jueves, 4 de septiembre de 2008

El directorio del IOMA y su nostalgia por la década de los 90


Hay algunas frases que por su significado denotan una época. De la casi inofensiva "deme dos" hasta la tristemente célebre "algo habrán hecho", las palabras son parte de la memoria colectiva de una sociedad, que las elige -consiente o inconscientemente -para referenciar un tiempo que ya pasó. "Relaciones carnales" es tal vez la forma más cruda, descarnada y sencilla de describir esa gran incógnita que es hoy todavía para la Argentina la década de los 90. Fueron 10 años desbordados, no sólo por la Ferrari Testarosa, el uno a uno con su costado destructivo de la industria nacional, la jactancia primermundista o las payasadas como la promesa del cohete espacial para ir a Japón en minutos. Sino, especialmente, por la falta de controles de parte del Estado que generó que los sectores más beneficiados se volcaran, vorazmente, sobre el sistema productivo.

De este panorama no se escapó el sistema de medicamentos. Y si bien el paso de los años corrigió parte de la asimetría, el fantasma vuelve a posarse sobre el sistema con este nuevo convenio que impulsa el Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA), que despertó crítica y dudas por igual. Cuando se analiza con detenimiento lo que propone la obra social bonaerense las preguntas se multiplican: ¿qué hay detrás del tema IOMA?; ¿por qué se pretende hacer una modificación para darle el gerenciamiento a la Industria Farmacéutica? "IOMA pone al zorro a cuidar las gallinas", se escucha en la capital provincial.

Trataremos de entender de qué se trata este "gallinero". La torta del IOMA en disputa es un gigante de 450 millones de pesos, que corresponde al 45 por ciento que representa el convenio de medicamentos ambulatorios. El otro 55 por ciento, que corresponde a los medicamentos especiales, oncológicos y de lucha contra el HIV, no entra en esta discusión, y ya pertenece a la industria farmacéutica su gerenciamiento y administración.

Volviendo al convenio ambulatorio, en las condiciones actuales, la obra social exige a los farmacéuticos una bonificación del 3,5 por ciento que siempre se convierte en un 4.5% al momento de la liquidación, un 3.5 a la Industria Farmacéutica que casi nunca pone absolutmente nada, vendiendo el 90 % de los remedios a costo cero,y el resto lo financia el IOMA. Con el nuevo convenio, ese monto de bonificación (que en términos formales se puede entender como un "peaje" para entrar al sistema) subirá al 7 por ciento para los farmacéuticos y 10 para la industria. Quedándose con el control absoluto de todo el contrato IOMA.

Este cambio en los porcentajes de bonificaciones de primera mano genera un ahorro en el IOMA, que según estimó el diputado Roberto Passo, vicepresidente de la comisión de Salud de la cámara de diputados provincial es de "alrededor de 50 millones de pesos al año". Ese es el primer mito que se cierne sobre el tema. Si tomamos el ejemplo del PAMI, que tiene un sistema ambulatorio similar al propuesto por el IOMA, veremos que la incorporación de la industria -gerenciando el sistema IOMA- contribuirá a desbarrancar la oferta, que dará más espacio a los medicamentos de marca y menos espacio a los genéricos. Esto, sumado al poder que la industria tiene para "sugerir" y direccionar la venta de medicamentos (con incentivos y gastos pagos a médicos incluidos, como denunció en su nota de tapa la revista Noticias hace unas semanas), no tardará mucho en aumentar el volumen de compra de la obra social, elevando los gastos actuales sin que nada pueda hacerse.

