miércoles, 23 de julio de 2008

LAS FARMACIAS PEQUEÑAS PUEDEN DESAPARECER, PERO LOS DINOSAURIOS…


LA ARGENTINA: EXTRAÑA PARADOJA DE TENER MÁS TRABAJO EN BLANCO Y MENOS POSIBLIDAD DE ELEGIR DÓNDE COMPRAR LOS MEDICAMENTOS.

Como venimos hablando en este espacio, el sistema de salud argentino tiene varias aristas para analizar y, por sobre todas las cosas, mejorar. En muchos aspectos es una especie de frazada corta, esas que cuando tapan la cabeza destapan los pies. En ningún tema, esta definición se ajusta tanto como en la problemática que deriva del aumento de la cobertura a través de las obras sociales sindicales. Porque desde la crisis de 2001, la paradoja se repite todos los años: a mayor trabajo formal, mayor cobertura de salud de este tipo, más concentración en la venta de medicamentos, lo que equivale a una menor posibilidad de elegir en qué farmacia comprar.Trataremos de diseccionar esta paradoja tan actual.


Para entender este problema hay que ir al fondo de la cuestión. Con la recuperación económica y el crecimiento del trabajo formal "en blanco", aumentó el número de personas que tienen algún tipo de cobertura médica. Pero este aumento, que en principio es un signo positivo para la sociedad, se vuelve en contra si miramos lo que pasa a la hora de comprar los medicamentos. Sacando las personas que no tienen ningún tipo de cobertura y dependen de la salud pública, más del 40 por ciento de los argentinos se atiende a través de las obras sociales. Si asumimos que estos dos grupos de pacientes mayoritarios (sin cobertura y con coberturas de salud de las obras sociales sindicales), sólo son una minoría, los que todavía pueden comprar sin descuentos y en efectivo; y a la vez, elegir en qué farmacia comprar.


Farmacias sin convenios, Farmacias kioscos.


Esto se da por la estrategia que las obras sociales asumen de restringir la compra de fármacos. Al hacer rígidas, selectivas y muy particular, las normas de elección de las farmacias que atenderán a sus afiliados. Este proceso de cartelización viene de la idea de "control de consumo" o sea lisa y llanamente: cuanto menos farmacias den la cobertura de descuento de medicamentos, menos es el "costo" que se tiene que pagar por afiliado. De esta manera, obligan al asociado a comprar donde ellos determinan, y los enfilan hasta el local elegido, lo que muchas veces desalienta la compra.

Algunos casos son sorprendentes, como una única farmacia en toda Capital Federal como tienen algunas obras Sociales. Esto fue el eje de la reciente disertación de Gustavo Santero, subgerente de Control Prestacional de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), en el Congreso Internacional Actualización y Gerenciamiento Farmacéutico. Allí, Santero habló del sistema de "receta caída": "tengo entendido, por auditorías que realizamos porque tuvimos denuncias de esto, y de hecho están en el Departamento Jurídico en este momento, que en algunos casos, por ejemplo de los crónicos, pusieron una sola farmacia para ser una clara barrera de falta de acceso a los medicamentos".Pero además, empujan a las farmacias y las convierten en cautivas al aceptar sus condiciones, para poder entrar a este círculo cerrado de oferta. Estas condiciones son casi extorsivas, e incluyen presiones para mayores bonificaciones o condiciones de pagos desfavorables.


¿Lo ves, lo entendés y qué hacés?

En los últimos años, esta situación se agravó ,con las prepagas aumentando las restricciones y las bonificaciones que le practican a las farmacias y al mismo tiempo, el Estado mediante la Superintendencia de Servicios de Salud, no interceder en las condiciones de mercado que imponen las Obras Sociales, las farmacias terminaron financiando los medicamentos para esos afiliados. Entonces, los farmacéuticos quedan en desventaja en relación a otros actores, ya que el mecanismo de compra implica comprar los medicamentos, pagarlos a los siete días, venderlos y cobrar el importe a las obras sociales, que pagan con un plazo que va de 60 a 100 días, para terminar cancelando el producto a un precio muy diferente al día de la venta (costo del dinero hasta el día de cancelación de la deuda). Esta deformación del mercado nace, de ese "síndrome de Estocolmo a la argentina" o sea enamorarnos de nuestros propios carceleros. Ya que aceptamos una estructura de farmacia que ahogada en sus costos (laborales, de servicios, de mayor stocks) no se puede prescindir de las condiciones que nos imponen los dueños de los convenios. Privados o sindicales. No se pueden perder pacientes-clientes.


