jueves, 23 de octubre de 2008

Los tiburones y la suerte


La noticia se perdió entre los titulares sobre la crisis bursátil y el superclásico dominguero, pero desnuda una realidad preocupante que hace tiempo afecta al sector de la salud. Según las últimas cifras, "hoy las cadenas de farmacias ya representan el 10 por ciento del mercado en cuanto a la cantidad de locales y se llevan el 30 por ciento de la facturación del sector, que alcanza a 9000 millones de pesos por año" (Diario La Nación, lunes 20 de octubre de 2008). El crecimiento de las cadenas en todo el país sigue de la mano del deterioro de la farmacia independiente, profesional y de barrio, que asfixiada por el aumento de los gastos y la competencia desleal que genera el canal ilegal, cierran a un ritmo de 10 a 20 por mes.

Desde hace tiempo, estas grandes cadenas profundizaron el conceptos de "farmacias shopping", lugares estandarizados donde los medicamentos deben "competir" contra otros productos por un espacio en la góndola, bajo reglas más vinculadas al marketing y las necesidades económicas que a una política sanitaria dedicada a la atención del paciente. En este sentido, con un contexto de estabilidad y dólar favorable, en los últimos años cada vez más fondos inversores se volcaron a este sector, con el consiguiente crecimiento. De hecho, Farmacity, una de las grandes cadenas con más de 100 locales, pertenece al fondo de inversión Pegasus, que regenteó en su momento Freddo o Musimundo, nada más lejos de las cuestiones sanitarias, que fueron abandonadas a su suerte una vez que dejaron de ser rentables.

En estos momento, los fondos están entrando cada vez más fuerte en las ciudades, con emprendimientos que superan los 400 mil dólares. Esto contrae el mercado, acaparando las ventas y dejando al sector independiente acorralado. Es más, en algunas zonas del interior del país, la situación es límite. En Resistencia, por ejemplo, según el Colegio de Farmacéuticos local el 20 por ciento de los locales pertenecen a grandes cadenas nacionales y extranjeras, el doble que a nivel nacional, con una facturación que supera el 70 por ciento del total. Así, en esa ciudad la farmacia independiente está apunto de desaparecer. En Capital Federal, otro triste ejemplo, desde que se desreguló el sector y llegaron megacadenas trayendo aparejado el cierre de cerca de 170 farmacias independientes, de las 1.600 que había en la ciudad antes de la llegada de las cadenas.

El caso de Mar del Plata es testigo de cómo esta situación avanza sin que se tome dimensión de sus riesgos. En estos momentos, en el centro o en la Avenida Constitución se planifican y construyen emprendimientos al estilo de las farmacias de los estados Unidos: salones de venta enormes, pulcros, donde el medicamento convive con toda clase de otros productos. Es más, como sucede en otros lugares, las cadenas aprovecharán las ventajas de volumen (que les permite comprar y vender a mejores precios) y sus lazos con los laboratorios para ofrecer un paquete de ofertas que está muy lejos del que puede conseguir la farmacia profesional, ya sea descuentos excepcionales (que direccionan la elección del paciente), facilidades de pagos e incluso el sorteo de automóviles y electrodomésticos. Del rol del farmacéutico y la política sanitaria, ni noticias.

Esta tendencia sólo puede ser revertida con una regulación adecuada, como ocurre en otras partes del mundo. Los dos extremos sobre cómo actuar con la concentración del mercado están muy cerca, casi a la vista. El caso chileno, donde cuatro cadenas concentran casi el 90 por ciento del mercado, dejando a muchas localidades sobre todo del interior del país sin dispensa de medicamentos, sería el caso negativo. El positivo, por lo menos por ahora, se da en España, donde el sector farmacéutico resiste el intento de la Unión Europea de liberar la instalación de grandes cadenas, desregulando las normas dirigidas para controlar el sector. Mientras tanto aquí en La Argentina no es motivo de debate ni de planeamiento de estrategias sobre qué hacer -unión de las farmacias independientes- por parte de la profesión farmacéutica. Quedando profesional y comercialmente librada a la suerte de cada uno.

Estos megaemprendimientos de oficinas de farmacia utilizan prácticas para sus lugares de ventas basadas en la construcción de un paradigma de bienestar. Las "farmacias shopping" son lugares iguales, pulcros, luminosos, pensados y montados para satisfacer esta necesidad. Marc Augé, pensador francés, define estos espacios como "no lugares, espacios del anonimato". Aeropuertos, complejos cinematográficos y cadenas de shopping, organizados para olvidar y perder la identidad, son parte de este concepto. Las consecuencias de que las farmacias se vuelvan "no lugares" son peligrosas. Según Augé, "estos no lugares sin historia afectan nuestras representaciones del espacio, nuestra relación con la realidad y nuestra relación con los otros. La identidad se construye en el nivel individual a través de las experiencias y las relaciones con el otro". Nada más lejos del verdadero rol de la farmacia profesional, nada más impersonal y lejano de las necesidades de los pacientes. El presente va ganando por goleada a la profesión y al farmacéutico independiente. La pregunta es: El dios de la suerte seguirá atendiendo o cerrará sus persianas en un tiempo más.



MIRADA PROFESIONAL

jueves, 9 de octubre de 2008

Demasiado tarde para lágrimas.


