jueves, 27 de noviembre de 2008

El Estado reemplazado por las ONGs.


El estado esta ausente del sistema de salud. Cómo y quién lo fue reemplazando sin nungún control ni articulación con las políticas oficiales. La importancia de establecer los límites de cada quién y los "descuidos" de algunos sectores vinculados a la promoción de productos aprovechando la ausencia y el desprestigio de la red sanitaria oficial.

A mediados de octubre, una campaña publicitaria sobre la vacunación del papiloma humano (VPH) realizada por la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (LALCEC) desató una fuerte polémica y encendió la luz de alarma sobre cierto accionar de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) en el rubro salud. En el mentado aviso, Araceli González y su hija Florencia Torrente invitaban a vacunarse contra el VPH como forma de prevenir el cáncer de cuello uterino. Inmediatamente, desde el ministerio de Salud de la Nación salieron al cruce de la campaña, al afirmar que "la mejor manera de prevenir el cáncer de cuello de útero es alentar la realización del test de Papanicolau (PAP), que detecta alteraciones en las células del cuello uterino y permite tratarlas rápidamente antes de que evolucionen hacia un cáncer letal" (comunicado oficial del ministerio, 22 de octubre de 2008). Varios integrantes de LALCEC debieron admitir que la campaña se hizo "con ligereza", y muchos sospecharon la mano del laboratorio que financió la movida publicitaria (justamente uno de los principales productores de la vacuna) detrás del "error". Pero el episodio permitió desnudar un especia de "zona gris" en el accionar de las ONGs dedicadas a la salud.

Desde hace tiempo, ya sea para el estudio de una enfermedad, para la contención de pacientes o simplemente para la difusión de algún mal se forman entidades no gubernamentales o de bien público. Someramente, una ONG puede definirse como una organización legalmente constituida que fomenta y fortalecen la participación ciudadana, con fines comunitarios y sin fines de lucro. En América latina y en especial en la Argentina, Bernardo Kliksberg, asesor principal del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo para América, les da un doble rol: "reguladores éticos y fuerzas potenciadoras del emprendedurismo social" (Diario La Nación, 17/03/07). Estas características, sumadas al descrédito que el Estado como impulsor de políticas sociales se ganó en el último tiempo, terminó por poner en manos de las entidades gran parte de las herramientas preventivas creadas por fuera de los aparatos gubernamentales. Con fuerte financiación externa, la ONG comenzó a llegar a donde el Estado estaba ausente. De hecho, en muchos casos lo reemplazó.

Cuando suceden casos como el de LALCEC la pregunta surge inmediatamente: ¿cómo controla el Estado ese enorme caudal de recursos, ideas y dinero que la sociedad civil y el mundo privado deriva hacia el sector ONG? El alcance de la difusión de una campaña de este estilo (con una top model como González y todos los elementos del marketing a su disposición) pueden en cuestión de horas hacer mucho daño a la salud de una comunidad, pueden lograr -en caso de manejar conceptos erróneos -en cuestión de horas un efecto que años de políticas públicas apenas pueden soñar. Si la "no presencia", la "no planificación" en materia de salud fue el esquema implementado en la década del 90 por el modelo neoliberal, la actual ausencia del estado en materia de salud no está muy lejos. Como nunca ocurrió en el país, la falta de políticas articuladas en la materia termina por dejar a miles de personas en manos de las ONG, que cubren esta ausencia estatal sin el control necesario.

Hospitales colapsados, unidades sanitarias desguarnecidas, entrega de medicamentos deficitaria. Esta es la dura realidad de la actuación del Estado en materia de salud. Esto empuja a la sociedad a buscar alternativas. En este sentido, desde hace un tiempo viene ganando protagonismo una nueva figura de ONG, cada vez con mayor incumbencia en el armado de políticas públicas: las asociaciones de pacientes. Desde la Asociación Argentina de Fibrosis Quística hasta "Concebir", que reúne a parejas con problemas de fertilidad, este sector viene creciendo en el país y el mundo, al punto que ya existe una Alianza Internacional de Organizaciones de Pacientes (IAPO, según sus siglas en inglés), que nuclea a 4 mil organizaciones y reúne a 365 millones de pacientes de todo el mundo. "No brindan atención de la salud ni buscan suplantar al Estado, sino que fomentan la equidad en el acceso a la atención sanitaria para que se cumpla con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y uno de los derechos humanos básicos como es el derecho al acceso a la salud", define sobre estas ONGs Enrique Silver, secretario de la Junta Directiva de IAPO entre 1999 y 2007 (Periodismo Social, septiembre de 2008).

El peligro de esta situación es que este "supra-Estado", paralelo y sin control, termine utilizando normas propias para la implementación -o su reclamo -de políticas públicas. Porque detrás de muchas ONGs está el financiamiento privado, las corporaciones económicas, incluso los intereses de gobiernos por "determinadas" ONG`s. No son pocos los casos de directivos de grandes empresas apadrinando entidades, lo que puede sin duda influenciar en el accionar de la ONG en su tarea diaria. El ejemplo de LALCEC y la campaña del VPH sirve para graficar esta idea.

Nadie pone en discusión la importancia del trabajo del tercer sector en el ámbito sanitario. La gente acude a ellas por mayor credibilidad e incluso recursos más versátiles. Pero incluso este potencial puede mejorar si se articulan mejor sus trabajos, incluyendo también al estado. Esto no significa perder la independencia de criterios respecto del ámbito público, sino garantizarla e incluirlas en un verdadero proyecto de salud. No hay una salud pública y una privada. Toda salud es pública. Existen, eso sí, una gestión oficial y una gestión privada. La encrucijada es: cómo articularlas.

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jueves, 6 de noviembre de 2008

El hambre de Moby Dick


Los griegos consideraban que las paradojas eran la grieta por donde el mundo -por lo menos el terrenal -podía llegar a su fin. Es que una idea paradojal termina por encerrar un círculo del que es imposible salir, un callejón sin salida de donde no se puede avanzar, ni retroceder. Si una paradoja se profundiza, termina por colapsar. Algo de esto hay en el mundo farmacéutico que se vienen dando en estos tiempos de concentración y asimetrías, donde una normativa nacida para defender los intereses de los más chicos puede ser, en este contexto, una especie de "salvavidas de plomo".

Uno de estos casos en la actual normativa que rige en la provincia de Buenos Aires sobre la locación de locales de farmacias. Según la ley, debe haber un local farmacia cada 3 mil habitantes de cada localidad, y distanciadas por lo menos unos 300 metros unas de otras. Pensada con un enorme espíritu sanitarista, la norma busca defender al local independiente y comunitario, además de garantizar la llegada de la dispensa a todos los barrios y todos los sectores. Pero en estos días donde los grandes capitales se vuelcan al negocio farmacéutico con voracidad llamativa -incluso en esta época de recesión y contracción del crédito -la ley puede volverse contra su propio interés.

Es que cada una de estas grandes cadenas ganan día a día, más porciones del mercado. Se estima que por ejemplo, el 30 por ciento de las farmacias factura el 80 por ciento del total de los ingresos que se genera de un gran prestador como PAMI. Es más, en un centro urbano de envergadura como Lanús, con 500 mil habitantes aproximados, una sola farmacia tiene el 40 por ciento del mercado de medicamentos dispensados en todo municipio. Un gran número, que habla de la concentración que existe en el sector. Ganado el mercado, a fuerza de capitales, la ley nacida para defender al "pez chico y al espíritu sanitarista" termina beneficiando al "pez grande y su visión descarnada sobre el mercado de farmacias".

Ahora bien. Usted podrá decir si desde este espacio estamos por la abolición de la norma, de transformar la provincia a lo que hoy es Capital Federal, una zona libre para la instalación de grandes cadenas. No, no es esa la intención, pero muchas veces repensar una ley (o sus efectos inmediatos) es la mejor forma de defenderla. Además, ¿no están ya las cadenas instaladas en nuestras avenidas? ¿Ya no está abierta la puerta?, ¿ no se construyeron por compra de farmacias ya instaladas nuevas farmacias como parte de una cadena?

Otra paradoja de igual sentido se da con las bonificaciones que las farmacias están obligadas a hacer, ya sea para las obras sociales o las tarjetas de crédito. Su carácter de confiscatorio -para usar una palabra tan de moda en los medios gracias al conflicto del agro -y su arbitrariedad hace que sea imperioso discutir con los otros sectores una rebaja, pero no en condiciones generalizadas. Es que si, supongamos, las Instituciones lograran una rebaja del 2 por ciento en los puntos que se bonifica al PAMI en el mostrador, los beneficios, así dados sin ninguna discriminación, tienen un efecto dispar. Ese 2 por ciento representa, en una farmacia de barrio, de 200 a 400 pesos, equivalente a lo que paga un farmacéutico por su jubilación o su matrícula. En las grandes cadenas, ese 2 por ciento puede traducirse en 20 mil a 40 pesos. Otra vez la paradoja, otra vez el beneficio pensado para el chico termina ayudando al grande.

Con esas ganancias que se entregan, las grandes cadenas pueden comprar una farmacia independiente por mes, pueden acrecentar su poderío en el mercado y así seguir castigando al modelo sanitarista de farmacia profesional. Y lo hace, paradójicamente, con una herramienta pensada para defender al "más chico".

Estas no son ni ideas cerradas ni conceptos definitivos. Son aportes a una discusión que creemos por lo menos ausente en el sector. No se pide que se eliminen las normas, sino que se piensen. Y para eso estas líneas abiertas a la discusión de todos. Frente al espejo la imagen de la farmacia protegida por las normas actuales puede devolver una deformada realidad de lo que sucede.

Obsesionado con la ballena que le hizo perder la pierna, el capitán Ahab recorrió los mares del mundo buscando venganza. Creía tener una causa justa, matar a Moby Dick. Tras de sí arrastró a su tripulación, que murió por seguir a su líder en lo que creía una causa justa. Si bien Hernan Melville escribió su novela clásica pensando en lo trágico del destino humano, en como un ideal noble puede convertirse, exacerbado, en una tragedia, su simbolismo sirve para pensar que pasa con estas dos paradojas del mundo farmacéutico. Como "lo justo" puede cambiar, por los matices de la realidad, y volverse contrario a su espíritu original. No está mal pensarlo, para evitar que lo que fuera una herramienta de protección termine siendo, a su pesar, una nueva condición de pauperización para un sector que ya está golpeado. Antes de que la ballena termine por hacer naufragar el barco.



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jueves, 23 de octubre de 2008

Los tiburones y la suerte


La noticia se perdió entre los titulares sobre la crisis bursátil y el superclásico dominguero, pero desnuda una realidad preocupante que hace tiempo afecta al sector de la salud. Según las últimas cifras, "hoy las cadenas de farmacias ya representan el 10 por ciento del mercado en cuanto a la cantidad de locales y se llevan el 30 por ciento de la facturación del sector, que alcanza a 9000 millones de pesos por año" (Diario La Nación, lunes 20 de octubre de 2008). El crecimiento de las cadenas en todo el país sigue de la mano del deterioro de la farmacia independiente, profesional y de barrio, que asfixiada por el aumento de los gastos y la competencia desleal que genera el canal ilegal, cierran a un ritmo de 10 a 20 por mes.

