miércoles, 25 de junio de 2008

EDITORIAL 25 de junio: Las motivaciones criollas de Hannibal Lecter


El aspecto económico del mercado negro de los medicamentos tiene tres caras visibles. Por un lado, recomponer las consecuencias que estos medicamentos "truchos" trae a la salud de las personas, por otro, los impuestos que el Estado deja de recaudar, los gastos que le ocasiona al sistema sanitario, público y privado, y por último, cómo los robos encarecen los seguros a droguerías y farmacias.


La venta informal de fármacos crece todos los días, ya sea a través del denominado "canal K" (venta en kioscos, almacenes o en la vía pública) o con la utilización de Internet. Se estima que en Argentina se consumen unas 30 millones de cajas de medicamentos ilegales. Esto significa 30 millones de medicamentos que llegan a las manos de los ciudadanos sin control y en dudosas condiciones de almacenamiento, lo que representa un alto costo para la salud de la sociedad. El precio de este riesgoso negocio es elocuente: cada año se mueven unos mil millones de pesos sólo en nuestro país. En el mundo, según las conclusiones alcanzadas en la Conferencia Internacional sobre la lucha contra la Falsificación y la Piratería, que se llevó a cabo en noviembre del 2007 en nuestro país, se estima que el 10 por ciento del mercado mundial de medicamentos es falsificado, cifra que asciende al 20 por ciento en los países más pobres. Estos números generan una alarmante proyección: en el 2010, si se mantienen las cosas como están, las ventas de medicamentos falsificados ascenderán a 75.000 millones de dólares.


La clave pasa por establecer la obligatoriedad de que las presentaciones medicinales sean vendidas en farmacias. Aquí, hay un doble control: económico, a través de los agentes de recaudación, y sanitario por parte de la autoridad de contralor que tienen las agencias nacionales que vigilan la calidad de los fármacos. Según el ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires los medicamentos más falsificados del año 2000 para acá son la Novalgina, Buscapina, Migral, Sertal compuesto y diferentes gotas para la nariz.


Si bien los medicamentos no pagan IVA en su etapa final de venta, sí pagan Ingresos Brutos, cosa que no hace, obviamente, los que se venden de forma ilegal. Con este dinero, por ejemplo, la provincia podría construir 10 hospitales de niños por mes, como los que inauguró el sábado pasado en la ciudad de Tandil, con 25 camas de internación, aparatología de última tecnología, 2 quirófanos, 4 camas para unidad de terapia intensiva pediátrica, además de consultorios de vacunación, radiología y áreas de esterilización. Un buen motivo para que el Estado cumpla con su trabajo de control. Para mantener a la población a salvo de riesgos innecesarios y para brindar los servicios.


En segundo lugar, los gastos que se generan en el sistema de salud los males causados por la ingesta de medicamentos falsificados o adulterados. Según las estadísticas, la mala ingesta de fármacos, ya sea fuera del canal legal o sin el asesoramiento de un profesional, causa 700 muertes y unas 100 mil internaciones. Esto es, más gastos para el sistema de salud, tanto público como privado. Por eso varios organismos están trabajando para lograr una mejor prevención y educación, para evitar que los casos lleguen a estos extremos. Por ejemplos, ya hubo jueces que dieron curso a amparos presentados por particulares para que tanto obras sociales como el Estado provean de medicamentos e insumos para tratar determinadas enfermedades. Es que la justicia comenzó a ponderar que sale más caro para el sistema sanitario atender las consecuencias de no realizar un tratamiento o hacerlo con medicamentos falsificados que proveer de ellos a los pacientes. De esta manera, se intenta evitar la doble tragedia de tener que recurrir al mercado negro y de sufrir sus consecuencias.