Como un tsunami que amenaza con golpear el sistema financiero del mundo, la crisis económica desatada en Estados Unidos y Europa se propaga por todo el planeta, alcanzando la forma de "pandemia", llevada a térmicos sanitarios. Las medidas tomadas para frenar la crisis, con el millonario salbataje norteamericano como eje central y la baja de la tasas de interés como último gran paso, no pueden detener el desplome de las bolsas y la sangría de fondos que los centros financieros vienen sufriendo. Como era de esperarse, la Argentina no está exenta de esta crisis financiera mundial, y pese a los reiterados anuncios del gobierno nacional sobre la salud financiera del país, los efectos comenzaron a notarse en el día a día. No sólo en materia económica, sino también en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Entre ellos en el rubro salud.

Según los especialistas económicos, la crisis está causando un "efecto dominó" que alcanzará -si todavía no lo hizo -todos los aspectos de la economía, en cada rincón del planeta. La baja del petróleo, la caída de la actividad económica, el peligro de recesión, la caída del precio de la soja, entre otras, son las consecuencias más visibles de la actual situación. Menos analizadas, otros aspectos como la salud o la atención social quedan tapadas por las urgencias financieras, pero cada día profundizan las grietas que se van generando por la crisis.

¿Qué pasa en el país con el sistema sanitario en medio de la crisis? Con un escenario de estancamiento y recesión como el que vaticinan la mayoría de los pronósticos, el país deberá afrontar una contracción en el gasto público, en especial por la caída de la recaudación. Esto tendrá consecuencias directas en el suministro y los gastos que el estado realiza en salud en particular, ya que es uno de los presupuestos con menos margen de maniobra por lo importante de los gastos y lo escaso de los recursos. En el contexto general, La Argentina estaba desacelerando su economía más allá del contexto internacional. En parte como Brasil, depende de los commodities agrícolas, lo que la deja atada a la suerte que las grandes potencias sufran durante el tsunami financiero.

Además, más allá de la macroeconomía, las finanzas y de la negociación política de alto nivel, la crisis afecta las economías domésticas en las cuestiones simples. El miedo a una situación de quiebre como la de 2001 -y se sabe que nada genera más miedo que una historia conocida que amenaza con repetirse -hace que las familias decidan evitar gastos no previstos, indispensables e inevitables. Fuentes consultadas al respecto advierten que el sector de la medicina prepaga, que desde la anterior crisis hasta ahora perdió cerca de un millón de afiliados (entre los que no pudieron pagar y los que recuperaron su trabajo y volvieron al sistema de obras sociales sindicales), podrían ser los primeros grandes perjudicados del sector.

En estos momentos no existen números concretos respecto a la caída de la venta de productos relacionados con la salud. Pero con los antecedentes de 2001, se puede estimar el impacto de la crisis de estos días. Según la consultora IMS, que el sector de la salud de todo el mundo usa como referencia, entre julio de 2000 y julio de 2001 la venta en la Argentina de remedios recetados cayó un 5,63 por ciento. Pero la caída llegó al 20 por ciento según otras fuentes, si se tiene en cuenta la venta de los OTC.

En Europa, donde la crisis está haciendo estragos en las bolsas y los bancos, los efectos sobre los medicamentos y la salud ya son evidentes. En Madrid, por ejemplo, el Colegio Oficial de Farmacéuticos local (COFM) informó que a partir de agosto de este año, cuando comenzaron las primeras olas de la crisis, la venta en farmacias cayeron un 15 por ciento, mientras que el gasto público en prescripciones dispensadas en las farmacias por parte del Sistema Nacional de Salud (SNS) cayó un 8,17 por ciento (madridiario.es, miércoles 8 de octubre).

En cuanto a las farmacias, la situación puede complicarse si la crisis se profundiza con el tiempo. El ahogo financiero que se viene dando en el sector, asfixiado por el aumento de los gastos, los pagos diferidos, la falta de efectivo en los pagos de las prestaciones de la seguridad social, la presión de las bonificaciones y la contracción de las ventas empeoraría si como se prevé el sistema pierde liquidez. Esto es, si el circulante de dinero se reduce, la gente tiene una natural tendencia a recortar gastos, lo que repercutirá en las ventas de los medicamentos. Si en mayo y junio de este año se denunció que el ritmo con que las farmacias bajan las persianas llegó a 40 por mes, el escenario de crisis planta un panorama bastante desalentador.

Un mercado inelástico como el de los medicamentos, que trabaja sobre la necesidad de su uso, suele sufrir con las crisis económicas consecuencias cualitativas más que cuantitativas. Nuevas costumbres de consumo, la postergación de la compra de las prescripciones privilegiando a los menores de la familia; reemplazo de las primeras marcas, son parte de las estrategias que la gente usa cuando la "sensación de crisis" avanza sobre el horizonte. Por ahora todo parece cercano, latente, los hospitales en crisis terminal de insumos y recursos. Un impacto que pegará, tarde o temprano en la salud general de la población. No hay peor generador de enfermedad que la miseria y la salida del sistema. Será la virtud de los que anticipando las concecuancias empiezen a preparar en un plan de contingencia, tan rápido y efectivo como sea necesario.



MIRADA PROFESIONAL