
El aspecto económico del mercado negro de los medicamentos tiene tres caras visibles. Por un lado, recomponer las consecuencias que estos medicamentos "truchos" trae a la salud de las personas, por otro, los impuestos que el Estado deja de recaudar, los gastos que le ocasiona al sistema sanitario, público y privado, y por último, cómo los robos encarecen los seguros a droguerías y farmacias.
La venta informal de fármacos crece todos los días, ya sea a través del denominado "canal K" (venta en kioscos, almacenes o en la vía pública) o con la utilización de Internet. Se estima que en Argentina se consumen unas 30 millones de cajas de medicamentos ilegales. Esto significa 30 millones de medicamentos que llegan a las manos de los ciudadanos sin control y en dudosas condiciones de almacenamiento, lo que representa un alto costo para la salud de la sociedad. El precio de este riesgoso negocio es elocuente: cada año se mueven unos mil millones de pesos sólo en nuestro país. En el mundo, según las conclusiones alcanzadas en la Conferencia Internacional sobre la lucha contra la Falsificación y la Piratería, que se llevó a cabo en noviembre del 2007 en nuestro país, se estima que el 10 por ciento del mercado mundial de medicamentos es falsificado, cifra que asciende al 20 por ciento en los países más pobres. Estos números generan una alarmante proyección: en el 2010, si se mantienen las cosas como están, las ventas de medicamentos falsificados ascenderán a 75.000 millones de dólares.
La clave pasa por establecer la obligatoriedad de que las presentaciones medicinales sean vendidas en farmacias. Aquí, hay un doble control: económico, a través de los agentes de recaudación, y sanitario por parte de la autoridad de contralor que tienen las agencias nacionales que vigilan la calidad de los fármacos. Según el ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires los medicamentos más falsificados del año 2000 para acá son la Novalgina, Buscapina, Migral, Sertal compuesto y diferentes gotas para la nariz.
Si bien los medicamentos no pagan IVA en su etapa final de venta, sí pagan Ingresos Brutos, cosa que no hace, obviamente, los que se venden de forma ilegal. Con este dinero, por ejemplo, la provincia podría construir 10 hospitales de niños por mes, como los que inauguró el sábado pasado en la ciudad de Tandil, con 25 camas de internación, aparatología de última tecnología, 2 quirófanos, 4 camas para unidad de terapia intensiva pediátrica, además de consultorios de vacunación, radiología y áreas de esterilización. Un buen motivo para que el Estado cumpla con su trabajo de control. Para mantener a la población a salvo de riesgos innecesarios y para brindar los servicios.
En segundo lugar, los gastos que se generan en el sistema de salud los males causados por la ingesta de medicamentos falsificados o adulterados. Según las estadísticas, la mala ingesta de fármacos, ya sea fuera del canal legal o sin el asesoramiento de un profesional, causa 700 muertes y unas 100 mil internaciones. Esto es, más gastos para el sistema de salud, tanto público como privado. Por eso varios organismos están trabajando para lograr una mejor prevención y educación, para evitar que los casos lleguen a estos extremos. Por ejemplos, ya hubo jueces que dieron curso a amparos presentados por particulares para que tanto obras sociales como el Estado provean de medicamentos e insumos para tratar determinadas enfermedades. Es que la justicia comenzó a ponderar que sale más caro para el sistema sanitario atender las consecuencias de no realizar un tratamiento o hacerlo con medicamentos falsificados que proveer de ellos a los pacientes. De esta manera, se intenta evitar la doble tragedia de tener que recurrir al mercado negro y de sufrir sus consecuencias.
En tercer lugar, el crecimiento del mercado negro de medicamento hizo que las bandas delictivas que se dedican a los robos de medicamentos sean cada vez más poderosas y sofisticadas. Con una "trazabilidad paralela" muy bien preparada, las bandas actuales, dicen las fiscalías de Capital Federal, tienen una demanda muy específica, lo que hace que den golpes bien preparados y dirigidos a determinados productos. En este momento, en Argentina robar un medicamentos es igual a robar cualquier otra mercadería, pese a los riesgos terrible que implica. Por esto, la policía y la justicia no dan especial atención a estos delitos, por lo que muchas instituciones buscan modificar la ley para que robar un remedio quede enmarcado en la ley de Delitos contra la Salud Publica. Estas bandas, equipadas con chalecos antibalas, handies y armas con mira infrarroja, atacan tanto cuando la mercadería está en movimiento como en las propias farmacias. En el 2006, sólo en la ciudad de Buenos Aires, se robaron casi 100 de estos locales, más de la mitad virtualmente desvalijadas. Además, estos robos encarecen considerablemente los seguros que pagan todos los miembros de la cadena farmacéutica. Esto, o descapitaliza las farmacias que no pueden trasladar estos nuevos gastos a los precios finales.
El Estado debe y le conviene mejorar los controles, y así comenzar a desactivar este mercado negro que sigue creciendo y amenaza con volverse una verdadera pandemia sanitaria. Porque este mal ya es un "asesino serial" que cada día se cobra alguna víctima inocente. Y todo por la enorme fortuna que genera. En la saga de Hannibal Lecter (El silencio de los inocentes) creada por Thomas Harris, dos veces el caníbal doctor estuvo a punto de caer, pero la avaricia de sus perseguidores terminó liberándolo de la cárcel. Que sirva de lección para nuestro monstruo, que crece al amparo de la ilegalidad, y que si no lo detenemos, seguirá combinando muerte e impunidad.
MIRADA PROFESIONAL