Derribado el mito del ahorro, quienes impulsan este nuevo convenio utilizan la supuesta capacidad informática que le dará la industria farmacéutica para realizar un minucioso censo de los pacientes de la obra social, sus patologías y otros datos. A lo peligroso que darle acceso a datos tan sensibles a un sector que no tiene reparos en utilizar cualquier método para concentrar y acrecentar sus ventas (y que ya generó denuncias de varios tipos en la Superintendencia de Servicios de Salud, sobre todo por procedimientos poco éticos para la introducción de medicamentos extremadamente caros sin la suficiente evidencia científica), se suma la posibilidad de tener un propio sistema informático. Desde hace tiempo desde el Colegio profesional de Farmacéuticos de la Prov. de Bs As. ofrece un sistema de validación on-line que además de dar información fehaciente en tiempo real, mantiene un sistema de confianza cerrado y lejos de las especulaciones comerciales. Hablamos del círculo profesional que comienza con el médico y su diagnóstico, sigue en el paciente y termina en el farmacéutico que dispensa el medicamento indicado. Un sistema de confianza y profesionalidad que el nuevo convenio viene a romper. Ahora qué hace el directorio de IOMA con los datos de sus pacientes o cómo terminan en los archivos de la Industria, nadie lo puede saber ni asegurar.

Las preguntas siguen acumulándose. Por qué reemplazar un convenio que tiene cerca de 20 años, basado en un concepto de sanitarismo, por otro que no garantiza un ahorro real al Estado y entrega el regenteo a un sector que como mínimo no le interesa un pito conceptos como atención primaria, sanitarismo etc, etc. Qué hay detrás de esta intención del directorio del IOMA, que condena prácticamente a desaparecer a largo plazo la libre elección de los medicamentos de los laboratorios mal llamados: genéricos; como sucedió en otras obras sociales provinciales que realizaron reformas similares. Hay que recordar que la obra social bonaerense es la última "joya de la abuela", el último bastión de un sistema que se apagó en todo el país de la mano de una "MONOPOLIZACIÓN" impulsada por la industria. Cuán lejos de lo ilegal está el futuro convenio, que como ya advirtieron algunos especialistas facilita el tráfico de datos sensibles e impone en la práctica, la marca mas cara de los medicamentos que puede llevar el afiliado transgrediendo la ley 25.649 de prescripción por nombre genérico.

Hace 10 años que el sector farmacéutico, que insistimos cuenta con un sistema de validación on-line comprobado y funcionando, le ofrece al IOMA comenzar un sistema similar, sin que la obra social se interese. Qué hay detrás de esta necesidad repentina de cambiar el operador bajo la excusa de un mejor sistema informático, cuando curiosamente no existe un padrón fijo y confiable para mostrar. Qué sucederá con las bandas terapéuticas con que se maneja el sector farmacéutico desde hace un tiempo, regulando en base a criterios profesionales evitando que los criterios comerciales se impongan. Desde hace tiempo, la Industria Farmacéutica está en la mira por introducir tratamientos caros sin una base científica comprobada. Según una denuncia aparecida en el diario Pagina 12 el 28 de julio de este año, "de 1999 a 2007, los gastos por tratamientos que según la Superintendencia de Seguridad Social suelen obedecer a mecanismos muy poco éticos, anclados en el marketing desarrollado por los laboratorios, subieron de seis a 400 millones". Nadie duda que estando adentro, gerenciando todo el sistema, la industria aumentará su poder de lobby, llevando a la oferta a una variedad ilimitada de marcas y de productos innecesarios que terminará encareciendo económica y financieramente todo el sistema, tanto para el Estado como para los usuarios.

No existe modelo en el mundo que incluya en todas sus etapa a un mismo actor. La industria producirá los medicamentos, los venderá y luego los comprará como parte del IOMA. Las preguntas, después de estas líneas, siguen abiertas. A dónde quieren llegar con esta idea. Tal vez a desregular la política sanitaria y en especial la farmacéutica para darle paso a los oportunistas y los mercaderes de la salud. Han decidido aumentar el costo de los medicamentos artificialmente?!; Serán nostalgias de una década que se fue. Si realmente piensan en eso deberían decirlo. Explicarle a esos maestros que blanquearon un aumento del 12 por ciento que pronto deberán usarlo en medicamentos más caros y con menos alternativas. Decirles que solo van a estar disponibles en muy pocas farmacias haciendo las recoridas interminables.

Es la hora de sincerarse de cara a la sociedad. Es agotador escuchar discursos oficiales de funcionarios del IOMA por izquierda y negociar con la industria farmacéutica por derecha. Es todo lo que merece la última obra social donde el concepto sanitario priva por sobre el monetarismo a quemarropa de la década anterior.

MIRADA PROFESIONAL