jueves, 31 de julio de 2008

AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR Y A DIOS...


Este es un tema que ya hemos tocado. Si bien no hay números concretos, se estima que los farmacéuticos que trabajan en relación de dependencia son un poco más de la mitad de los profesionales matriculados. La desregulación de los 90 y la llegada de las grandes cadenas modificaron el panorama laboral, desmejorando sus condiciones laborales, que comenzaron a verse condicionadas por horarios cada vez más flexibles (y menos "normales") y un lugar menos protagonista en la estrategia y el manejo de los medicamentos. Ante esta situación, existen dos grandes nucleamientos sindicales, la Asociación de Empleados de Farmacia (ADEF) y la Federación Nacional de Empleados de Farmacia (FENAEMFA), más la Asociación Argentina de Farmacéuticos Hospitalarios (AAFH). Pero, también ya lo hemos dicho, los farmacéuticos prefieren su colegio profesional, como institución de representación.

En este panorama, los 90 (siempre los 90) trajeron una realidad hoy instalada y muy necesaria de mejorar: las formas de sociedades para fundar una farmacia. En la actualidad, en la provincia de Buenos Aires, entre las farmacias independientes cuyos dueños son farmacéuticos matriculados y las grandes cadenas existe un tercer modelo: el de la sociedad en comandita simple (en Capital Federal, además, se permiten las sociedades estilo SRL). Una sociedad en comandita simple es una sociedad comercial que se caracteriza "por la existencia de socios comanditados que responden por las obligaciones sociales y participan en la gestión y administración de la sociedad, y socios comanditarios que no participan en la gestión y cuya responsabilidad se limita al capital aportado o comprometido". En el caso de las farmacias, el profesional es el socio comanditado y el dueño del capital el comanditario.

En primera medida, esta sociedad tiene una especia de trampa legal, ya que el farmacéutico, al ingresar con un simbólico porcentaje del capital (el uno por ciento) queda involucrado como dueño del local, es decir, es también responsable comercial del destino del local, aunque en realidad no sea el que tome las decisiones. Además, es el responsable profesional del mismo. Esta situación es una carga adicional para el profesional, ya que además de la dirección técnica de la farmacia queda atado a los resultados comerciales, cuando en realidad no tiene real incidencia en estos. Porque la mayoría de los profesionales están cada vez más alejados de las decisiones en materia de compras y venta, y se los limita a su papel como profesionales. Entonces, la pregunta se cae de madura: ¿por qué atar al farmacéutico a la responsabilidad comercial?

Además, en su trabajo diario el farmacéutico pierde protagonismo en las decisiones, y queda incluso en situaciones incómodas que muchas veces ponen en peligro su futuro profesional. Porque si un dueño, por caso, decide comprar medicamentos robados, "truchos" o de dudosa procedencia, el farmacéutico se enfrenta a poder decir no, y quedar sin trabajo (y así igual asumir la pérdida comercial) o poner en juego su profesionalidad. Menos dramática pero más cotidiana, si quienes ponen capitales para abrir una farmacia comienzan a vender cada vez más elementos extra medicinales, a hacer de su local un verdadero "shopping con algunos medicamentos", qué posición debe tomar ese farmacéutico, qué posibilidad tiene de decir no.

La relación que establece la sociedad en comandita entre el farmacéutico y quién aporta los capitales debe ser modificada, ya que tiene demasiados puntos oscuros en especial en la posición como empleado del profesional. Tal vez un ejemplo sirva para aclarar este punto. Hace un tiempo un farmacéutico, socio comanditado de una farmacia, le reclama a su socio comanditario el registro de su contrato laboral (mediante ley 24.013), ya que cumple por lo menos 8 horas diarias de tareas varias, más guardias fin de semana de por medio, y cobra su salario en negro. La respuesta del socio comanditario es negarle esa relación laboral, y sólo reconocerlo como socio. Allí se plantea un litigio, que encierra una paradoja: si el socio no reconoce la relación laboral del farmacéutico, no puede tener el local abierto, ya que no se puede mantener abierta una farmacia sin un director técnico profesional (artículo 28 de la ley provincial 10.606); además, la ley de contratos laborales establece que "los socios que prestaren trabajo personal serán considerados como dependientes". Pese a esto, a tener la ley de su lado, se mantiene involucrado como dueño, sin posibilidad de acceder a sus derechos laborales y siempre expuesto a las peripecias comerciales que otros toman.