Desde hace tiempo, estas grandes cadenas profundizaron el conceptos de "farmacias shopping", lugares estandarizados donde los medicamentos deben "competir" contra otros productos por un espacio en la góndola, bajo reglas más vinculadas al marketing y las necesidades económicas que a una política sanitaria dedicada a la atención del paciente. En este sentido, con un contexto de estabilidad y dólar favorable, en los últimos años cada vez más fondos inversores se volcaron a este sector, con el consiguiente crecimiento. De hecho, Farmacity, una de las grandes cadenas con más de 100 locales, pertenece al fondo de inversión Pegasus, que regenteó en su momento Freddo o Musimundo, nada más lejos de las cuestiones sanitarias, que fueron abandonadas a su suerte una vez que dejaron de ser rentables.

En estos momento, los fondos están entrando cada vez más fuerte en las ciudades, con emprendimientos que superan los 400 mil dólares. Esto contrae el mercado, acaparando las ventas y dejando al sector independiente acorralado. Es más, en algunas zonas del interior del país, la situación es límite. En Resistencia, por ejemplo, según el Colegio de Farmacéuticos local el 20 por ciento de los locales pertenecen a grandes cadenas nacionales y extranjeras, el doble que a nivel nacional, con una facturación que supera el 70 por ciento del total. Así, en esa ciudad la farmacia independiente está apunto de desaparecer. En Capital Federal, otro triste ejemplo, desde que se desreguló el sector y llegaron megacadenas trayendo aparejado el cierre de cerca de 170 farmacias independientes, de las 1.600 que había en la ciudad antes de la llegada de las cadenas.

El caso de Mar del Plata es testigo de cómo esta situación avanza sin que se tome dimensión de sus riesgos. En estos momentos, en el centro o en la Avenida Constitución se planifican y construyen emprendimientos al estilo de las farmacias de los estados Unidos: salones de venta enormes, pulcros, donde el medicamento convive con toda clase de otros productos. Es más, como sucede en otros lugares, las cadenas aprovecharán las ventajas de volumen (que les permite comprar y vender a mejores precios) y sus lazos con los laboratorios para ofrecer un paquete de ofertas que está muy lejos del que puede conseguir la farmacia profesional, ya sea descuentos excepcionales (que direccionan la elección del paciente), facilidades de pagos e incluso el sorteo de automóviles y electrodomésticos. Del rol del farmacéutico y la política sanitaria, ni noticias.

Esta tendencia sólo puede ser revertida con una regulación adecuada, como ocurre en otras partes del mundo. Los dos extremos sobre cómo actuar con la concentración del mercado están muy cerca, casi a la vista. El caso chileno, donde cuatro cadenas concentran casi el 90 por ciento del mercado, dejando a muchas localidades sobre todo del interior del país sin dispensa de medicamentos, sería el caso negativo. El positivo, por lo menos por ahora, se da en España, donde el sector farmacéutico resiste el intento de la Unión Europea de liberar la instalación de grandes cadenas, desregulando las normas dirigidas para controlar el sector. Mientras tanto aquí en La Argentina no es motivo de debate ni de planeamiento de estrategias sobre qué hacer -unión de las farmacias independientes- por parte de la profesión farmacéutica. Quedando profesional y comercialmente librada a la suerte de cada uno.

Estos megaemprendimientos de oficinas de farmacia utilizan prácticas para sus lugares de ventas basadas en la construcción de un paradigma de bienestar. Las "farmacias shopping" son lugares iguales, pulcros, luminosos, pensados y montados para satisfacer esta necesidad. Marc Augé, pensador francés, define estos espacios como "no lugares, espacios del anonimato". Aeropuertos, complejos cinematográficos y cadenas de shopping, organizados para olvidar y perder la identidad, son parte de este concepto. Las consecuencias de que las farmacias se vuelvan "no lugares" son peligrosas. Según Augé, "estos no lugares sin historia afectan nuestras representaciones del espacio, nuestra relación con la realidad y nuestra relación con los otros. La identidad se construye en el nivel individual a través de las experiencias y las relaciones con el otro". Nada más lejos del verdadero rol de la farmacia profesional, nada más impersonal y lejano de las necesidades de los pacientes. El presente va ganando por goleada a la profesión y al farmacéutico independiente. La pregunta es: El dios de la suerte seguirá atendiendo o cerrará sus persianas en un tiempo más.



MIRADA PROFESIONAL

jueves, 9 de octubre de 2008

Demasiado tarde para lágrimas.


Como un tsunami que amenaza con golpear el sistema financiero del mundo, la crisis económica desatada en Estados Unidos y Europa se propaga por todo el planeta, alcanzando la forma de "pandemia", llevada a térmicos sanitarios. Las medidas tomadas para frenar la crisis, con el millonario salbataje norteamericano como eje central y la baja de la tasas de interés como último gran paso, no pueden detener el desplome de las bolsas y la sangría de fondos que los centros financieros vienen sufriendo. Como era de esperarse, la Argentina no está exenta de esta crisis financiera mundial, y pese a los reiterados anuncios del gobierno nacional sobre la salud financiera del país, los efectos comenzaron a notarse en el día a día. No sólo en materia económica, sino también en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Entre ellos en el rubro salud.

Según los especialistas económicos, la crisis está causando un "efecto dominó" que alcanzará -si todavía no lo hizo -todos los aspectos de la economía, en cada rincón del planeta. La baja del petróleo, la caída de la actividad económica, el peligro de recesión, la caída del precio de la soja, entre otras, son las consecuencias más visibles de la actual situación. Menos analizadas, otros aspectos como la salud o la atención social quedan tapadas por las urgencias financieras, pero cada día profundizan las grietas que se van generando por la crisis.

¿Qué pasa en el país con el sistema sanitario en medio de la crisis? Con un escenario de estancamiento y recesión como el que vaticinan la mayoría de los pronósticos, el país deberá afrontar una contracción en el gasto público, en especial por la caída de la recaudación. Esto tendrá consecuencias directas en el suministro y los gastos que el estado realiza en salud en particular, ya que es uno de los presupuestos con menos margen de maniobra por lo importante de los gastos y lo escaso de los recursos. En el contexto general, La Argentina estaba desacelerando su economía más allá del contexto internacional. En parte como Brasil, depende de los commodities agrícolas, lo que la deja atada a la suerte que las grandes potencias sufran durante el tsunami financiero.

Además, más allá de la macroeconomía, las finanzas y de la negociación política de alto nivel, la crisis afecta las economías domésticas en las cuestiones simples. El miedo a una situación de quiebre como la de 2001 -y se sabe que nada genera más miedo que una historia conocida que amenaza con repetirse -hace que las familias decidan evitar gastos no previstos, indispensables e inevitables. Fuentes consultadas al respecto advierten que el sector de la medicina prepaga, que desde la anterior crisis hasta ahora perdió cerca de un millón de afiliados (entre los que no pudieron pagar y los que recuperaron su trabajo y volvieron al sistema de obras sociales sindicales), podrían ser los primeros grandes perjudicados del sector.

En estos momentos no existen números concretos respecto a la caída de la venta de productos relacionados con la salud. Pero con los antecedentes de 2001, se puede estimar el impacto de la crisis de estos días. Según la consultora IMS, que el sector de la salud de todo el mundo usa como referencia, entre julio de 2000 y julio de 2001 la venta en la Argentina de remedios recetados cayó un 5,63 por ciento. Pero la caída llegó al 20 por ciento según otras fuentes, si se tiene en cuenta la venta de los OTC.

En Europa, donde la crisis está haciendo estragos en las bolsas y los bancos, los efectos sobre los medicamentos y la salud ya son evidentes. En Madrid, por ejemplo, el Colegio Oficial de Farmacéuticos local (COFM) informó que a partir de agosto de este año, cuando comenzaron las primeras olas de la crisis, la venta en farmacias cayeron un 15 por ciento, mientras que el gasto público en prescripciones dispensadas en las farmacias por parte del Sistema Nacional de Salud (SNS) cayó un 8,17 por ciento (madridiario.es, miércoles 8 de octubre).

En cuanto a las farmacias, la situación puede complicarse si la crisis se profundiza con el tiempo. El ahogo financiero que se viene dando en el sector, asfixiado por el aumento de los gastos, los pagos diferidos, la falta de efectivo en los pagos de las prestaciones de la seguridad social, la presión de las bonificaciones y la contracción de las ventas empeoraría si como se prevé el sistema pierde liquidez. Esto es, si el circulante de dinero se reduce, la gente tiene una natural tendencia a recortar gastos, lo que repercutirá en las ventas de los medicamentos. Si en mayo y junio de este año se denunció que el ritmo con que las farmacias bajan las persianas llegó a 40 por mes, el escenario de crisis planta un panorama bastante desalentador.

Un mercado inelástico como el de los medicamentos, que trabaja sobre la necesidad de su uso, suele sufrir con las crisis económicas consecuencias cualitativas más que cuantitativas. Nuevas costumbres de consumo, la postergación de la compra de las prescripciones privilegiando a los menores de la familia; reemplazo de las primeras marcas, son parte de las estrategias que la gente usa cuando la "sensación de crisis" avanza sobre el horizonte. Por ahora todo parece cercano, latente, los hospitales en crisis terminal de insumos y recursos. Un impacto que pegará, tarde o temprano en la salud general de la población. No hay peor generador de enfermedad que la miseria y la salida del sistema. Será la virtud de los que anticipando las concecuancias empiezen a preparar en un plan de contingencia, tan rápido y efectivo como sea necesario.



MIRADA PROFESIONAL

viernes, 26 de septiembre de 2008

Ambigüedad en la publicidad de los medicamentos


En el mundo de los medicamentos, esta situación de ambigüedad publicitaria se da de muchas formas y en casi todos los sectores que lo componen. Pero hay un ejemplo claro que es necesario analizar. La Buscapina es uno de los antiespasmódicos más populares del mercado, marca insignia de los laboratorios Boehringer Ingelheim. Desde que la Norma le cambió la calificación, este medicamento calificado como "venta bajo receta" paso a ser un producto OTC, es decir, de venta libre. Pero un detalle que pasa casi desapercibido en su nueva caja de presentación encendió algunas alarmas de ojos entrenados. Cuando pertenecía a la primera categoría, en mensaje del laboratorio era claro: "Venta exclusiva en farmacias". Ahora, con su nueva categoría OTC, esa consigna simplemente desapareció.

¿Qué pasó en el medio? La primera aclaración necesaria es que según la ley, cuando un medicamento es de venta libre, esto significa que no es necesaria la prescripción médica para adquirirlo, pero para nada afirma que esa "libertad" significa que pueda ser vendido en cualquier lugar, en cualquier ámbito. Esta diferencia es fundamental para entender la problemática que desde hace tiempo se viene denunciando en este espacio. La aparición de Buscapina y toda clase de medicamentos en estaciones de servicios, kioscos, almacenes, ferias y en la calle tiene que ver con muchos factores, entre ellos, esta ambigüedad que la ley genera y que es aprovechado para esta pequeña "picardía", que sería sólo eso, si no estuviéramos hablando que contribuye a aumentar un grave problema que afronta contra la salud pública: El medicamento ilegal.

