Los saludamos porque a ellos también le debemos parte de los éxitos por lo que hoy estamos brindando. Esperamos que sigan ahí, de hecho no podemos evitar que estén, y saludamos su presencia inexorable.

También saludamos al lector que no viene del mundo farmacéutico, en especial al vecino de Lanús, que se empezó a interesar por las noticias de las farmacias, y que puso su mirada crítica en las informaciones que fuimos volcando del distrito, en especial en temas tan mentados como la salud, lo social y la política de seguridad. También vamos a brindar con quienes forman parte, farmacéuticos o no, del mercado de la farmacia. Porque si MIRADA PROFESIONAL es un portal de noticias dedicado casi con exclusividad a dar una mirada crítica de la realidad farmacéutica, está hecho también con la idea de generar debate, con la idea constructiva de llamar al debate y generar un punto de vista singular, que no tiene que ser ni el único ni el que más se parezca a la realidad de todos. Tenemos nuestra verdad, la pensamos y la decimos con toda fuerza, pero respetando la diversidad de pensamientos. Hace mucho tiempo decidimos no pelearnos con el que piensa diferente. Esta bueno la variedad de abordajes y por cierto la fuerza con que se defiende las propias convicciones. Por su puesto, cuando las hay.

Queremos saludar, ya que la copa está en alto, a aquellos que siempre promulgan que nuestro discurso está muy politizado. Ideologizado. Por esas voces, y gracias a ellas; la dirigencia farmacéutica actual parece escuchar con singular interés, y así tenemos hoy una profesión despolitizada, con falta de debate, organización, y lo peor, sin capacidad de sorprenderse ante las piedras que la realidad nos pone en el camino. Salud a la dirigencia actual, por despolitizar un gremio que miró sin reacción como se rompe la ley sanitaria 10.606, corriendo detrás de los acontecimiento, respetando y siendo fiel a ese reclamo de ser “apolíticos” .Nosotros, por nuestra parte, seguiremos politizando todo lo posible el sector, impulsando y estimulando el debate constructivo, con “ideologización” porque son justamente las ideas las que permiten establecer un camino al devenir, a la resolución de cada uno de los problemas y para que nuestro gremio termine por revindicar lo mejor que tenemos: nuestra profesión liberal (por lo independiente).

Además, queremos saludar a las organizaciones que aportan temas para la discusión y el debate, las gacetillas de prensa que nos informan de lo que pasa en todo el país, las novedades que nos comentan y que muchas veces son la usina que luego se transforma en una gran noticia. En definitiva, agradecemos a todos lo que hacen posible que MIRADA PROFESIONAL sigua existiendo y creciendo, y a aquellos que hacen todo lo contrario, preocupados por mandar inspecciones de AFIP, de Rentas, de Aduanas, de la División de Drogas Peligrosas y no se cuantas paparruchadas más; pero que refuerzan nuestra existencia y nuestra posición. A todos la más sincera y calurosa salutación. De verdad y de onda.

El 2010 será un año intenso, de eso no hay dudas. Como deseos, esperamos que esta profesión siga existiendo, que nuestras instituciones sigan existiendo, construidas por pro-hombres que miraron más allá de las contingencias y formaron las herramientas institucionales que hoy tenemos. La reforma de la ley sanitaria 10.606 de la provincia de Buenos Aires es un tema gravísimo que apenas nos vamos dando cuenta de las consecuencias que traerá a futuro. Debemos despertar y ver que este puede ser el principio del fin para la profesión tal y como la entendemos.

Nos quedan deudas pendientes, seguro que si. Además de la protección de la ley sanitaria, nos queda pendiente el tema de la concentración, la pérdida del convenio de IOMA y sus consecuencias actuales para rentabilidad de las farmacias y la red que ellas componen. Quedan pendiente un montón de cosas, que hoy están en el debe y nos gustaría que estén en haber. Pero si el 2010 nos va a tener aquí comentando y haciendo lo posible para que más farmacéuticos se sumen al debate y la discusión sobre qué profesión queremos, esperamos poder aumentar la columna de los hechos concretos realizados.

Por último, y en líneas con este deseo, aprovechamos para anunciar que este verano MIRADA PROFESIONAL inaugurará su foro de discusión. Un ámbito para analizar los temas que se desarrollan en nuestras páginas. Una sección que buscará la participación como principio de solución a nuestras problemáticas. Porque entendemos que esta es una tarea de todos, y necesitamos de ese aporte. Porque el único héroe válido es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, el héroe solo. Por eso y mucho más, salud, y hasta el año que viene.



Néstor Caprov

sábado, 12 de diciembre de 2009

Bienvenidas las franquicias a la Provincia de Buenos Aires. Farmacias sindicales for export.



Cuando todavía no se habían agotado los festejos por la aprobación de la ley nacional de medicamentos, que prohíbe la venta por fuera de las farmacias, la provincia de Buenos Aires dio un paso en falso en materia de legislación del sector. Un verdadero salto al pasado. La aprobación de la excepción a la limitación geográfica y a la densidad de población para la instalación de farmacias cuando pertenezcan a entidades gremiales sacudió la alegría del sector. El proyecto fue presentado por el senador Armando Nieto y ya tiene media sanción del senado bonaerense. El mismo establece que las limitaciones para abrir nuevos mostradores (uno cada 3 mil habitantes y separadas por lo menos 300 metros) “no serán aplicables cuando se tratare de farmacias propiedad de entidades gremiales”.

El legislador explicó que las farmacias sindicales “tienen la finalidad de procurar a sus afiliados condiciones más ventajosas en cuestiones laborales y en asistencia médica” por lo que consideró “de vital importancia” eliminar las restricciones, en cuanto a que “afecta de manera directa a la salud de las personas” . De esta manera, sin aviso y sin que se enteraran de antemano los dirigentes farmacéuticos provinciales y con total impunidad, la provincia de Buenos Aires se encamina a crear una nueva manera de franquiciar farmacias. Farmacias sindicales for export.

La noticia fue un baldazo de agua fría. Es que la reforma, de ser ley, permitirá que las farmacias sindicales se comporten como franquicias, porque se puede ir a cualquier gremio y pedir la apertura de una farmacia con su nombre (UOM, SMATA, todos) e instalarse sin ningún tipo de regulación. El mismo senado que dio media sanción a la limitación de las farmacias bajo el mismo dueño (proyecto del senador Roberto Fernández aprobado el lunes) ahora le abre la puerta a una nueva forma de concentrar el sector. Inexplicable.

Así, todos los logros que se consiguieron a nivel nacional, el fin de la gondolización y el fin de la venta por fuera de las farmacias, quedaron opacados. Sin previo aviso, se desarma una ley modelo como la 10.606, un ejemplo de sanitarismo. De un plumazo, en la provincia de Buenos Aires retrocedimos al 2002, cuando se logró derogar estas excepciones. Lo peor del caso es que la noticia llega sin aviso. Apenas unas líneas en algunos diarios, como al pasar. Nada más. Demasiado poca información para un asunto tan crucial.

Ahora, las farmacias sindicales no tienen ningún condicionamiento para establecerse. Ninguno. Si uno entendiera que sólo atienden a sus afiliados, seria menos serio. Pero eso no pasa. Atienden a todo público, incluso con un ardil legal pueden intercambiar beneficios, y atender a OSDE, Swiss Medical, cualquier prepaga que no son obras sociales. Pueden atender absolutamente a todos.

La noticia llega sin mayores explicaciones. Ni internas a nivel del sector ni tampoco las que deberìan aparecer casi sin solicitarlas. Se aprobó. Adolfo Bioy Casares solía advertir que “las mujeres deseadas y los ideales, ay, se alcanzan”, como recordando que las metas más anheladas se vuelven, al otro día, un compromiso muy pesado. Que hay que sostener con trabajo. Lo más extraño es que la bomba llegó de un lugar inesperado. Del senado muchos esperaban, vanamente la limitación de las franquicias, no una apertura indiscriminada. Pero a alguien ´´se le escapó la tortuga¨. En Buenos Aires, el ojo viene puesto en la posible llegada de Farmacity. Lo venimos advirtiendo. Como venimos advirtiendo sobre la creciente concentración. Pero la pelea tenía un aliado inmejorable: la ley 10.606. Estamos convencidos de su valor. De su extraordinario valor sanitario, de su importancia para la salud pública de la Provincia. La ley, que regula la instalación de farmacias en territorio bonaerense, está a la altura de cualquier ley europea del rubro, incluso las más avanzadas. Hasta ahora. La reforma planteada será un golpe difícil de soportar.

De permitirse esta aberración, se profundizará un tema complejo, como la ruptura de los canales habituales de comercialización. Esto es, cuando un laboratorio le vende a las grandes farmacias concentradoras de forma directa, entregando precios que ni las droguerías otorgan a las farmacias independientes. Esta es su gran ventaja, la compra directa a los laboratorios. Hoy, casi de forma escandalosa, el 70 por ciento de las compras de la farmacias concentradoras se hace por esta vía directa, y sólo el 30 a través de droguerías. ¿Con la libertad para poner farmacias a discreción, alguien duda de que esta concentración se va a disparar?.

Entender la farmacia como un eslabón más en la cadena de atención primaria de la salud es, sobre todo, darle una legislación acorde a esa visión, y sostener esta idea a largo plazo. También es necesario defender el circuito laboratorio-droguería-farmacia, como eje de la comercialización de fármacos en el país. Entre otros beneficio, mantiene el triple control sobre los productos, un sistema que hace casi imposible la falsificación o adulteración tan visible en estos días.

Una política anticoncentración, donde el Estado debe jugar un rol importante, debe tener como principio rector que los laboratorios le vendan a las droguería, y estas a las farmacias. Es un escándalo mayúsculo enterarse que hay farmacias concentradoras que consiguen mejores precios que las propias droguerías (el canal mayorista) gracias a estas desviaciones del mercado, que están distorsionando la relación mayorista-minorista. Al punto que una farmacia podría ser proveedora de una droguería. Si, el mundo del revés acá nomás y a la vista de todos.

Pero el poder legislativo bonaerense no lo entiende así. Dijimos que abrir la ley 10.606 podía traer sorpresas (ver editorial 2010, Odisea en el mercado). Nunca pensamos que sería una apertura, casi como un agujero negro tan pero tan grande. Y desagradable. Entonces, cuando estamos avanzando en una ley sanitaria nacional que saca los medicamentos de la calle, los lleva a su lugar natural como la farmacia, cuando estamos trabajando para terminar la gondolización, cuando decimos que la ley 10.606 es de las mejores leyes sanitaria del país, los senadores provinciales hacen retroceder a Buenos Aires al pasado. Inician el camino inverso en materia de legislación farmacéutica. Inventan la nueva franquicia sindical. En vez de ir hacia el futuro retrocedemos sin escala. Al 2002. A la peor crisis de nuestro país. Hasta allí nos lleva esta reforma. Un viaje sin escalas a la vergüenza colectiva de toda la profesión en la provincia de Buenos Aires.