Desde hace un tiempo, de distintos sectores se viene dirigiendo acciones para llegar a una acción cardinal, como primer paso de un camino que debe intentar volver a las fuentes de la profesión, y hacer que el modelo de farmacia independiente recupere el terreno perdido. Para esto, es necesario por un lado una nueva ley de sociedades en comandita, en el marco de un objetivo más amplio: una Ley Nacional de Farmacia (el proyecto presentado hace un tiempo perdió estado parlamentario, por lo que se volvió en esta materia a "foja cero"). Esta nueva ley debe mantener al farmacéutico como eje central e insustituible de la propiedad de la explotación de la farmacia argentina, ya que su formación profesional asegura la trazabilidad y la correcta dispensa de los medicamentos, entre otros aspectos de su trabajo. Pero a la vez debe corregir las deformaciones que década tras década se viene dando con el arribo y la inclusión de nuevos farmacéuticos en relación de dependencia; y la imposibilidad de éstos de acceder a su propio local.

Volver al modelo de farmacia independiente es una tarea pendiente. Recuperar la total atención del rol profesional del farmacéutico en relación de dependencia es un primer paso. Pero es necesario lograr que los futuros profesionales puedan acceder a mejores condiciones que le permitan ser dueños, ya sea con incentivos institucionales o fiscales, planes de capitalización o créditos blandos. "Poner las cosas en su lugar", sería la consigna, y llamarlas por su nombre. Para que cada sector tenga lo que se merece, sin necesidad de imponerse por la fuerza. Porque recuperando la frase bíblica, ya sabemos qué puede pasar si el Cesar va por el imperio.

MIRADA PROFESIONAL

sábado, 26 de julio de 2008

Un mundo feliz: FARMA-SITIO


BUENOS AIRES, Julio de 2008: Imágenes de un futuro (cercano) de la profesión farmacéutica, en una ficción. Un homenaje con mucho respeto al maestro Aldous Huxley, que ya en 1932 daba pistas de algo que vivimos y tal vez no lo vemos todavía.




El bullicio monótono del bar apenas tapaba el sonido del televisor, que sobre la barra vigilaba a los parroquianos. Sentados de a tres o cuatro, los empleados departían entusiasmados sus tragos, unos blue angel de un azul profundo, mientras compartían comentarios sobre el último partido del seleccionado porteño. Todos tomaban el mismo trago, en todas las mesas los porotos de soja en vinagre hacían de aperitivo. Lautaro y Fidel entraron casi sin llamar la atención. Eran las 18 en punto. Pidieron, obviamente, dos blue angel. Mientras esperaban, el volumen del televisor se sobrepuso al ruido ambiente. "Buenos Aires, abril de 2011. Se perfila una nueva elección, y el candidato Arnaldo de Lorenzo tiene la mejor imagen entre los postulantes. Informó Noti-Sitio, la división informativa de Farma-Sitio". Nadie prestó atención. Sin embargo, Fidel se sobresaltó. "Te enteraste de lo que le paso a Xavier", preguntó, mientras arrastraba por la barra los tragos. Los ojos interrogantes del cantinero se clavaron en los dos empleados. "Sshh", fue la única respuesta de Lautaro, mientras se llevaba el dedo índice sobre los labios.

Una vez solos en la mesa, los empleados se aflojaron y tomaron un rato en silencio. Después de unos porotos, se limpiaron las manos y se miraron fijo. Los dos sabían quien era Xavier, qué hacía rato estaba con algunos problemas en su farmacia, y que apenas sobrevivía gracias a un puñado de vecinos que casi lo visitaban como una forma de mantenerlo en actividad.