Para que quede claro, OTC o venta libre, pese a lo que muchos proponen, no es libertad absoluta. La propia ley lo prohíbe. Según una resolución de la Administración Nacional de Medicamentos y Aplicaciones tecnológicas (ANMAT) "como consecuencia de la sanción del decreto 2266/91, que alcanzó a todos los bienes y servicios que se ofrecían en el país, los medicamentos de venta libre pueden ser expendidos tanto en farmacias como fuera de éstas (supermercados, quioscos o estaciones de servicio). Sin embargo, algunas provincias como Buenos Aires, Mendoza y Santa Fe no refrendaron la vigencia de la ley, por lo cual dentro del territorio de éstas sólo pueden ser expendidos en farmacias". Simple y claro.

En este pequeño cambio, que mostramos en la foto, hay una diferencia casi semántica en la "cajita", que se ve a simple vista. En una sociedad como la nuestra, con esta cultura tan proclive a romper las leyes, es una tentación demasiado grande. El famoso decreto firmado por Domingo Cavallo en los 90 liberalizó la venta de OTC, a tal punto que le abrió la puerta a oportunistas y delincuentes que nada tiene que ver con el mercado de los medicamentos, con esta forma particular de violar la ley, o aprovechar alguna grieta sutil para poder vender más en más lugares de consumo.

La cultura de lo ambiguo hacen convivir a una marca líder con un producto trucho, e incluso pone en juego la reputación de una empresa como el laboratorio Boehringer Ingelheim. No hay necesidad de que un producto como la Buscapina N, reconocido por su calidad en el tratamiento médico, abandone su hábitat natural, la farmacia. Qué tipo de publicidad es para el laboratorio que los pacientes adquieran su producto en condiciones desfavorables, donde pueden estar vencidos o deteriorados. Incluso, esa necesidad de marcar las dosis individuales para poder fraccionarlos como si fueran caramelos sin poder leer detras de cada dosis, el número de lote, partida y fecha de vencimiento. A quién creen que va a culpar la gente cuando el medicamento le haga mal a alguien, al feriante que lo vendió o al laboratorio que lo fabricó.

Las pequeñas grietas que el sistema deja son aprovechadas por el mercado informal, que hace todo lo necesario por crecer a la sombra de esta ambigüedad. Mientras la educación y las campañas de concientización no logren desactivar esta fragilidad en las normas y en la conducta criolla de la "avivada", es necesario, por lo menos en materia de medicamentos, ser más taxativos, más rígidos en los controles y así acotar el poder de daño del medicamento que vive, se desarrolla y progresa en los lugares mas impensado de la marginalidad.

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viernes, 19 de septiembre de 2008

Culto a la imprevisión


De cómo la clase política -de cualquier orden- va detrás de los hechos. De cómo nosotros admitimos e incorporamos esa costumbre de la falta de previsión y cómo afecta a nuestra vida cotidiana. De las variedades de funcionarios y dirigentes que son exelentes disertadores de los casos consumados; y a su tiempo, de casos cerrados por el olvido.

"Llorar sobre la leche derramada" es una frase bien criolla, no sólo porque tiene una fuerte raíz de campo típica de este nuestro país, sino sobre todo porque parece una actitud muy argentina ante los problemas que desde siempre golpean nuestra Nación. Esto de lamentarse ante el hecho consumado puede ser un "infantilismo" de nosotros como sociedad, poco acostumbrada a tener una actitud protagonista en material social, con consecuencia preocupantes para la vida democrática diaria. Pero si se trata de los funcionarios o el mismo Estado, estamos ante una actitud cuanto menos peligrosa y con rasgos suicidas. Un ejercicio didáctico y muy sencillo puede ilustrar esto. Usando el buscador Google, se puede incluir la frase "falta de previsión" y consultar en páginas argentinas. Los resultados son abrumadores. Inundaciones, narcotráfico, salud, economía, en casi todos los ámbitos de la vida diaria alguien acusa al Estado -representado por el gobierno de turno -de no ver o no tomar medidas ante un problema, hasta que este ya generó lamentable consecuencias.


Siempre detrás de los hechos

A qué se debe esa carrera sin sentido que se juega cada día en La Argentina que va detrás de los hechos consumados. En el caso del triple crimen de General Rodríguez, que desnudó un mundo oscuro vinculado al tráfico de drogas, falsificación de medicamentos y otros delitos, la pregunta es perfectamente aplicable. Eran necesarias las muertes, la instalación de distintos cárteles extranjeros capaces de cometer los más horrendos crímenes para tomar medidas. Si como dijo la senadora del Frente para la Victoria Sonia Escudero, "el SEDRONAR advirtió en abril de este año que el país había quintuplicado su importación de efedrina" (Otro tema, 16 de septiembre de 2008), porque recién luego de que el tema tomó notoriedad pública se comenzó a trabajar al respecto. La sensación que queda, pensando todo con la mejor buena intención, es que nadie presta el mas mínimno cuidado a determinados controles, hasta que es demasiado tarde.

A partir del hecho en si, el gobierno puso a trabajar a varios organismos en el tema. Desde ahora, serán responsables de la importación y comercialización de efedrina y otros precursores químicos: el ministerio de Seguridad (que coordina las fuerza federales como Gendarmería o Prefectura, además de la Policía Federal), el SEDRONAR, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), entre otros organismos, tratando de trabajar en conjunto para detener esto que parece otra pajuerana carrera mirándole la nuca a los acontecimientos.

Al margen que la medida parece a destiempo, en medio de una interna entre la posición "despenalizadora" del ministro Aníbal Fernández y la oposición que genera en las autoridades de los organismos de control que actúan contra las adicciones, tampoco está claro bajo qué legislación actuarán.

Es que dentro de la legislación hay una grieta respecto a este tema. Los precursores químicos son en definitiva elementos legales (hay drogas como efedrina hasta ácidos, cloruros y hasta algunos alcoholes) de uso medicinal, necesarios para la industria. La experiencia mexicana de la prohibición total esta a la vista y es un "pinche" fracaso, y lo único que hace es abrir otra millonaria veta en el negocio del narcotráfico.

En un sistema sanitario como el nuestro, donde cada medida suena a remiendo de emergencia, la imprevisión y falta de visión a futuro cuestan vidas. Es un deber del gobierno tener políticas concretas a largo plazo para atacar los males -los que están instalados y los que aparecen de sorpresa -y evitar las emergencias. Es un deber que la sociedad tiene que exigir, más allá de la medida inmediata. Hizo falta Cromañón para poner la lupa en los boliches, los muertos por el propoleo para poner a andar el ANMAT, que mueran tres empresarios para ver el descontrol de la efedrina. Qué más debe pasar para que asumamos que sin previsión, sin memoria ,amnésicos, y sin mirar más allá del horizonte estamos condenados. Como personas y como país.

Hace poco, el periodista Eduardo Aliberti advertía que la crisis en la salud no tiene "buena prensa", no aparece en los grandes medios, como si otros temas. Será por su lenta agonía, que mata siempre pero de apoco, sin hacer ruido, que todavía nadie advierte que la maquinaria está sangrando. Parece que en algunos temas ni los muertos despiertan las conciencias dormidas. Como la venta ilegal de medicamento, que mata cada día mientras se espera una ley nacional, que ataca como un verdadero "asesino serial" sin que nadie se digne tomar cartas en el asunto.

Pronto puede ser tarde, y como siempre, iremos detrás de las consecuencias. Pero tarde o temprano todos deberemos explicar qué hicimos desde nuestra trinchera para parar la guerra. Y ahí no ya no habrá tiempo para medidas de urgencia. "La dificultad es una excusa que la historia nunca la acepta", dijo alguna vez el presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy. Y se sabe que cuando la historia juzga, es tarde para lamentaciones.



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jueves, 11 de septiembre de 2008

La Argentina: Zona liberada para el medicamento trucho


La Sra. Ministra de Salud Ocaña lo dijo: El Congreso ya está trabajando en dos normas muy importantes: la primera para que haya un tipo penal específico para este tipo de delitos, e incluso una pena correspondiente muy grave. Y lo otro que los remedios se vuelvan a comercializar en la farmacia, que terminemos con esa reforma de Domingo Cavallo, según la cual hoy se puede comprar un medicamento en cualquier lugar. La Voz del Interior

Cada tanto, la agenda mediática se posa sobre un tema específico, e inunda por unos días los medios con opiniones, palabras, especialistas, miles y miles de producciones que van y vienen hasta que otra vez la atención gira bruscamente. Pasa con los casos policiales más resonantes (García Belsunce, Nora Dalmaso, etc.) con los avatares de la política (Antonini Wilson, tren bala, retenciones) e incluso con los deportes y el espectáculo. Paso con casi todo. Ahora, le toca el turno al mundo de los medicamentos. Desde el triple crimen de General Rodríguez comenzó a circular por todos los medios los detalles de un sistema que aparece como novedoso pero que fue largamente denunciada. El mercado ilegal, el "asesino serial" silencioso.

Con los hechos sobre la mesa sorprende en primer lugar cómo esta situación no llamó la atención de las autoridades antes. Cualquier hijo de vecino, usando sólo el sentido común, se habría dado cuenta que si sólo un tercio de la importación de, por ejemplo, efedrina, tiene como finalidad la fabricación de medicamentos, el resto tiene un destino sospechoso, negro, ilegal. Eran necesarias cuatro muertes y el revuelo mediático para ver, y sobre todo, actuar. Desde hace cuánto el círculo áurico de la trazabilidad, que garantiza un medicamento seguro y efectivo para la población, se rompió en la Argentina, gracias a la fatídica combinación de venta ilegal y falta de control estatal.

Una mirada por el conurbano bonaerense, por ejemplo, servirá para ver cómo se alimenta el monstruo del mercado negro. Cada vez más robos de medicamentos, más farmacias arrasadas por bandas especializadas, que operan con total impunidad no sólo para saquear sino especialmente para colocar la mercadería robada. Mientras las páginas policiales se siguen llenando de la palabra "farmacia" y "remedios", el Estado sigue navegando entre una legislación ineficiente y la falta de decisiones -y por que no de coraje - para dar un giro a la situación, y crear una fuerza especial que combata este tipo de delitos que cada año mueve en el mundo entre 6.000 y 19.000 millones de euros (revista Newsweek, enero 2008) y genera sólo en Estados Unidos 7.000 muertes (según el Instituto de Investigaciones Médicas). Nuestro país, casi de manera obvia, está huérfana de estadísticas oficiales en la materia, pero las estimaciones más optimistas hablan de un 10 por ciento de falsificaciones del total de medicamentos que circulan, un porcentaje que crece a más del 90 cuando se trata de comercios que no son farmacias.

