
La crisis del 2001, que produjo un cimbronazo en toda la estructura del país, llevó al sistema sanitario argentino al borde del colapso. En ese contexto, gran parte de la población se quedó no sólo al margen de la atención, dependiendo exclusivamente de hospitales y centros públicos, sino que perdió la capacidad de comprar medicamentos. La recuperación económica, junto con algunas leyes esenciales en el campo de los fármacos (Ley de Genéricos, Patentes, Plan Remediar) devolvieron la estabilidad al mercado. En todo ese proceso, mucho tuvieron que ver los laboratorios de origen nacional, que recuperaron terreno respecto a las grandes multinacionales y hoy dominan el mercado, generando puestos de trabajo de calidad en el país. El 52 por ciento de los medicamentos que se venden en el país son de origen nacional, contra el 48 restante que se realiza a través de firmas extranjeras. El mercado de fármacos de nuestro país es uno de los más importantes del mundo. De hecho, Argentina es el cuarto país del mundo en consumo de medicamentos por persona, con un promedio de 186 dólares anuales. Esta cifra hace que la disputa entre las firmas por una posición ventajosa a la hora de comercializar sus productos sea a veces despiadada. Este mercado que viene viviendo la paradoja de aumentar sus ganancias (144 por ciento desde la crisis) pero disminuir sus ventas en cantidad de unidades (20 por ciento menos). El crecimiento de la industria de medicamentos locales se dio gracias a la modificación de la ley de Patentes, que se produjo en diciembre de 2003. Si bien para muchos especialistas las modificaciones introducidas a la legislación en la práctica implicaban que los capitales multinacionales del mercado de la industria farmacéutica sean los principales beneficiarios, la nueva norma permitió a los laboratorios nacionales comenzar a competir en igualdad de condiciones con sus pares de capitales extranjeros. El cambio fundamental fue que para extender una patente a 20 años (ya sea una carga de prueba, el patentamiento de microorganismos, patentes transitorias y protección de datos de pruebas contra un uso comercial ilegal u otra variante) los laboratorios deben producir ese nuevo producto en el país. En la práctica, esta modificación, que en América sólo figura en la legislación de Brasil y Uruguay, impidió que los laboratorios extranjeros desplazaran sus plantas u otras instalaciones a países con menor costo de producción, ya sea por mayores descuentos impositivos o por ventajas cambiarias o mano de obra barata. Los cambios a la ley de Patentes se hicieron sobre la base del acuerdo alcanzado por Argentina y Estados Unidos en la Organización Mundial del Comercio (OMC), bajo la presidencia de Eduardo Duhalde, y si bien amplía los derechos sobre las patentes, obligó a los laboratorios a producir en el país. Pese a esto, esta ley fue siempre rechazada por el gobierno norteamericano y varios países europeos, aunque como señala el Centro Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA), la obligación de fabricación local está prevista el la legislación de países como Holanda, Gran Bretaña, Italia, Francia y Brasil, por nombrar algunos. La modificación de la ley en Argentina evitó lo que sucedió otros países americanos. Aquellos países que no incluyeron esa cláusula (la obligación de producir en el país donde se pretende patentar) sufrieron una fuerte desinversión, como es el caso de Chile, de donde se fueron los doce laboratorios de capitales internacionales que había. Otro tanto pasó con Perú, de donde se retiraron quince laboratorios, y con Colombia, donde cerraron sus plantas nueve compañías de capitales extranjeros. Esta modificación, a la vez, frenó otra práctica de los laboratorios extranjeros: la importación de medicamentos. Un informe de CILFA es contundente al respecto, e informa que las importaciones de los laboratorios extranjeros pasaron del 12 por ciento en 1992 a 43 por ciento 10 años después, y de no producirse la modificación legislativa llegarían al 100 por ciento en otra década. Es decir, la ley evitó la sustitución de la producción local por importaciones. Esta situación fue denunciada en su momento ante la Cámara de Diputados. El diputado del FREPASO Rafael Flores, que presentó durante el gobierno de la Alianza un proyecto de modificación de la ley, señaló que "si no se exige a los laboratorios extranjeros que fabriquen acá, van a levantar las plantas y se van a ir a producir donde les salga más barato". Tanto Brasil como Uruguay previeron el problema e incluyeron en sus legislaciones cláusulas que obligan a las multinacionales a fabricar los medicamentos en sus países para obtener la patente". Al momento de modificar la Ley de Patentes, los laboratorios nacionales denunciaron que 15 de los 40 laboratorios extranjeros que operan en el país sólo se dedicaban a importar productos. La recuperación del sistema de medicamentos nacionales se completo con la adopción de la ley de Genéricos y el Plan Remediar, que en la práctica le dio cobertura a 54 presentaciones que representan el 80 por ciento de las consultas médicas. En este nuevo panorama, los laboratorios nacionales comenzaron a producir en igualdad de condiciones, aportando inversión y comenzando el proceso de equilibrio de la balanza comercial de medicamento, que sigue por ahora negativa (más importaciones que exportaciones) pero que ya se transformó en un mercado de 450 millones de dólares anuales. Además, la inversión significa mano de obra. El mejor ejemplo es el futuro Polo Farmacéutico de Villa Soldati, un proyecto que se espera esté finalizado a fin de este año y demandará una inversión de unos 150 millones de pesos y generará unos 600 puestos de trabajos de manera directa y 2000 de manera indirecta. El polo estará ubicado en un predio en 21 hectáreas delimitadas por las avenidas Escalada, General Francisco Fernández de la Cruz y la calle que corre en forma paralela a las vías del Ferrocarril Metropolitano. Con estas medidas, el país se aseguró una mejor distribución de los medicamentos, recuperando los niveles de compra anteriores a la crisis y la devaluación. La ley de Patentes, que en la práctica contiene más limitaciones que incluso la de los Estados Unidos, evitó que muchos laboratorios emigraran por caso a Brasil, aprovechando su condición de socio mayor del MERCOSUR. Si bien el mercado argentino está lejos de ser de importancia incluso en Latinoamérica -los principales productores son México (34 por ciento), Brasil (30), Argentina (9) y Venezuela (9) -la producción de medicamentos ya alcanzó el 7 por ciento del valor agregado industrial del país, lo que significa que sigue generando empleo y ampliando su abanico de influencia. Con el tiempo, y gracias a una mejor intervención del Estado, puede seguir creciendo y terminar este proceso que beneficia a la producción local de nuestro país.
MIRADA PROFESIONAL
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