-Cerró. Xavier cerró. Se cansó y largó todo. Era casi el último que sobrevivió a las dos hecatombes, la del 2001 y la última, la del 2010. Los dos empleados se quedaron en silencio. Xavier era uno de los últimos farmacéuticos que seguía operando por fuera del imperio de Farma-Sitio. Después de mucho resistir, había decidido cerrar, acorralado por las deudas y la presión que el gigante, que dominaba el 70 por ciento del mercado, hacia sobre su negocio. De nada le sirvió la capacitación, los cursos y los años de aprendizaje, del conocimiento y la dedicación. Sin posibilidad de competir contra el imperio, tuvo que cerrar. El de Xavier era un caso emblemático. Él había advertido esta situación hace mucho tiempo, fue uno de los primeros en denunciar como el imperio se iba quedando con los locales independientes, a fuerza de dinero. Él había denunciado como Farma-Sitio abría uno tras otro sus locales en los grandes centros; en Buenos Aires, en el conurbano y el interior de la provincia, Córdoba, Rosario, Mar del Plata. Iguales, imponentes, los locales se empezaron a multiplicar, a desequilibrar el mercado. Incluso cayeron algunas cadenas "menores", que no pudieron soportar la presión económica del gigante y perdieron sus locaciones en shoppins, supermercados y grandes cadenas de ventas. Xavier lo había advertido, pero nadie lo escuchó. Nadie respondió su llamado de unir los esfuerzos de los independientes. "Armar la resistencia" había dicho, y algunos se rieron. Pero él insistió. "No dejemos que los colegios de farmacéuticos queden como centros de capacitación, para formar de manera profunda y seria a profesionales que después no pueden tener su propio local", imploró.

-No se puede pelear contra el gigante. Mirá la mano que le dieron a de Lorenzo, para estar donde está -se consoló Fidel, mientras recordaba las palabras de Xavier. Ahora era tarde. Ahora Lautaro y Fidel estaban condenados a trabajar entre cosméticos y productos de perfumería. Porque mientras todos pensaban que Xavier era un exagerado, el gigante avanzaba. Se iba comiendo el mercado, se iba haciendo dueño de todo. "La resistencia", se reían de Xavier, pero este insistía. Farma-sitio esta quedando con los mejores locales, esta dejando a los barrios sin farmacias. Nos estamos regalando por nada", fueron sus últimas palabras, hace un tiempo, en un encuentro de capacitación. Después se apartó, para tratar de armar su propia resistencia.

Pedieron otro blue angel. Miraron el reloj. Casi las siete de la tarde. El turno de la tarde empezaba a las nueve, había tiempo. Sin saberlo, los dos pensaron lo mimo. La rutina del vestuario. La ropa blanca, impoluta, bien planchada, desplegada en el banco. El acrílico dorado con sus nombres, las lapiceras y el anotador. Vestirse, acomodar el cuello, en acrílico. Cerrar el casillero, caminar por el pasillo, pasar el control. El "perfecto" que le daba el encargado, mirando de costado si había sombra en la barba, si el pelo estaba lo suficientemente corto. La sonrisa forzada. El mostrador. El número de clave. La voz metálica de la máquina y su "bienvenido al sistema". Los dos sintieron la melancolía caer sobre los hombros. No dijeron nada. Apenas tomaron sus tragos y pidieron dos más.

Todavía se acordaban de cómo Xavier les hablaba de la baja de costos, de la baja de salarios, les hablaba de cómo el imperio iba a buscar reducir gastos a partir de los sueldos de sus farmacéuticos. "pauperizar la profesión", les decía. Y ellos le prestaban atención, por cariño nomás. Si hasta los otros colegas los cargaban "Ahí va el profeta y sus discípulos", decían cuando ellos pasaban. Cuando Xavier escuchaba se daba vuelta y los retrucaba: "profeta del Apocalipsis". No había vez que dijera eso que todos se mataban de risa. Pero Xavier seguía. "Ahora están por hacer acuerdo con las tarjetas de crédito.Veinticuatro pagos sin interés. Cómo competimos. Encima ahora vienen los descuentos estacionales y las promociones cuatro por uno. Porque tienen lazos con los grandes proveedores, los grandes fabricantes. Los condicionan. Pero se les fueron de las manos. El gigante creció demasiado, está haciendo su propio camino, y los laboratorios que le dieron de comer están viendo que ahora no hay forma de pararlo". Xavier insistía, pero nadie lo escuchaba.

Cuando iban a pedir la cuarta vuelta, el bar se quedó en silencio. Un par de encargados entraron, y todos los miraron. Iban con dos hombres de traje. "Políticos, seguro", dijo Fidel. "Gerentes y políticos", añadió Lautaro. Eran las nuevas alianzas del gigante, que seguía extendiendo sus influencias en todos los sectores del poder. Así, se entendía porque los laboratorios estaban un poco atados a los que hiciera el imperio. Estaban cautivos. "Poder económico y político", decía Xavier.