En tercer lugar, el crecimiento del mercado negro de medicamento hizo que las bandas delictivas que se dedican a los robos de medicamentos sean cada vez más poderosas y sofisticadas. Con una "trazabilidad paralela" muy bien preparada, las bandas actuales, dicen las fiscalías de Capital Federal, tienen una demanda muy específica, lo que hace que den golpes bien preparados y dirigidos a determinados productos. En este momento, en Argentina robar un medicamentos es igual a robar cualquier otra mercadería, pese a los riesgos terrible que implica. Por esto, la policía y la justicia no dan especial atención a estos delitos, por lo que muchas instituciones buscan modificar la ley para que robar un remedio quede enmarcado en la ley de Delitos contra la Salud Publica. Estas bandas, equipadas con chalecos antibalas, handies y armas con mira infrarroja, atacan tanto cuando la mercadería está en movimiento como en las propias farmacias. En el 2006, sólo en la ciudad de Buenos Aires, se robaron casi 100 de estos locales, más de la mitad virtualmente desvalijadas. Además, estos robos encarecen considerablemente los seguros que pagan todos los miembros de la cadena farmacéutica. Esto, o descapitaliza las farmacias que no pueden trasladar estos nuevos gastos a los precios finales.


El Estado debe y le conviene mejorar los controles, y así comenzar a desactivar este mercado negro que sigue creciendo y amenaza con volverse una verdadera pandemia sanitaria. Porque este mal ya es un "asesino serial" que cada día se cobra alguna víctima inocente. Y todo por la enorme fortuna que genera. En la saga de Hannibal Lecter (El silencio de los inocentes) creada por Thomas Harris, dos veces el caníbal doctor estuvo a punto de caer, pero la avaricia de sus perseguidores terminó liberándolo de la cárcel. Que sirva de lección para nuestro monstruo, que crece al amparo de la ilegalidad, y que si no lo detenemos, seguirá combinando muerte e impunidad.


MIRADA PROFESIONAL

jueves, 12 de junio de 2008

Trazabilidad de los fármacos: El principio del fin del medicamento trucho (INFORME ESPECIAL)


Al comprar medicamentos, pocas veces nos preguntamos el camino que recorre este producto desde que comienza a producirse en laboratorios y droguerías hasta que llega a nuestras manos. Dos razones, totalmente opuestas, pueden comenzar a explicar esta poca atención que se le presta a este proceso: una positiva, y tiene que ver con la confianza que se tiene en la figura del farmacéutico como dispensador de medicamentos; otra negativa, la falta conciencia sobre la importancia de comprar en un canal seguro. Ambas van de la mano y son parte de este camino que se llama trazabilidad de los fármacos.


La trazabilidad de un medicamento es el seguimiento del recorrido que el producto hace en todos las etapas de su comercialización, es decir, desde que comienza a ser elaborado en la droguería o laboratorio hasta que se vende en la farmacia o se dispensa en el hospital. La trazabilidad es fundamental para lograr una buena praxis y un correcto uso de los medicamentos, así como para establecer una acción terapéutica libre de complicaciones. Este seguimiento es además la herramienta con que cuenta el sistema sanitario para detectar falsificaciones, adulteraciones u otro tipo de delitos que se puedan cometer sobre los medicamentos.


Esta claro que cuando los pacientes se alejan del canal legal de venta, la trazabilidad se vuelve dificultosa cuando no imposible. La compra de medicamentos en kioscos, supermercados, comercios barriales o en la vía pública atentan contra este seguimiento, y ponen directamente en peligro la salud de las personas. Por eso, los profesionales farmacéuticos vienen realizando desde hace años campañas de concientización para evitar la venta por el canal ilegal.


Para lograr este propósito, es fundamental el papel del Estado, que debe garantizar junto al resto de los integrantes de la cadena de comercialización una correcta trazabilidad. Por esto, el 7 de mayo pasado, la Cámara de Diputados de la Nación votó una modificación a la Ley de Farmacia, por la cual se prohíbe la venta de medicamentos en lugares que no sean farmacias. Durante la sesión, el diputado Juan Acuña Kunz (UCR de Santa Cruz), señaló que "existe un negocio millonario con respecto a los negocios que se venden fuera de la farmacia. Esta modificación va a asegurar la propia trazabilidad el medicamento. Vamos a tener la seguridad de que el medicamento tiene un responsable directo y que se vende en un lugar que tiene los cuidados que se requieren. Estamos asegurando la salud de la gente y la seguridad del propio medicamento".