¿Somos las farmacias independientes; desunidas sin interlocutores ni plan a seguir?


En materia de gastos, el sistema de las obras sociales sindicales es el que más peso tiene en el conjunto: tiene una facturación anual de 16.208.000 (año 2007) y para este año proyecta superar los 20.000.000, lo que representa un 31 por ciento del total de gastos de salud del país, que asciende a 51.730.359 de pesos (6,6 del PBI). Esto hace que tengan un capital por afiliado de 799 de pesos anuales. Pese a este flujo de fondos, cada vez hay mayor porcentaje de las prestaciones que deben ser financiadas por los afiliados o por el Estado. Esto se da por lo acuerdos que los sindicatos tienen con las empresas de medicina prepagas, "con lo cual desfinancian y empobrecen el sistema para los sectores que ganan menos en el mismo gremio, porque no son aceptados por mejores obras sociales o tienen que pagar aparte", dicen los especialistas.

Esto parece mostrar la necesidad de lograr una unificación del sistema de salud, que incluya una forma unificada de producir, prescribir y dispensar medicamentos, algo muy difícil si se tiene en cuenta que el país no cuenta con una ley nacional que regule la actividad. Esto, viene de hace tiempo, es parte de una puja histórica donde las obras sociales sindicales tienen una fuerte incidencia. Así lo afirma el sanitarista José Carlos Escudero, ex vicerrector de la Universidad de Luján: "las obras sociales y sus jefes, en la época final de Carrillo, sabotearon el sistema universal porque querían imponer un sistema de multiplicidad de carpas sindicales". Este sistema, para muchos un disciplinador social respecto de un Estado omnipresente, ató la salud al derecho de trabajo, algo que para Escudero fue "perverso".


No queremos medicamentos en los kioscos ni convertir a las farmacias en kioscos tampoco. Para todas las farmacias todos los convenios. Una receta única.


Nadie discute que el estado debe ser un promotor del trabajo formal e incluir a cada vez más gente en el sistema legal laboral. Para muchos, es hora de comenzar a pensar en un modelo único de receta, que evite estos desajustes y regularice esta situación. Para evitar los abusos y las picardías de algunos grupos económicos que nada tienen que ver con la salud pero que cada día se robustecen formando cadenas o conglomerados de farmacias al estilo chileno.

Debemos procurar una mejor atención en el área medicamentos deteniendo de una buena vez el ahogo de las pequeñas farmacias independientes. Impedir que la farmacia se convierta en verdaderos kioscos sin ningún contrato de obra social pública o privada. Ir por los convenios, discutirlos, bajar las "retenciones abusivas" (tan de moda) y universalizar la atención de todos ellos. Explicando que ningún profesional médico prescribe medicamentos a sus pacientes pensando en el número de farmacias que poseen los afiliados en las cartillas de su seguro de salud.

Habrá que enfrentar fuertes presiones. Tal vez una anécdota sirva para darse cuenta de la magnitud de esto. Cuando el ministro de Salud del presidente Perón, Juan Carlos Liotta, intentó crear un sistema nacional de salud, que iba a debilitar el poder de las obras sociales sindicales, sus asesores le advirtieron sobre la oposición de los gremios a esta ley. Liotta al parecer dijo que no "habrá problemas, porque somos todos peronistas". El día que el ministro mandó el proyecto a la legislatura, la CGT anunció que si ese proyecto se aprobaba, declaraban una huelga general. Una muestra de los males que todavía arrastramos.