La última vez que habían visto a Xavier salían del bar, a la hora de siempre. Estaba con las manos en los bolsillos, caminaba despacio. Lo tuvieron que llamar varias veces para que los viera. Ellos estaban bastante alegres. Había sido una noche de varios blue angel. Ellos no paraban de hablar, de gritar, de reírse. Él los miraba. Cuando le dieron un momento, sacó del sobretodo un sobre. "Qué traes ahí, son títulos". "Los míos, los de toda la vida. Los de Atención Farmacéutica, los del posgrado, todos. Los voy a llevar a un lugar más seguro". Ellos se rieron. Xavier se fue.

Cuando salieron del bar faltaban unos minutos para las ocho de la noche. Hacia frío y el cielo estaba negro, como siempre. Caminaron hasta la puerta, marcaron sus números, entraron callados. "Bienvenidos a Farma-Sitio, un lugar para todos los gustos". La voz metálica era parte del ambiente junto a plasmas de 69 pulgadas encandilando las 1001 ofertas del día. Se cambiaron, marcaron, sonrieron, salieron. En la mano la foto del último asado con Xavier. En el fondo, el viejo local, el que había construido el padre, el que había trabajado él. Tres años del cierre. Casi no se acordaba de esos días. Ahora era otra cosa. Turnos rotativos, tragos en el bar del imperio, charlas informales con los compañeros. Apretó la foto y la tiró a la basura. Ya no necesitaba esos recuerdos. Empezaba su turno. Era feliz.

MIRADA PROFESIONAL

miércoles, 23 de julio de 2008

LAS FARMACIAS PEQUEÑAS PUEDEN DESAPARECER, PERO LOS DINOSAURIOS…


LA ARGENTINA: EXTRAÑA PARADOJA DE TENER MÁS TRABAJO EN BLANCO Y MENOS POSIBLIDAD DE ELEGIR DÓNDE COMPRAR LOS MEDICAMENTOS.

Como venimos hablando en este espacio, el sistema de salud argentino tiene varias aristas para analizar y, por sobre todas las cosas, mejorar. En muchos aspectos es una especie de frazada corta, esas que cuando tapan la cabeza destapan los pies. En ningún tema, esta definición se ajusta tanto como en la problemática que deriva del aumento de la cobertura a través de las obras sociales sindicales. Porque desde la crisis de 2001, la paradoja se repite todos los años: a mayor trabajo formal, mayor cobertura de salud de este tipo, más concentración en la venta de medicamentos, lo que equivale a una menor posibilidad de elegir en qué farmacia comprar.Trataremos de diseccionar esta paradoja tan actual.


Para entender este problema hay que ir al fondo de la cuestión. Con la recuperación económica y el crecimiento del trabajo formal "en blanco", aumentó el número de personas que tienen algún tipo de cobertura médica. Pero este aumento, que en principio es un signo positivo para la sociedad, se vuelve en contra si miramos lo que pasa a la hora de comprar los medicamentos. Sacando las personas que no tienen ningún tipo de cobertura y dependen de la salud pública, más del 40 por ciento de los argentinos se atiende a través de las obras sociales. Si asumimos que estos dos grupos de pacientes mayoritarios (sin cobertura y con coberturas de salud de las obras sociales sindicales), sólo son una minoría, los que todavía pueden comprar sin descuentos y en efectivo; y a la vez, elegir en qué farmacia comprar.


Farmacias sin convenios, Farmacias kioscos.


Esto se da por la estrategia que las obras sociales asumen de restringir la compra de fármacos. Al hacer rígidas, selectivas y muy particular, las normas de elección de las farmacias que atenderán a sus afiliados. Este proceso de cartelización viene de la idea de "control de consumo" o sea lisa y llanamente: cuanto menos farmacias den la cobertura de descuento de medicamentos, menos es el "costo" que se tiene que pagar por afiliado. De esta manera, obligan al asociado a comprar donde ellos determinan, y los enfilan hasta el local elegido, lo que muchas veces desalienta la compra.