Néstor Caprov

jueves, 3 de diciembre de 2009

2010 Odisea en el mercado.


La buena noticia que significó la aprobación de la ley nacional de medicamentos parece haber puesto en marcha al sector para tratar de remediar algunas situaciones de injusticia, que con el tiempo se dejaron de cuestionar porque nuestra cultura de lo contingente lo impidió. Sabemos que desde hace un tiempo, alentados por esta nueva dinámica, farmacéuticos independientes de varios barrios de Capital federal, en especial Barracas y Almagro, sin más motivación que su malestar y su necesidad de sobrevivir en un territorio por demás hostil, están recorriendo despachos de legisladores de la Ciudad de Buenos Aires para que haya un compromiso para regular en ese territorio las franquicias farmacéuticas. El sacudón de ver al sector movilizado tal vez los animó. Lo cierto es que los colegas están saliendo a pedir por una regulación seria para el territorio porteño.

Los argumentos que exponen ante los legisladores son sencillos y muchas veces escuchados. Dicen que no basta como argumento a favor de estas franquicias (y en especial de una, Farmacity) la inversión que hacen para la ciudad. Ya casi todos saben que el desembarco no requiere de grandes capitales, sólo el alquiler de un suntuoso local. Con la mano de la industria, las primeras compras son financiadas a largo plazo, haciendo flujo de caja con ese “pedal” financiero que le da los laboratorios al “gran jugador”. Conocemos bien esta movida de los colegas capitalinos. Que va más allá de la estructura de su propio Colegio Profesional. A veces van solos, a veces son dos. Otras ocho y se les suman colegas diariamente. Pero se mueven, van “de a pié”, y buscan una solución en los despachos de los representantes del pueblo.

Están preocupados. Porque como a nosotros nos consta también, Farmacity está anunciada como la gran noticia comercial en el ámbito de la farmacia de la provincia de Buenos Aires para el 2010. La forma de su expansión no está clara. Si será por las Sociedades Anónimas, o por las franquicias. Aunque nos aventuramos a decir – pronóstico cojonudo si los hay - que no será por la segunda chance, porque eso implicaría una reestructuración de su negocio, y la firma no da señales de ir por ese lado. Será entonces por la primera vía. Pero los colegas porteños, como nosotros, saben que será. Y se mueven para tratar de evitarlo.

Esta movida trae al recuerdo de los bonaerenses de un proyecto de reforma de nuestra ley 10.606 que regula el sector. Presentada por el senador provincial Roberto Fernández, la misma busca cambiar el artículo 3º de la normativa, para limitar el número de locales bajo el mismo dueño, sean franquicias o similares, a tres. La reforma ya obtuvo el visto bueno de la comisión de Salud, y estaría próxima a pasar a su tratamiento en el recinto. El proyecto asume vital importancia en tiempos que los rumores aseguran que, como en Capital federal, en 2010, Farmacity buscará el postergado desembarco en tierras bonaerenses, una idea que pone en alerta al sector.

La reforma de Fernández aparenta ser una medida a favor del sentido sanitario de la ley actual de farmacias, porque de alguna manera la explotación comercial de quienes entienden el medicamento como una mercancía más e ingresan al sector con esa mirada mercantil queda limitada. La farmacia no sólo vende medicamentos, sino que además entrega información, trabaja día a día sobre atención primaria para la salud. No es necesario que lo digamos otra vez. Que enumeremos los principios sanitarios de cada mostrador. Los sabemos. Pero ahora, ante este nuevo desafío, queremos preguntar si realmente esta reforma protege la ley sanitaria 10.606 que rige hoy.

Tratemos de contestarnos. Hoy en día, gremialmente, no importa donde se ejerza la profesión farmacéutica, o las ideas políticas que se promulguen, hay una unanimidad de que la ley sanitaria de farmacias 10.606 no se debe tocar. No debemos adoptar el ejemplo nefasto de Capital Federal, donde desapareció lisa y llanamente la farmacia independiente, pequeña o mediana, a manos del gran concentrador Farmacity. La reforma cambiará el artículo 3 de la ley, por lo que de aprobarse, para poder instalar una farmacia se tendrá en cuenta, además de la distancia y la cantidad de habitantes, la propiedad de la misma, es decir, que en más de tres establecimientos no podrá haber la misma marca.

Para quienes quieren un futuro franquiciado en el sector, esta reforma los limita claramente. Porque la política de estos pulpos es poder poner cada vez, más locales con su marca. No crecer día a día en este mercado es morir. Así de simple. Y estos grupos concentrados que manejan este axioma a la perfección, van a tratar de evitarlo por cualquier medio.

Un peligro de esta reforma es que deja un precedente, que abre y cierra una norma que pensamos no debe tocarse nunca. Sabemos la responsabilidad que implica decir –y defender –esto. Porque no se puede prohibir la explotación comercial de ningún tipo. Para ser claros: no estamos en desacuerdo con que alguien “se franquicie” si así lo quiere, es mas de antemano le deseamos mucha suerte; en tanto que todos somos libres y soberanos en las decisiones comerciales que tomamos, pero las limitaciones que farmacia y farmacéutico sean una unidad deben ser tajantes. Una farmacia por cada farmacéutico. Porque ambos factores son indivisibles. No podemos entender que una farmacia se llame igual en cinco lugares, porque esto es lo que desarma, desarticula, a futuro, una ley sanitaria de farmacias. Lo que a su vez termina por sepultar la noción de que en cada local hay un profesional preocupado por la salud del paciente, convirtiendo el mostrador en una posta sanitaria de atención. Incluso en el caso donde el farmacéutico no es el dueño, pero si su responsable absoluto de las cuestiones técnicas.

Abrir la ley, ligeramente, es un riesgo. Porque si bien una mirada a favor de la reforma asegura que de aprobarse nos acerca un poco más a una ley sanitaria integral, también es cierto que dejamos un precedente abierto que con el tiempo, en la reglamentación, puede traer una sorpresa. Una desgraciada sorpresa. Porque se puede interpretar que la limitación es por localidad, y entonces en Lanús, por ejemplo, donde hay ocho localidades, nos da pié a 24 farmacias de la misma marca en el partido. Acá, el espacio para la interpretación (antojadiza) puede ser fatal para el futuro del sector.

En la actualidad, ya existen varias farmacias que se llaman igual, sin una regulación específica al respecto. Pero empezar a pensar en una norma que prohíba una denominación repetida despojando a la unidad Farmacia-farmacéutico es lo que venimos humildemente a plantear en estas líneas, querido lector. Cuando una persona elige una farmacia, lo hace a partir de una muy variada combinación de factores. No sólo influye la marca. Lo que uno pretende desde el punto de vista sanitario, es que se elija por la calidad del servicio que se despliega, y por la capacidad de articulación del farmacéutico con el público. La marca debería estar subordinada a lo que la ley manda: la farmacia para el farmacéutico. Esto es innegociable. La propiedad de la farmacia debe ser del farmacéutico y emparentada a su nombre y apellido y a su matrícula profesional. Sino, se esta hablando de cualquier cosa menos de una ley que respete el manejo responsable del medicamento. Me gustaría preguntarle a usted que esta leyendo, sí la presencia del profesional en todos los locales Farmacity esta verificada, sí es un hecho.

La reforma que impulsa el diputado de Tres Arroyos, nos consta, que nace de las mejores intenciones, busca evitar que pase con la farmacia lo que pasó con los locales independientes frente a los shoppings e hipermercados. Es un buen augurio, pero guarda, precaución, que en la reglamentación, con tanto en juego, haya chances de generar un “efecto rebote” indeseable.

La unión de todo el sector farmacéutico –colegios, cámaras, gremios –hace que hoy tengamos una ley nacional acorde a un país serio, ratificando las normas regionales que van por ese sentido. Juntos lo logramos. Debemos parecernos nuevamente a nosotros mismos, estar a al altura de la hora, para alcanzar un logro común como el de la flamante ley. Estar a la altura de este desafío que se nos presenta: la invasión sin cuartel de Farmacity. Con el precedente importantísimo de escuchar a senadores defender banderas que nos son propias. Farmacias como referentes sanitarios, y no un cambalache de productos que nos alejan de nuestra propia esencia. Llamamos a toda la dirigencia a cumplir la ley por la que trabajamos, y evitemos el “gondoleo”. Y que nuestro faro, nuestra guía en el camino, sea la ley 10.606 de la Provincia de Buenos Aires, sin duda una de las mejores leyes sanitarias de farmacias de la Argentina.

Néstor Caprov

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Ley del medicamento seguro solo en farmacias, en La Argentina.


BUENOS AIRES un 25 de noviembre de 2009: Por fin se logró la aprobación, por lo que ya es ley la prohibición de vender fármacos fuera de las farmacias. Apoyo unánime de todos los bloques, que coincidieron en su importancia. Júbilo de una multitud presente en la plaza de los Dos Congresos y en cada ciudad de La Argentina, para pedir por la norma. Una puerta a la normalidad que abrimos entre todos. Nadie podrá atribuirse, con razón o sin ella, que es el triunfo de un dirigente, de un sector. Hoy hicimos una manifestación de lo que la unidad puede conseguir. Crónica de una tarde histórica.

Cuando el tablero del Senado confirmó la aprobación de la Ley Nacional de Medicamento, el júbilo se adueño de la plaza de los Dos Congresos. Es que no sólo se saldaba una cuenta pendiente por años en el país, sino que además se terminó con un flagelo que por decadas le costó la vida a miles de argentinos. Desde ahora, los medicamentos deberán ser dispensados sólo en farmacias, bajo la supervisión de un profesional, libre de las manos inescrupulosas que lo manipularon por años, y que hasta último momento hicieron lobby para evitar que la ley saliera.

Por una unanimidad, la norma presentada en diputados por Juan Silvestre Begni (Justicialismo de Santa Fe) se convirtió en ley. La voz cantante en el inicio del debate la llevó la senadora Haidé Giri, representante de Córdoba, quien explicó la necesidad del medicamento en farmacias y los peligros de la venta por fuera de las farmacias. “Hay unas 100 internaciones por automedicación, vinculadas por el mal uso de medicamentos. Esto forma parte de nuestra incultura ciudadana, que debemos saber que un remedio puede causar mal si no se consume asesorado por un profesional”, dijo la senadora.

Además, Giri recordó el rol del farmacéutico en el control de esta automedicación, y su valor en la cadena de trazabilidad. “Yo tengo una gran cantidad de abogados que son grandes médicos, que me dicen que tengo que tomar cuando me duele algo. Nos vamos recibiendo en expertos de salud, y eso trae peligros. Por eso estamos muy contentos, desde la comisión que integro estamos muy satisfechos por esta aprobación”, cerró.

Atrás, la UCR adelantó su voto. “Consideramos sumamente importante para la salud de los argentinos, la senadora fue suficientemente clara, y su aprobación como vino de Diputados, que se aprobó con una unanimidad, y me preocupó particularmente su demora y su posible modificación”, dijo Roy Nikisch, senador de Chaco. El legislador aseguró que el oficialismo “dio muestras de buena voluntad en el tema”, para aprobar la norma como vino de Diputados.

Además, apeló a la responsabilidad de las farmacias, y dio un claro mensaje a los que quisieron boicotear la ley: “los que estaban presionando en contra de la ley, en especial laboratorios de origen extranjeros, deberían tener en cuenta que como pretenden que nuestro país tenga flexibilización en materia de comercialización de fármacos deberían pedir que hagan lo mismo sus países de origen, donde los controles son muy estrictos”.

