A partir de la década del 90, gracias a un Estado ausente que decidió entregar a las reglas del mercado casi todos los sectores de la economía, los consumidores quedaron expuestos a arbitrariedades de todo tipo. Cuando de medicamento se trata, la política estatal es casi nula, lo que deriva en una despiadada lucha por las ventas, donde los grandes laboratorios terminan asfixiando al resto de sus competidores. El mercado de medicamentos de Argentina es lo más parecido a un oligopolio. Según un estudio de Carlos Vassallo y Rodrigo Falbo realizado para el ministerio de Salud de la Nación, existen en nuestro país unos 250 laboratorios, que sobre la base de unos 2.000 principios activos ofrecen al mercado 9.600 productos comerciales. En este panorama, la concentración de ventas es grande: este estudio estimó que los 20 laboratorios más grandes del país representan más del 60 por ciento de las ventas. A diferencia de lo que sucede en Latinoamérica, las firmas nacionales tienen gran importancia, y de hecho representan el 52 por ciento del mercado (ver recuadro). Pese a ser un área muy sensible para los intereses de la comunidad, el mercado de medicamentos se mueve como un mercado más, donde la oferta y demanda priman más que las políticas sanitarias.
"El mercado de medicamentos se asemeja más a los mercados tradicionales, en donde primero aparece una instancia de producción, la cual es anterior a la llegada del medicamento al mercado, y luego éste se distribuye, dispensa y consume. En este sentido el mercado de especialidades medicinales muestra distancia de lo que sucede en los mercados de servicios, como por ejemplo el de prestaciones de salud, donde el producto y la actividad de producción se dan al mismo tiempo", sostienen Vassallo y Falbo. Además, los investigadores advirtieron que "el mercado de medicamentos adolece de un severo problema de información. En éste se establecen relaciones entre los agentes donde, en la mayoría de los casos, impera la información asimétrica. Esta característica hace que se viole uno de los supuestos principales asumidos por el modelo competitivo".
Sin embargo, un trabajo realizado por Mónica Panadeiros y Santiago Urbiztondo para la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia admite que si bien la oferta de productos farmacéuticos en la Argentina observó en los últimos años "una tendencia hacia una mayor concentración", para el conjunto del sector ésta aún no resulta elevada. Para esto, los investigadores afirmaron que el denominado Índice de Concentración (escala de rango para medir posiciones dominantes en la industria) que en 1988 se ubicaba en 230, en 1999 no superaba el nivel de 260. A partir del 2000, pese a que los gobiernos firmaron varios acuerdos para mantener fijos los precios de los medicamentos (en especial con Néstor Kirchner en la presidencia) no hubo evidencias de que el marcado siguiera este proceso de "desconcentración" que marcan Panadeiros y Urbiztondo. Al contrario, se profundizaron las diferencias.
Con este esquema de concentración, es difícil evitar una política de precios arbitraria. De hecho, los márgenes de ganancias de los productores de medicamentos son tan grandes que alcanzan el 33.000 por ciento, una cifra astronómica que es el inicio de una cadena que abre la puerta a la dominación monopólica. Así lo denunció un informe de la Asociación de Agentes de Propaganda Médica (AAPM), que sostiene que los márgenes de ganancias, comparados incluso con otros países como España, "son escandalosos". AAPM puso como ejemplos drogas como Omeprazol, piroxicam, amlodipina, nifedipina, o enlapril, donde la relación entre el kilo que compra el laboratorio y lo que sale en la farmacia varia entre un 4.000 y un 12.000 por ciento. Así, la industria logró una facturación en 2006 de 8.074 millones pesos, superando la de 2001 de 3.652 millones, lo que demuestra que ya están superando los niveles de rentabilidad en dólares de la etapa de convertibilidad.
Con este margen de ganancias, los laboratorios se aseguran espacio para negociar el ingreso a los vademécum de las prepagas, las obras sociales y el PAMI, que hoy representa el 20 por ciento de la demanda de medicamentos. Por esto, los laboratorios se aseguran margen de maniobra y pueden disponer a su antojo de descuentos y "precios especiales" para algunos sectores y regiones y para otros no, empujando a las farmacias a caer en las redes monopólicas como única alternativa para mantener la competitividad. Además, a diferencia de lo que pasa en Brasil o Europa, la industria y las empresas farmacéuticas fijan el precio de acuerdo a su libre albedrío sin ser analizados, monitoreados y regulados por ninguna instancia del sector salud del Estado nacional.
"No cabe dudas de que el tipo de comportamiento vigente de las empresas productoras de medicamentos es el resultado de la ausencia de un marco regulatorio del Estado que imponga condiciones que atiendan el interés público en un área estratégica para la salud de la población y para gestar condiciones de desarrollo tecnológico de punta", sostuvo Ricardo Peidro, secretario adjunto de AAPM. En los últimos tiempos, la única medida para romper con parte del monopolio fue la Ley de Genéricos, que intenta dar posibilidades a los pacientes a la hora de comprar sus remedios. Sin duda, el mercado se comporta de manera extraña. Desde hace años, la cantidad de unidades de medicamentos vendidas en la Argentina disminuye pero la facturación crece de manera sostenida.
La discrecionalidad en los precios hacen que algunos sectores paguen más caros sus medicamentos, o que la Capital federal posea descuentos que no existen en el interior. Un ejemplo sirve para ver la magnitud del hecho. Hace tiempo que los farmacéuticos de Misiones vienen denunciando que los medicamentos argentinos cuestan hasta un 75 por ciento más caros en esa provincia que en Paraguay. En una denuncia presentada ante el Senado de la Nación, expusieron que en Posadas un medicamento cuesta hasta tres veces más que en Asunción del Paraguay. En la denuncia consta que "el Ibupirac en Argentina cuesta 19 pesos la caja y en el país vecino 3,5 (en la misma fecha)".
No son pocos los que anuncian que el país va en camino al modelo de mercado de medicamento que tiene en la actualidad Chile, lejos del proceso de descentralización que vive Europa, por ejemplo. En el país trasandino, dos laboratorios extranjeros y cuatro nacionales controlan el 40 por ciento del mercado. Pero la mayor concentración en Chile se da en la comercialización. Las cuatros cadenas más importantes de farmacias (SyB, Ahumada, Cruz Verde y Conosur) mueven el 82, 4 por ciento del mercado, una cifra preocupante y desmedida. De esta manera, un puñado de personas decide qué medicamentos toma y a qué precio toda la población, con una notable ausencia del Estado.
Si como divulgó Federico Tobar en Boletín Fármacos en América Llatina dos tercios de los gastos en medicamentos provienen de los bolsillos de los propios pacientes, podemos entender quienes son los más perjudicados en este esquema de mercado. Por ende, los sectores de menores ingresos destinan el 70 por ciento de sus gastos en salud sólo a comprar medicamentos. Lejos de los descuentos en la cadena de producción, y lejos del interés del Estado. Donde los que menos tienen pagan más. Una situación que debe ser salvada pronto.
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