Algunos casos son sorprendentes, como una única farmacia en toda Capital Federal como tienen algunas obras Sociales. Esto fue el eje de la reciente disertación de Gustavo Santero, subgerente de Control Prestacional de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), en el Congreso Internacional Actualización y Gerenciamiento Farmacéutico. Allí, Santero habló del sistema de "receta caída": "tengo entendido, por auditorías que realizamos porque tuvimos denuncias de esto, y de hecho están en el Departamento Jurídico en este momento, que en algunos casos, por ejemplo de los crónicos, pusieron una sola farmacia para ser una clara barrera de falta de acceso a los medicamentos".Pero además, empujan a las farmacias y las convierten en cautivas al aceptar sus condiciones, para poder entrar a este círculo cerrado de oferta. Estas condiciones son casi extorsivas, e incluyen presiones para mayores bonificaciones o condiciones de pagos desfavorables.


¿Lo ves, lo entendés y qué hacés?

En los últimos años, esta situación se agravó ,con las prepagas aumentando las restricciones y las bonificaciones que le practican a las farmacias y al mismo tiempo, el Estado mediante la Superintendencia de Servicios de Salud, no interceder en las condiciones de mercado que imponen las Obras Sociales, las farmacias terminaron financiando los medicamentos para esos afiliados. Entonces, los farmacéuticos quedan en desventaja en relación a otros actores, ya que el mecanismo de compra implica comprar los medicamentos, pagarlos a los siete días, venderlos y cobrar el importe a las obras sociales, que pagan con un plazo que va de 60 a 100 días, para terminar cancelando el producto a un precio muy diferente al día de la venta (costo del dinero hasta el día de cancelación de la deuda). Esta deformación del mercado nace, de ese "síndrome de Estocolmo a la argentina" o sea enamorarnos de nuestros propios carceleros. Ya que aceptamos una estructura de farmacia que ahogada en sus costos (laborales, de servicios, de mayor stocks) no se puede prescindir de las condiciones que nos imponen los dueños de los convenios. Privados o sindicales. No se pueden perder pacientes-clientes.


¿Somos las farmacias independientes; desunidas sin interlocutores ni plan a seguir?


En materia de gastos, el sistema de las obras sociales sindicales es el que más peso tiene en el conjunto: tiene una facturación anual de 16.208.000 (año 2007) y para este año proyecta superar los 20.000.000, lo que representa un 31 por ciento del total de gastos de salud del país, que asciende a 51.730.359 de pesos (6,6 del PBI). Esto hace que tengan un capital por afiliado de 799 de pesos anuales. Pese a este flujo de fondos, cada vez hay mayor porcentaje de las prestaciones que deben ser financiadas por los afiliados o por el Estado. Esto se da por lo acuerdos que los sindicatos tienen con las empresas de medicina prepagas, "con lo cual desfinancian y empobrecen el sistema para los sectores que ganan menos en el mismo gremio, porque no son aceptados por mejores obras sociales o tienen que pagar aparte", dicen los especialistas.

Esto parece mostrar la necesidad de lograr una unificación del sistema de salud, que incluya una forma unificada de producir, prescribir y dispensar medicamentos, algo muy difícil si se tiene en cuenta que el país no cuenta con una ley nacional que regule la actividad. Esto, viene de hace tiempo, es parte de una puja histórica donde las obras sociales sindicales tienen una fuerte incidencia. Así lo afirma el sanitarista José Carlos Escudero, ex vicerrector de la Universidad de Luján: "las obras sociales y sus jefes, en la época final de Carrillo, sabotearon el sistema universal porque querían imponer un sistema de multiplicidad de carpas sindicales". Este sistema, para muchos un disciplinador social respecto de un Estado omnipresente, ató la salud al derecho de trabajo, algo que para Escudero fue "perverso".


No queremos medicamentos en los kioscos ni convertir a las farmacias en kioscos tampoco. Para todas las farmacias todos los convenios. Una receta única.


Nadie discute que el estado debe ser un promotor del trabajo formal e incluir a cada vez más gente en el sistema legal laboral. Para muchos, es hora de comenzar a pensar en un modelo único de receta, que evite estos desajustes y regularice esta situación. Para evitar los abusos y las picardías de algunos grupos económicos que nada tienen que ver con la salud pero que cada día se robustecen formando cadenas o conglomerados de farmacias al estilo chileno.