Parte de esta situación sería salvada si como se viene reclamando el medicamento sólo se vendiera en farmacias. Desde que en la década del 90 se liberalizó la venta mediante un decreto ministerial, la legislación argentina quedó atada a una visión mercantilista, y hasta hoy no pudo salir de la trampa en la que entró. El decreto 150/92 firmado por el superministro Domingo Cavallo, y sus posteriores reglamentaciones 1890/92 y 177/93, sepultaron el espíritu sanitarista de la histórica ley 16.463, la famosa "ley Oñativia", aprobada en 1964 por el entonces ministro de Salud del gobierno de Arturo Illia. La pregunta es cómo hasta ahora nadie tuvo la voluntad política ni el coraje para cambiar esta situación, que lleva más de 15 años sin solución, qué lleva a que un decreto esté todavía por encima de una ley con más de 40 años. Para completar el panorama nefasto, el Parlamento Argentino dejó caer la Ley de Medicamentos. Perdió estado parlamentario el año pasado. La norma que se discutía estaba considerada como un marco legal moderno para la fabricación, distribución y comercialización de remedios en todo el territorio. El proyecto fue impulsado entre otros por la Asociación de Agentes de Propaganda Médica de la República Argentina (AAPM), la Confederación Farmacéutica Argentina y obras sociales ligadas a la CTA, como OSPA (Aeronáuticos) y OSPLAD (Docentes). Por la falta de decisión, por las presiones de siempre de gente con maletín y anteojos oscuros, se ahogó en las comisiones de trabajo de los diputados.

Si la legislación argentina sigue teniendo esta zona gris capaz de alimentar al monstruo de los medicamentos "truchos", las herramientas que tiene para reprimir los delitos siguen siendo escasas. No existe una unidad, cuerpo o incluso un departamento federal especializado dedicado al delito farmacéutico, a cuidar qué cosa se llevan a la boca los argentinos. En el código penal, sólo existe una serie de artículos nucleados en lo que se conoce como "delitos contra la salud pública", donde se agrupan desde la falsificación de medicamentos hasta la mala faena de porcinos. Cómo explicar que un crimen aberrante pero individual como el de María Marta García Belsunce hizo que el poder político destinara una fiscalía especial a su investigación (con recursos que pagamos todos), mientras los delitos de la falsificación no tienen ni un cuerpo especial de prevención y combate. O será que las denuncias de financiación de la política son ciertas. Hasta cuándo decisiones "para la tribuna".

¿Esto es suficiente, o es que nos acostumbramos a vivir en peligro? En países como Estados Unidos, la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, según sus siglas en inglés) tiene el poder de policía para allanar, detener y procesar a quienes falsifican drogas y medicamentos. En el país donde cualquier persona puede comprar un arma y municiones, incluso en el almacén o la peluquería (basta recordar la memorable escena donde el documentalista Michael Moore compra balas mientras se corta el pelo en su película Bowling for Columbine) conseguir medicamentos fuera del circuito legal es complejo y riesgoso, con penas severas y un sistema de vigilancia completo.

Se sabe que en la provincia de Buenos Aires en los últimos 10 años se realizaron unos 1.000 allanamientos positivos, donde se detectaron medicamentos falsificados o adulterados. El conurbano y las regiones de frontera son algunas zonas "calientes" donde el tráfico se vuelve casi incontrolable. Sin ley federal ni fuerza especializada, más un organismo como la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) sin capacidad operativa para actuar en todo el país ni las leyes suficientes para reprimir el delito, la puerta argentina para los "truchos" está abierta. Si a esto sumamos que por alguna razón la costumbre social de comprar medicamentos fuera de la farmacia se extiende pese a los irreparables daños que genera, la afirmación con que titulamos estas líneas es menos una sentencia alarmista que una cruda realidad.

"El Congreso ya está trabajando en dos normas muy importantes: la primera para que haya un tipo penal específico para este tipo de delitos, e incluso una pena correspondiente muy grave. Y lo otro que los remedios se vuelvan a comercializar en la farmacia, que terminemos con esa reforma de Domingo Cavallo, según la cual hoy se puede comprar un medicamento en cualquier lugar", declara casi con hidalguía la ministra de Salud Graciela Ocaña (La voz del interior, 9/9/08). Enhorabuena por la funcionaria, que dio señales después de casi un mes de ajetreo mediático respecto a este tema. Lastima que no podrá reclamar por derechos de autor. Como estas modestas líneas demuestran, estos son reclamos casi históricos de distintos sectores, que no descansan ante el avance de la Argentina "trucha". Más allá de si las cámaras de TV apuntan o no al tema.

jueves, 4 de septiembre de 2008

El directorio del IOMA y su nostalgia por la década de los 90


Hay algunas frases que por su significado denotan una época. De la casi inofensiva "deme dos" hasta la tristemente célebre "algo habrán hecho", las palabras son parte de la memoria colectiva de una sociedad, que las elige -consiente o inconscientemente -para referenciar un tiempo que ya pasó. "Relaciones carnales" es tal vez la forma más cruda, descarnada y sencilla de describir esa gran incógnita que es hoy todavía para la Argentina la década de los 90. Fueron 10 años desbordados, no sólo por la Ferrari Testarosa, el uno a uno con su costado destructivo de la industria nacional, la jactancia primermundista o las payasadas como la promesa del cohete espacial para ir a Japón en minutos. Sino, especialmente, por la falta de controles de parte del Estado que generó que los sectores más beneficiados se volcaran, vorazmente, sobre el sistema productivo.

De este panorama no se escapó el sistema de medicamentos. Y si bien el paso de los años corrigió parte de la asimetría, el fantasma vuelve a posarse sobre el sistema con este nuevo convenio que impulsa el Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA), que despertó crítica y dudas por igual. Cuando se analiza con detenimiento lo que propone la obra social bonaerense las preguntas se multiplican: ¿qué hay detrás del tema IOMA?; ¿por qué se pretende hacer una modificación para darle el gerenciamiento a la Industria Farmacéutica? "IOMA pone al zorro a cuidar las gallinas", se escucha en la capital provincial.

Trataremos de entender de qué se trata este "gallinero". La torta del IOMA en disputa es un gigante de 450 millones de pesos, que corresponde al 45 por ciento que representa el convenio de medicamentos ambulatorios. El otro 55 por ciento, que corresponde a los medicamentos especiales, oncológicos y de lucha contra el HIV, no entra en esta discusión, y ya pertenece a la industria farmacéutica su gerenciamiento y administración.

Volviendo al convenio ambulatorio, en las condiciones actuales, la obra social exige a los farmacéuticos una bonificación del 3,5 por ciento que siempre se convierte en un 4.5% al momento de la liquidación, un 3.5 a la Industria Farmacéutica que casi nunca pone absolutmente nada, vendiendo el 90 % de los remedios a costo cero,y el resto lo financia el IOMA. Con el nuevo convenio, ese monto de bonificación (que en términos formales se puede entender como un "peaje" para entrar al sistema) subirá al 7 por ciento para los farmacéuticos y 10 para la industria. Quedándose con el control absoluto de todo el contrato IOMA.

Este cambio en los porcentajes de bonificaciones de primera mano genera un ahorro en el IOMA, que según estimó el diputado Roberto Passo, vicepresidente de la comisión de Salud de la cámara de diputados provincial es de "alrededor de 50 millones de pesos al año". Ese es el primer mito que se cierne sobre el tema. Si tomamos el ejemplo del PAMI, que tiene un sistema ambulatorio similar al propuesto por el IOMA, veremos que la incorporación de la industria -gerenciando el sistema IOMA- contribuirá a desbarrancar la oferta, que dará más espacio a los medicamentos de marca y menos espacio a los genéricos. Esto, sumado al poder que la industria tiene para "sugerir" y direccionar la venta de medicamentos (con incentivos y gastos pagos a médicos incluidos, como denunció en su nota de tapa la revista Noticias hace unas semanas), no tardará mucho en aumentar el volumen de compra de la obra social, elevando los gastos actuales sin que nada pueda hacerse.

Derribado el mito del ahorro, quienes impulsan este nuevo convenio utilizan la supuesta capacidad informática que le dará la industria farmacéutica para realizar un minucioso censo de los pacientes de la obra social, sus patologías y otros datos. A lo peligroso que darle acceso a datos tan sensibles a un sector que no tiene reparos en utilizar cualquier método para concentrar y acrecentar sus ventas (y que ya generó denuncias de varios tipos en la Superintendencia de Servicios de Salud, sobre todo por procedimientos poco éticos para la introducción de medicamentos extremadamente caros sin la suficiente evidencia científica), se suma la posibilidad de tener un propio sistema informático. Desde hace tiempo desde el Colegio profesional de Farmacéuticos de la Prov. de Bs As. ofrece un sistema de validación on-line que además de dar información fehaciente en tiempo real, mantiene un sistema de confianza cerrado y lejos de las especulaciones comerciales. Hablamos del círculo profesional que comienza con el médico y su diagnóstico, sigue en el paciente y termina en el farmacéutico que dispensa el medicamento indicado. Un sistema de confianza y profesionalidad que el nuevo convenio viene a romper. Ahora qué hace el directorio de IOMA con los datos de sus pacientes o cómo terminan en los archivos de la Industria, nadie lo puede saber ni asegurar.

Las preguntas siguen acumulándose. Por qué reemplazar un convenio que tiene cerca de 20 años, basado en un concepto de sanitarismo, por otro que no garantiza un ahorro real al Estado y entrega el regenteo a un sector que como mínimo no le interesa un pito conceptos como atención primaria, sanitarismo etc, etc. Qué hay detrás de esta intención del directorio del IOMA, que condena prácticamente a desaparecer a largo plazo la libre elección de los medicamentos de los laboratorios mal llamados: genéricos; como sucedió en otras obras sociales provinciales que realizaron reformas similares. Hay que recordar que la obra social bonaerense es la última "joya de la abuela", el último bastión de un sistema que se apagó en todo el país de la mano de una "MONOPOLIZACIÓN" impulsada por la industria. Cuán lejos de lo ilegal está el futuro convenio, que como ya advirtieron algunos especialistas facilita el tráfico de datos sensibles e impone en la práctica, la marca mas cara de los medicamentos que puede llevar el afiliado transgrediendo la ley 25.649 de prescripción por nombre genérico.

Hace 10 años que el sector farmacéutico, que insistimos cuenta con un sistema de validación on-line comprobado y funcionando, le ofrece al IOMA comenzar un sistema similar, sin que la obra social se interese. Qué hay detrás de esta necesidad repentina de cambiar el operador bajo la excusa de un mejor sistema informático, cuando curiosamente no existe un padrón fijo y confiable para mostrar. Qué sucederá con las bandas terapéuticas con que se maneja el sector farmacéutico desde hace un tiempo, regulando en base a criterios profesionales evitando que los criterios comerciales se impongan. Desde hace tiempo, la Industria Farmacéutica está en la mira por introducir tratamientos caros sin una base científica comprobada. Según una denuncia aparecida en el diario Pagina 12 el 28 de julio de este año, "de 1999 a 2007, los gastos por tratamientos que según la Superintendencia de Seguridad Social suelen obedecer a mecanismos muy poco éticos, anclados en el marketing desarrollado por los laboratorios, subieron de seis a 400 millones". Nadie duda que estando adentro, gerenciando todo el sistema, la industria aumentará su poder de lobby, llevando a la oferta a una variedad ilimitada de marcas y de productos innecesarios que terminará encareciendo económica y financieramente todo el sistema, tanto para el Estado como para los usuarios.

