
De cómo la clase política -de cualquier orden- va detrás de los hechos. De cómo nosotros admitimos e incorporamos esa costumbre de la falta de previsión y cómo afecta a nuestra vida cotidiana. De las variedades de funcionarios y dirigentes que son exelentes disertadores de los casos consumados; y a su tiempo, de casos cerrados por el olvido.
"Llorar sobre la leche derramada" es una frase bien criolla, no sólo porque tiene una fuerte raíz de campo típica de este nuestro país, sino sobre todo porque parece una actitud muy argentina ante los problemas que desde siempre golpean nuestra Nación. Esto de lamentarse ante el hecho consumado puede ser un "infantilismo" de nosotros como sociedad, poco acostumbrada a tener una actitud protagonista en material social, con consecuencia preocupantes para la vida democrática diaria. Pero si se trata de los funcionarios o el mismo Estado, estamos ante una actitud cuanto menos peligrosa y con rasgos suicidas. Un ejercicio didáctico y muy sencillo puede ilustrar esto. Usando el buscador Google, se puede incluir la frase "falta de previsión" y consultar en páginas argentinas. Los resultados son abrumadores. Inundaciones, narcotráfico, salud, economía, en casi todos los ámbitos de la vida diaria alguien acusa al Estado -representado por el gobierno de turno -de no ver o no tomar medidas ante un problema, hasta que este ya generó lamentable consecuencias.
Siempre detrás de los hechos
A qué se debe esa carrera sin sentido que se juega cada día en La Argentina que va detrás de los hechos consumados. En el caso del triple crimen de General Rodríguez, que desnudó un mundo oscuro vinculado al tráfico de drogas, falsificación de medicamentos y otros delitos, la pregunta es perfectamente aplicable. Eran necesarias las muertes, la instalación de distintos cárteles extranjeros capaces de cometer los más horrendos crímenes para tomar medidas. Si como dijo la senadora del Frente para la Victoria Sonia Escudero, "el SEDRONAR advirtió en abril de este año que el país había quintuplicado su importación de efedrina" (Otro tema, 16 de septiembre de 2008), porque recién luego de que el tema tomó notoriedad pública se comenzó a trabajar al respecto. La sensación que queda, pensando todo con la mejor buena intención, es que nadie presta el mas mínimno cuidado a determinados controles, hasta que es demasiado tarde.
A partir del hecho en si, el gobierno puso a trabajar a varios organismos en el tema. Desde ahora, serán responsables de la importación y comercialización de efedrina y otros precursores químicos: el ministerio de Seguridad (que coordina las fuerza federales como Gendarmería o Prefectura, además de la Policía Federal), el SEDRONAR, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), entre otros organismos, tratando de trabajar en conjunto para detener esto que parece otra pajuerana carrera mirándole la nuca a los acontecimientos.
Al margen que la medida parece a destiempo, en medio de una interna entre la posición "despenalizadora" del ministro Aníbal Fernández y la oposición que genera en las autoridades de los organismos de control que actúan contra las adicciones, tampoco está claro bajo qué legislación actuarán.
Es que dentro de la legislación hay una grieta respecto a este tema. Los precursores químicos son en definitiva elementos legales (hay drogas como efedrina hasta ácidos, cloruros y hasta algunos alcoholes) de uso medicinal, necesarios para la industria. La experiencia mexicana de la prohibición total esta a la vista y es un "pinche" fracaso, y lo único que hace es abrir otra millonaria veta en el negocio del narcotráfico.
En un sistema sanitario como el nuestro, donde cada medida suena a remiendo de emergencia, la imprevisión y falta de visión a futuro cuestan vidas. Es un deber del gobierno tener políticas concretas a largo plazo para atacar los males -los que están instalados y los que aparecen de sorpresa -y evitar las emergencias. Es un deber que la sociedad tiene que exigir, más allá de la medida inmediata. Hizo falta Cromañón para poner la lupa en los boliches, los muertos por el propoleo para poner a andar el ANMAT, que mueran tres empresarios para ver el descontrol de la efedrina. Qué más debe pasar para que asumamos que sin previsión, sin memoria ,amnésicos, y sin mirar más allá del horizonte estamos condenados. Como personas y como país.
Hace poco, el periodista Eduardo Aliberti advertía que la crisis en la salud no tiene "buena prensa", no aparece en los grandes medios, como si otros temas. Será por su lenta agonía, que mata siempre pero de apoco, sin hacer ruido, que todavía nadie advierte que la maquinaria está sangrando. Parece que en algunos temas ni los muertos despiertan las conciencias dormidas. Como la venta ilegal de medicamento, que mata cada día mientras se espera una ley nacional, que ataca como un verdadero "asesino serial" sin que nadie se digne tomar cartas en el asunto.
Pronto puede ser tarde, y como siempre, iremos detrás de las consecuencias. Pero tarde o temprano todos deberemos explicar qué hicimos desde nuestra trinchera para parar la guerra. Y ahí no ya no habrá tiempo para medidas de urgencia. "La dificultad es una excusa que la historia nunca la acepta", dijo alguna vez el presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy. Y se sabe que cuando la historia juzga, es tarde para lamentaciones.
MIRADA PROFESIONAL