Debemos procurar una mejor atención en el área medicamentos deteniendo de una buena vez el ahogo de las pequeñas farmacias independientes. Impedir que la farmacia se convierta en verdaderos kioscos sin ningún contrato de obra social pública o privada. Ir por los convenios, discutirlos, bajar las "retenciones abusivas" (tan de moda) y universalizar la atención de todos ellos. Explicando que ningún profesional médico prescribe medicamentos a sus pacientes pensando en el número de farmacias que poseen los afiliados en las cartillas de su seguro de salud.

Habrá que enfrentar fuertes presiones. Tal vez una anécdota sirva para darse cuenta de la magnitud de esto. Cuando el ministro de Salud del presidente Perón, Juan Carlos Liotta, intentó crear un sistema nacional de salud, que iba a debilitar el poder de las obras sociales sindicales, sus asesores le advirtieron sobre la oposición de los gremios a esta ley. Liotta al parecer dijo que no "habrá problemas, porque somos todos peronistas". El día que el ministro mandó el proyecto a la legislatura, la CGT anunció que si ese proyecto se aprobaba, declaraban una huelga general. Una muestra de los males que todavía arrastramos.

martes, 8 de julio de 2008

EDITORIAL 7 de julio 2008: La Argentina de los opuestos


Algunas reflexiones sobre un país de guapos, de la falta de diálogo, de teléfonos cortados, de mediáticas solicitadas que no solucionan nada y empeoran la situación aun más y otras formas del antagonismo compadrito.
En la antigüedad, existía un gobernador de una zona del interior de China famoso por la justicia de sus fallos. Lo conocían como "el rey justo", y desde muchas regiones del imperio llegaban para pedirle consejo y asesoramiento. Cierta vez, dos hermanos muy enemistados se acercaron a su corte. Estaban disputando la herencia de su padre, un campo de muchas hectáreas, y no se ponían de acuerdo en su división. Ambos querían quedarse con lo mejor del terreno, con la zona con más arroyos o con los lugares más fértiles para cultivar y criar ganado. Como ninguno quería ceder acudieron al "rey justo". Este pensó un minuto y luego le dijo a uno de ellos: "tu dividirás el terreno como te parezca". Ese hermano sonrió, y pensó en hacer una gran frontera donde de un lado quedarías los arroyos y las praderas, y del otro lado las ciénagas y los pantanos. El rey, mirando al otro hermano, le dijo "pero serás tú quien elija primero qué lado del terreno te quedarás". Ambos entendieron el mensaje del rey, agradecieron y marcharon a su campo, para dividirlo en partes iguales.


La enseñanza de esta historia, si es que tiene una, es que sólo poniéndonos en el lugar del otro, tendiendo puentes de diálogos entre las partes, se puede llegar a una solución a la hora de enfrentar dos posiciones antagónicas. En esta Argentina de los polos opuestos, las disputas desmedidas y las opiniones crispadas, la necesidad de mejorar las instancias de diálogo se hacen imperiosas. En muchos aspectos, el país sufre la falta de ese "rey justo" que pueda acercar dos opuestos, no sólo con la sabiduría de sus decisiones sino con la capacidad de generar consenso entre las partes que acepten sus fallos.


Para empezar a entender qué está pasando en estos días de enfrentamiento constante en el país, hay que buscar las raíces de este antagonismo casi visceral que afecta cada vez que a grupos o personas que deben ponerse de acuerdo. Primero, hay que enfatizar que detrás de los intereses sectoriales se encuentra el bien común. El diálogo es, en muchas formas, la base de la democracia, una respuesta cultural a la evolución de la civilización que comenzó en las cavernas, donde la respuesta violencia era una cuestión "natural", y que avanza hacia formas menos antagónicas y con más matices. Este diálogo es en definitiva un procedimiento de resolución de conflictos basado en la argumentación dialéctica de posiciones antagónicas que puedan dar lugar a una alternativa superadora y compartida.