María Colombo puso la cuota de incomodidad, cuando dijo que la desregulación “no nació de un repollo”. “Acá hay responsabilidades políticas, quienes aplaudieron la desregulación del estado en los 90 deben admitir que cometieron un error que puso en riesgo a la salud de los argentinos, desafiando el principio de que todo medicamentos no es inocuo”. La senadora, un poco llamada a ser la “aguafiestas” de la jornada, pidió terminar “con la impunidad política” para quienes permitieron el mamarracho que ayer se terminó. No estuvo para nada errada la senadora. Otros senadores la acompañan en su crítica.

Así, uno en uno los senadores fueron dando su visión favorable. El consenso ampliaba la posibilidad de un voto unánime, un espaldarazo que sea además una señal a toda la sociedad. “Sentido común”, “resguardar la salud”, “saldar una deuda de la democracia”, fueron alguno de los argumentos de los senadores, que se fueron sumando a la expectativa de todos los presentes. En el senado y en sus casas, palpitando la ley que se hace desear, porque los senadores quieren dejar su posición bien expresa.

La tensión creció por unos momentos. Hubo algunos entredichos entre senadores. Silvia Gallego “levantó el guante” lanzado desde la bancada de la senadora Marina Riofrío, que despachó alguna crítica al sector. La interna sale a la luz. “Hay que trabajar en contra de la publicidad, hay que acabar con este tema que repugna en nuestro país. Nuestro gran desafío ahora es la publicidad, y la venta por Internet, que pone en riesgo la salud e nuestros chicos, que consiguen cualquier cosa por la web”, dispara Gallego, adelantando la batalla que se viene.

Después llegó el momento histórico. El presidente del Senado Julio Cobos llama a votar. La expectativa crece. Hay tranquilidad por la exposición de los legisladores, hay nervios, por llegar al objetivo luego de tanto trabajar. El vicepresidente pide votar, en particular y general. Las luces se encienden. “50 votos a favor, ninguno en contra”. Hay gritos de alegría. “50 a cero” se entusiasman en las gradas. Peronistas, radicales, socialistas, partidos provinciales. Todos a favor de la ley que resguarda la salud argentina. Hace cuánto que no se daba tanto consenso. Las caras son una mezcla de sensaciones. Cansadas, acaloradas, no ocultan la alegría de la tarea cumplida.
Importantísima forma de terminar con la sombra nefasta que cubría al sector.

Desde el sector farmacéutico, la aprobación de la ley es un hito de la democracia. Por eso la alegría, que no se pudo ocultar. Ni se quiso. Como los senadores, en la mayoría de los casos se destacó la importancia de una norma como esta, que hace que la Argentina abandona la informalidad en materia de medicamentos, y que restringe la posibilidad de la falsificación y adulteración de fármacos. Ese sentimiento de felicidad es difícil de sintetizar, pero como en otras ocasiones, una bandera, una consigna, sirve para tal fin. “¿Ley de farmacia o jarra loca? Si no se aprueba la ley, la jara local va a ser el futuro del país”. La bandera, vista en el congreso, es el sentimiento claro de las horas previas. Los senadores permitieron abrir la puerta a un país serio, y convenga usted conmigo, querido lector, un poco más seguro. Y eso no es poca cosa en estos días.

Es momento de recordar el trabajo de años, al principio en soledad, contra la desregulación asesina de la década del 90, contra la “gondolización de los medicamentos, contra la mirada mercantil sobre la salud, hubo que pelear, pero se logró. Desde ahora, el sector farmacéutico renueva el compromiso con la salud de la gente, por un medicamento seguro y con una mirada social y compromete al profesional farmacéutico a ir a fondo con la calidad de prestación que brinda desde siempre.

Los profesionales farmacéuticos somos eso mismo, el último control antes de que cualquier paciente se lleve una medicación a la boca. Y ese sentido de la responsabilidad, de la rigurosidad que nos formó en los claustros universitarios es la credencial, acaso más noble que podemos exhibir a la hora de atender a un paciente.

Cabe recordar que la flamante ley sustituye el artículo 1 de la Ley 17565 al afirmar que la “preparación de recetas, la dispensa de drogas, medicamentos, incluidos los denominados de venta libre y de especialidades farmacéuticas, cualquiera sea su condición de expendio, sólo podrán ser efectuadas en todo el territorio de la Nación, en farmacias habilitadas”. “Los medicamentos denominados de venta libre deberán ser dispensados personalmente en mostrador por farmacéuticos o personas autorizadas para el expendio”, resalta el primer artículo de la norma.

Asimismo, incluye que la venta de medicamentos fuera de las farmacias “se considera ejercicio ilegal de la farmacia y, sin perjuicio de las sanciones establecidas por la ley, los que la efectúen podrán ser denunciados por infracción al Código Penal”.

Por último, el proyecto también modifica el artículo 2 de la Ley 17565 agregándole que las autoridades sanitarias podrán autorizar “a título precario, en zonas donde no actúen farmacéuticos, el establecimiento de botiquines de medicamentos, debiendo determinar las condiciones administrativas e higiénico-sanitarias de los mismos”. En ese sentido, la norma aplica que los programas nacionales, provinciales, municipales o comunales destinados a la provisión de medicamentos o productos farmacéuticos “deben contar con la supervisión de farmacéuticos conforme lo regule la autoridad jurisdiccional competente”.

Tenemos una Ley Nacional 50 veces votada en cada senador. Enfrente,
el silencio de un cero espasmódico que da la complicidad de un sector de los laboratorios de especialidades de venta libre que no logró convencer sobre la “bondad” de apoyar sus intereses.

Como todo, las palabras tienen sus qués, sus cómos, sus porqués. Algunas, solemnes nos interpelan con aire extravagante, dándose importancia, como si estuvieran destinadas a grandes cosas y, ya se verá más adelante, si no son más que una simple brisa que no levantará el peso de una hoja, otras, de las más comunes, de las cotidianas, acabarán teniendo consecuencias que nadie se atreverá hoy a pronosticar: No habían nacido para eso. Tenemos una Ley, un país que solo por hoy, eligió salud y seriedad de un tirón, en una tarde, en un día como hoy.


Néstor Caprov

viernes, 20 de noviembre de 2009

Día D para la Ley de Medicamentos: el próximo miércoles la aprobaría el senado sin modificaciones


Así lo aseguran fuentes legislativas. Por eso el sector farmacéutico llamó a una movilización a las 14 horas en el Congreso. Piden “reventar” la plaza para terminar con la Decreto-Ley de la dictadura de Cavallo y darle a La Argentina la Ley sanitaria que se merece.

Los farmacéuticos que se movilizaron al Congreso para pedir por la aprobación de la ley de medicamentos no se fueron con las manos vacías.Pese a que no se trató la norma que prohíbe la venta por fuera de la farmacia, hubo un importante compromiso de varios sectores políticos del Senado para tratarla la semana que viene sin modificaciones y sin producir el “engendro” que amenazaba votar una ley de medicamentos solo en farmacias habilitando a los kioscos para las excepciones. Humildemente: Un Mamarracho que nos emparentaría con algunos distritos de Zimbawe.

La noticia llegó en momentos en que parecía que la ley se caía, acechada por el tiempo, ya que a fin de mes pierde estado parlamentario. El consenso para aprobar la ley llegó y necesita más que nunca nuestra movilización para consolidar ese consenso. Así, fuentes parlamentarias dicen que la semana que viene se aprobará la norma como llegó de Diputados, un triunfo del sector.

Para “apoyar” a los senadores en esta trascendental medida, el sector farmacéutico llamó a una masiva movilización a la Plaza de los Dos Congresos para el próximo miércoles a las 14 horas. Ese día, el sector pidió “reventar la plaza”, y mostrar al país la importancia de tener una ley sanitaria que frene el avance del asesino serial del que dan cuenta las crónicas de los diarios y que representa la venta ilegal de fármacos en La Argentina.

Ese día –un gran día al estilo de Joan Manuel Serrat –será el fin de una era oscura en el país: el fin de la “gondolización” de los medicamentos, de la venta trucha, del kiosquero que compra y vende a mejor postor sin saber que lo que hace es a todas luces una participación en el mercado ilegítimo. Una sinrazón propia de países que no se respetan así mismos. De una sociedad que ningunea su propia salud y solo se acuerda cuando la tapa de los diarios le avisa intuitivamente: “Se busca la próxima víctima de medicamentos truchos: ¿quiere ser usted?”

Como ocurre en estos casos, el sector pide a esos traficantes de la muerte, a los productores y partícipes de la mafia de los medicamentos, a todos aquellos que durante años priorizaron su bienestar comercial a la salud de la población, se abstengan de ir a la plaza. Los que si deben estar son todos los farmacéuticos, todos los interesados en hacer de este país un lugar seguro a la hora de ingerir un fármaco, todos los que durante años pelearon contra la marea por una ley integral.

El aporte de cada uno es más que valioso. Será dejar a tras un souvenir de la dictadura, reforzada por un decreto del ex ministro Domingo Caballo, y darle paso a una ley de la democracia. Una ley para todos, que aporta seguridad sanitaria. Una ley que nos haga sentir orgullosos. Casi, un país normal.

Por eso, el miércoles a las 14, el mundo farmacéutico tiene que estar en la plaza. Apoyando a los senadores que seguramente estarán presionados en sus celulares por algunos muchachos que tienen una fuerza de lobbie que da la billetera de algunos laboratorios de OTC ( medicamentos de venta libre). Sabemos o queremos creer que esta vez el interés común le ganará al interés económico. Para que el país sepa que no se trata de un capricho o una disputa de sectores implicados: la ley de medicamentos es un estricto ejercicio de justicia y seguridad sanitaria. No tiene que faltar nadie. A reventar la plaza con un solo grito: ¡medicamentos sólo en farmacias!


Néstor Caprov

sábado, 31 de octubre de 2009

Vox populi vox dei, a la argentina


Cuando parecía que todo estaba listo para empezar una nueva etapa en materia de medicamentos en la Argentina, con una ley nacional acorde a las necesidades de la situación actual, el Senado decidió postergar una semana el tratamiento de la norma que prohíbe la venta fuera de farmacias. Con el apoyo de todos los bloques, se postergó siete días una decisión que desde este espacio venimos reclamando incansablemente. Se decidió posponer algo que, mafia de los medicamentos de por medio, se hace impostergable, a la luz de hechos que no hacen más que confirmar lo que venimos diciendo: la venta ilegal es un asesino serial implacable, que cada día cobra más víctimas. Las presiones y los desaciertos en la cámara alta llaman a la reflexión, para entender cuál es el nudo de una disputa que desnuda lo peor de nosotros en cuanto a leyes se refiere.

En primer lugar, habrá que reflexionar sobre esta tendencia que tenemos como argentinos de creer que la norma es una sugerencia, un manual acondicionado a la voluntad del usuario, que decide por caso respetarla o no. En términos futboleros, es ese agarrón que en nuestra área es “un roce normal de partido” y en el área de enfrente “un penal grande como una casa”. Una costumbre que ninguna ley nos podrá sacar.