No existe modelo en el mundo que incluya en todas sus etapa a un mismo actor. La industria producirá los medicamentos, los venderá y luego los comprará como parte del IOMA. Las preguntas, después de estas líneas, siguen abiertas. A dónde quieren llegar con esta idea. Tal vez a desregular la política sanitaria y en especial la farmacéutica para darle paso a los oportunistas y los mercaderes de la salud. Han decidido aumentar el costo de los medicamentos artificialmente?!; Serán nostalgias de una década que se fue. Si realmente piensan en eso deberían decirlo. Explicarle a esos maestros que blanquearon un aumento del 12 por ciento que pronto deberán usarlo en medicamentos más caros y con menos alternativas. Decirles que solo van a estar disponibles en muy pocas farmacias haciendo las recoridas interminables.

Es la hora de sincerarse de cara a la sociedad. Es agotador escuchar discursos oficiales de funcionarios del IOMA por izquierda y negociar con la industria farmacéutica por derecha. Es todo lo que merece la última obra social donde el concepto sanitario priva por sobre el monetarismo a quemarropa de la década anterior.

MIRADA PROFESIONAL

viernes, 29 de agosto de 2008

Cuando Frankenstein se cargue a su creador.


A principios de este mes, la Asociación de Defensa de Derechos de Usuarios y Consumidores (ADDUC) denunció que en estaciones de servicio de Lanús se esta vendiendo combustibles con alzas en los precios de hasta el 8 por ciento. Según la institución, en todo el distrito -como en otros del conurbano e incluso en el interior del país -los combustibles se encuentran con distintos precios según la estación, para una misma marca, muchas veces dependiendo del horario que se carga. Pese a que se notificó a la secretaría de Comercio Interior, al mando del polémico Guillermo Moreno, la situación continúa, y cada vez que un vecino de Lanús va a cargar combustibles, el precio de los mismos se encuentra alterado, por el valor por unidad, los recargos por pago con tarjeta o por la trampa del "servicio de playa".

Este no es el único rubro donde pese a todo lo que se dice en materia de precios hay una especia de "viva la pepa". Es que hoy, en Lanús, entre una farmacia y otra los pacientes pueden encontrar diferencias de hasta el 30 por ciento. Es más, en algunos productos, sobre todo los que compran los afiliados de PAMI, el descuento alcanza el 100 por ciento. Es decir, los jubilados se los llevan de los mostradores sin pagar nada; cuando en realidad, la cobertura de ese medicamento es del 80% de descuento.

Lo que en inicio es una importante ventaja para los vecinos tienen en el fondo una realidad por lo menos truculenta. Que haya un selecto grupo de farmacias, por lo general vinculada a un gremio que obtienen ventajas corporativas por sobre la gran mayoría de los locales independientes, genera una sensación errónea de aumento de precios, un paradigma donde el afiliado piensa en farmacias "buenas y malas", cuando en términos de salud pública las buenas o malas voluntades poco tienen que ver.

Como siempre, un ejemplo concreto sirve para entender mejor de que se trata. Pedro, un jubilado promedio de Lanús, es diabético. Vive en Monte Chingolo, supongamos, a unas 40 cuadras de la estación, del centro y de la casi todas las entidades que lo atienden: PAMI, el banco, la municipalidad., EDESUR, etc; Como muchos diabéticos, Pedro utiliza DBI AP, un antihiperglucemiante oral que se utiliza tanto para la diabetes tipo 1 o 2. Según el convenio de PAMI, DBI AP (acción prolongada) por 100 tiene un descuento en el mostrador del 80 por ciento. Es decir, que debe pagar el 20 por ciento de su valor en la farmacia. Pero hace un tiempo que Pedro se encontró con una sorpresa: en una gran farmacia, se lo dan gratis. Si, gratis, con una cobertura total de su valor.

¿Cómo puede suceder esto? Sencillo. Esa gran farmacia fue capturada por el laboratorio, que decidió unilateralmente y sólo por conveniencia propia que esa boca de dispensa, y sólo esa, pueda disponer de ese 20 por ciento de bonificación. ¿Filantropía? ¿Conciencia social? Nada de eso. Por medio de notas de créditos, bonificaciones o utilizando medicamentos originales gratis los laboratorios compensan ese 20 por ciento, y de esta manera generan la direccionalidad de la oferta. Además, por estos medicamentos y por esta vía, el laboratorio no paga impuestos, por lo que queda una franja de producción lejos del control estatal de todo tipo.

El primer problema con este método es la discrecionalidad de la venta, que definitivamente perjudica la cadena minorista. Obviamente, la ventaja que obtiene Pedro y todos los jubilados de Lanús no está en discusión. Está bien. Lo que se pone en duda y genera malestar es la forma y sus consecuencias. Laboratorios utilizan este sistema, incluso en líneas enteras de productos, para mantener los privilegios de unos pocos. Y se sabe que como dice el dicho popular, "cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía"…

Esta línea de compensaciones tiene un claro objetivo: dividir el mercado farmacéutico. Si con esta política de ofertas los laboratorios logran que el sector se concentre en discusiones internas, su dominio sobre la cadena de comercialización es total. Para eso, alimentan este sistema que como adicional les da el control sobre los modos de consumo de los pacientes. Porque Pedro deberá tomar un colectivo, viajar, esperar, en definitiva, hacer todo un proceso para adquirir su medicamento, reforzando la inequidad del desarrollo del mapa farmacéutico local, alimentando un centro rico y desprotegiendo una periferia pobre. Si utilizamos el modelo económico de centro y periferia que desarrollaron tantos economistas, de Werner Sombart a Alain Reynaud, la periferia está subordinada porque el centro es dominante y recíprocamente. Aplicada a este modelo, esta teoría permite ver como las desigualdades en las relaciones entre ambos sectores y ante terceros termina subyugando el desarrollo de uno por el beneficio de otro.

La excusa que muchos proveedores pueden esgrimir para mantener esta direccionalidad tendiente a la división de los farmacéuticos es que las ofertas tienen que ver con los volúmenes de compra. En cualquier esquema económico, incluso en los que tiene que ver con la intervención estatal, el mayor volumen de mercancía implica menor costo por unidad. Este argumento es fácilmente refutable en este sistema, ya que la existencia de cámaras, federaciones y colegios que nuclean a farmacias independientes pueden hacer las veces de compensador de estos volúmenes, es decir, que un acuerdo global con estas entidades puede equiparar -y superar -la cantidad de compras para evitar la direccionalidad.

Sin una ley nacional de medicamentos, sin una regulación en todo el territorio, con los estados provinciales tratando, hasta ahora con dispar resultado, de generar leyes que salven la ausencia a nivel nacional, el mercado se volvió, sin más, una selva. En estas condiciones, estas quejas pueden sonar a un pedido de "civilizar la selva". No es así. Eso es un oxímoron. Un contrasentido. Pero esta situación está planteada como la última frontera entre dos modelos de farmacias: el europeo o el chileno.

Este esquema, además, tiene un peligro latente. Como sucedió en Chile con el caso Ahumada, alimentar a un gigante indiscriminadamente puede terminar mal. Crear un monstruo insaciable de bonificaciones y descuentos, alimentado por esa direccionalidad antes denunciada, puede salirse de control. La pregunta es saber cuánto va a tardar esa maquinaria de morder la mano del que hoy la crea y alimenta. En el final de Frankenstein, la novela gótica de Mary Shelley vuelta clásico de la cultura contemporánea, el monstruo creado por el doctor Víctor termina volviéndose contra su padre. Frankenstein es una creación del afán de poder, de la ambición. Sin medir consecuencias. Un buen ejercicio será releer esas páginas, que fueron escritas para hablar de los límites morales de la humanidad, pero que bien se aplican para este caso que afecta el normal desarrollo del modelo farmacéutico. Antes que sea tarde, y el monstruo se salga de control. No digas después que no te avisé.

MIRADA PROFESIONAL

miércoles, 20 de agosto de 2008

Decir la verdad lo puede hacer cualquier idiota. Para mentir hace falta imaginación


Esta frase de Peirich refleja una de las tantas formas de derrumbar mitos populares. ¿El costo de los remedios marchan en una espiral inflacionaria?. Mucho se dice a cerca de la inflación y cómo repercute en los bolsillos de la gente. En esta editorial sostenemos que no existe tal escalada de precios en los medicamentos que mas usamos los argentinos.





En materia de salud, existen grandes mitos y leyendas, que a lo largo del tiempo se desarrollaron hasta volverse verdades que nadie discute, pero de dudoso origen y basada sólo en el folclore popular. "La sandia y el vino no se mezclan", "para un resfrío lo mejor es leche tibia con whisky", "para el dolor de oídos, un poco de aceite y ruda", y así podríamos seguir infinitamente con estos mitos y creencias que todos repetimos y no discutimos, por más que sean simplemente eso, mitos sin ninguna base científica que nada tienen que ver con la salud. Entre esos mitos, hay uno que no deja de repetirse y ya tiene carácter de verdad indiscutible: los medicamentos en la Argentina son caros. Desde hace un tiempo, esta creencia gana espacio entre la gente, en especial en este 2008 donde la inflación y el aumento de los precios es uno de los temas de los que más habla la prensa y la gente.

Para saber cuánto de verdad hay en esta afirmación, hay que analizar en primer lugar el mercado de medicamentos y sus particularidades, además de contextualizar los costos de estos productos en el continente americano y en el proceso inflacionario que se vive en lo que va del año. Como se sabe, los precios de los remedios son inelásticos, es decir, por más que suban, la gente los necesita y los compra. Pero esto no evita que en comparación con el resto de los países del MERCOSUR, nuestro país tenga tratamientos más baratos. Según un estudio, el costo anual del tratamiento (opción más barata) de hipercolesterolemia e hipertensión es, en dólares, más barato en Argentina, ya que cuesta 129,8, por debajo de lo que se paga en Uruguay (180,1), Paraguay (182,4) e incluso Brasil (251,3). En general, esto se repite en la mayoría de los tratamientos más populares, donde las opciones más baratas están por debajo del precio que manejan la mayoría de los países limítrofes y del continente. Primer mito derribado.

Incluso el promedio de los precios de los medicamentos son más baratos en Argentina. Así lo demuestra un trabajo de la Asociación Industrial de Laboratorios Farmacéuticos de Chile (ASILFA), Argentina está por debajo de la media continental en el promedio de los precios de los medicamentos. Mientras en Latinoamérica el precio promedio de los fármacos es de 7,2 dólares, en nuestro país este índice baja al 6,1 (incluso muy por debajo del promedio que muestran México y Brasil, por ejemplo).