El impacto de una buena trazabilidad se puede entender mirando los números del mercado de fármacos. En nuestro país se venden por año unas 400.000.000 unidades totales y de ellas 28.000.000 son falsificadas, "truchas" o están fuera de los cánones de calidad establecidos. Esto representa el 7 por ciento del mercado actual, que desde 2001 a la fecha creció más del 50 por ciento. Como sucede con la ley de Farmacias, un proyecto de ley que castiga con más dureza la falsificación y el robo de medicamentos espera en el Senado de la Nación su aprobación, luego de pasar con éxito por Diputados.


En nuestro país, la Aspirina niños es el medicamento que más se vende, seguido por el Atenolol y el Enalapril (ambos antihipertensivo de venta bajo receta). En la lista de los 10 más vendidos también figuran el Clonazepam (bajo receta archivada, por ser un psicotrópico), Levotiroxina (hipotiroidismo), la Aspirina adultos, el Ibuprofeno, la Amoxicilina, el Paracetamol y el Alprazolam (otro ansiolítico) es decir, con tres OTC y tres psicofármacos, es fundamental una trazabilidad completa que asegure que estos medicamentos, de fácil acceso para todos, estén en las condiciones necesarias para su consumo.


Además, para los farmacólogos, la trazabilidad es una mejora en la calidad de la prestación farmacéutica, y profundiza la función de la farmacia como centro asistencial de salud. Una correcta trazabilidad aporta valor agregado a la dispensa de medicamentos, proporcionamos una amplia gama de servicios de salud complementarios como la farmacovigilancia, la detección de enfermos crónicos, el seguimiento del paciente, campañas de educación sanitaria, vacunación, evitar la automedicación, etc. Además, este trabajo es un severo ahorro en los gastos de salud, porque se relaciona con el uso racional de los medicamentos. Un estudio reciente en los países de la Unión Europea demostró que entre un 15 y un 20 por ciento de los ingresos hospitalarios se deben a problemas derivados del mal uso de los medicamentos, a interacciones, efectos secundarios y otras causas. Una correcta trazabilidad entonces se puede entender como un ahorro y hasta una inversión.


Para mejorar esta tarea, existen distintos proyectos para mejorar la trazabilidad. Uno de ellos fue presentado por la Asociación Argentina de Farmacéuticos de Hospital (AAFH) y se llama FARO, un sistema de identificación única de medicamentos, destinado a evitar el robo, la falsificación y la adulteración. Fue desarrollado en forma conjunta con la empresa local Connmed, dedicada a sistemas informáticos de salud, la que ofrece gratuitamente el software. El FARO se basa en un sistema de identificación por radiofrecuencia (RFID), que incluye una etiqueta de papel con un finísimo alambre de cobre que termina en un chip pequeño como un punto. La etiqueta, a pegar en cada caja que salga de un laboratorio con destino a un hospital, incluye en el chip datos como número de lote y de partida, fechas de fabricación y vencimiento, código del producto, cantidad y precio.


Este aporte, profundizado en la segunda entrega de este informe, busca dar un paso definitivo en la mejora de la trazabilidad de los medicamentos, mientras tanto, es necesario destacar la necesidad de una compra segura de fármacos, una aplicación correcta y una ley que de una buena vez se comprometa con la seguridad de la salud de las personas. El primer paso, dicen, siempre es el más importante. Para los pacientes, puede ser sencillo si hace lo correcto. Es decir, comprar siempre sus medicamentos en las farmacias. El resto, es una tarea en conjunto con la que debemos avanzar.


MIRADA PROFESIONAL