(tan sugestible es la cuestión de las leyes en nuestro país, que sobre la ley nacional de medicamentos se dio una cosa muy curiosa: varios medios la dieron por aprobada sin que fuera tratada en el Senado. Desde Página 12 que aseguró su supuesta aprobación hasta el diario de La Plata El Día que incluso hizo una larga editorial sobre su aplicación y su necesidad, muchos se dejaron llevar por los rumores, sin comprobar lo que había pasado en el recinto. Lo que habla que las leyes no tienen que ver con su aplicación sino más bien con “el estado de ánimo” que generan en la sociedad.)

Frente a la formulación de una ley, lo que queremos y esperamos es que sea una ayuda a la sociedad, en este caso para combatir uno de los flagelos más grande que vive el país: la proliferación del medicamento ilegítimo y mortal. Si hoy los políticos de la Argentina, por presiones de los laboratorios productores de especialidades OTC o de venta libre, que quieren tener más canales de comercialización además de las farmacias, dicen estar de acuerdo con la nueva ley, pero dejan abierta la posibilidad de que se filtre la “excepción”. En este caso, que algunos medicamentos estén fuera de la farmacia, como los antiespasmódicos, las sales digestivas (Uvasal y otras marcas comerciales) y los anti-inflamatorios. Una muestra de la doble moral a la que tristemente nos vamos acostumbrando, que invita a un despegue a la normalidad pero dejando una ventanilla abierta. Un dilema central y reiterativo: Fundar lo nuevo sobre lo viejo, dejando el peor precedente sin terminar con las raíces de lo que más nos retrasa como sociedad.

El problema que esa “ventana abierta” puede despresurizar todo el avión, con la consiguiente tragedia. Esa es la imagen de la discusión que se da hoy, entre el poder político y el sector farmacéutico. Incluso entendiendo que no hay mala intención o cohecho, sino que lo que hay es años de malas costumbres. Porque si todos los argentinos por comodidad o tendencia de consumo vamos a comprar medicamentos a los kioscos, o a los valijeros del tren de Constitución; algunos legisladores pueden preguntarse porque vamos a legislar ese “derecho”. Parecería hasta antipopular, jugar en contra de esta “normalidad”, prohibir los remedios en kioscos. Lo que sucede es que de una buena vez debería haber una nueva clase dirigente, política, que entienda cómo separar “la paja del trigo”. Lo que es “vox populi-vox dei” no siempre es correcto, no es verdad, no siempre “un millón de moscas no se equivocan”. Se equivocan, como lo hacen los pueblos, que muchas veces eligen con su voz o con su voto a sus propios verdugos.

Según el proverbio medieval, “vox populi-vox dei” significa “la voz del pueblo es la voz de Dios”, y se utiliza generalmente para justificar las verdades que la gente va asumiendo como propias y que nadie discute. Desde sus orígenes, se aplica para asegurar que a través del pueblo se expresa una opinión verdadera, sólo porque la mayoría así la cree.

Las verdades casi siempre, en el sentido ontológico, se derrumban, son ajustables únicamente a su tiempo. Por eso, lo que buscamos en esta clase dirigente es que vea más allá de la coyuntura, de la popularidad de una medida, en este caso la prohibición de vender medicamentos en kioscos y otros establecimientos no habilitados. Porque sabemos que los legisladores compran medicamentos fuera de las farmacias (la pregunta es valida: cuántos familiares de quienes toman decisiones en la Republica Argentina se murieron por tomar fármacos falsificados de la línea venta libre (OTC) o de cualquier otra especie. No lo sabemos). Pero sabemos, o por lo menos eso dejan ver en algunas de sus declaraciones, que saben, que está mal.

Si una ley se modifica y se aprueba por presiones de las multinacionales del caso, mal conceptualizada, alguien tiene que preguntarse de una buena vez cuándo aparecerá esa clase dirigente que se pare frente a las presiones o al mentado vox populi y lo enfrente. Y cuando hablamos de clase política hablamos de diputados, senadores, funcionarios de todo orden, etc. También hablamos de la Superintendencia de Servicios de Salud, que tiene la obligación legal de controlar el respeto a los contratos de la seguridad social y con ella la calidad de los medicamentos, pero es la primera incumplidora en la Argentina, porque no se respeta ni el Programa Médico Obligatorio (PMO), ni el PMO de Emergencia (PMOE), ni los canales de compras de medicamentos de cualquier tipo, etc. Los casos están a la vista, la falsificación de productos oncológicos, que dio lugar a la doliente “mafia de los medicamentos”, no nos dejan mentir. Si la primera entidad constituida por ley, puesta por el Poder Ejecutivo Nacional, no respeta los convenios que ella misma hace firmar, que queda para los demás, para el ciudadano común. La excelencia, aseguran, va de arriba hacia abajo. Y no hay campaña de salud que no comience con una gran campaña de educación.

Nosotros nos preguntamos cómo se puede educar al prójimo, si los propios legisladores, representantes del pueblo soberano, dejan como mensaje que se puede hacer las cosas bien, dejando alguna ventana abierta al vacío para el descuido a remediar en otro momento. Que la doble moral no es una aberrante forma de cinismo sino un oportunismo político permitido por el propio Estado. Cuándo vamos a considerar que una cuestión “normalizada” por la propia sociedad puede estar mal, y que enfrentarla –pese a los costos que se paguen –es la obligación de quienes detentan responsabilidades de conducción, en todo orden, tanto político como gremial.

Porque, para decirlo claro, “vox populi-vox dei” no es una verdad establecida. No lo decimos nosotros, no es una novedad. Ya lo decía en el año 700 Alcuino de York, asesor y hombre de confianza de Carlomagno: “Y no se debería oír a los que dicen ‘la voz del pueblo es la voz de Dios’, porque la muchedumbre violenta suele estar más próxima en sus opiniones a la locura que a la verdad”. Esa locura que hace arriesgar la salud de tu familia por una costumbre que otros impusieron.


Néstor Caprov

martes, 20 de octubre de 2009

La vuelta del dengue: improvisación, “la mano de Dios” y la crisis sanitaria


Según define la Real Academia Española, “improvisar” significa “realizar algo sin haberlo preparado con anterioridad”. Sin ser muy purista, “improvisar” puede ser un acto de espontaneidad, de amplitud –si se trata de arte o música –o puede ser una señal de falta de previsión, de trabajo e incluso de información. La segunda parece ser la más cercana a la forma en que otra vez se prepara la campaña contra el dengue, un fantasma que ya circula entre nosotros pese a todo lo que se dice desde los gobiernos sobre los trabajos que se hacen contra la enfermedad. Sí “improvisar” es hacer algo “sin prepararlo”, la actual lucha contra el mosquito Aedes Aegypti es sin duda una improvisación más, de esas que nos tiene –mal –acostumbrados los organismos encargados de estos menesteres.

Con 26 mil contagios confirmados, la epidemia de principios de este año dejó al descubierto cuanto le falta al país para encarar una campaña realmente preventiva. Pero la advertencia anterior, se encamina a volverse escarmiento poco después. Y nadie, por más optimista que se muestre, puede asegurar que por lo menos se logre contener la enfermedad, que ya causó en varios países cientos de muertos (por su versión hemorrágica) y que se sospecha ya está instalado en el norte del país.

Justo en esas provincias, los primeros datos confirman el adjetivo de “improvisada” la actual campaña. Según los primeros datos, los mosquitos siguen presentes y no hubo un trabajo estructural para luchar contra el futuro brote. “No estoy de acuerdo con las políticas sanitarias de la provincia del Chaco. No se está haciendo la prevención que corresponde frente a un posible rebrote del dengue”, dijo sin filtro Luis Lita, ex director del Hospital 4 de Junio de la ciudad de Roque Sáenz Peña, quien renunció denunciando lo que decimos en el título de esta nota. “Puede venir la cepa de tipo hemorrágico y eso va a ser muy pesado”, advirtió (Crítica de la Argentina, 15 de octubre de 2009).

Un día después de esta noticia, la vecina provincia de Corrientes declaró a través de su legislatura la “emergencia sanitaria”. Los diputados correntinos tomaron una medida que sirve para entender como la lógica de intervención en materia sanitaria está trastocada en la Argentina: declarar el mal y luego actuar sobre él. Intervenir cuando el mal está por lo menos iniciado. “El instrumento sancionado por los legisladores correntinos le da facultades especiales al Ministerio de Salud de esa provincia para que comience con los operativos de prevención” (Datachaco.com, 16 de octubre de 2009). Es decir, esperar que se produzca el brote para actuar. Todo un dato.

Cuando escuchamos y vemos las palabras oficiales respecto al dengue surgen innumerables preguntas respecto a lo que se hace o deja de hacer, y si realmente hay una estructura y un trabajo coherente pensando en un nuevo brote o si se apuesta a la “mano de Dios” (no la maradoniana) sino a esa que salva tanta improvisación típica argentina, que ya vimos en la pandemia de gripe A y otras cuestiones sanitarias. Un país que necesita una mafia de los medicamentos, con miles de vidas en peligro y una estafa pocas veces vistas, para discutir sobre la venta ilegal de fármacos fuera de la farmacia tiende siempre a la improvisación. No hay dudas.

Cabe preguntarse cómo se combate la enfermedad en otras zonas del planeta, para entender las cosas que por ahora parecen no hacerse. En 1981, Cuba sufrió la peor epidemia de dengue, con 344.203 casos confirmados, 10.312 de ellos de la variante hemorrágica, y 158 muertes. Desde ese momento, el país creó un sistema de vigilancia y una red de laboratorios de diagnóstico, para combatir el mosquito y frenar el avance de la enfermedad. Desde ese momento, y por casi 20 años, la isla no tuvo casos autóctonos de dengue, un logro que hizo que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) nombrara como “modelo a imitar” al sistema cubano. Entre las medidas tomadas, se creó un “responsable vecinal” por cuadra, que está a cargo de recordar cada día a sus vecinos de cuadra, de dar vuelta tarros de agua, ventilar la casa, etc. De esa gran epidemia, Cuba pasó a exportar su método preventivo. Este año, unos 400 epidemiólogos de ese país estuvieron en Bolivia, ayudando a combatir el mal.

El modelo cubano se basa en prevenir al mosquito, evitando los lugares proclives para que ponga larvas. La fumigación tiene poco espacio en la campaña. Así quedó expuesto en un reciente seminario realizado en Panamá, con especialistas de todo el mundo. Allí, Romero Montoya, del Programa Regional del Dengue de la OPS, manifestó que en la actualidad circulan en Latinoamérica y el Caribe los cuatro serotipos del virus de dengue lo que obliga a replantear la lucha contra un insecto que se adapta a los insecticidas, precisamente porque es combatido en muchos lugares. “Las investigaciones revelan la necesidad de una nueva y más efectiva estrategia, porque no podemos llenar el medioambiente de insecticidas y esperar que con ello sea resuelto un problema endémico en los países de la región”, acotó (Diario Ciudad de Panamá, 28 de septiembre de 2009). Sin embargo, en el país, la fumigación masiva y a gran escala fue la cara de la lucha contra el dengue, algo que parece no replantearse nadie de cara a la campaña que se viene.