Esta situación se puede comprobar con facilidad, ya que en los principales pasos terrestres que tiene el país, los extranjeros realizan tours de compras que arrasan con todo, incluyendo los medicamentos. Ya se detectaron estas formas de compras en Mendoza con turistas chilenos, en Puerto Iguazú con brasileros, en Colón con uruguayos e incluso en el norte con personas llegadas de Perú. El "turismo sanitario" es una realidad que excede el que se da en Capital Federal con los visitantes europeos y de gran poder adquisitivo, que consumen abiertamente cirugías estéticas y tratamientos odontológicos como parte de su viaje (ya no es novedad que las grandes cadenas de hoteles incluyen en sus listas de lugares de interés de la ciudad direcciones y teléfonos de clínicas y centros de salud). Ahora, por esta realidad comparativa en los precios, alcanza las capas medias, que llegan para comprar medicamentos y productos farmacéuticos en cantidades para luego revender en sus países.

Pero este año es muy particular en materia de inflación y precios. Desde hace un tiempo, con la psicosis desatada en los medios, muchos hicieron circular la noticia de un aumento indiscriminado de los medicamentos. Pero comparado con la inflación general del 2008 -la oficial y la real -el índice de precios de los fármacos está atrasado, y en algunos casos varios cuerpos. Según los datos del cuestionado INDEC, la inflación acumulada de este año no supera el 6 por ciento, mientras que en algunas mediciones privadas la estiman, hasta julio, cercana al 28 por ciento. Las mediciones más confiables en materia de medicamentos hablan que en lo que va del 2008, los productos más populares, como la amoxicilina, no superaron el 7 por ciento de aumento. Muy por detrás de la inflación real.

En estos días, la Sociedad de Estudios Laborales (SEL) difundió un estudio donde dice que la inflación acumulada en el primer semestre del año alcanza el 13,2 por ciento, en especial para algunos productos típicos de la clase media. En sus datos, SEL afirmó que los alquileres subieron un 80 por ciento, y los precios en los restaurantes entre el 50 y el 58 por ciento. Además, el seguro automotor (47), el taxi (46), las expensas (32), la nafta y las cocheras (30), el cine (26), los colegios privados (entre el 19 y el 25 por ciento), entre otros valores medidos, figuran al tope de los aumentos detectados. En materia de salud, la medicina prepaga ya acumula un aumento del 20 por ciento, y se espera para lo que queda del año otro incremento cercano al 18 por ciento, ya la nueva ley de obesidad y la normativa para regular la actividad que se impulsa del gobierno dispararían los precios de las cuotas.

Como se ve, lejos de la inflación acumulada, los medicamentos siguen atrasados en materia de precios tanto en la comparación con el resto del sistema de salud nacional como en el ámbito internacional, en especial con los países limítrofes. Segundo mito derribado.

"Los únicos formadores de precios que hay en el país son los laboratorios, esto significa la industria farmacéutica a través de sus tres cámaras", aseguran varios especialistas en relación a la situación actual de los precios. Como líderes de precios, tienen privilegios por los grandes volúmenes de venta y algunos acuerdos con el gobierno, que les permite exportar grandes cantidades gracias a cupos elevados que compensan con el mercado interno. Este esquema es similar al que se utiliza en productos como la carne y los granos, donde las exportaciones funcionan como "dique de contención" para la presión interna, que se abre cuando la suba llega a límites que sobrepasa los tolerados por el mercado.

Si explican los especialistas, el aumento del IPC implica una disminución en el poder de compra de la gente, en función de los precios medios de ese conjunto de bienes y servicios. Este es el primer problema para los consumidores medios, que pierden poder adquisitivos cada vez que la inflación crece. Si no se detiene esta presión sobre el salario medio, cualquier incremento de precios resta poder de compra en otros insumos, lo que da la sensación de nuevas subas.

Como muchos mitos, el de la suba de precios de los medicamentos esta vigente gracias a muchos factores, entre ellos la forma en que se difunde las noticias sin reflexión ni análisis. Como la cantidad de agua con un grano de arroz que hay que consumir para bajar de peso o el de pasar un anillo de oro sobre un orzuelo, pensar que los medicamentos son caros es una leyenda sin fundamentos, quizá sería mas propio hablar de bolsillos mas vacíos por culpa de la inflación de los otros bienes de la economía; nada que no pueda corregir un poco de información aclaratoria.

MIRADA PROFESIONAL

martes, 12 de agosto de 2008

La huida de speedy Gonzalez


La huida del país de las franquicias de las farmacias mexicanas Dr. Simi demostraron que el público argentino no hizo propio esta forma de comprar medicamentos. La ausencia en la atención de convenios de obras sociales y la imposiblidad de expandir el "negocio" a la provincia de Buenos Aires, pueden ser algunos de los motivos que decidieron el fin de este nuevo intento por terminar con el modelo de farmacia argentina.

Cuando un cuerpo es infectado por una bacteria, existen dos formas de combatirlo desde los medicamentos. Una, con los antibióticos, que de manera sencilla pueden ser definidos como aquellos que tienen la propiedad de matar a las bacterias. La otra, a través de un bacteriostático, que tiene la propiedad de inhibir la multiplicación bacteriana. La diferencia parece simple, pero puede ser muy profunda si tomamos en cuenta que muchas veces la bacteria resiste al agente de afuera. La segunda asegura, siempre en este esquema simple que trazamos, un mayor combate de este agente extraño. Algo de esto tiene el análisis de la noticia más trascendente en materia farmacéutica de los últimos tiempos: la salida definitiva del país de la cadena mexicana de farmacias Dr. Simi. La noticia apenas estuvo presente en algunas páginas, la mayoría dedicadas a la información económica (un detalle que no debe pasar desapercibido, los medios trataron esta noticia como una "del mundo empresarial y de los negocios" ajeno al de la salud, todo un dato) pero toma una trascendente importancia si la analizamos desde el punto de vista del futuro que nos deja esta casi huida.

El sistema de salud, representado en cuanto a medicamentos, en el modelo de farmacia independiente actuó como bacteriostático y no permitió que los locales de los Dres. Simi y Ahorro se reprodujeran, y de las 200 bocas de expendio que tenía previsto abrir en 2005 terminó en este cierre definitivo, cuando las persianas de las dos últimas farmacias de Once y Plaza Constitución se bajaron definitivamente. "La Argentina es un país hermoso para pasear, pero no para hacer negocios. Hay muchas regulaciones que frenaron nuestro crecimiento y por esa razón decidimos concentrar todos los esfuerzos en el mercado chileno, donde nos está yendo muy bien. Veníamos perdiendo bastante plata y con el cierre de las farmacias quisimos dejar de perder", explicó Vicente Monroy, director de la casa matriz del grupo. Detrás de esas palabras se esconden varias de las principales razones por las que esta cadena no logró intensificar su política en el manejo de medicamentos, que entre otras características tiene un fuerte desinterés en la seguridad social que implica el manejo de medicamentos y derivados.

La salida de Dr. Simi, que le valió a su dueño Víctor González Torres pérdidas de unos 4 millones de pesos, cierra un capítulo donde se puso en juego parte de las eventuales formas que tendrá la salud en el país. El sistema de franquicias masivas demostró en su corta vida el desprecio hacia el manejo de los medicamentos como un bien social. Cabe destacar el ejemplo "Farmacity"; en este caso, se estima que en esos negocios el 52 por ciento de las ventas están dadas por los productos de cosméticas y perfumería, es decir, que más de la mitad de los esfuerzos, el espacios y el tiempo que se dispone en cada local están dados para generar recursos a través de los productos que nada tienen que ver con los medicamentos.

Para muchos especialistas, el fracaso de las cadenas mexicanas se dio por muchos factores. Uno de ellos fue las diferencias entre el público argentino y el azteca. Mientras en nuestro país en el imaginario de la gente, la farmacia esta orientada al modelo europeo, más aséptico, higiénico, extensión natural del sistema de salud comunal, en el país azteca las formas de comercialización son más informales, reina el mercado "de abarrotes" y los locales tienen, en definitivo, de todo. Y este de todo incluye especias y verduras, ropa y hasta artículos de cotillón. Todo esto dentro de las farmacias. Las dos formas de entender a la profesión farmacéutica oficinal fueron una barrera para que los mexicanos y su modelo de franquicias prosperaran.

La batalla entre Dr. Simi y su competidora Dr. Ahorro, que tienen en México casi 5000 locales con una facturación de 400 millones de dólares cada uno estimada, terminó por desmoronar el modelo de farmacia como extensión del sistema de Atención Primaria de la Salud. Por lo menos en sus zonas de influencia. Esta forma de asumir la venta de medicamentos tiene correlato en las formas de consumo de la población, que termina aceptando como natural la situación.


Pero esta buena noticia es la primera de una batalla que se está dando. Si el sistema mexicano no funcionó entre los argentinos, el modelo que encarna Farmacity, vinculado al estilo de Estados Unidos y que tan arraigada que está en Chile, es harina de otro costal. Esta es la nueva batalla que debe asumir el sistema. Y es un poco más compleja. Porque estas nuevas cadenas apuntan a un target de consumidor joven, moderno y sofisticado, que busca maximizar el tiempo más allá de la atención. Este tipo de cadenas están "supermercadizando" las farmacias, con estrategias propias de las grandes formas de ventas minoristas. Así, cada vez hay más espacios en los locales destinados a los productos de cosmética, limpieza y perfumería, que ocupan los principales lugares de exhibición, dejando en un lugar secundario al medicamento.

Esta estrategia apunta en general a explotar esta idea de apuro y alto consumo que este nuevo target asume a la hora de comprar. Estas nuevas generaciones vienen con tiempos abrumadores sobre sus espaldas, y encuentran en estos locales mayor consumo en menor tiempo. La forma es simple, y utiliza el "gondoleo" como gancho, con ofertas tentadoras y un menos stock en materia de medicamentos. Además, estos nuevos consumidores utilizan Internet para informarse, y luego acuden a la publicidad como forma de tomar la decisión final.

La pregunta ante este nuevo desafío es saber si el mercado nacional aceptará esta nueva forma de expender medicamentos, y cómo reaccionarán las instituciones de la salud ante esta manera de captar un negocio que hace rato es una tentación para los oportunistas de turno.

La reacción natural debería ser apoyarse en la atención farmacéutica y los servicios que dan a estos locales un profesional del otro lado del mostrador. Darle la envergadura que merece la información sobre medicamentos y el espacio físico que va a necesitar la farmacia del futuro en cuanto a cuestiones relacionadas con el asesoramiento personalizado por parte de profesionales farmacéuticos. El medicamento en el centro de la planificación de una farmacia y ésta, articulándose con la salud pública, estatal -atención primaria- o privada.

Los mexicanos salieron del país pero dejaron varias conclusiones abiertas. Primero, que si bien se están transformando las formas de consumo en materia de medicamentos, los argentinos están todavía lejos de aceptar las formas extremas de consumo como sucede en países como Chile. Además, todavía quedan las viejas boticas como formas ideales de atención, en especial en el interior del país. Una imagen y una forma de entender la farmacia que esta en peligro.


