
Como un tsunami que amenaza con golpear el sistema financiero del mundo, la crisis económica desatada en Estados Unidos y Europa se propaga por todo el planeta, alcanzando la forma de "pandemia", llevada a térmicos sanitarios. Las medidas tomadas para frenar la crisis, con el millonario salbataje norteamericano como eje central y la baja de la tasas de interés como último gran paso, no pueden detener el desplome de las bolsas y la sangría de fondos que los centros financieros vienen sufriendo. Como era de esperarse, la Argentina no está exenta de esta crisis financiera mundial, y pese a los reiterados anuncios del gobierno nacional sobre la salud financiera del país, los efectos comenzaron a notarse en el día a día. No sólo en materia económica, sino también en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Entre ellos en el rubro salud.
Según los especialistas económicos, la crisis está causando un "efecto dominó" que alcanzará -si todavía no lo hizo -todos los aspectos de la economía, en cada rincón del planeta. La baja del petróleo, la caída de la actividad económica, el peligro de recesión, la caída del precio de la soja, entre otras, son las consecuencias más visibles de la actual situación. Menos analizadas, otros aspectos como la salud o la atención social quedan tapadas por las urgencias financieras, pero cada día profundizan las grietas que se van generando por la crisis.
¿Qué pasa en el país con el sistema sanitario en medio de la crisis? Con un escenario de estancamiento y recesión como el que vaticinan la mayoría de los pronósticos, el país deberá afrontar una contracción en el gasto público, en especial por la caída de la recaudación. Esto tendrá consecuencias directas en el suministro y los gastos que el estado realiza en salud en particular, ya que es uno de los presupuestos con menos margen de maniobra por lo importante de los gastos y lo escaso de los recursos. En el contexto general, La Argentina estaba desacelerando su economía más allá del contexto internacional. En parte como Brasil, depende de los commodities agrícolas, lo que la deja atada a la suerte que las grandes potencias sufran durante el tsunami financiero.
Además, más allá de la macroeconomía, las finanzas y de la negociación política de alto nivel, la crisis afecta las economías domésticas en las cuestiones simples. El miedo a una situación de quiebre como la de 2001 -y se sabe que nada genera más miedo que una historia conocida que amenaza con repetirse -hace que las familias decidan evitar gastos no previstos, indispensables e inevitables. Fuentes consultadas al respecto advierten que el sector de la medicina prepaga, que desde la anterior crisis hasta ahora perdió cerca de un millón de afiliados (entre los que no pudieron pagar y los que recuperaron su trabajo y volvieron al sistema de obras sociales sindicales), podrían ser los primeros grandes perjudicados del sector.
En estos momentos no existen números concretos respecto a la caída de la venta de productos relacionados con la salud. Pero con los antecedentes de 2001, se puede estimar el impacto de la crisis de estos días. Según la consultora IMS, que el sector de la salud de todo el mundo usa como referencia, entre julio de 2000 y julio de 2001 la venta en la Argentina de remedios recetados cayó un 5,63 por ciento. Pero la caída llegó al 20 por ciento según otras fuentes, si se tiene en cuenta la venta de los OTC.
En Europa, donde la crisis está haciendo estragos en las bolsas y los bancos, los efectos sobre los medicamentos y la salud ya son evidentes. En Madrid, por ejemplo, el Colegio Oficial de Farmacéuticos local (COFM) informó que a partir de agosto de este año, cuando comenzaron las primeras olas de la crisis, la venta en farmacias cayeron un 15 por ciento, mientras que el gasto público en prescripciones dispensadas en las farmacias por parte del Sistema Nacional de Salud (SNS) cayó un 8,17 por ciento (madridiario.es, miércoles 8 de octubre).
En cuanto a las farmacias, la situación puede complicarse si la crisis se profundiza con el tiempo. El ahogo financiero que se viene dando en el sector, asfixiado por el aumento de los gastos, los pagos diferidos, la falta de efectivo en los pagos de las prestaciones de la seguridad social, la presión de las bonificaciones y la contracción de las ventas empeoraría si como se prevé el sistema pierde liquidez. Esto es, si el circulante de dinero se reduce, la gente tiene una natural tendencia a recortar gastos, lo que repercutirá en las ventas de los medicamentos. Si en mayo y junio de este año se denunció que el ritmo con que las farmacias bajan las persianas llegó a 40 por mes, el escenario de crisis planta un panorama bastante desalentador.
Un mercado inelástico como el de los medicamentos, que trabaja sobre la necesidad de su uso, suele sufrir con las crisis económicas consecuencias cualitativas más que cuantitativas. Nuevas costumbres de consumo, la postergación de la compra de las prescripciones privilegiando a los menores de la familia; reemplazo de las primeras marcas, son parte de las estrategias que la gente usa cuando la "sensación de crisis" avanza sobre el horizonte. Por ahora todo parece cercano, latente, los hospitales en crisis terminal de insumos y recursos. Un impacto que pegará, tarde o temprano en la salud general de la población. No hay peor generador de enfermedad que la miseria y la salida del sistema. Será la virtud de los que anticipando las concecuancias empiezen a preparar en un plan de contingencia, tan rápido y efectivo como sea necesario.
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