En forma de preguntas, es bueno saber cómo, pese a la ya mencionada “coordinación con municipios”, que anunció el ministro de salud provincial Claudio Zin. Cómo se llevará una campaña de deschatarrización, si proliferan los “cementerios de autos” en todo el conurbano. Cómo se detectarán los posibles casos, si la red de laboratorio públicos sigue siendo escasa, lenta, sin recursos, etc. La Provincia está “lista para evitar el dengue”, dice Zin, pero hasta el momento no explicó cómo.

A principios del siglo pasado, cuando la Argentina transformaba su estructura política y social, se hacía célebre una frase que definirá como se gobierna en el país: “la mitad de los problemas son tan vanos que se resuelven solos, la otra mitad son tan graves que no tiene solución”. Así, 100 años después, la idea se repite. La sabiduría popular otra vez da una clave para entender por qué, otra vez, estamos a las puertas de un problema repetido.


Néstor Caprov

jueves, 24 de septiembre de 2009

No esperes que un hombre muera para saber que todo corre peligro.


A muchos sorprendió, y hasta escandalizó, una nota publicada por el diario Crítica de la Argentina donde se afirmaba, sin medias tintas, de “Dos resoluciones a favor de la mafia de los remedios” (edición impresa del el sábado 19 de septiembre), y le apuntaba directamente a la polémica Superintendencia de Servicios de Salud (SSS). Si. El organismo estatal, encargado de regular los fondos (millonarios) de las obras sociales sindicales, favoreció estas mafias que ingresaron al mercado miles de medicamentos adulterados. Hace unas semanas, en este mismo espacio de MIRADA PROFESIONAL, denunciamos exactamente esto. También sin medias tintas. Pero ahora analicemos un poco más con detenimiento aquellas críticas.

Es bueno recordar que la Superintendencia nace para regular el cumplimiento por parte de las obras sociales del denominado Programa Médico Obligatorio (PMO), una serie de prestaciones de cumplimiento ineludible hacia los afiliados. Básicamente, la SSS asiste a las obras sociales gremiales cuando deben cubrir intervenciones o coberturas no convencionales, tratamientos especiales y/ o de alta complejidad. La idea es que la obra social no quede desfinanciada por las obligaciones que tiene frente al programa. Para esto, retiene un porcentaje de los aportes que los afiliados hacen a cada obra social sindical, para que una vez ingresados estos montos a la SSS, se vayan distribuyendo de acuerdo a las necesidades del sector sanitario que atiende a los trabajadores.

En materia de medicamentos, la Superintendencia garantiza y debería supervisar una especie de correlato del PMO: es decir, un listado de cobertura que va de fármacos especiales a aquellos destinados a pacientes crónicos, terminales o de alta complejidad, que entrega con descuentos que según el caso van desde el 70 al 100 por ciento de cobertura. Para garantizar este beneficio en el tiempo, se crea -entre otras cosas- este organismo estatal, que además de todo lo anterior, debe controlar el funcionamiento de los convenios de prestación de salud de las obras sociales y velar por el bien común de los trabajadores que integran el universo de cobertura. Esta es la justificación casi teórica de la existencia de esta compleja entidad.

Para esto, la SSS, hasta hace un tiempo tenía dos normas fundamentales para garantizar la calidad de los medicamentos dispensados. Una, la que establecía una red de atención en base a las farmacias, que debían estar registradas debidamente. De este modo, obligaba a las obras sociales sindicales a tener una farmacia cada 4 mil afiliados, y que estas formaran una red que permitiera la mejor distribución de los medicamentos de manos seguras y confiables. Para esta norma fundamental establecida en su momento, era también obligatorio la formación de redes institucionales que velaban por la calidad de atención farmacéutica y daba cobertura de seguridad de los fármacos que se les entregaba a cada afiliado. En el caso de La República Argentina, La Confederación Farmacéutica Argentina, constituía una red de redes por la amplitud de lugares de cobertura en todo el territorio.

Cada prestador obtenía un número de registro, una especie de DNI que lo identificaba en materia de atención. Además, el farmacéutico se constituía en un prestador de salud que debía firmar un contrato de derechos y obligaciones dentro de esa red de la que iba a formar parte. Solo después de cumplir todas estas especificaciones, se ingresaba a la posibilidad fáctica de la dispensa de medicamentos para los trabajadores de una determinada obra social.

Pero, como bien afirma el artículo de Críticadigital y en este espacio desde hace tiempo, la Superintendencia decidió, en distintos momentos, dar atrás con estas dos normas. Primero fue el Superintendente Héctor Capaccioli, que aparentemente estaría bastante complicado en la causa por la mafia de los medicamentos (sería citado a declarar en 15 días), firmó la resolución 94/06, que anuló parte de estos controles, proceso que casi tres años después, terminó de cerrar su sucesor Juan Rinaldi, cuando este estableció el decreto 43/09. Así, con la anuencia del mismo Estado, se desarmó el aparato de control y supervisión farmacéutica que dio, sin más, el paso a la mafia de los remedios.

Si esto es escandaloso, lo que el Estado hizo destratando a las farmacias argentinas de la red sanitaria es para una película de terror. Primero, porque como decíamos eliminó la obligatoriedad de inscribirse en la red institucional. Aquí hay un detalle interesante: desde que se emitió la norma de control, la SSS tardó dos años en su aplicación. para luego amputarla y anularla definitivamente. A partir de eso, la farmacia que debía cubrir frente a la sociedad el lugar de prestador de salud, con obligaciones como otros prestadores (médicos, odontólogos, etc.), con un número de registro individualizable que lo hacía integrante del sistema de atención de la obra social. Luego de tantas dilaciones y amputaciones a la norma de control; quedó todo el manejo en manos de unos pocos vivos que los diarios ahora se encargan de señalar.

Además de este duro golpe, la eliminación de la imposición de una farmacia por cada 4 mil afiliados tuvo consecuencias previsibles. En una ciudad de 400 mil habitantes sobre una provincia de 15 millones , se estableció una ”concesión antojadiza” de pocas farmacias por distrito, a lo sumo dos, concentrando todo el caudal en ese único mostrador. O directamente, la provisión directa por una farmacia trucha – acaso una oficina con una computadora- eran necesarias para cubrir de medicamentos ambulatorios y especiales con proveedores de toda laya. Esto trajo negociaciones non santas para establecer –entre los gremios y la SSS –cuál es esa (afortunada) farmacia. Digamos quién se quedaba con la “licitación privada de ese truculento negociado”. Un entuerto donde la calidad de la prestación, basada en el circuito laboratorio-droguería-farmacia, quedaba roto, dejando en una zona gris la procedencia de los medicamentos que se consumían.

Todo esto fue dictado por un organismo fundamental del Estado, como la Superintendencia, y respetado a raja tabla por las obras sociales, que les convenía este escenario de disminución de prestaciones y una negociación, no, con una red de prestadores, sino con un único actor. Así surge, sin más, droguerías como San Javier, farmacias fantasmas en hospitales, las motos llevando medicamentos a los afiliados, etc. Cuando en este espacio decimos que el Estado es funcional a las mafias, estamos marcando eso, que alimentado por medicamentos de dudosa procedencia, que se adulteran, sin control sanitario, y llegan a ese trabajador afiliado que se ve a todas luces: perjudicado y amenazado. El Estado lo sabe todo. No obstante, y como broche de oro, genera organismos de control miserables. Sin estructuras y sin cuadros técnicos estables. Una mezcla que garantiza un sistema hecho para la joda.


Aquí se ve claramente el culebrón de complicidades en este terrible cuadro de situación. Por más que el diputado Héctor Recalde, hombre del moyanismo, vea detrás de esta y otras denuncias “se aprovecha esta circunstancia dramática y repudiable para ir contra el movimiento obrero” (Diario Crítica, 20/09/09). En realidad, si estos sistemas fuesen de los trabajadores no debería recorrer cada afiliado 7 o 10 kilómetros para comprar un medicamento en la única farmacia de una ciudad que vende su obra social, o no tendría que dudar de la procedencia de los mismos cuando los provee un motomensaje o se retiran fármacos de un mostrador de fiambrería en un subsuelo de un hospital.


El problema comienza a resolverse cuando se lo reconoce. Cuando uno se pregunta simplemente, por los millones pesos que se gastan en el sistema de salud en medicamentos, cuántos de esos millones pasan verdaderamente por la red de farmacias a lo ancho y a lo largo de toda la República. Le adelanto la respuesta, querido lector, casi nada. Todo se resuelve en las sombras, detrás de una oficina que nada se parece a la farmacia que usted y yo conocemos.

Volver el medicamento a la farmacia es el paso obligado. El PAMI, con todas las críticas que podamos hacerle, no nos cansamos de decirlo, es un ejemplo actual de cómo hacer las cosas en el sentido correcto. El sistema de entrega y prestación de medicamentos la obra social de los jubilados; mantiene los tres controles de la cadena (laboratorio-droguería-farmacia), con un código de entrega para cada paciente. Si un control es muy difícil de romper, dos suena a poco probable y tres a casi a imposible. Esto es lo que venimos denunciando, desarmar a las mafias que trafican con la muerte, que alientan a un circuito perverso denunciado por una ex-ministra, que aportó pruebas de una serie de fondos entregados por la SSS para prestaciones que las obras sociales nunca fueron realizadas. ¿Son necesarias más palabras? Creemos que no.

Néstor Caprov

viernes, 18 de septiembre de 2009

Nobleza obliga


Causa una extraña sensación escuchar hoy en casi todos los medios declaraciones, reclamos, pedidos que desde hace muchos tiempo -quizás años -venimos haciendo en este espacio. Fue necesario que una verdadera mafia dedicada a adulterar medicamentos de alta complejidad (HIV, oncológicos, hemofílicos) saliera a la luz para que los funcionarios, legisladores y autoridades sanitarias asumieran el compromiso: basta de medicamentos fuera de la farmacia. Compromiso, debemos agregar, que todavía está en lo declarativo, y que sólo podrá ser real cuando sea realidad la Ley Nacional de Medicamentos solo en Farmacias con su debido control de trazabilidad.

El sacudón del escándalo movió toda la estructura del sector, y la crisis debe servir para revisar conceptos adormecidos y retomar un camino que hace un tiempo se abandonó. Nobleza obliga, los primeros pasos dados por las autoridades, en este caso las bonaerenses, parecen dar con el camino correcto. Acaso -mantenemos el potencial-, más que nada por decepciones pasadas. Pero al fin y al cabo, las últimas decisiones sobre nombramientos son a todas luces: Irreprochables.

Como en este espacio criticamos con dureza al ministro de Salud Claudio Zin y sus desgraciadas declaraciones sobre los medicamentos adulterados (ver editorial No hay peor enemigo que nuestra realidad), la noticia sobre el nombramiento del Farmacéutico Raúl Barreto como jefe del departamento de Farmacia provincial nos entusiasma.

Vemos con mucha satisfacción que se ponga a un profesional farmacéutico al frente de la política oficial del medicamento en el territorio provincial, el más importante del país. Es por formación y experiencia, el colega adecuado para manejar la política oficial en la materia, como se brega desde el sector desde siempre. Un primer paso importante, luego de varios años de falta de decisión al respecto. Entendemos que los medicamentos fuera de las farmacias es un peligro que debe terminar, y esta parece una oportunidad de lograr ese paso que venimos reclamando.