MIRADA PROFESIONAL

jueves, 31 de julio de 2008

AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR Y A DIOS...


Este es un tema que ya hemos tocado. Si bien no hay números concretos, se estima que los farmacéuticos que trabajan en relación de dependencia son un poco más de la mitad de los profesionales matriculados. La desregulación de los 90 y la llegada de las grandes cadenas modificaron el panorama laboral, desmejorando sus condiciones laborales, que comenzaron a verse condicionadas por horarios cada vez más flexibles (y menos "normales") y un lugar menos protagonista en la estrategia y el manejo de los medicamentos. Ante esta situación, existen dos grandes nucleamientos sindicales, la Asociación de Empleados de Farmacia (ADEF) y la Federación Nacional de Empleados de Farmacia (FENAEMFA), más la Asociación Argentina de Farmacéuticos Hospitalarios (AAFH). Pero, también ya lo hemos dicho, los farmacéuticos prefieren su colegio profesional, como institución de representación.

En este panorama, los 90 (siempre los 90) trajeron una realidad hoy instalada y muy necesaria de mejorar: las formas de sociedades para fundar una farmacia. En la actualidad, en la provincia de Buenos Aires, entre las farmacias independientes cuyos dueños son farmacéuticos matriculados y las grandes cadenas existe un tercer modelo: el de la sociedad en comandita simple (en Capital Federal, además, se permiten las sociedades estilo SRL). Una sociedad en comandita simple es una sociedad comercial que se caracteriza "por la existencia de socios comanditados que responden por las obligaciones sociales y participan en la gestión y administración de la sociedad, y socios comanditarios que no participan en la gestión y cuya responsabilidad se limita al capital aportado o comprometido". En el caso de las farmacias, el profesional es el socio comanditado y el dueño del capital el comanditario.

En primera medida, esta sociedad tiene una especia de trampa legal, ya que el farmacéutico, al ingresar con un simbólico porcentaje del capital (el uno por ciento) queda involucrado como dueño del local, es decir, es también responsable comercial del destino del local, aunque en realidad no sea el que tome las decisiones. Además, es el responsable profesional del mismo. Esta situación es una carga adicional para el profesional, ya que además de la dirección técnica de la farmacia queda atado a los resultados comerciales, cuando en realidad no tiene real incidencia en estos. Porque la mayoría de los profesionales están cada vez más alejados de las decisiones en materia de compras y venta, y se los limita a su papel como profesionales. Entonces, la pregunta se cae de madura: ¿por qué atar al farmacéutico a la responsabilidad comercial?

Además, en su trabajo diario el farmacéutico pierde protagonismo en las decisiones, y queda incluso en situaciones incómodas que muchas veces ponen en peligro su futuro profesional. Porque si un dueño, por caso, decide comprar medicamentos robados, "truchos" o de dudosa procedencia, el farmacéutico se enfrenta a poder decir no, y quedar sin trabajo (y así igual asumir la pérdida comercial) o poner en juego su profesionalidad. Menos dramática pero más cotidiana, si quienes ponen capitales para abrir una farmacia comienzan a vender cada vez más elementos extra medicinales, a hacer de su local un verdadero "shopping con algunos medicamentos", qué posición debe tomar ese farmacéutico, qué posibilidad tiene de decir no.

La relación que establece la sociedad en comandita entre el farmacéutico y quién aporta los capitales debe ser modificada, ya que tiene demasiados puntos oscuros en especial en la posición como empleado del profesional. Tal vez un ejemplo sirva para aclarar este punto. Hace un tiempo un farmacéutico, socio comanditado de una farmacia, le reclama a su socio comanditario el registro de su contrato laboral (mediante ley 24.013), ya que cumple por lo menos 8 horas diarias de tareas varias, más guardias fin de semana de por medio, y cobra su salario en negro. La respuesta del socio comanditario es negarle esa relación laboral, y sólo reconocerlo como socio. Allí se plantea un litigio, que encierra una paradoja: si el socio no reconoce la relación laboral del farmacéutico, no puede tener el local abierto, ya que no se puede mantener abierta una farmacia sin un director técnico profesional (artículo 28 de la ley provincial 10.606); además, la ley de contratos laborales establece que "los socios que prestaren trabajo personal serán considerados como dependientes". Pese a esto, a tener la ley de su lado, se mantiene involucrado como dueño, sin posibilidad de acceder a sus derechos laborales y siempre expuesto a las peripecias comerciales que otros toman.

Desde hace un tiempo, de distintos sectores se viene dirigiendo acciones para llegar a una acción cardinal, como primer paso de un camino que debe intentar volver a las fuentes de la profesión, y hacer que el modelo de farmacia independiente recupere el terreno perdido. Para esto, es necesario por un lado una nueva ley de sociedades en comandita, en el marco de un objetivo más amplio: una Ley Nacional de Farmacia (el proyecto presentado hace un tiempo perdió estado parlamentario, por lo que se volvió en esta materia a "foja cero"). Esta nueva ley debe mantener al farmacéutico como eje central e insustituible de la propiedad de la explotación de la farmacia argentina, ya que su formación profesional asegura la trazabilidad y la correcta dispensa de los medicamentos, entre otros aspectos de su trabajo. Pero a la vez debe corregir las deformaciones que década tras década se viene dando con el arribo y la inclusión de nuevos farmacéuticos en relación de dependencia; y la imposibilidad de éstos de acceder a su propio local.

Volver al modelo de farmacia independiente es una tarea pendiente. Recuperar la total atención del rol profesional del farmacéutico en relación de dependencia es un primer paso. Pero es necesario lograr que los futuros profesionales puedan acceder a mejores condiciones que le permitan ser dueños, ya sea con incentivos institucionales o fiscales, planes de capitalización o créditos blandos. "Poner las cosas en su lugar", sería la consigna, y llamarlas por su nombre. Para que cada sector tenga lo que se merece, sin necesidad de imponerse por la fuerza. Porque recuperando la frase bíblica, ya sabemos qué puede pasar si el Cesar va por el imperio.

MIRADA PROFESIONAL

sábado, 26 de julio de 2008

Un mundo feliz: FARMA-SITIO


BUENOS AIRES, Julio de 2008: Imágenes de un futuro (cercano) de la profesión farmacéutica, en una ficción. Un homenaje con mucho respeto al maestro Aldous Huxley, que ya en 1932 daba pistas de algo que vivimos y tal vez no lo vemos todavía.




El bullicio monótono del bar apenas tapaba el sonido del televisor, que sobre la barra vigilaba a los parroquianos. Sentados de a tres o cuatro, los empleados departían entusiasmados sus tragos, unos blue angel de un azul profundo, mientras compartían comentarios sobre el último partido del seleccionado porteño. Todos tomaban el mismo trago, en todas las mesas los porotos de soja en vinagre hacían de aperitivo. Lautaro y Fidel entraron casi sin llamar la atención. Eran las 18 en punto. Pidieron, obviamente, dos blue angel. Mientras esperaban, el volumen del televisor se sobrepuso al ruido ambiente. "Buenos Aires, abril de 2011. Se perfila una nueva elección, y el candidato Arnaldo de Lorenzo tiene la mejor imagen entre los postulantes. Informó Noti-Sitio, la división informativa de Farma-Sitio". Nadie prestó atención. Sin embargo, Fidel se sobresaltó. "Te enteraste de lo que le paso a Xavier", preguntó, mientras arrastraba por la barra los tragos. Los ojos interrogantes del cantinero se clavaron en los dos empleados. "Sshh", fue la única respuesta de Lautaro, mientras se llevaba el dedo índice sobre los labios.

Una vez solos en la mesa, los empleados se aflojaron y tomaron un rato en silencio. Después de unos porotos, se limpiaron las manos y se miraron fijo. Los dos sabían quien era Xavier, qué hacía rato estaba con algunos problemas en su farmacia, y que apenas sobrevivía gracias a un puñado de vecinos que casi lo visitaban como una forma de mantenerlo en actividad.

-Cerró. Xavier cerró. Se cansó y largó todo. Era casi el último que sobrevivió a las dos hecatombes, la del 2001 y la última, la del 2010. Los dos empleados se quedaron en silencio. Xavier era uno de los últimos farmacéuticos que seguía operando por fuera del imperio de Farma-Sitio. Después de mucho resistir, había decidido cerrar, acorralado por las deudas y la presión que el gigante, que dominaba el 70 por ciento del mercado, hacia sobre su negocio. De nada le sirvió la capacitación, los cursos y los años de aprendizaje, del conocimiento y la dedicación. Sin posibilidad de competir contra el imperio, tuvo que cerrar. El de Xavier era un caso emblemático. Él había advertido esta situación hace mucho tiempo, fue uno de los primeros en denunciar como el imperio se iba quedando con los locales independientes, a fuerza de dinero. Él había denunciado como Farma-Sitio abría uno tras otro sus locales en los grandes centros; en Buenos Aires, en el conurbano y el interior de la provincia, Córdoba, Rosario, Mar del Plata. Iguales, imponentes, los locales se empezaron a multiplicar, a desequilibrar el mercado. Incluso cayeron algunas cadenas "menores", que no pudieron soportar la presión económica del gigante y perdieron sus locaciones en shoppins, supermercados y grandes cadenas de ventas. Xavier lo había advertido, pero nadie lo escuchó. Nadie respondió su llamado de unir los esfuerzos de los independientes. "Armar la resistencia" había dicho, y algunos se rieron. Pero él insistió. "No dejemos que los colegios de farmacéuticos queden como centros de capacitación, para formar de manera profunda y seria a profesionales que después no pueden tener su propio local", imploró.

-No se puede pelear contra el gigante. Mirá la mano que le dieron a de Lorenzo, para estar donde está -se consoló Fidel, mientras recordaba las palabras de Xavier. Ahora era tarde. Ahora Lautaro y Fidel estaban condenados a trabajar entre cosméticos y productos de perfumería. Porque mientras todos pensaban que Xavier era un exagerado, el gigante avanzaba. Se iba comiendo el mercado, se iba haciendo dueño de todo. "La resistencia", se reían de Xavier, pero este insistía. Farma-sitio esta quedando con los mejores locales, esta dejando a los barrios sin farmacias. Nos estamos regalando por nada", fueron sus últimas palabras, hace un tiempo, en un encuentro de capacitación. Después se apartó, para tratar de armar su propia resistencia.

Pedieron otro blue angel. Miraron el reloj. Casi las siete de la tarde. El turno de la tarde empezaba a las nueve, había tiempo. Sin saberlo, los dos pensaron lo mimo. La rutina del vestuario. La ropa blanca, impoluta, bien planchada, desplegada en el banco. El acrílico dorado con sus nombres, las lapiceras y el anotador. Vestirse, acomodar el cuello, en acrílico. Cerrar el casillero, caminar por el pasillo, pasar el control. El "perfecto" que le daba el encargado, mirando de costado si había sombra en la barba, si el pelo estaba lo suficientemente corto. La sonrisa forzada. El mostrador. El número de clave. La voz metálica de la máquina y su "bienvenido al sistema". Los dos sintieron la melancolía caer sobre los hombros. No dijeron nada. Apenas tomaron sus tragos y pidieron dos más.

