Se estima que en Argentina, el gasto público en Atención Primaria de la Salud (APS) asciende a 1.988 millones de pesos, lo cual representa un 23,8 por ciento del total de lo gastado por le Estado. De este monto, el 61,3 por ciento provienen del ámbito municipal, el 25,4 del provincial y sólo el 19,3 corresponde al gobierno nacional. Los gastos se realizan a través de muchos planes y programas de atención, que abarcan todas las temáticas y los factores que hacen a la APS. Pero llama la atención que ninguno de estos programas incorpore a su esquema de trabajo uno de los integrantes con mayor presencia de campo en los barrios: LAS FARMACIAS.
Según cifras oficiales, existen en nuestro país 12.000 farmacias habilitadas. En muchos casos, estos locales llegan a zonas donde la APS está ausente, como barrios periféricos o regiones alejadas. Si pensamos que un establecimiento puede recibir unas 100 visitas diarias, la cantidad de personas que consultan sobre diversos temas de salud al farmacéutico está a la vista. La formación profesional del farmacéutico le da una mirada amplia sobre la APS, y puede dar una eficaz orientación higiénico-sanitaria, para disimular los problemas actuales de la atención en Argentina. Para Carlos García, del departamento de Medicina Familiar de la Unidad de Medicina Familiar y Preventiva del Hospital Italiano, "la atención primaria en Argentina pasa por un momento de extrema debilidad". "Estos tiempos la hallan sin liderazgo ni representantes que lo asuman, faltan organizaciones sólidas que asuman el compromiso de hacerla trascender y cumplir con sus postulados. Las voluntades individuales, sin duda, no alcanzarán. Las políticas coyunturales, de corto plazo o personalistas tampoco", criticó García. Entonces, por qué desaprovechar una red de profesionales con llegada a todos los barrios, que además -y esto no es poca cosa -goza de la confianza de la gente.
La atención farmacéutica se basa, según el informe de la reunión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizada en Japón en agosto de 1993, en "un concepto de práctica profesional en el que el paciente es el principal beneficiario de las acciones del farmacéutico". Para la organización, esta atención es "el compendio de las actitudes, los comportamientos, los compromisos, las inquietudes, los valores éticos, las funciones, los conocimientos, las responsabilidades y las destrezas del farmacéutico en la prestación de la farmacoterapia". Pero si bien esta primera definición se centra en la farmacoterapia, en la declaración final de aquel encuentro se acordó extender el radio de acción de la atención farmacéutica al público en su conjunto. Por primera vez, la OMS reconoció al farmacéutico "como dispensador de atención sanitaria que puede participar activamente en la prevención de la enfermedad y la promoción de la salud", dividiendo las acciones del profesional farmacéutico entre las relacionadas con el paciente y con la comunidad.
Antes que la OMS, la Federación Internacional Farmacéutica (FIP) ya había desarrollado el marco teórico para legislar de alguna manera los servicios de las farmacias, que ya hacía foco en la necesidad de una atención más amplia dentro de los locales. En su manual "Buena Práctica Farmacéutica (GPP) en las farmacias comunitarias y hospitalarias", la FIP reconoció al farmacéutico como proveedor de atención sanitaria, por lo que debe "participar en la detección sistemática de problemas sanitarios y aquellos que significan un riesgo para la población, participar en campañas de promoción de la salud y prevención de las enfermedades dirigidas a la población y mantener informadas a las personas, para que puedan tomar decisiones acertadas en cuanto a su salud". Ambas declaraciones, la de la FIP de 1992 y la de la OMS de 1993 fueron consensuadas por ambas organizaciones en un documento conjunto en 1995. Pese a que pasaron casi 15 años de esto, en Argentina los programas en APS siguen ignorando a la farmacia y a sus profesionales como centros sanitarios donde desarrollar una política eficaz.
Volviendo a la red farmacéutica, a diferencia de Europa, que utiliza sus farmacias para realizar no sólo prevención sino encuestas y todo tipo de distribución de información, en nuestro país se sigue ignorando el canal. Según un trabajo de Carlos Vassallo, en todo el territorio argentino hay 1.450 establecimientos de APS, que producen al año 5.563.991 consultas médicas (más 820.324 odontológicas). Comparadas con el potencial de la red de farmacias (sólo 1.200.000 visitas diarias estimadas), la diferencia está a la vista. Además, Vassallo identifica una práctica en los pacientes que puede ser corregida con la incorporación de la farmacia al sistema de APS. En base a un estudio la consultora Graciela Romer & Asociados, el 87 por ciento de los pacientes en la provincia de Buenos Aires concurre directamente al hospital sin recurrir previamente a los centros de atención de primer nivel, porque o bien no conocen estos centros o porque consideran mala la atención que allí se da. Estos factores, junto a otros (la falta de profesionales en los centros, el tiempo de espera para ser atendidos), profundizan la necesidad de generar programas para incorporar a la farmacia al esquema de APS.
En octubre de 1984, la provincia de Tucumán sancionó la ley 5652, que creó el Sistema Provincial de Salud (Si.Pro.Sa.), con la idea de descentralizar la atención sanitaria en todo el territorio provincial. Para esto creó los Centros de Atención Primaria de Salud (CAPS), cuya finalidad fue atender a un sector de la población que se encuentra en "alto riesgo" por factores económicos, higiénico-sanitarios, educacionales y sociales. Los CAPS fueron integrados, según la ley, por médicos (clínicos, pediatras, ginecólogos), enfermeras, odontólogos, asistentes sociales y administrativos. Claudia Sanz y María Eugenia Mothe, de la facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de esa provincia, advirtieron en un estudio que "el punto en común en todos los CAPS es la ausencia del profesional farmacéutico, único responsable reconocido legalmente para el manejo del medicamento". Por eso, pidieron que se reconozca "el papel del farmacéutico en el área ambulatoria de los CAPS", y que se lo incorpore de manera total "lograr insertar y revalorizar su misión donde el paciente será el primer beneficiario".
Otro ejemplo, esta vez positivo, es el que protagonizaron las farmacias de Lanas, cuando realizaron su campaña de vacunación contra el Tétanos. Más de las 100 farmacias se adhirieron a esta campaña preventiva, que fue un paso para lograr el objetivo que se planteó el Colegio Profesional: que se considere a la farmacia como un centro de atención sanitaria. "Frente a la actual crisis y colapso que vive el sistema de salud, la gente va directamente a la farmacia a preguntar qué puede hacer frente a tal o cual malestar", resumió El Dr. Alejandro Dahl ex Director del Hospital Alende de Lomas de Zamora. Si la Ley de Genéricos le dio un protagonismo importante al farmacéutico, es necesario que su incorporación a la atención primaria sea inmediata. Para poder potenciar esta red que alcanza a todos los barrios.
MIRADA PROFESIONAL