Lo que pedimos: -tampoco es nuevo - devolver a la farmacia un lugar protagónico en el sistema de atención sanitaria, articulando con las autoridades y la sociedad en general todas las medidas preventivas para combatir, por ejemplo, epidemias actuales como la gripe A o el dengue.

TODOS LOS MEDICAMENTOS DENTRO DE LA FARMACIA, incluyendo dentro de esta red independiente toda atención a la seguridad social en la República Argentina, para aprovechar la potencialidad de tener, en todos los barrios, una unidad sanitaria atendida siempre por un profesional las 24 horas del días.


El reclamo viene de la mano de otro no menos importante. Lograr que esta dependencia de Farmacia en el Ministerio de Salud – que ahora parece es un departamento, que alguna vez fue una dirección pero que debería ser una subsecretaría como mínimo –tenga una estructura ágil y dinámica que pueda motorizar políticas activas de control y gestión sanitaria, dejando de ser lo que hoy es: una triste dependencia miserable, abarrotada de papeles, con pocos recursos y sobre todo enfocada a un trabajo de inspección que fallaba hasta aquí, una y otra vez, en el diagnóstico de dónde se debía poner el ojo a la hora de detectar la venta ilegal de medicamentos en la provincia de Buenos Aires.

Sabemos que Barreto conoce como nadie el problema. Como farmacéutico y como estudioso de las leyes, sabe a que nos referimos. Por eso, aprovechando su vasta experiencia esperamos que su gestión sea el puntapié inicial para una nueva realidad, donde se plasme una verdadera política de control del medicamento capaz de desenmascarar a las Mafias en el ámbito de la Provincia. Esperemos que el Ministro y la Flamante subsecretaria de Control Sanitario lo apoyen y se comprometan en ir a fondo en estas cuestiones.

Detrás de toda crisis hay una oportunidad. Así como ocurrió en otras similares, en esta –que pone en juego la vida de las personas –los caminos que elijamos serán fundamentales. Al menos, la designación de Barreto parece intentar corregir el rumbo equivocado que había tomado hasta aquí el Ministerio de Salud provincial. Con qué armas dispondrá; será la clave para anticipar el éxito de su gestión. Es todo un cumplido. Un gesto de parte de las autoridades, que esperemos sea el definitivo para abrir un canal de diálogo que concluya en una verdadera política pública amplia que contenga a todos los organismos de contralor y busque, en definitiva, cuidar la salud de los que consumimos medicamentos en este querido país.


Néstor Caprov

jueves, 10 de septiembre de 2009

No hay peor enemigo que nuestra realidad


Escandalizados, los medios vienen dando espacio y cobertura a la ya famosa “mafia de los medicamentos”, un negocio millonario que amenaza la salud de la Argentina y que pese a su intrincada presencia en una enorme porción del sistema sanitario nacional hoy sale a la luz, por lo menos en lo mediático. Pero nadie, en especial aquellos que tienen responsabilidades gubernamentales, puede negar que el sistema es funcional a la mafia.

Veamos los argumentos de esta definición. Primero, porque no se cumplen las leyes. No sólo porque hay zonas grises en la legislación, sino porque además no hay gente que las haga cumplir. Es decir, el propio Estado no hace cumplir las normas. Así, se comporta como “participe necesario” de estas mafias, ya que la mitad de las leyes que se promulgan no se cumplen, y la otra mitad o se contradicen o se superponen, por lo que es difícil –cuando no imposible –su aplicación. Para este cumplimiento, para peor, ponen estructuras mínimas que no pueden llevar a cabo con su cometido. Crean un sistema de control para que no pueda controlar. La esencia del gatopardismo. Cambiar todo, para no cambiar nada.

Por su parte, las instituciones, respetablemente, se justifican así mismas; cuando dicen que el medicamento no debe salir del círculo Industria-Droguería-Farmacia. Todo lo que corre por esta gran carretera de producción, distribución y dispensa es estrictamente seguro, todo lo que está a fuera es turbio, marchito, “trucho” y puede estar adulterado. Tiene una fuerte sospecha de mal habido. Eso lo sabemos todos, incluso la gente. Porque cuando compra medicamentos en los kioscos, o cuando recibe productos de su obra social en su casa por un motoquero, sabe que está poniendo en juego su propia salud en manos del quiosquero o del motomensaje.

No es legal en nuestro país que un mensajero de cualquier laboratorio, el conductor de una moto, un quiosquero o el empleado de cualquier lugar que no sea una farmacia sea el garante de la calidad de un medicamento. La sociedad lo sabe, no obstante reproduce el círculo vicioso, por comodidad o falta de educación, con ese espíritu autodestructivo que anida en cada ser humano.

Esto esta claro. Ahora bien, también como sociedad nosotros creamos un Estado, una estructura de poder, a la que confiamos algunos elementos indispensables para el sostenimiento de una sociedad moderna: salud, seguridad, educación. Que el ministro de Salud bonaerense Claudio Zin reconozca a tanto de haber asumido su función que “es muy probable que el 10 por ciento de los medicamentos sea falsificado” (Diario Clarín, miércoles 9 de septiembre) la pregunta se cae de madura: ¿qué está haciendo para combatir ese monstruo el señor Ministro? Si uno incluso concede que reconocer un problema es el primer paso para solucionarlo, lo que se ve es que salvo decirlo, no se hizo más nada. No se tomó ninguna medida para solucionarlo.

Lo que no se hizo por la salud, sí se hizo por la enfermedad. Se dotó de una estructura miserable a los organismos de control, que pasaron de una Secretaria o una Subsecretaria a un despacho cualquiera. Ahí, un par de empleados, rodeados de legajos y papeles desordenados –una imagen digna del claustrofóbico de El Proceso de Franz Kafka –configuran la estructura de contralor para toda la provincia, la más importante del país. No obstante, a esa estructura miserable –la insistencia en la palabra es parte de la gravedad de la situación –se le bajan órdenes de hacer controles, los pocos que puede, dentro de las farmacias. Detectando los problemas sobre la comercialización de medicamentos dentro del canal legal, cuando nos cansamos las instituciones de decir, de buena fe, que el problema está en la calle. No en la farmacia, sino fuera de ella. Sin embargo, las oficinas de control, por ordenes ministeriales, salen a “cazar” problemas dentro de las farmacias, al mejor estilo de Santiago Montoya al frente del ARBA y su “pesca de pecera” (ver editorial “Abuso deshonesto en la pecera”, del miércoles 22 de abril de 2009). .

Sabemos que en esas inspecciones se puede encontrar a una que otra farmacia que este “en la joda”, para usar un término tribunero pero justo. Pero el verdadero flagelo, ese que mata 20 mil personas por año –no dicho por nosotros, sino por entidades como la Universidad de Buenos Aires y las guardias hospitalarias –esta en la calle. Por estas páginas pasaron ejemplos sobrados, crónicas de la venta ilegal en La Salada o la feria de San Francisco Solano (ver “Crónicas marginales“ del viernes 31 de julio). En los diarios se ven como las obras sociales le compran a la mafia, o como muere gente por unas sales de hierro truchas compradas en una droguería ilegal. No obstante esto, los inspectores que intervienen en el contralor de la política de los medicamentos en la provincia de Buenos Aires siguen controlando dentro de las farmacias. Si no estuvieran en juego la vida de miles de personas – en este caso pacientes terminales o con esperanza de no serlo- sería, todo esto, un mal chiste.

La guerra sin cuartel contra esta dramática situación es la guerra contra el medicamentos mal habido que circula por el canal ilegal. Si alguna vez podemos poner todos los fármacos en esa cadena que es Industria-Droguería-Farmacia estaremos salvando vidas. Y ahí si, que los controles se centren en la farmacia, donde estaría todo el flujo de la dispensa. Pero no ahora, donde una mínima parte pasa por este canal. Hoy, medicamentos de 500 pesos para arriba no se comercializan masivamente más en farmacias. Hay intermediarios, dealers, droguerías fantasmas, una industria del troquel falso. Un iceberg gigante donde la punta visible: es el comercio legal y todo lo que está bajo el agua, es parte de este mercado negro que esta mafia ahora difundida es una de sus partes.

En este panorama, el ministro que dice muy suelto de cuerpo que uno de cada 10 medicamentos es falso, lo que implica es hacer también, participe necesario, a todos los miembros de la cadena legal, sobretodo a la industria del medicamento. Dicho así, el ministro querrá decirnos que la misma industria es funcional a esa venta clandestina? El Dr. Zin debería aclarar qué quiso decir –y que hizo –con este tema. Sobre todo cuando el encargado de controlar en el seno de la estructura oficial (Alberto Costa, ex subsecretario de Control Sanitario de la Provincia, virtual viceministro de Salud) es despedido y sospechado por su vinculación con la mafia. No juzgaremos la conducta del ex funcionario, toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario, ni contribuiremos a su fusilamiento mediático (tan de moda en estos días). Lo que advertimos es que este Estado sigue siendo funcional a estos desmadres. Si nuestras instituciones gremiales no se ponen a la cabeza para denunciar que la verdadera batalla está en la calle, también serían funcionales a esta mafia.

¿Qué hacemos los farmacéuticos en este panorama? Primero, machacar en caliente que esto debe ser de esta manera y no de otra. Además, recordar que la farmacia argentina sigue constituyendo “el refugio” de los medicamentos, donde uno se encuentra con la seguridad de un producto testeado y controlado por las tres instancias de la cadena, con un farmacéutico a la cabeza de cada control técnico.

Hay que decirlo con todas las letras: el sistema retroalimenta a las mafias. Y para ir contra las mafias necesariamente hay que revisar qué nos pasa cuando formulamos un control. Creemos que no es cierto lo que dice el ministro Zin. En todo caso, el 10 por ciento de los medicamentos que circulan por fuera de la farmacias serán truchos. Eso es un problema del propio ministro, que en vez de crear mecanismos para llevar todo el los medicamentos (especiales o convencionales) a las farmacias, como hace el PAMI o el IOMA, desarticula sus propias herramientas de control. Después discutiremos, en otro espacio, el precio que debería cobrar dignamente el farmacéutico por cuidar la salud de la gente dando este tipo de servicio bajo el sistema de las obras sociales públicas.

No creemos que las cifras dadas por el Dr. Zin sean ciertas. Si la industria, las droguerías -esas que tiene años de trabajo a la vista de todos, con sus correspondientes habilitaciones -y la farmacias (verdaderas postas sanitarias de atención integral) existen, hay que aprovecharlas. Y para eso hay que desarmar estas “comadrejas” que están dentro del propio sistema. Las mentiras tienen patas cortas. Más cortas y con menos vida que este show mediático, “para la tribuna”. Echar a un funcionario por sus supuestas implicaciones con el escándalo sirve si después, de forma inmediata, se cambia estructuralmente los controles. Apoyándose en la cadena de trazabilidad tantas veces elogiada y sin embargo dormida en algún cajón de nuestro Congreso Nacional para que nunca le podamos seguir la pista a todos los medicamentos que se comercializan en La Argentina. Si no cambiamos ya mismo, vamos a reproducir una y otra vez el mismo error, negando -sin que nadie ya lo crea- las bondades de un sistema hecho para la joda”; y estaremos como al comienzo. Negando una vez más la realidad. Incluso, poniéndola del lado de enfrente.



