
Este es un tema que ya hemos tocado. Si bien no hay números concretos, se estima que los farmacéuticos que trabajan en relación de dependencia son un poco más de la mitad de los profesionales matriculados. La desregulación de los 90 y la llegada de las grandes cadenas modificaron el panorama laboral, desmejorando sus condiciones laborales, que comenzaron a verse condicionadas por horarios cada vez más flexibles (y menos "normales") y un lugar menos protagonista en la estrategia y el manejo de los medicamentos. Ante esta situación, existen dos grandes nucleamientos sindicales, la Asociación de Empleados de Farmacia (ADEF) y la Federación Nacional de Empleados de Farmacia (FENAEMFA), más la Asociación Argentina de Farmacéuticos Hospitalarios (AAFH). Pero, también ya lo hemos dicho, los farmacéuticos prefieren su colegio profesional, como institución de representación.
En este panorama, los 90 (siempre los 90) trajeron una realidad hoy instalada y muy necesaria de mejorar: las formas de sociedades para fundar una farmacia. En la actualidad, en la provincia de Buenos Aires, entre las farmacias independientes cuyos dueños son farmacéuticos matriculados y las grandes cadenas existe un tercer modelo: el de la sociedad en comandita simple (en Capital Federal, además, se permiten las sociedades estilo SRL). Una sociedad en comandita simple es una sociedad comercial que se caracteriza "por la existencia de socios comanditados que responden por las obligaciones sociales y participan en la gestión y administración de la sociedad, y socios comanditarios que no participan en la gestión y cuya responsabilidad se limita al capital aportado o comprometido". En el caso de las farmacias, el profesional es el socio comanditado y el dueño del capital el comanditario.
En primera medida, esta sociedad tiene una especia de trampa legal, ya que el farmacéutico, al ingresar con un simbólico porcentaje del capital (el uno por ciento) queda involucrado como dueño del local, es decir, es también responsable comercial del destino del local, aunque en realidad no sea el que tome las decisiones. Además, es el responsable profesional del mismo. Esta situación es una carga adicional para el profesional, ya que además de la dirección técnica de la farmacia queda atado a los resultados comerciales, cuando en realidad no tiene real incidencia en estos. Porque la mayoría de los profesionales están cada vez más alejados de las decisiones en materia de compras y venta, y se los limita a su papel como profesionales. Entonces, la pregunta se cae de madura: ¿por qué atar al farmacéutico a la responsabilidad comercial?
Además, en su trabajo diario el farmacéutico pierde protagonismo en las decisiones, y queda incluso en situaciones incómodas que muchas veces ponen en peligro su futuro profesional. Porque si un dueño, por caso, decide comprar medicamentos robados, "truchos" o de dudosa procedencia, el farmacéutico se enfrenta a poder decir no, y quedar sin trabajo (y así igual asumir la pérdida comercial) o poner en juego su profesionalidad. Menos dramática pero más cotidiana, si quienes ponen capitales para abrir una farmacia comienzan a vender cada vez más elementos extra medicinales, a hacer de su local un verdadero "shopping con algunos medicamentos", qué posición debe tomar ese farmacéutico, qué posibilidad tiene de decir no.
La relación que establece la sociedad en comandita entre el farmacéutico y quién aporta los capitales debe ser modificada, ya que tiene demasiados puntos oscuros en especial en la posición como empleado del profesional. Tal vez un ejemplo sirva para aclarar este punto. Hace un tiempo un farmacéutico, socio comanditado de una farmacia, le reclama a su socio comanditario el registro de su contrato laboral (mediante ley 24.013), ya que cumple por lo menos 8 horas diarias de tareas varias, más guardias fin de semana de por medio, y cobra su salario en negro. La respuesta del socio comanditario es negarle esa relación laboral, y sólo reconocerlo como socio. Allí se plantea un litigio, que encierra una paradoja: si el socio no reconoce la relación laboral del farmacéutico, no puede tener el local abierto, ya que no se puede mantener abierta una farmacia sin un director técnico profesional (artículo 28 de la ley provincial 10.606); además, la ley de contratos laborales establece que "los socios que prestaren trabajo personal serán considerados como dependientes". Pese a esto, a tener la ley de su lado, se mantiene involucrado como dueño, sin posibilidad de acceder a sus derechos laborales y siempre expuesto a las peripecias comerciales que otros toman.
Desde hace un tiempo, de distintos sectores se viene dirigiendo acciones para llegar a una acción cardinal, como primer paso de un camino que debe intentar volver a las fuentes de la profesión, y hacer que el modelo de farmacia independiente recupere el terreno perdido. Para esto, es necesario por un lado una nueva ley de sociedades en comandita, en el marco de un objetivo más amplio: una Ley Nacional de Farmacia (el proyecto presentado hace un tiempo perdió estado parlamentario, por lo que se volvió en esta materia a "foja cero"). Esta nueva ley debe mantener al farmacéutico como eje central e insustituible de la propiedad de la explotación de la farmacia argentina, ya que su formación profesional asegura la trazabilidad y la correcta dispensa de los medicamentos, entre otros aspectos de su trabajo. Pero a la vez debe corregir las deformaciones que década tras década se viene dando con el arribo y la inclusión de nuevos farmacéuticos en relación de dependencia; y la imposibilidad de éstos de acceder a su propio local.
Volver al modelo de farmacia independiente es una tarea pendiente. Recuperar la total atención del rol profesional del farmacéutico en relación de dependencia es un primer paso. Pero es necesario lograr que los futuros profesionales puedan acceder a mejores condiciones que le permitan ser dueños, ya sea con incentivos institucionales o fiscales, planes de capitalización o créditos blandos. "Poner las cosas en su lugar", sería la consigna, y llamarlas por su nombre. Para que cada sector tenga lo que se merece, sin necesidad de imponerse por la fuerza. Porque recuperando la frase bíblica, ya sabemos qué puede pasar si el Cesar va por el imperio.
MIRADA PROFESIONAL