Pero la pregunta es cómo se fomenta este diálogo entre opuestos, en ideas e intereses. A mediados del siglo pasado, el pensador austriaco Martín Buber creó lo que se llama "la filosofía del diálogo". Según Buber, "el diálogo como logos o inteligibilidad se produce a través de la palabra y a través de ésta se abre un inmediato ámbito de la realidad que es el mío y el tuyo. Es decir que yo abro al ser de la palabra en relación contigo y tú te abres al ser de la palabra en relación conmigo". Esta idea abre una realidad bifronte entre el Yo y el Tu, que se comunican a través del lenguaje, entendido como fuente de consentimiento. La filosofía del diálogo de Buber se funda en que cada persona confirma a la otra como valor único y las relaciones indirectas o utilitarias, en las que cada persona conoce y utiliza a los demás pero no los ve ni los valora en realidad por sí mismos. Si bien está basada en la relación de Dios con el hombre, esta filosofía abre el diálogo entre partes, incluso en aquellas situaciones donde una de ellas está "ausente" como Dios.


Ahora bien, cuando el diálogo no prospera, se genera el conflicto, que en sí mismo no es bueno ni malo. Si Copérnico no hubiera confrontado con la iglesia, tal vez seguiríamos creyendo que la Tierra es el centro del universo. El problema con el enfrentamiento entre las partes es que alejan al resultado final de la discusión de la verdad. En estos casos, la situación necesita de un tercero, que institucionalizado como autoridad o imparcial, debe hacer respetar las resoluciones de este diálogo. En el caso de nuestra actual situación, este lugar lo ocupa el Estado. Como Ortega y Gasset, entendemos el Estado como "una técnica, de orden público y de administración", debe institucionalizar la forma de superar esos conflictos que prolongados en el tiempo, terminan desvirtuando el camino emprendido, que no es otro que el de la verdad social.


Martin Heidegger señaló en tiempos de la Alemania nazi que "no hay posibilidades de elegir entre alternativas diferentes, eso pertenece al individualismo liberal y superficial. Esa elección está precedida de todo un dolor que está detrás y que los empuja a enfrentarse no con la solución que pensaban que la tenían en la mano, sino a enfrentarse con el enemigo, la elección de una alternativa es siempre antagónica, esto quiere decir: si yo elijo éste camino, tengo que saber que al elegirlo, enfrente está el enemigo, es decir que no hay elección de alternativa, hay elección de trinchera". El resultado de esta filosofía fue la maquinaria asesina que puso al mundo al borde de la aniquilación.


Cuando se habla de salud o educación, entendidos como bienes comunes o sociales, la necesidad de lograr la mejor situación para la mayoría es primordial. Pero la verdad no es una cuestión de mayorías, sino de consensos. Si como dijimos el diálogo es la base de la democracia, es esta la que nos permitirá llegar a la verdad. Entonces, cada vez que dialogamos, que buscamos consensuar una medida o una propuesta, no sólo ejercemos la democracia, sino también nos acercamos a la verdad. Cuando se logró aprobar la Ley de Medicamentos de 1964, conocida como "ley Oñativia", en homenaje al ministro de Salud del gobierno de Arturo Illia, Arturo Oñativia, se consensuó con la mayoría de los sectores, y se puso el acceso a la salud como eje de los fundamentos. La ley cayó mal entre sectores económicos, pero surgió de un diálogo franco entre quienes componían el arco sanitario nacional. No pudo sostenerse, pero ese es otra discusión.


La búsqueda del bien común y la verdad compartida, de generar diálogos entre las partes es una aspiración fundamental. Estamos lejos. Volviendo al "rey justo" del comienzo de esta nota , si es que usted llegó estoicamente a este final de nota, la versión argentina es un tanto preocupante. En su libro "Mis olvidos Lo que no dijo el General Paz en sus memorias", Dalmiro Saenz reconstruye aquella historia con una mirada crítica al país. Al parecer, preso de los Federales, el General Paz miraba por la ventana de su celda como dos hermanos discutían por los terrenos que su padre muerto les había dejado. Eran mazorqueros, y eran en ese momento los guardias de Paz. Desde su celda, el general unitario les cuenta la historia del "rey justo", de la separación de bienes y de ponerse en el lugar del otro. Mientras Paz hablaba, aprovechando el descuido de uno, el otro mazorquero le pegó una puñalada, miró al general y le dijo: "asunto solucionado". Es una ficción, pero sirve; debería ayudarnos a entender de donde vienen parte de nuestros problemas.


MIRADA PROFESIONAL