Néstor Caprov

viernes, 4 de septiembre de 2009

Cuesta Arriba.



A simple vista, la V Cumbre Hemisférica de Alcaldes, que se desarrolla esta semana en la ciudad de Mar del Plata, no parece tener mucho con el mundo farmacéutico. Pero en este encuentro, que reúne a jefe comunales de toda Latinoamérica, uno de los ejes de discusión es lograr soluciones comunes a problemáticas similares. Tratar de unificar criterios para mejorar la calidad de vida de las personas. Todas las grandes ciudades, los grandes conglomerados urbanos, están teniendo en el sector farmacéutico problemas evidentemente comunes. Hablamos de farmacias con grandes descuentos –los famosos mostradores “calientes” –laboratorios que entregan esta ventaja competitiva a la hora de comprar (para alcanzar estos descuentos contundentes que favorece la concentración), la pelea por el precio de las cadenas, que vuelve secundaria la cuestión de servicio, que desde lo sanitario es la prioridad de la farmacia independiente.

En el conurbano, a estos problemas se les debe sumar un tema de límites, donde a diferencia del interior del país donde la ruta o la vía de los trenes es una frontera, en la región el límite geográfico y político es una calle. No por nada la región metropolitana está entendida en casi todos los aspectos como una sola cosa. Con las distancias prácticamente abolidas, la gente incluye en la cuenta a la hora de comprar medicamentos el boleto del trasporte y si los números cierran (como suele suceder) se deja de comprar en la farmacia de barrio para ir a Capital a buscar el gran descuento.

Además de esto, tenemos el aumento de nuestros costos propios, ya que en la región metropolitana se pagan excesivos costos. Los alquileres en la zona son “de primer mundo”, con propiedades sobrevaluadas por la desconfianza que hay en la economía y que empuja a los inversionistas a refugiarse en inmuebles (esto hace que mientras los indicadores generales de la economía caen, los valores y los alquileres sigan subiendo). Esta elevación de costos hace que en estos días, farmacéuticos y comerciantes en general,ya no puedan sostener en el tiempo sus negocios. Estas desviaciones típicas del área metropolitana, sumadas a las propias del sector de los medicamentos, como concentración, precios de costos, poder de compra de las grandes cadenas, ventajas de compra “en líneas” de los grandes mostradores, hace que estas cuestiones se vuelvan vitales a la hora de hablar del sector.

A esto hay que sumar la ausencia de Estado como regulador, como garante de normas de juego que eviten que el grande se coma al chico. En un panorama donde en grandes ciudades no se pueda renunciar a ningún producto o servicio, porque por más pequeña que sea la rentabilidad por separado en conjunto ayudan y empujan la rentabilidad general. Situación que no sucede en las ciudades chicas, donde esta política puede entrar como “un virus” que contagie al sistema y que lo vuelque a la pelea por el precio, que termina desvirtuando el precio de los medicamentos o de cualquier producto.

Resumiendo, tenemos problemas evidentemente comunes en los centros urbanos. Si bien es siempre muy importante y hasta necesario ver a la profesión farmacéutica provincial con una mirada macro, como un conglomerado de problemas, pero esta cada vez más claro que hay que tener soluciones diferenciadas que hagan a la solución regional sin romper las “reglas” de una política provincial farmacéutica unificada. Como sucede en la medicina, donde las especialidades son tan puntuales pese a los intentos por volver al médico generalista, la profesión farmacéutica es un mosaico de problemas el cual requiere necesariamente soluciones diferenciadas. Sin el extremo de la medicina, pero cerca. Entonces como correlato de esto, resulta que en nuestras grandes ciudades tenemos, evidentemente, problemas comunes, y es necesario darle a estas ciudades, soluciones comunes. Siempre. En apariencia, los problemas del farmacéutico de Lanús y del de Tierra del Fuego son pocas. Pero acercando la mirada, esas pequeñas diferencias hacen que estemos en presencia de mercados totalmente diferentes, problemáticas profesionales bien distintas.

Ahora bien, “algo” esta pasando en nuestro gremio que hace que no podamos dar con estas soluciones comunes. Todo lo contrario. Ni siquiera nos podemos juntar a compartir el diagnóstico de la problemática, sentarnos en la mesa a discutir cuál es la mejor estrategia para encaminar esa solución. No sólo no vemos el problema común, sino que no nos juntamos a empezar a hilvanar una estrategia para enfrentarlo. Esos “algo”, que son bien nuestros y no los podemos buscar afuera, hacen que cada vez nos dividamos más, lo que terminarán por agigantar nuestros problemas. El resultado es previsible: somos más vulnerables a cualquier ataque de otro sector.

Cuando se asume la responsabilidad de decir lo que se piensa (pensando lo que se dice), como pretendemos en estas editoriales, hay grandes chances de equivocarse. Pero esta es la postal que estamos viendo, el diagnóstico al que se llega después de años de repetir siempre lo mismo. ¿Qué deberíamos hacer después de tantas peleas internas? Por lo pronto sentarnos y poner, como en un balance anual, en la tabla del “debe”, todas aquellas soluciones que necesitamos encontrar, y trabajar gremialmente en ellas. Y de paso, con esa herramienta gremial, ponernos a hablar con quienes tenemos los mismos problemas, para luego ir a negociar con los actores del sector (sindicatos, industrias, droguerías, etc.) para construir un plan a cortísimo plazo que se pueda llevar a cabo en la trinchera que cada uno defiende todos los días. Si logramos articular este “plan de batalla” de forma efectiva, estaremos más cerca de las soluciones que de los problemas.

El tema básicamente es que el enemigo más poderoso no lo tengamos afuera sino adentro del propio gremio, que hace que este planteo tan simple que todos podemos ver, pase desapercibido. Ausente en la agenda de discusión. El día que podamos sacarnos de encima esos “algo”, que dividen las aguas para que unos pocos reinen, que nos distorsionan la visión, podremos ser aportantes de ese plan maestro que nos permita hacer presión todos juntos en un punto de interés común. Mientras el frente interno siga abierto, la dispersión reinará. Y se sabe que a río revuelto, ganancia de pescadores.

La “mejor ley” es una terminología peligrosa, que gracias a nuestra herencia latina termina recayendo en una especie de “manual de usos y costumbres”. Pero como gremio, deberíamos tener un trabajo adecuado para saber detectar cuál es la mejor norma para el sector, para la mayoría de nosotros. Después, el mucho o poco apego a la ley escrita, determinará el escenario, pero eso no quita que debemos tener una aproximación a la norma que más nos conviene, que más nos beneficia.

Ya hablamos en otras editoriales de la falta de discusión dentro del gremio ya hablamos de los problemas de concentración. El tema pasa por lograr los anticuerpos que nos permitan expulsar esos “elementos distorsivos” que nos dividen, nos hace pelear por una discusión muchas veces sin sentido, y no nos permiten dar la batalla contra un mercado farmacéutico sofocante. Aquí, y mediante esta firma de lo que escribo, uno asume la responsabilidad que le toca. A quemaropa. Quizá uno mismo tenga que partir para no aportarle más a los distractores que siempre perduran. Sabiendo de ante mano, que lo mas probable es que muchos nos vayamos de uno en uno y los mismos de siempre se queden.


Néstor Caprov

viernes, 28 de agosto de 2009

Farmacias independientes: “¿El cable rojo o el cable azul?




En este momento, en la legislatura provincial, hay dos proyectos que tiene que ver con el mundo farmacéutico y su regulación en territorio bonaerense. Ambos proyectos pertenecen al Frente para la Victoria (FpV), oficialismo en la Provincia y sector dominante –por ahora –de un mismo sector o color político: el Justicialismo. Uno de estos proyectos defiende la esencia misma de la actual Ley 10.606, es decir, mantiene la concepción de la farmacia como centro sanitario, último estabón del sistema de Atención Primaria de la Salud. Mantiene, entre otras cuestiones, al farmacéutico como dueño, los 300 metros de distancia entre locales, etc. La otra, un poco más sencilla, es una ley netamente económica, y nos traer recuerdo de aquellos decretos del tristemente célebre Domingo Cavallo y su desregulación del Estado –y su consecuente pérdida de todos los valores y conquistas sanitarias farmacéuticas y la consecuente invasión de medicamentos en kioscos, ferias y demás – el dominio de las leyes del mercado. Es decir, uno piensa la farmacia desde lo sanitario y otro desde lo financiero.

Teniendo en cuenta que muchas veces; algo no es totalmente bueno o totalmente malo, entendemos que estas leyes deberían ser objeto desde nuestro gremio de análisis y reflexión, basada en la difusión de la información. Esto, lo sabemos, no sucede. Si bien se puede argumentar que este silencio es una estrategia para evitar “mostrar las cartas a jugar”, las filiales y sus directivos no tenemos ninguna información de estas leyes, por menores y detalles para por lo menos intentar entenderla en voz baja. Nada. Ni siquiera quienes son sus impulsores detrás de la firma formal de cada proyecto, sus intereses y sus razones.

La información es Poder. Y si bien uno respeta cuando el gremio dice “hacia fuera no hagamos por ahora nada”, piensa que manejando información puede aportar para el empuje de una norma fundamental para nuestra existencia. Más cuando los actores de poder, a favor o en contra, ya están trabajando con su lobbie más allá de lo que circula como información. Pero esto puede ser secundario: la estrategia en este punto es una atribución que el Colegio central se puede tomar.

Ahora bien, acá aparece una pregunta crucial: ¿qué nos conviene a los farmacéuticos? Obviamente que la formación sanitaria pesa, y lo que queremos es ser parte integrante del sistema de salud. Indisoluble. Aunque entendemos que estamos también dentro de un esquema de intereses económicos. Porque básicamente la farmacia también es un negocio, con reglas y condicionantes propias. Pero siempre tendremos la mirada sanitaria. Los valores intrínsecos de nuestra querida ley 10.606, para quién escribe, son innegociables. La propiedad de la farmacia del farmacéutico. La no llegada de franquicias farmacéuticas a nuestra provincia. La limitación del número de locales de farmacia a un mismo grupo. Son condiciones que no se deben ni discutir. Pero eso es un conjetura mía y me hago cargo de lo que firmo.

Hasta ahora, gracias a la ley de neto corte sanitarista, la farmacia independiente creció a buen ritmo en la provincia de Buenos Aires. No sólo a buen ritmo. Sino que dio lugar a una red de farmacias que permitió al profesional elegir si una vez obtenido el título profesional o bien se empleaba en alguna farmacia o se jugaba por las suyas y con la ayuda económica del sector ponía su propio local. Con matices, esta siempre fue una elección, personal y particular, pero siempre existente. La posibilidad de elegir siempre estaba. Esto fue cambiando palulatinamente, a medida que los grandes jugadores se fueron apoderando de más mercado, hizo que la subsistencia de la farmacia independiente y pequeña estuviera más limitada. Casi llevada al borde de la subsistencia. Todo dentro de la ley, es cierto, pero con reglas de juego que fueron cambiando.

