
El estado esta ausente del sistema de salud. Cómo y quién lo fue reemplazando sin nungún control ni articulación con las políticas oficiales. La importancia de establecer los límites de cada quién y los "descuidos" de algunos sectores vinculados a la promoción de productos aprovechando la ausencia y el desprestigio de la red sanitaria oficial.
A mediados de octubre, una campaña publicitaria sobre la vacunación del papiloma humano (VPH) realizada por la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (LALCEC) desató una fuerte polémica y encendió la luz de alarma sobre cierto accionar de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) en el rubro salud. En el mentado aviso, Araceli González y su hija Florencia Torrente invitaban a vacunarse contra el VPH como forma de prevenir el cáncer de cuello uterino. Inmediatamente, desde el ministerio de Salud de la Nación salieron al cruce de la campaña, al afirmar que "la mejor manera de prevenir el cáncer de cuello de útero es alentar la realización del test de Papanicolau (PAP), que detecta alteraciones en las células del cuello uterino y permite tratarlas rápidamente antes de que evolucionen hacia un cáncer letal" (comunicado oficial del ministerio, 22 de octubre de 2008). Varios integrantes de LALCEC debieron admitir que la campaña se hizo "con ligereza", y muchos sospecharon la mano del laboratorio que financió la movida publicitaria (justamente uno de los principales productores de la vacuna) detrás del "error". Pero el episodio permitió desnudar un especia de "zona gris" en el accionar de las ONGs dedicadas a la salud.
Desde hace tiempo, ya sea para el estudio de una enfermedad, para la contención de pacientes o simplemente para la difusión de algún mal se forman entidades no gubernamentales o de bien público. Someramente, una ONG puede definirse como una organización legalmente constituida que fomenta y fortalecen la participación ciudadana, con fines comunitarios y sin fines de lucro. En América latina y en especial en la Argentina, Bernardo Kliksberg, asesor principal del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo para América, les da un doble rol: "reguladores éticos y fuerzas potenciadoras del emprendedurismo social" (Diario La Nación, 17/03/07). Estas características, sumadas al descrédito que el Estado como impulsor de políticas sociales se ganó en el último tiempo, terminó por poner en manos de las entidades gran parte de las herramientas preventivas creadas por fuera de los aparatos gubernamentales. Con fuerte financiación externa, la ONG comenzó a llegar a donde el Estado estaba ausente. De hecho, en muchos casos lo reemplazó.
Cuando suceden casos como el de LALCEC la pregunta surge inmediatamente: ¿cómo controla el Estado ese enorme caudal de recursos, ideas y dinero que la sociedad civil y el mundo privado deriva hacia el sector ONG? El alcance de la difusión de una campaña de este estilo (con una top model como González y todos los elementos del marketing a su disposición) pueden en cuestión de horas hacer mucho daño a la salud de una comunidad, pueden lograr -en caso de manejar conceptos erróneos -en cuestión de horas un efecto que años de políticas públicas apenas pueden soñar. Si la "no presencia", la "no planificación" en materia de salud fue el esquema implementado en la década del 90 por el modelo neoliberal, la actual ausencia del estado en materia de salud no está muy lejos. Como nunca ocurrió en el país, la falta de políticas articuladas en la materia termina por dejar a miles de personas en manos de las ONG, que cubren esta ausencia estatal sin el control necesario.
Hospitales colapsados, unidades sanitarias desguarnecidas, entrega de medicamentos deficitaria. Esta es la dura realidad de la actuación del Estado en materia de salud. Esto empuja a la sociedad a buscar alternativas. En este sentido, desde hace un tiempo viene ganando protagonismo una nueva figura de ONG, cada vez con mayor incumbencia en el armado de políticas públicas: las asociaciones de pacientes. Desde la Asociación Argentina de Fibrosis Quística hasta "Concebir", que reúne a parejas con problemas de fertilidad, este sector viene creciendo en el país y el mundo, al punto que ya existe una Alianza Internacional de Organizaciones de Pacientes (IAPO, según sus siglas en inglés), que nuclea a 4 mil organizaciones y reúne a 365 millones de pacientes de todo el mundo. "No brindan atención de la salud ni buscan suplantar al Estado, sino que fomentan la equidad en el acceso a la atención sanitaria para que se cumpla con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y uno de los derechos humanos básicos como es el derecho al acceso a la salud", define sobre estas ONGs Enrique Silver, secretario de la Junta Directiva de IAPO entre 1999 y 2007 (Periodismo Social, septiembre de 2008).
El peligro de esta situación es que este "supra-Estado", paralelo y sin control, termine utilizando normas propias para la implementación -o su reclamo -de políticas públicas. Porque detrás de muchas ONGs está el financiamiento privado, las corporaciones económicas, incluso los intereses de gobiernos por "determinadas" ONG`s. No son pocos los casos de directivos de grandes empresas apadrinando entidades, lo que puede sin duda influenciar en el accionar de la ONG en su tarea diaria. El ejemplo de LALCEC y la campaña del VPH sirve para graficar esta idea.
Nadie pone en discusión la importancia del trabajo del tercer sector en el ámbito sanitario. La gente acude a ellas por mayor credibilidad e incluso recursos más versátiles. Pero incluso este potencial puede mejorar si se articulan mejor sus trabajos, incluyendo también al estado. Esto no significa perder la independencia de criterios respecto del ámbito público, sino garantizarla e incluirlas en un verdadero proyecto de salud. No hay una salud pública y una privada. Toda salud es pública. Existen, eso sí, una gestión oficial y una gestión privada. La encrucijada es: cómo articularlas.
MIRADA PROFESIONAL