jueves, 27 de noviembre de 2008

El Estado reemplazado por las ONGs.


El estado esta ausente del sistema de salud. Cómo y quién lo fue reemplazando sin nungún control ni articulación con las políticas oficiales. La importancia de establecer los límites de cada quién y los "descuidos" de algunos sectores vinculados a la promoción de productos aprovechando la ausencia y el desprestigio de la red sanitaria oficial.

A mediados de octubre, una campaña publicitaria sobre la vacunación del papiloma humano (VPH) realizada por la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (LALCEC) desató una fuerte polémica y encendió la luz de alarma sobre cierto accionar de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) en el rubro salud. En el mentado aviso, Araceli González y su hija Florencia Torrente invitaban a vacunarse contra el VPH como forma de prevenir el cáncer de cuello uterino. Inmediatamente, desde el ministerio de Salud de la Nación salieron al cruce de la campaña, al afirmar que "la mejor manera de prevenir el cáncer de cuello de útero es alentar la realización del test de Papanicolau (PAP), que detecta alteraciones en las células del cuello uterino y permite tratarlas rápidamente antes de que evolucionen hacia un cáncer letal" (comunicado oficial del ministerio, 22 de octubre de 2008). Varios integrantes de LALCEC debieron admitir que la campaña se hizo "con ligereza", y muchos sospecharon la mano del laboratorio que financió la movida publicitaria (justamente uno de los principales productores de la vacuna) detrás del "error". Pero el episodio permitió desnudar un especia de "zona gris" en el accionar de las ONGs dedicadas a la salud.

Desde hace tiempo, ya sea para el estudio de una enfermedad, para la contención de pacientes o simplemente para la difusión de algún mal se forman entidades no gubernamentales o de bien público. Someramente, una ONG puede definirse como una organización legalmente constituida que fomenta y fortalecen la participación ciudadana, con fines comunitarios y sin fines de lucro. En América latina y en especial en la Argentina, Bernardo Kliksberg, asesor principal del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo para América, les da un doble rol: "reguladores éticos y fuerzas potenciadoras del emprendedurismo social" (Diario La Nación, 17/03/07). Estas características, sumadas al descrédito que el Estado como impulsor de políticas sociales se ganó en el último tiempo, terminó por poner en manos de las entidades gran parte de las herramientas preventivas creadas por fuera de los aparatos gubernamentales. Con fuerte financiación externa, la ONG comenzó a llegar a donde el Estado estaba ausente. De hecho, en muchos casos lo reemplazó.

Cuando suceden casos como el de LALCEC la pregunta surge inmediatamente: ¿cómo controla el Estado ese enorme caudal de recursos, ideas y dinero que la sociedad civil y el mundo privado deriva hacia el sector ONG? El alcance de la difusión de una campaña de este estilo (con una top model como González y todos los elementos del marketing a su disposición) pueden en cuestión de horas hacer mucho daño a la salud de una comunidad, pueden lograr -en caso de manejar conceptos erróneos -en cuestión de horas un efecto que años de políticas públicas apenas pueden soñar. Si la "no presencia", la "no planificación" en materia de salud fue el esquema implementado en la década del 90 por el modelo neoliberal, la actual ausencia del estado en materia de salud no está muy lejos. Como nunca ocurrió en el país, la falta de políticas articuladas en la materia termina por dejar a miles de personas en manos de las ONG, que cubren esta ausencia estatal sin el control necesario.

Hospitales colapsados, unidades sanitarias desguarnecidas, entrega de medicamentos deficitaria. Esta es la dura realidad de la actuación del Estado en materia de salud. Esto empuja a la sociedad a buscar alternativas. En este sentido, desde hace un tiempo viene ganando protagonismo una nueva figura de ONG, cada vez con mayor incumbencia en el armado de políticas públicas: las asociaciones de pacientes. Desde la Asociación Argentina de Fibrosis Quística hasta "Concebir", que reúne a parejas con problemas de fertilidad, este sector viene creciendo en el país y el mundo, al punto que ya existe una Alianza Internacional de Organizaciones de Pacientes (IAPO, según sus siglas en inglés), que nuclea a 4 mil organizaciones y reúne a 365 millones de pacientes de todo el mundo. "No brindan atención de la salud ni buscan suplantar al Estado, sino que fomentan la equidad en el acceso a la atención sanitaria para que se cumpla con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y uno de los derechos humanos básicos como es el derecho al acceso a la salud", define sobre estas ONGs Enrique Silver, secretario de la Junta Directiva de IAPO entre 1999 y 2007 (Periodismo Social, septiembre de 2008).

El peligro de esta situación es que este "supra-Estado", paralelo y sin control, termine utilizando normas propias para la implementación -o su reclamo -de políticas públicas. Porque detrás de muchas ONGs está el financiamiento privado, las corporaciones económicas, incluso los intereses de gobiernos por "determinadas" ONG`s. No son pocos los casos de directivos de grandes empresas apadrinando entidades, lo que puede sin duda influenciar en el accionar de la ONG en su tarea diaria. El ejemplo de LALCEC y la campaña del VPH sirve para graficar esta idea.