Aquella vieja elección de “empleado o empleador”, cambió con la pauperización del mercado laboral farmacéutico –influenciado por cosas conocidas por todos, como ventajas particulares en algunos mostradores, industria farmacéutica mediante, políticas agresivas en los descuentos, etc. –, cambio de dueños de la mayor porción de farmacias, pasando a integrar “cadeneras reales” aunque en los papeles sean comanditas independientes; y así, se fueron quedaron con el negocio. Se volvió menos libre. Pero más allá de las tormentas y las crisis, ayudados de a momentos por la suerte o por políticas de un estado activo, la farmacia profesional como pudo, subsistió. Dolida, maltratada, pero llegó a lo que es hoy. Y en este hoy tenemos una ley sanitaria amenazada por jugadores que depredan cada vez más territorio sin la menor resistencia.

Como si esto fuera poco, del otro lado están los que vienen por todo. Las franquicias de la Capital Federal que ya no vienen por una porción del mercado, sino por toda la torta, planteando una guerra para posicionar al negocio de la farmacia a otro estilo, más vinculado con la economía a gran escala, el shopping y la venta compulsiva. Un modelo muy alejado del sanitarista que defendemos. Para esto se apoyan en su poder económico y en la capacidad para crear sus propias herramientas de juego, que van desde las droguerías hasta la atención 24 horas en todos los puntos. La consecuencia, si vemos a la vecina Capital Federal, es clara: la farmacia independiente agoniza, al punto que el porteño ya incorporó a su imaginario a Farmacity como imagen de farmacia. Siguiendo el caso capitalino, la forma de cooptar el mercado fue, cuanto menos, muy eficaz. Hoy existen más farmacéuticos empleados en cadenas que cuentapropistas.

Frente a esto, las elecciones aparecen cuanto menos difíciles. En la zona sur del conurbano, por ejemplo, tenemos un estado de “preguerra” por el precio con descuentos de casi el 20% del PVP más vademecums de laboratorios reconocidos de un 40%, con jugadores que incluso con esta ley sanitaria están “libanizando” el mercado de farmacias; y por el otro lado las cadeneras que piden a gritos entrar para desatar la guerra total. ¿Qué nos queda a nosotros en este esquema? Tenemos una institución que nos representa, que puede pedirle al mediador (el Estado) que regule a favor de uno y en contra de otros. Incluso tener nuestro propio proyecto de Ley confirmatorio de la que existe 10.606. Estamos ante una realidad: el negocio de farmacia como lo conocíamos ya se perdió. Entre dos fuegos estamos, y no sabemos, y peor, no nos informan que es lo que conviene hacer, decir o callar. Porque en el primer esquema podemos sobrevivir un poco más de tiempo, pero nada más. La extinción así está garantizada.

Qué nos queda: esperar amortajados a que la actual situación nos termine de consumir, o dejar entrar al monstruo de las cadenas y esperar que choque frontalmente con los grandes jugadores que dominan hoy el mercado. Hay muchas preguntas, más de lo habitual para quienes pensamos todos los días el destino de nuestras farmacias. Y el Estado cómo definirá esta cuestión, que hacemos los farmacéuticos para ayudar a que el legislador dirima a favor de los farmacéuticos de toda nuestra provincia. Hay que entender que en un contexto como el actual, no hay mucho futuro. Lo que está claro es que entre los grandes capitales con vademécum propio y las cadeneras y sus “armas de destrucción masiva”, la farmacia independiente esta indefensa sin el paraguas de una ley justa y equilibrada.

La pregunta sigue siendo la misma ¿qué hacer? Sabemos que no es lo mismo las grandes ciudades que las pequeñas, que las cadeneras no van a ir –en principio- a un población menor,. Primero irán por las ciudades de más de 100 mil habitantes. El tema es cuándo vamos a hacer un gremio único, de todos, donde podamos volcar una estrategia común. Si hoy no sabemos los detalles de dos leyes vitales, y acaso lo que está de tras de los detalles. Si para peor no tenemos discusión interna de esto, si no conocemos quiénes tejen la estrategia. Acá hay dos leyes, más una tercera que limita las franquicias, pero no tenemos información, ni debate ni conocemos la estrategia. No será el momento de pensar los grandes temas y de tener una política de Estado común. El dilema de nuestra tierra se vuelve a repetir. La historia siempre se repite como lo decía un filósofo alemán: El eterno retorno de lo igual. ¿Cortamos el cable rojo o el cable azul de esta bomba perfecta?. Un dilema que se palpa en el futuro de la farmacia bonaerense.

Néstor Caprov

viernes, 21 de agosto de 2009

» El Conurbano sur en el tablero del TEG: la invasión del “mostrador caliente"




Cuando apareció en el mercado, a mediados de la década del 70, el juego Táctica y Estrategia de la Guerra fue un verdadero furor. El ahora tradicional TEG revolucionó los juegos didácticos y de mesa, y se metió en la memoria de toda una generación. Basado en el Risk (en inglés, riesgo) norteamericano, el TEG nos obligaba a invadir países y dominar competidores, requería de paciencia, mucha paciencia, y una importante cuota de suerte. El clásico “Argentina ataca Kamchatka” fue usado para publicidades y hasta una película, e hizo de la invasión un arte.

Menos nostálgica, en estos días en Lanús y alrededores vemos como en el mercado farmacéutico un ejército intenta adueñarse de cada vez más terreno, incluso fuera de las fronteras del distrito, a fuerza de una combinación pocas veces vista de efectivo, poder de lobbie y distracción ajena. Se trata de un ejército de ocupación, sediento de mostradores farmacéuticos, que bajo el nombre de lo que nació como una organización de defensa de los derechos de los trabajadores se está, lisa y llanamente, “comiendo el mercado”.

La mancha es voraz y abarca toda la cadena de comercialización del medicamento, pero tiene especial fuerza en el final, en el punto minorista. Este “mostrador caliente” de Lanús tiene el 35 por ciento del mercado local y avanza a zonas impensadas hasta hace un tiempo. Ya invadió Valentín Alsina, donde sus garras se apoderaron de una farmacia, que en seis meses a fuerzas de descuento compulsivo la hizo facturar tres veces más, dejando un derrotero de persianas muy mal heridas a su alrededor. Pero va para más, y busca más territorios indefensos, con muchos jugadores distraídos o confundidos por su estrategia. Cuando algunos ya sabemos que su tarjeta de objetivos dice claramente “ocupar el conurbano sur”.

Por si algún distraído todavía no entra en tema, estamos hablando de la escandalosa concentración que vive hoy el mercado minorista de Lanús y alrededores. De la capacidad de un jugador de hacer descuentos de 18 por ciento en todos los medicamentos y de un 40 en productos de laboratorios característicos, merced a su terrible dominio del circuito, que le impone condiciones a las distribuidoras y droguerías al punto que las hace jugar un juego que a largo plazo no les conviene a casi nadie. Sólo a este gran mostrador.

Con la actual situación del dólar en el país, la retracción del mercado internacional y la inestabilidad en las economías dominantes, los especialistas dicen que hoy es más fácil comprar activos productivos (comercios, inmuebles) que realizar inversiones financieras. Así, muchos de los dólares que salen de la especulación se vuelcan en la compra de farmacias, que entre la presión impositiva, la caída de las ventas en muchos segmentos y la falta de crédito local están cada vez más acorraladas. La ecuación que sigue es fácil: un jugador”ataca” a otro debilitado por el desgaste de la situación, y en un par de tiradas de dados se queda con todo.

En estos momentos, lo que se necesita en el sector el un alineamiento en función de la necesidad de emparejar el mercado, que está llegando a su tope en cuanto a costos. La discusión más importante hoy es la rentabilidad, la subsistencia más básica. Si a esto le agregamos que aparecen otros jugadores de envergadura que dejan esos tamaños descuentos, comprando farmacias, la cosa se agrava

Si algo nos enseño el modelo de concentración impuesto en Chile es que cuanto menos control hay de la concentración los actores más poderosos se van expandiendo en todo el circuito, dominando toda la escena. Cabe recordar que el país trasandino tal vez posea uno de los mercados farmacéuticos más concentrados del mundo, donde 4 grandes cadenas (SyB, Ahumada, Cabo Verde y Conosur) controlan más del 80 por ciento de la venta de medicamento. Los especialistas reconocen que por esto las grandes cadenas son ya un sector económico por sí mismo, como los supermercados o las tiendas por departamentos. “Esta situación no sólo ha implicado la desaparición del tradicional negocio de barrio sino la creación de un poder de compra que ha arrinconado a los productores más débiles y a los no tan débiles” (cita del periodista chileno Paul Walder. Para más información ver “Turismo en Santiago y algunas reflexiones sobre el mercado chileno de medicamentos”, 16-05-08). ¿Suena conocido no?

El cáncer se extiende como una mancha de tinta en un papel secante. La metástasis empezó. Ahora nuestro protagonista está jugando al TEG en partidos cercanos –y no tanto –ocupando territorios sin mayores resistencias. “Que se rompa pero que no se doble”, decía el radical Leandro N. Alem, dueño de una oratoria privilegiada y un iracundo carácter, que le terminó jugando en contra. Hoy, con la situación como la hemos descripto, con los extremos de la resistencia a punto de tocarse, la cosa se hace complicada. “resistiré” decimos al tono de la canción, pero lo cierto es que estamos un tanto solos y aislados. Pero algo esta pasando que es alentador. Algo por la que bregamos desde estas editoriales, algo, en definitiva para lo que fue creada MIRADA PROFESIONAL: Los mostradores farmacéuticos están entendiendo: que los que hay que hacer es alinearse. En eso estamos. Sepa comprender en estas pocas palabras lo descomunal de la tarea.

¿A quién le conviene este panorama de concentración? ¿A la farmacia independiente? No, porque va desapareciendo una tras otra. ¿ A la droguería de elección que provee circunstancialmente a este concentrador? Menos, porque cada vez tiene clientes más debilitados y los “mostradores calientes” tienen la facilidad de cambiar de comprador y desfasar financieramente a cualquiera e incluso, que esa misma droguería dependa solamente de esa única y solo única farmacia en cuestión. ¿A la distribuidora?, No, ya que los laboratorios dueños de esas estructuras van a terminar presos, como en el mercado productor chileno, como quedan frente a los supermercados, las empresas formadoras de precios. ¿ Se beneficiarán los sindicatos de empleados de farmacia?. Para nada. Nunca fue negocio para un sindicato la disminución del número de farmacias y empleados en forma crónica y definitiva. Parecería que juntar los mostradores chicos, los mostradores grandes, todos los intereses para hacer presión en un solo punto es el único contraseguro para poder seguir existiendo. Así de chiquito y de grande a la vez. EXISTIR. Para defender las fronteras del avance de este jugador y de cualquier otro con estas características devastadoras. Tirar todos juntos los dados y frenar su ingerencia. “Objetivo común: defender las farmacias independientes”, debería decir nuestra tarjeta de objetivos de nuestro recordado juego del TEG.

Néstor Caprov