Todavía se acordaban de cómo Xavier les hablaba de la baja de costos, de la baja de salarios, les hablaba de cómo el imperio iba a buscar reducir gastos a partir de los sueldos de sus farmacéuticos. "pauperizar la profesión", les decía. Y ellos le prestaban atención, por cariño nomás. Si hasta los otros colegas los cargaban "Ahí va el profeta y sus discípulos", decían cuando ellos pasaban. Cuando Xavier escuchaba se daba vuelta y los retrucaba: "profeta del Apocalipsis". No había vez que dijera eso que todos se mataban de risa. Pero Xavier seguía. "Ahora están por hacer acuerdo con las tarjetas de crédito.Veinticuatro pagos sin interés. Cómo competimos. Encima ahora vienen los descuentos estacionales y las promociones cuatro por uno. Porque tienen lazos con los grandes proveedores, los grandes fabricantes. Los condicionan. Pero se les fueron de las manos. El gigante creció demasiado, está haciendo su propio camino, y los laboratorios que le dieron de comer están viendo que ahora no hay forma de pararlo". Xavier insistía, pero nadie lo escuchaba.

Cuando iban a pedir la cuarta vuelta, el bar se quedó en silencio. Un par de encargados entraron, y todos los miraron. Iban con dos hombres de traje. "Políticos, seguro", dijo Fidel. "Gerentes y políticos", añadió Lautaro. Eran las nuevas alianzas del gigante, que seguía extendiendo sus influencias en todos los sectores del poder. Así, se entendía porque los laboratorios estaban un poco atados a los que hiciera el imperio. Estaban cautivos. "Poder económico y político", decía Xavier.

La última vez que habían visto a Xavier salían del bar, a la hora de siempre. Estaba con las manos en los bolsillos, caminaba despacio. Lo tuvieron que llamar varias veces para que los viera. Ellos estaban bastante alegres. Había sido una noche de varios blue angel. Ellos no paraban de hablar, de gritar, de reírse. Él los miraba. Cuando le dieron un momento, sacó del sobretodo un sobre. "Qué traes ahí, son títulos". "Los míos, los de toda la vida. Los de Atención Farmacéutica, los del posgrado, todos. Los voy a llevar a un lugar más seguro". Ellos se rieron. Xavier se fue.

Cuando salieron del bar faltaban unos minutos para las ocho de la noche. Hacia frío y el cielo estaba negro, como siempre. Caminaron hasta la puerta, marcaron sus números, entraron callados. "Bienvenidos a Farma-Sitio, un lugar para todos los gustos". La voz metálica era parte del ambiente junto a plasmas de 69 pulgadas encandilando las 1001 ofertas del día. Se cambiaron, marcaron, sonrieron, salieron. En la mano la foto del último asado con Xavier. En el fondo, el viejo local, el que había construido el padre, el que había trabajado él. Tres años del cierre. Casi no se acordaba de esos días. Ahora era otra cosa. Turnos rotativos, tragos en el bar del imperio, charlas informales con los compañeros. Apretó la foto y la tiró a la basura. Ya no necesitaba esos recuerdos. Empezaba su turno. Era feliz.

MIRADA PROFESIONAL

miércoles, 23 de julio de 2008

LAS FARMACIAS PEQUEÑAS PUEDEN DESAPARECER, PERO LOS DINOSAURIOS…


LA ARGENTINA: EXTRAÑA PARADOJA DE TENER MÁS TRABAJO EN BLANCO Y MENOS POSIBLIDAD DE ELEGIR DÓNDE COMPRAR LOS MEDICAMENTOS.

Como venimos hablando en este espacio, el sistema de salud argentino tiene varias aristas para analizar y, por sobre todas las cosas, mejorar. En muchos aspectos es una especie de frazada corta, esas que cuando tapan la cabeza destapan los pies. En ningún tema, esta definición se ajusta tanto como en la problemática que deriva del aumento de la cobertura a través de las obras sociales sindicales. Porque desde la crisis de 2001, la paradoja se repite todos los años: a mayor trabajo formal, mayor cobertura de salud de este tipo, más concentración en la venta de medicamentos, lo que equivale a una menor posibilidad de elegir en qué farmacia comprar.Trataremos de diseccionar esta paradoja tan actual.


Para entender este problema hay que ir al fondo de la cuestión. Con la recuperación económica y el crecimiento del trabajo formal "en blanco", aumentó el número de personas que tienen algún tipo de cobertura médica. Pero este aumento, que en principio es un signo positivo para la sociedad, se vuelve en contra si miramos lo que pasa a la hora de comprar los medicamentos. Sacando las personas que no tienen ningún tipo de cobertura y dependen de la salud pública, más del 40 por ciento de los argentinos se atiende a través de las obras sociales. Si asumimos que estos dos grupos de pacientes mayoritarios (sin cobertura y con coberturas de salud de las obras sociales sindicales), sólo son una minoría, los que todavía pueden comprar sin descuentos y en efectivo; y a la vez, elegir en qué farmacia comprar.


Farmacias sin convenios, Farmacias kioscos.


Esto se da por la estrategia que las obras sociales asumen de restringir la compra de fármacos. Al hacer rígidas, selectivas y muy particular, las normas de elección de las farmacias que atenderán a sus afiliados. Este proceso de cartelización viene de la idea de "control de consumo" o sea lisa y llanamente: cuanto menos farmacias den la cobertura de descuento de medicamentos, menos es el "costo" que se tiene que pagar por afiliado. De esta manera, obligan al asociado a comprar donde ellos determinan, y los enfilan hasta el local elegido, lo que muchas veces desalienta la compra.

Algunos casos son sorprendentes, como una única farmacia en toda Capital Federal como tienen algunas obras Sociales. Esto fue el eje de la reciente disertación de Gustavo Santero, subgerente de Control Prestacional de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), en el Congreso Internacional Actualización y Gerenciamiento Farmacéutico. Allí, Santero habló del sistema de "receta caída": "tengo entendido, por auditorías que realizamos porque tuvimos denuncias de esto, y de hecho están en el Departamento Jurídico en este momento, que en algunos casos, por ejemplo de los crónicos, pusieron una sola farmacia para ser una clara barrera de falta de acceso a los medicamentos".Pero además, empujan a las farmacias y las convierten en cautivas al aceptar sus condiciones, para poder entrar a este círculo cerrado de oferta. Estas condiciones son casi extorsivas, e incluyen presiones para mayores bonificaciones o condiciones de pagos desfavorables.


¿Lo ves, lo entendés y qué hacés?

En los últimos años, esta situación se agravó ,con las prepagas aumentando las restricciones y las bonificaciones que le practican a las farmacias y al mismo tiempo, el Estado mediante la Superintendencia de Servicios de Salud, no interceder en las condiciones de mercado que imponen las Obras Sociales, las farmacias terminaron financiando los medicamentos para esos afiliados. Entonces, los farmacéuticos quedan en desventaja en relación a otros actores, ya que el mecanismo de compra implica comprar los medicamentos, pagarlos a los siete días, venderlos y cobrar el importe a las obras sociales, que pagan con un plazo que va de 60 a 100 días, para terminar cancelando el producto a un precio muy diferente al día de la venta (costo del dinero hasta el día de cancelación de la deuda). Esta deformación del mercado nace, de ese "síndrome de Estocolmo a la argentina" o sea enamorarnos de nuestros propios carceleros. Ya que aceptamos una estructura de farmacia que ahogada en sus costos (laborales, de servicios, de mayor stocks) no se puede prescindir de las condiciones que nos imponen los dueños de los convenios. Privados o sindicales. No se pueden perder pacientes-clientes.


¿Somos las farmacias independientes; desunidas sin interlocutores ni plan a seguir?


En materia de gastos, el sistema de las obras sociales sindicales es el que más peso tiene en el conjunto: tiene una facturación anual de 16.208.000 (año 2007) y para este año proyecta superar los 20.000.000, lo que representa un 31 por ciento del total de gastos de salud del país, que asciende a 51.730.359 de pesos (6,6 del PBI). Esto hace que tengan un capital por afiliado de 799 de pesos anuales. Pese a este flujo de fondos, cada vez hay mayor porcentaje de las prestaciones que deben ser financiadas por los afiliados o por el Estado. Esto se da por lo acuerdos que los sindicatos tienen con las empresas de medicina prepagas, "con lo cual desfinancian y empobrecen el sistema para los sectores que ganan menos en el mismo gremio, porque no son aceptados por mejores obras sociales o tienen que pagar aparte", dicen los especialistas.

Esto parece mostrar la necesidad de lograr una unificación del sistema de salud, que incluya una forma unificada de producir, prescribir y dispensar medicamentos, algo muy difícil si se tiene en cuenta que el país no cuenta con una ley nacional que regule la actividad. Esto, viene de hace tiempo, es parte de una puja histórica donde las obras sociales sindicales tienen una fuerte incidencia. Así lo afirma el sanitarista José Carlos Escudero, ex vicerrector de la Universidad de Luján: "las obras sociales y sus jefes, en la época final de Carrillo, sabotearon el sistema universal porque querían imponer un sistema de multiplicidad de carpas sindicales". Este sistema, para muchos un disciplinador social respecto de un Estado omnipresente, ató la salud al derecho de trabajo, algo que para Escudero fue "perverso".


No queremos medicamentos en los kioscos ni convertir a las farmacias en kioscos tampoco. Para todas las farmacias todos los convenios. Una receta única.


Nadie discute que el estado debe ser un promotor del trabajo formal e incluir a cada vez más gente en el sistema legal laboral. Para muchos, es hora de comenzar a pensar en un modelo único de receta, que evite estos desajustes y regularice esta situación. Para evitar los abusos y las picardías de algunos grupos económicos que nada tienen que ver con la salud pero que cada día se robustecen formando cadenas o conglomerados de farmacias al estilo chileno.

Debemos procurar una mejor atención en el área medicamentos deteniendo de una buena vez el ahogo de las pequeñas farmacias independientes. Impedir que la farmacia se convierta en verdaderos kioscos sin ningún contrato de obra social pública o privada. Ir por los convenios, discutirlos, bajar las "retenciones abusivas" (tan de moda) y universalizar la atención de todos ellos. Explicando que ningún profesional médico prescribe medicamentos a sus pacientes pensando en el número de farmacias que poseen los afiliados en las cartillas de su seguro de salud.

Habrá que enfrentar fuertes presiones. Tal vez una anécdota sirva para darse cuenta de la magnitud de esto. Cuando el ministro de Salud del presidente Perón, Juan Carlos Liotta, intentó crear un sistema nacional de salud, que iba a debilitar el poder de las obras sociales sindicales, sus asesores le advirtieron sobre la oposición de los gremios a esta ley. Liotta al parecer dijo que no "habrá problemas, porque somos todos peronistas". El día que el ministro mandó el proyecto a la legislatura, la CGT anunció que si ese proyecto se aprobaba, declaraban una huelga general. Una muestra de los males que todavía arrastramos.