Nadie pone en discusión la importancia del trabajo del tercer sector en el ámbito sanitario. La gente acude a ellas por mayor credibilidad e incluso recursos más versátiles. Pero incluso este potencial puede mejorar si se articulan mejor sus trabajos, incluyendo también al estado. Esto no significa perder la independencia de criterios respecto del ámbito público, sino garantizarla e incluirlas en un verdadero proyecto de salud. No hay una salud pública y una privada. Toda salud es pública. Existen, eso sí, una gestión oficial y una gestión privada. La encrucijada es: cómo articularlas.

MIRADA PROFESIONAL

jueves, 6 de noviembre de 2008

El hambre de Moby Dick


Los griegos consideraban que las paradojas eran la grieta por donde el mundo -por lo menos el terrenal -podía llegar a su fin. Es que una idea paradojal termina por encerrar un círculo del que es imposible salir, un callejón sin salida de donde no se puede avanzar, ni retroceder. Si una paradoja se profundiza, termina por colapsar. Algo de esto hay en el mundo farmacéutico que se vienen dando en estos tiempos de concentración y asimetrías, donde una normativa nacida para defender los intereses de los más chicos puede ser, en este contexto, una especie de "salvavidas de plomo".

Uno de estos casos en la actual normativa que rige en la provincia de Buenos Aires sobre la locación de locales de farmacias. Según la ley, debe haber un local farmacia cada 3 mil habitantes de cada localidad, y distanciadas por lo menos unos 300 metros unas de otras. Pensada con un enorme espíritu sanitarista, la norma busca defender al local independiente y comunitario, además de garantizar la llegada de la dispensa a todos los barrios y todos los sectores. Pero en estos días donde los grandes capitales se vuelcan al negocio farmacéutico con voracidad llamativa -incluso en esta época de recesión y contracción del crédito -la ley puede volverse contra su propio interés.

Es que cada una de estas grandes cadenas ganan día a día, más porciones del mercado. Se estima que por ejemplo, el 30 por ciento de las farmacias factura el 80 por ciento del total de los ingresos que se genera de un gran prestador como PAMI. Es más, en un centro urbano de envergadura como Lanús, con 500 mil habitantes aproximados, una sola farmacia tiene el 40 por ciento del mercado de medicamentos dispensados en todo municipio. Un gran número, que habla de la concentración que existe en el sector. Ganado el mercado, a fuerza de capitales, la ley nacida para defender al "pez chico y al espíritu sanitarista" termina beneficiando al "pez grande y su visión descarnada sobre el mercado de farmacias".

Ahora bien. Usted podrá decir si desde este espacio estamos por la abolición de la norma, de transformar la provincia a lo que hoy es Capital Federal, una zona libre para la instalación de grandes cadenas. No, no es esa la intención, pero muchas veces repensar una ley (o sus efectos inmediatos) es la mejor forma de defenderla. Además, ¿no están ya las cadenas instaladas en nuestras avenidas? ¿Ya no está abierta la puerta?, ¿ no se construyeron por compra de farmacias ya instaladas nuevas farmacias como parte de una cadena?

Otra paradoja de igual sentido se da con las bonificaciones que las farmacias están obligadas a hacer, ya sea para las obras sociales o las tarjetas de crédito. Su carácter de confiscatorio -para usar una palabra tan de moda en los medios gracias al conflicto del agro -y su arbitrariedad hace que sea imperioso discutir con los otros sectores una rebaja, pero no en condiciones generalizadas. Es que si, supongamos, las Instituciones lograran una rebaja del 2 por ciento en los puntos que se bonifica al PAMI en el mostrador, los beneficios, así dados sin ninguna discriminación, tienen un efecto dispar. Ese 2 por ciento representa, en una farmacia de barrio, de 200 a 400 pesos, equivalente a lo que paga un farmacéutico por su jubilación o su matrícula. En las grandes cadenas, ese 2 por ciento puede traducirse en 20 mil a 40 pesos. Otra vez la paradoja, otra vez el beneficio pensado para el chico termina ayudando al grande.

Con esas ganancias que se entregan, las grandes cadenas pueden comprar una farmacia independiente por mes, pueden acrecentar su poderío en el mercado y así seguir castigando al modelo sanitarista de farmacia profesional. Y lo hace, paradójicamente, con una herramienta pensada para defender al "más chico".

Estas no son ni ideas cerradas ni conceptos definitivos. Son aportes a una discusión que creemos por lo menos ausente en el sector. No se pide que se eliminen las normas, sino que se piensen. Y para eso estas líneas abiertas a la discusión de todos. Frente al espejo la imagen de la farmacia protegida por las normas actuales puede devolver una deformada realidad de lo que sucede.

Obsesionado con la ballena que le hizo perder la pierna, el capitán Ahab recorrió los mares del mundo buscando venganza. Creía tener una causa justa, matar a Moby Dick. Tras de sí arrastró a su tripulación, que murió por seguir a su líder en lo que creía una causa justa. Si bien Hernan Melville escribió su novela clásica pensando en lo trágico del destino humano, en como un ideal noble puede convertirse, exacerbado, en una tragedia, su simbolismo sirve para pensar que pasa con estas dos paradojas del mundo farmacéutico. Como "lo justo" puede cambiar, por los matices de la realidad, y volverse contrario a su espíritu original. No está mal pensarlo, para evitar que lo que fuera una herramienta de protección termine siendo, a su pesar, una nueva condición de pauperización para un sector que ya está golpeado. Antes de que la ballena termine por hacer naufragar el barco.



MIRADA PROFESIONAL